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miércoles, 25 de febrero de 2009

La solución surrealista

Un libro de Dominique Noguez ha puesto sobre el tapete las relaciones entre Lenin y el dadaísmo. La crítica virulenta contra la burguesía, el internacionalismo, la exaltación de la minoría de vanguardia, el colectivismo y la agresividad son algunos de los caracteres comunes a Lenin y a Tzara que, al parecer, no anduvieron lejos físicamente hacia 1916. Por encima de la broma que haya podido idear Noguez, las analogías son verosímiles y se me ocurre que, por tanto,  hay píe suficiente para subrayar la vocación surrealista del socialismo que tanto y tan amablemente nos divierte. 

El surrealismo sirve al PSOE de cobertura en una serie de frentes nada menores. ¿Cómo se ha podido aplaudir a  Fernández Bermejo desde las bancadas del Parlamento tras haber dicho, con auténtico garbo, “¡pues claro que no dimito!”, si no se es seguidor de André Bretón, y se toma a chacota la seriedad y seriamente cualquier gansada? Todo el ciclo de caza garzoniano-bermejiano, caza legal, real, ilegal y metafórica, ha parecido un disparate escénico de Jardiel Poncela, una comedia inacabable con su ambulancia y todo. Pero que nadie crea que se trata de un caso aislado. Pepiño Blanco, que, como Guerra, es hombre de tablas, ha echado nada menos que a Aznar la culpa de que Endesa haya hecho un recorrido genuinamente da-da yendo a parar finalmente a manos del Estado italiano. En una performance digna del surrealismo más exquisito, tan afinado como el que emplea en sus no escasas declaraciones, la Ministra de Fomento se ha ido a Siberia para ver si se pueden introducir aquí las medidas contra el frío extremo que son comunes en la estepa rusa. En Galicia, tierra de meigas y otras extravagancias sub-reales, el señor Touriño atiende a los periodistas sin contestar sus preguntas. 

Pero la cumbre del surrealismo, dejando al margen la declaración de Zapatero de que no puede dormir pensando en los parados, tal vez esté en el deseo del señor Solbes de imitar a Fernández Bermejo en su condición de ex-miembro del Gobierno. Resulta que los españoles estamos ante la  peor crisis de nuestra historia reciente y el Vicepresidente responsable de la política económica  se dedica a las sutilezas, a mostrar cómo los desastres predictivos, la absoluta convicción de que no se puede hacer nada y el lento desangrarse de nuestra economía no le han hecho perder el brillo de su ingenio. 

España, ese viejo país ineficiente según Gil de Biedma, está en manos que prolongan sus tradiciones más necias y nada parece conmovernos. Son muchos los que piensan que la izquierda ha traicionado a la Nación, a sus ideas y a su moral, pero ahora está traicionando su estética en la medida en que se cisca en la herencia ilustrada y renuncia a acabar con la España de charanga y pandereta que supuestamente iba a borrar de la faz de la tierra. Cuando se ve la televisión andaluza o las fotos de la cacería y de la adhesión incondicional al Ministro, se experimenta un retroceso intolerable en el túnel del tiempo. 

No me refiero solo a la gestión. Hay algo más preocupante aún, que es el clima moral de apartheid en el que se ha querido colocar a una oposición perfectamente legítima, aunque muy desconcertada. Un dramaturgo exiliado, José Ricardo Morales, le hace decir a su Don Juan en Amor con amor se paga, que España es una suma de intolerancias; pues bien, ese retrato sigue siendo el nuestro, un clima en el que cualquier democracia estará siempre en riesgo de demolición, y este gobierno no ha hecho nada por acabar con esa grave limitación de nuestra vida pública, seguramente porque cree que se le saca mayor renta al espectáculo cómico-taurino que al rigor y a la paciencia. 

Felipe González se ganó una inmensa confianza el día que dijo en la televisión aquello de que el cambio consistiría  en que España funcione. No creo que ZP se atreviese a repetir nada ligeramente similar al frente de un Gobierno tan fuera de lugar. Ante la estupefacción general el gobierno se comporta como el maestro Ciruela, que no sabía leer y puso escuela, y pone cara de que se dispone a arreglar cualquier cosa que parezca un poco desquiciada, lo mismo sea la Justicia que los crímenes junto al Guadalquivir. De manera renqueante se confirma en un populismo estéril porque seguramente confía, como lo hacía el propio Lenín, en que  cuanto peor, mejor. 

