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Por mí, que no quede
Nulla dies sine linea
sábado 28 de enero de 2012
viernes 27 de enero de 2012
La crisis, esa máscara
Los políticos debieran temer las crisis, pero, en realidad, más
parece que las adoren. Las crisis constituyen un auténtico paño de lágrimas en
la desgracia, y así el PSOE se lame las heridas pensando que ha sido la
crisis, y no los
electores, quien les ha sacado por la puerta de atrás de su lugar natural, de
La Moncloa. En lo que se suponía ser la otra orilla, en el PP que ha llegado al
Gobierno, la crisis está siendo, cada vez más, el único tema de conversación,
la gran excusa para hacer lo que se supone que hay que hacer, esto es para
gobernar sin asumir responsabilidades, con derecho a esperar la más amplia de
las comprensiones, incluso una sonrisa de complicidad, de los afectados por
decisiones tan dolorosas como discutibles, tal que la subida del IRPF, que
naturalmente ha habido que tomar… a causa de la crisis. Ya no hay política,
sólo crisis, hasta el punto que el Gobierno mismo podría entrar ya en crisis de
manera natural y súbita, para mimetizarse en el paisaje, para hacer más
creíbles esas expresiones de condolencia con las que nos comunican las malas
noticias que, de momento, solo son ligeramente mejores que las que nos atizan
observadores menos preocupados por el qué dirán, como el FMI y otros servicios escasamente atentos a
procurar el sosiego debido a quienes nos dirigen.
Las reformas se ralentizan por miedo a encalabrinar la crisis, y
las que afectan a otras cuestiones menos susceptibles a los vaivenes del
dinero, se relegan a la espera de momentos más proclives a la mudanza, conforme
al dicho ignaciano de que son poco
aconsejables en tiempos de tribulación. Lo primero que llama la atención es que se pretenda superar la
crisis sin alterar los fundamentos de nuestra peculiar constitución
económica, eso que
nos encamina a los seis millones de parados. Este gobierno parece haberse
creído la parte más tonta de su previa propaganda electoral, la atribución a
Zapatero de ser la causa universal de las desgracias, cuando lo que Zapatero
hizo, que es no hacer nada, capear el temporal, da la sensación de que se está
convirtiendo en la tentación dominante del nuevo ejecutivo. Si las cosas fueren
a seguir así, lo que se podrá discutir es el número, siempre escaso, de meses
que tardaremos en atribuirle a este gobierno la responsabilidad de que todo se
deteriore aún más, hasta que Zapatero y Pajín acaben por parecernos víctimas de
una honda incomprensión, víctimas inocentes de la naturaleza virulenta de esta
crisis, capaz de comerse a un nuevo gobierno que se esperaba milagroso, y que
da la sensación de estar a la espera de que su mera existencia, sin hacer gran
cosa, obre el prodigio.
Es un error muy de fondo tratar de sobrevivir a la crisis sin
afrontar sus causas, sin alterar los errores políticos de fondo, sin corregir
el despilfarro de los servicios públicos, sin poner coto al abuso de tantas
grandes empresas a costa de la infinita paciencia de los consumidores, sin
abolir los privilegios de sindicatos y partidos políticos, su derecho a la
pereza, sin tocar los renglones más significativos del gasto público, ya que el
servicio de la deuda no podemos ni anularlo ni aplazarlo. El problema es que no
se puede salir de la crisis sin decir qué educación se quiere, o qué sanidad se
quiere, y eso es pura política, algo que, efectivamente, puede resultar
explosivo, pero el miedo al desorden puede acabar por ahogarnos, llevarnos a la muerte por
inanición. En este Gobierno hay
quienes pretenden disculparse de hacer política emboscándose en la crisis
económica. Otros exhiben una variante más historicista para explicar la
sensación, apenas levemente corregida tras algunos anuncios como el de la
reforma del Poder Judicial, de que el gobierno adora la calma chicha y no
quiere líos, ni en Televisión, ni en Tráfico, ni en la reforma laboral, en ninguna
parte. Se alude entonces a la necesidad de esperar a la victoria, al parecer
histórica, en Andalucía, pero la verdad es que tras la histórica victoria en las autonómicas y
municipales, y la histórica derrota del PSOE en las generales, aquí no ha pasado nada,
salvo Montoro al PSOE por la izquierda, y más o menos eso será lo que puede
seguir ocurriendo si los afectados no se encalabrinan lo suficiente y a tiempo.
