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jueves, 16 de octubre de 2008

Los trenes de Fort Collins


Siempre he creído que los españoles tenemos un problema con los trenes. No nos gustan, nos parecen antiguos, peligrosos y molestos. En cuanto podemos los quitamos de en medio y, si no se nos ocurre nada mejor, los enterramos para que nadie pueda verlos. ¡Lástima que no seamos norteamericanos en esto! Anteayer estaba pasando por Fort Collins, una hermosa ciudad de Colorado, cuando, en medio de la carretera estatal que une a Denver con Cheyenne, la capital de Wyoming, un paso a nivel estuvo un buen rato detenido mientras atravesaba la carretera un majestuoso mercante con seis locomotoras y cientodoce vagones. Luego se abrió el paso y los coches pudimos seguir hacia el Sur, pero el tren nos acompañó durante un buen rato en paralelo por medio de una ciudad hermosa y llena de lagos y bosquecillos. Nadie se molesta por los trenes que son infinitamente menos agresivos que las autopistas y mucho más útiles y hermosos que sus equivalentes de ruedas de caucho. Un espectáculo así sería inaudíto en España. Los españoles pondríamos el grito en el cielo y pediríamos a voz en cuello que se eliminase el trazado, que se hiciesen túneles, puentes, lo que sea, con tal de quitar al tren de en medio. Los americanos no se molestan porque los trenes se crucen con las calles de las ciudades o con determinadas carreteras. Saben muy bien que están cumpliendo un servicio y que lo hacen con eficacia y escasos costos. Pero es que, además, los trenes son privados. No quiero ni imaginar lo que diría el españolito medio, progre, como se sabe, si viera la vía pública invadida por un ferrocarril privado. Los americanos respetan el trabajo de los demás porque saben que, aunque sea privadamente, están contribuyendo al bienestar público y son muy conscientes, además, de que le deben al tren todo lo que son. América se hizo con los trenes, mientras que España ya estaba allí. La carretera llegó después que el tren y tendría que respetarlo. En España no se ven así las cosas: somos partidarios del progreso a todo trance, sin pensar bien si el dinero que nos gastamos en costosas infraestructuras de disimulo del ferrocarril no estaría mejor empleado en otras cosas. Aquí reina el coche, el individualismo y, sin embargo, en EEUU, un país mucho menos colectivista que el nuestro, se respeta perfectamente el transporte colectivo de mercancias más antiguo y eficaz, el ferrocarril

3 comentarios:

Karim Gherab Martín dijo...

No estoy muy del todo de acuerdo.
Yo no sé en Colorado, pero en Boston y en Nueva York a nadie se le ocurre ir de una ciudad a otra en tren. Lo primero que piensan es en el coche (si es monovolumen, un 4x4, o un tanque, mejor que mejor). Lo segundo en los autobuses de los chinos (descartado Greyhound, que sale por $5 más). Y lo tercero en el avión.
Por no tener, ni tienen un tren de alta velocidad que recorra la costa Este para cubrir el importante eje Boston-Nueva York-Philadelphia-Washington. Eso sí, la autopista tiene carriles para 20 trenes.
Y NY-Chicago en tren es una odisea que no desea ni Ulises. Son mínimo 19 horas de un viaje, que en el AVE serían 5h. (Se puede comprobar aquí: http://tickets.amtrak.com/itd/amtrak/FareFinder?_tripType=OneWay&_origin=new+york&_depmonthyear=2008-10&_depday=22&_dephourmin=&_destination=chicago&_retmonthyear=&_retday=&_rethourmin=&_adults=1&_children=0&_infants=0&_searchBy=schedule&x=28&y=13)

mgv dijo...

El escritor Paul Theroux atribuye, en su libro The Pillars of Hercules. A Grand Tour of the Mediterranean a William Gaddis el siguiente comentario:

"Trains do not depart: they set out, and move at a pace to enhance the landscape, and aggrandize the land they traverse".

Theroux también explica en su libro The old Patagonian Express la importancia del ferrocarril en la historia norteamericana. Por ejemplo, en relación a la historia de la música, comenta:

"And it was imposible to be on the Lone Star out of Chicago, beginning this crossing of six states, and not hear the melodies of all the songs that celebrate the train. Half of jazz is railway music, and the motion and noise of the train itself has the rhythm of jazz. This is not surprising: the Jazz Age was also the Railway Age. Musicians traveled by train or not at all, and the pumping tempo and the clickety-clack and the lonesome whistle crept into the songs".

José Luis González Quirós dijo...

Una nota para Karim: me refiero, siempre, a los trenes de mercancías que son los que cruzan América de una manera incansable. Los de pasajeros han quedado confinados a servicios regionales y a alguna línea con muy fuerte demanda y corta distancia. El tren de alta velocidad no tiene nada que hacer en distancias tan largas en las que el avión ganará siempre. De cualquier manera, los amantes del ferrocarril creemos que perder cinco horas para ir de Chicago a Nueva York es una magnífica inversión porque, incluso, podemos emplear nuestro tiempo en hacer comentarios como este a través de la red, mientras miramos los paisajes en que transcurren otras vidas; nada que ver con el avión que es un medio casi desencarnado y tremendamente agresivo, aunque reconozco que es inevitable para cruzar el charco, pero, en fin, los españoles que amamos el ferrocarril somos tipos muy raros.