La oposición no sale mucho mejor parada en este cuadro, entre otras cosas porque a sus electores, y a muchos ciudadanos con la cabeza en su sitio, les resulta insoportable que se cometan tantos errores como para no aventajar a cómicos tan chapuceros.  El PP ha sabido defenderse con rabia cuando se ha encontrado al borde del abismo, pero tiene que demostrar que sabe y pude emplear esa misma energía para defender no su buena fama sino el bien de todos, y eso está por ver. Tras una especie de impasse a la espera de unos resultados que no satisfarán a nadie vendrán las europeas. Entonces será el momento de cambiar el rumbo y, seguramente, de tripulación. 

[Publicado en El Confidencial]

martes, 24 de febrero de 2009

El fallo de gmail

El martes 24 de febrero por la mañana, de modo absolutamente inusual, el correo de Google, que tengo por una de las ocho maravillas del mundo, ha dejado de funcionar.El servicio es tan bueno que hasta ha sido fácil darse cuenta de que era él quien estaba fallando y no cualquiera de las múltiples cosas, (programas, conexiones, virus, navegadores, sistema,  etc.) que lo hacen con no tan rara frecuencia. Decía Gelertner, uno de los grandes del software, que el estado habitual de los usuarios de informática era el de frustración, cosa que me parece que ha cambiado mucho desde la aparición de Google.  Eppur si muove.. 

Las tecnologías digitales se están encontrando con fallos que se deben, precisamente, a su éxito, al hecho de que, con su enorme crecimiento, penetran en escenarios en los que todo cálculo es bastante imprevisible hasta que no pasa lo que, por ejemplo, ha pasado la mañana del martes. Confiamos en ellas, sin embargo, porque, se diga lo que se diga, no tenemos nada lejanamente igual de bueno.  No pueden, sin embargo, librarse de los efectos de su adopción masiva, del mismo modo que es imposible que aumente el bienestar del público y no se vean cada vez más turistas en lugares antaño solitarios y exquisitos. 

El fallo de Google muestra que las tecnologías digitales son una empresa con futuro, un terreno en el que queda muchísimo por hacer y en el que la imaginación nunca va a estar, al menos en principio, reñida con el éxito. Habrá quienes vean en el fallo del correo de  Google un símbolo más de que todo se viene abajo, de que no hay que separar a las empresas tecnológicas del sector de las diversas clases de burbujas que se han venido abajo  y nos han empobrecido. Nunca se sabe lo que puede pasar en el futuro, pero me parece que sería muy precipitado sacar conclusiones de este tipo. 

Como supo ver muy bien Ortega, la técnica existe porque los seres humanos necesitamos y sabemos hacer un mundo a nuestro gusto. Como no somos dioses, nos equivocamos con frecuencia y, en ocasiones, las diversas Torres de Babel se derrumban sobre nuestras débiles espaldas. Pero si algo nos enseña la tecnología es a distinguir la realidad, que siempre se conquista con esfuerzo, de la mera fantasía en la que todo es gratis, blando e indiferente. En algún lugar del mundo, tal vez en el Bombay que ha retratado magistralmente Danny Boyle, seguramente que en muchos sitios a la vez, unos adolescentes están pensando en cosas que los mayores no nos atrevemos a imaginar y, por todas partes, la gente, también los  seniors de Google, procuran hacer su trabajo a conciencia, con perfección. Un fallo es un regalo de los cielos para que no nos confundamos, una oportunidad de aprender y, en el fondo, un motivo de orgullo.