El gobierno apenas lleva un mes, pero es muy preocupante su
tendencia a desdibujarse en la crisis, a envolverse en una retórica
churrigueresca sobre sus consecuencias de todo tipo, sin hacer gran cosa por
eliminar sus causas. Pretender que podamos salir de nuestra situación porque
nos lleve cualquier ola es ignorar el estado del mundo, cosa sobre la que muy
bien podría ilustrar al gobierno el ministro que dedica su tiempo a hablar de
la Europa federal
o a reivindicar castizamente el Gibraltar español. El PP se equivoca posponiendo
reformas esenciales con la pepla de la crisis, y puede naufragar muy pronto si
no acierta a aprovechar una oportunidad única, la muy amplia convicción de que
no podemos seguir así.
[Publicado en El Confidencial]
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crisis y política,
oportunismo político
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jueves 26 de enero de 2012
Metafísica y justicia
La resolución, supongo que momentánea, dada la saña de los fiscales políticos, del caso Camps sirve para poner de manifiesto varias cosas poco agradables. La primera es que los políticos, casi todos, no se andan con chiquitas cuando se trata de perseguir al adversario, aunque, a veces, como ahora y de momento, las cosas les salgan medio mal. La segunda, que una justicia capaz de perder meses con un asunto relativo a tres tristes trajes es una justicia de broma; la tercera, que todo eso ha hecho que pase a segundo plano, o más al fondo, el desastroso estado de las cuentas públicas valencianas. Es bastante inevitable acordarse de algo como lo de la parábola de la paja y la viga, aunque, en este caso, la paja y la viga estaban en el mismo ojo. Consecuencia última, la absoluta inanidad del PSOE valenciano, y ojalá fuera solo eso.
El cierre de Megaupload y el cine
El cierre de Megaupload y el cine
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miércoles 25 de enero de 2012
La cuestión universitaria
No es fácil leer un análisis tan claro, completo y estimulante de la situación universitaria como el que ha hecho el profesor Canosa en Cuadernos de pensamiento político. ¿Se dará por enterado alguien del gobierno?
Revistas científicas
Revistas científicas
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martes 24 de enero de 2012
Ministros boquirrotos
Un amigo suele decir que la mayor diferencia que existe entre una persona inteligente y un necio es que el primero se puede recuperar de los fracasos, mientras que los segundos jamás se recuperan de un éxito. A veces pienso que eso les pasa a algunos ministros que se dedican a decir bobadas y generalidades sin haber leído nunca la fábula de la zorra y el cuervo.
En España hay un cierto vicio de hablar de reformas sin estudiar a fondo el caso, y sin que nunca quede claro de qué se habla, lo que constituye el primer mandamiento de lo que muchos llaman arriolismo, aunque tenga nombres mucho más viejos: debe ser cosa del predominio de los economistas, con una ideología más o menos prêt-à-porter, sobre los políticos. Los impuestos, en particular, no son algo que pueda bajarse sin límite o subirse sin freno, además de que siempre se alteran pro-tempore, por lo que al afirmar que se quieren subir o bajar habría que decir para qué, y no vale sólo lo de el equilibrio fiscal, porque el mejor equilibrio fiscal se dará cuando todos estemos muertos. Sin decir qué educación se quiere, o qué sanidad, es bastante demagógico hablar de pagar más..., o de pagar menos.
Google+ y el buscador
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lunes 23 de enero de 2012
En Hawaii también cuecen habas
De Alexander Payne había visto Entre copas, que tenía interés, y ahora acaba de estrenar Los descendientes con Clooney de protagonista. El guión, una novela previa, está bien y la historia es relativamente original, pero la construcción del personaje principal me parece poco lograda, tal vez por las obvias limitaciones expresivas del actor. La película se sigue con atención por su tono realista y su mezcla de dramatismo e informalidad, además de que transcurra en Hawaii, lo que siempre supone una cierta novedad, si bien la música de fondo, imagino que étnica, resultó bastante insoportable a mis fatigados oídos.
No está mal que el cine incurra en alegatos razonables a favor de la paciencia y el buen sentido, mientras muestra lo espantosamente frívolos y mentecatos que solemos ser, y que lo de la adolescencia suele superarse, mal, pero se pasa, pero la película no llega a emocionar en ningún momento, por mucha habitación de hospital y mucho soliloquio ante la persona ausente que se le eche, porque todo es perfectamente previsible, como la vida misma. Lo mejor las dos actrices, la adolescente Shailene Woodley, y Judy Greer la esposa engañada por el cantamañanas.