My Space, Madrid

Los madrileños somos muy proclives a esa infame pestilencia de los celos, que decía Don Quijote, por lo que se refiere a Barcelona. No pasa el día sin que comprobemos que Barcelona gusta más que Madrid  casi siempre que se habla de España desde fuera. Como somos centralistas y carpetovetónicos, esta situación nos encocora, que es como hay que decirlo en un sitio  educado como este. De manera que ateniéndome al principio de que si hombre muerde a perro hay noticia, tengo el placer de comunicarles que a Chris DeWolfe, cofundador y máximo directivo de la red social MySpace, es decir un tipo entendido y cool donde los haya, ha declarado en el New York Times, ojo al dato, que sus ciudades preferidas son Madrid y Pekín, sin decir nada de Barcelona ni de Londres o París. 

Si yo fuera Gallardón le pondría una calle a un tipo tan perspicaz como extravagante, pero me temo que la incuria municipal no caiga en lo importante que es la manifestación espontánea de tan simpático colega. Gallardón está empeñado en imitar a Barcelona trayéndose las Olimpiadas, lo que, de consumarse, acabará por arruinar el incipiente prestigio de Madrid como ciudad misteriosa e indescifrable, según nos indica la compañía con Pekín en las preferencias de Chris. 

Madrid es una ciudad sin modelo y Barcelona es la mayor capital del Mediterráneo y así se hace difícil competir. Nuestra mayor ventaja sobre la Ciudad Condal parece que es el aeropuerto, un sitio que podría estar en cualquier parte y que, visto desde unos cerros aledaños, aparenta ser una enorme superficie devastada y polvorienta en cuyo fondo aparecen las siluetas de una especie de ciudad con cuatro torres muy altas a su derecha, como para compensar su caída hacia el valle del Tajo, de manera que no hay forma de sacar una mala postal. Además, los madrileños conscientes estamos con el alma en vilo esperando el regreso siberiano de la muy elocuente Ministra de Fomento que, por lo visto, se traerá unas ideas para evitar que Barajas tenga que cerrarse a consecuencia de la nieve.   Insisto, así es muy difícil competir.

domingo, 22 de febrero de 2009

Descartes y la máquina del mundo

Cuando Descartes concibió su sistema del mundo cayó en la cuenta de que el universo, como si fuese una vieja motocicleta, tendería a desvencijarse y a perder el equilibrio, a derrumbarse, de manera que se le ocurrió pensar que resultaba necesario  que el Buen Dios le diese, de vez en cuando, un papirotazo a la máquina del mundo para que siguiese girando sin mayores problemas, es decir, como aparentemente lo hace. 

Las máquinas de la economía y de la política  también tienden a desvencijarse, pero como no estamos en el siglo XVII, a casi nadie se le ocurre que haga falta un papirotazo divinal para que la cosa se encarrile. Muchos, sin embargo, rezan en silencio, aunque, como la mecánica es ahora más compleja que la de Descartes, no hay forma de saber si Dios nos echa o no una mano. 

La máquina económica parece tener un roto descomunal y, mientras  los expertos discuten sobre galgos y podencos, la prosperidad se ahúma en una gigantesca pira, de manera que nadie sabe a ciencia cierta, bueno, tal vez lo sepa Zapatero, cómo y cuándo habrá que empezar a reconstruir un mundo medianamente razonable. 

En España el desvencijamiento del tinglado es cuádruple del común, porque, además de nuestro peor diagnóstico económico, nos encontramos ante una crisis política realmente grave. También en este terreno necesitaríamos un auténtico papirotazo y no habría que esperarlo de las alturas sino del buen sentido de los ciudadanos.  No nos merecemos espectáculos como los que ofrece el circo político y mediático. 

La desfachatez se adueña del escenario y todo lo contagia. El director de pista está muy lejos de poseer el buen sentido necesario y se dedica a apagar el fuego con sustancias etéreas y explosivas. Ahora afirma que no está dispuesto a que se amenace a jueces, fiscales y policías, aunque también podría haber dicho que no va a tolerar que se dude de la buena intención de un ministro que es un calco de las caricaturas del franquismo, de la chulería más repulsiva que se ve  insólitamente jaleada desde la bancada socialista. 

Se necesita de una amplia mayoría para lograr un cambio del sistema, para acabar con tanta desfachatez y con tan evidente falta de buen sentido en las instituciones básicas del Estado. Es obvio que  hace falta una reforma constitucional, devolver su absoluta independencia y autonomía al poder judicial, revisar el marco competencial del sistema autonómico, propiciar un auténtico sistema de libertades que permita a la sociedad civil dialogar con los partidos sin necesidad de someterse a ellos, reformar a fondo la educación y la universidad, disminuir de manera eficaz el peso de las administraciones públicas, los únicos que no parecen haberse enterado de que la economía no aguanta, y un largo etcétera. 

En mi opinión esa es la tarea histórica que debiera plantarse el PP, sin pretender fagocitar a UP y D,  que será necesaria para forzar el consenso con lo que pueda quedar del PSOE si se acierta a hacer  una política valiente y se deja de seguir, por una vez,   con la inercia de un sistema que está a pocas jornadas del colapso, sin un Descartes que lo diagnostique y sin que hagamos nada de lo que hay que hacer para merecer la discreta providencia del Buen Dios.   

jueves, 19 de febrero de 2009

La corrupción y la política

Basta con mirar lo que sucedido con las primeras designaciones de Obama para comprender que el propósito de enriquecerse al margen de la ley, suele saltarse sistemas mucho más exigentes que el nuestro. No deberíamos consolarnos, sino tratar de evitar que la política española se desarrolle en unas condiciones que permiten un altísimo grado de ineficiencia y de corrupción. Veamos: 

1.      Los políticos gozan de un nivel de opacidad realmente sorprendente. Es una tarea de titanes comprobar cómo se ha gestionado efectivamente el gasto público: el Parlamento no lo hace más que en una medida mínima. Los sistemas de control de las cuentas públicas no tienen tampoco energía ni medios suficientes. Es difícil que cualquier delito al respecto pueda ser descubierto y probado.   

2.    La forma de financiación de los ayuntamientos es un auténtico vivero de arbitrariedades, cohechos, fraudes y conspiraciones contra el interés público, siempre bajo el manto retórico de una doctrina interventora.  Ni aunque fuesen honrados a carta cabal el cien por cien de los políticos, lo que superaría cualquier previsión sensata, se conseguiría evitar que la posibilidad de cambiar de modo enteramente arbitrario el valor del suelo, dejase de ser un enfangadero en el que se han pringado miles de personas. ¿Cuántas condenas ha habido?  Cuando se conoce el tren de vida de algunos ex responsables de urbanismo es imposible no pensar en el latrocinio practicado, a veces con la cínica disculpa de estar ayudando al partido de sus amores. Si se piensa en el origen municipal de muchas grandes fortunas del ámbito de la construcción se experimenta idéntico asco. 

3.    La Justicia es notoriamente vaga a este respecto. En cualquier país políticamente decente, la acusación hecha por Pascual Maragall a Artur Mas, en pleno debate parlamentario, acusándole de corruptelas sistemáticas en los procedimientos de adjudicación de contratos públicos habría supuesto una auténtica movilización de los poderes judiciales. Aquí no se pasó del “tú más” porque es una evidencia que las supuestas corrupciones solo se persiguen cuando se cumplen dos condiciones, en primer lugar, que deriven de una pelea interna entre los beneficiarios y, por último, sólo cuando el adversario político le convenga airearlo, lo que es como decir que la mayor parte de las veces se prefiere echar tierra sobre los asuntos para que no se escandalice el vecindario.  La Justicia no suele investigar esta clase de asuntos porque hay un espeso manto de intereses con terminales en todas las fuerzas políticas. La nula separación de poderes no ayuda nada. 

4.    La ausencia de una prensa no partidista completa la clausura del sistema. La mayoría de los periodistas investigan poco y mal, se limitan a trasmitir lo que se les entrega y se tragan cualquier historia estúpida con tal de que favorezca los intereses de sus amigos políticos. Muchos medios juegan a lo que juegan, sin ética y sin independencia, olvidando que deberían servir únicamente al público. Así les va. La prensa ataca y defiende, pero raramente muestra o demuestra nada. Las informaciones que se nos ofrecen como grandes exclusivas no pasan, en tantas ocasiones, de ser torpes montajes que avergonzarían a cualquiera con un poco de exigencia crítica, pero así son las cosas. 