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Los descendientes
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sábado 21 de enero de 2012
Miles gloriosus
El Gobierno parece divertirse, aunque no se sepa muy bien por qué. Hasta ahora, SSdeS ha actuado de cerrojo retórico, y ofrece a las fieras unas consideraciones muy apropiadas como afirmar, por ejemplo, "no hay que ocultar que se intenta fichar a los mejores". Tal vez por eso el nombramiento de ministros se llevó con tanta discreción. En fin, parece poco serio que unos señores tan mayores se dediquen a decir cosas a los periódicos que están levemente en contra de un cierto buen sentido, dejando al margen que ciertas formas de fanfarronería pueden hacer creer al respetable que el gobierno no sabe qué hacer, quiero decir, más allá de lo evidente.
No a más leyes
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viernes 20 de enero de 2012
El fiasco del Cervantes
Alguien, y estoy casi seguro de quién no ha sido, ha demostrado ser un auténtico bocazas en el asunto del nombramiento de Mario Vargas Llosa para el Cervantes. Es otro ejemplo más de que no es lo mismo predicar que dar trigo, y parece mentira que un gobierno supuestamente experto haya regalado a sus enemigos, no muchos, y a sus escépticos, tal vez más, un argumento tan obvio. Esperamos que no se repita, pero no será fácil evitarlo.
Libros de texto digitales
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indiscreción política
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jueves 19 de enero de 2012
Debilidad frente al delito
La
sentencia por el caso de Marta del Castillo ha vuelto a producir escándalo,
hasta el punto que el Gobierno ha anunciado que habrá que modificar la ley para
impedir que se vuelva a dar este tipo de casos, una suerte de impunidad
amparada por la ley que va mucho más allá de lo razonable en aras de un
garantismo que se acaba por convertir en indeseable aliado procesal de
determinados delincuentes. Acierta el Gobierno, y se equivocará si demorare
excesivamente una reforma a todas luces necesaria.
Sea
por un exceso de protección a la minoría de edad, sea por un rigorismo formal
que está fuera de lugar, y acaba en caricatura, el caso es que abundan los
casos en que los jueces se ven en la necesidad de dictar sentencias que incluso
ellos pueden considerar objetivamente inadecuadas. Hemos de revisar, pues, lo que ya es una peculiar tradición
de legislación que parece más hecha para que sus autores se hayan podido sentir
henchidos de satisfacción por la grandeza de miras de sus ideales, que para
hacer justicia y dar consuelo a las víctimas de unos delitos, que, tal vez,
menudean más de lo razonable al rebufo de un garantismo blandengue e
injustificable. Cierto es que no se puede legislar al calor de la indignación
popular, pero es evidente que han sido muy numerosos los casos en que
inspirarse para reformar el sistema procesal, penal y penitenciario. No puede
ser que la habilidad de unos abogados, que saben manejar muy bien los recursos
de una ley ingenua, injusta con las víctimas, e increíblemente favorable a la
impunidad de los criminales, acabe
por convertir en verosímil lo que es completamente increíble, por ejemplo, que
el asesinato de Marta se haya podido realizar en solitario, o que se interprete
que no quepa condenar una conducta que supone objetivamente vejar, envilecer y
humillar a los familiares directos de la víctima, aduciendo que la intención
del criminal no ha sido esa, sino la de evitar ser descubierto… y condenado.
No
se trata solo de los delitos cometidos por menores o contra menores, aunque
hayan sido estos los casos que han alcanzado una mayor repercusión, por la
impunidad que han consagrado, tanto si se ha debido a deficiencias de la
investigación de la policía, como a las triquiñuelas legales que permite el
sistema procesal. Muchos españoles se preguntan a día de hoy, por ejemplo, si
es lógico mantener una policía incapaz de encontrar un cadáver ocultado entre
cuatro mozalbetes, o si los jueces no pueden hacer más de lo que han hecho.
Habría
que reducir la edad penal, visto que no supone mayor inconveniente para cometer
crímenes horribles. Es necesario que la cárcel consista en algo más que unos
pocos años de asueto pagado por todos, y hace falta que, al alcanzar la mayoría
de edad, los menores cumplan en una cárcel común. Tampoco parece muy razonable
que se borren los antecedentes penales de estos sujetos, y es obvio que hay que
adoptar medidas de control cuando se encuentren en libertad vigilada.
Nuestra
legislación produce en ocasiones una lamentable impresión de detestar el
castigo, de estar dirigida únicamente a proteger la suposición de inocencia de
personajes que se ciscan en nuestros excesos de buena conciencia. También da la
sensación de que nos olvidamos de la víctimas y de sus familias, que se quedan
en un auténtico desamparo y sin ninguna ayuda psicológica frente a la
brutalidad criminal de que han sido objeto. No son pocas las cosas que hay que
revisar y hay que ponerse a ello de inmediato.
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martes 17 de enero de 2012
Garzón frente a la ley
Seguramente
nunca imaginó el Garzón borracho de poder en los días de su gloria que nadie fuere
a atreverse a procesarle, porque, con el Gobierno a sus píes, y la vara de la
justicia en su mano, se sentiría
omnipotente, inaccesible a cualquier censura. Ésta es, sin embargo, la
grandeza de la democracia y de la ley, que nadie, como recordó recientemente el
Rey ante otro caso doloroso, está ni por encima ni al margen de ella,
absolutamente nadie, ni siquiera Garzón, como empezará a comprobar muy pronto.
La
diferencia entre la democracia y el totalitarismo reside fundamentalmente en
esa constatación, en que la ley se aplique de manera universal, sin
excepciones, también a los jueces. Garzón ha actuado en muchas ocasiones con la
convicción de que, dada la supuesta bondad de sus fines, la condena del
franquismo, la lucha contra la corrupción, aunque solo fuese la de la derecha,
por supuesto, o establecer su muy peculiar idea de la justicia con lo que le
conviniera, no tenía que respetar ni leyes, ni procedimientos. Sus
instrucciones han sido anuladas en muchas ocasiones precisamente por el
descuido de los detalles, por esa obsesión por ir al bulto e, invariablemente,
por su afición a provocar la noticia. Para conseguir lo que pretendía, Garzón
no ha reconocido frenos ni límites, y su desgracia va a consistir,
precisamente, en que la ley sí los reconoce, es más, se asienta precisamente en
su respeto, en las normas, los procedimientos y las cautelas que, de manera muy
especial, deben respetar los jueces precisamente porque tienen en sus manos la
vida, las propiedades y el honor de los ciudadanos que se han de someter a sus
juicios.
Con
la débil disculpa de una Justicia absoluta, mostrando la más completa confusión
de la Justicia, que es ciega e imparcial, con un izquierdismo ridículo y
risible, quienes ahora defienden, contra toda evidencia, a Garzón, tratan de
obtener argumentos para ocultar sus fechorías y los disparates jurídicos
cometidos en la supuesta excelencia inmaculada de los fines que todos ellos
persiguen, de unas quimeras que supuestamente autorizarían cualquier
arbitrariedad, como violar los derechos de un detenido, cobrar suculentas
cifras de quienes iban a comparecer ante su tribunal, o procesar a los muertos.
Comisiones
Obreras ha cometido el desliz de prestar sus salones para que una tribu de
exaltados haya confundido la solidaridad con Garzón con un ataque en tromba
hacia el Tribunal Supremo dando lugar a un acto en el que se han escuchado las
barbaridades más arbitrarias, injustas e inciviles que se puedan decir contra
la independencia de la Justicia. Garzón va a tener, sin embargo, la suerte de
ser juzgado con el máximo de cautelas, con una dosis masiva de prudencia y
rigor en las disposiciones para asegurar la independencia de la Justicia.
Garzón va a gozar de todas las garantías que él ha regateado a quienes caían en
sus manos. Se enfrenta no a uno, sino a tres procesos, y es difícil esperar que
aumenten el esplendor de su gloria. Hay que estar muy fuera de los cabales para
ver en el Supremo un “instrumento del fascismo”, un “aliado de la extrema
derecha” o un enemigo de la “legalidad nacional e internacional”, como sostuvo
Jiménez Villarejo frente a los aplausos delirantes de los incondicionales del
juez que ahora se enfrenta a esa Ley que ha de ser siempre igual para todos,
incluso para él y sus secuaces. Hay que esperar que la ley brille, pero,
lamentablemente, también se puede dar por sentado el espectáculo.
Palabra de Woz
Palabra de Woz
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