5.     Por último, la moral pública no condena la mentira y, con frecuencia, venera de forma idiota al que muestra éxito y poca vergüenza. Una de las pocas noticias que vi en la televisión americana sobre España se refería, para pasmo del redactor y de los espectadores, al hecho de que a un personaje que había atracado meses antes un furgón bancario, y que, por supuesto, estaba tranquilamente en la calle, la televisión pública le había ofrecido la oportunidad de actuar en un programa musical para aprovechar su fama. 

¿Tiene todo esto remedio? Difícil, pero lo tiene. Sería necesario, para empezar, que cobrásemos conciencia de la necesidad de robustecer los controles, tal vez introduciendo la sana costumbre de las audiencias para el nombramiento de ciertos cargos, y dando una publicidad mucho más fuerte, a toda la información disponible sobre el destino del dinero público.  Lo decisivo será, sin embargo, que el electorado pueda comprobar que los partidos se toman en serio estas cosas, que no se limitan a tapar sus vergüenzas. 

El PP, en particular, está ahora mismo en candelero y corre el peligro de equivocarse gravísimamente si permite que se tenga la idea de que está más preocupado por su decencia corporativa que por aclarar absolutamente a fondo las vergüenzas de los que han traicionado a sus electores olvidándose de la ley y de los intereses  y el bien común de los ciudadanos a los que representan. No es precisa mucha imaginación para poner en marcha un programa serio capaz de introducir mayores controles y decencia en las cosas públicas, pero hace falta un liderazgo fuerte y más allá de cualquier sospecha para atreverse a ponerlo en marcha.  

[Publicado en El confidencial]

martes, 17 de febrero de 2009

Barcelona y el cargador único

Se me antoja lleno de simbolismo el hecho de que en Barcelona se haya producido un anuncio tan razonable como el de que los fabricantes de móviles se van a poner de acuerdo para utilizar un tipo de cargador universal. La Feria mundial de la telefonía móvil, una de las joyas de la Fira de Barcelona, parece haber servido para algo mejor que para presentar más modelos que hacen exactamente lo mismo. 

Seguramente pensando en la usabilidad, alguien ha caído en la cuenta de que la táctica de vender un nuevo cargador con cada nuevo terminal, la infinita multiplicación de los cargadores, había dejado de ser una estrategia rentable. Imagino que la crisis habrá tenido algo que ver, y esto es lo que me parece más interesante, comprobar que la imaginación y las crisis no están reñidas y que un poco de ascetismo puede venir bien para que se nos ocurran cosas razonables, ingeniosas, incluso obvias. 

Que cada móvil tuviese su cargador era realmente una necedad. Cuando la diversidad es innecesaria se convierte en un caos disfuncional que solo sirve para tratar de poner trampas en el camino de la competencia. 

Si pensamos en simplificar los trámites,  nos pondremos en el buen camino para tratar de hacer que nuestras instituciones sean más ágiles, útiles y eficientes. Los españoles gozamos nada menos que de cinco administraciones distintas, la europea, la estatal, la autonómica, la provincial y la municipal, cada una de ellas con su cargador correspondiente. A esa gozosa multiplicación hay que añadir los correspondientes niveles sectoriales y, si lo hacemos, el número de cargadores que los ciudadanos deberíamos conocer se multiplica al infinito, con la consecuencia de que casi nunca acertamos a tener el cargador adecuado en el momento oportuno. 

Los ciudadanos desearíamos que las distintas administraciones nos ayudasen, pero nos arman un lío con sus distintos cargadores,  lo que suele ser una buena excusa para echar una mano a amigos y parientes que son los expertos del cargador respectivo. 

[publicado en Gaceta de los negocios]

lunes, 16 de febrero de 2009

¿Nombres de partido para edificios públicos?

            [Talgo procedente de Madrid entrando en Burgos Rosa de Lima]

Ayer me acerqué, como buen aficionado a los ferrocarriles, a ver la nueva estación de Burgos, recientemente inaugurada. No siendo burgalés, por aquello de que nadie es perfecto, resultó un auténtico calvario localizar la nueva estación pues no había ni en la ciudad ni en las carreteras de acceso la más ligera indicación. Uno debería estar acostumbrado a esta clase de incurias, pero lo consigno por si vale. Por supuesto el acceso supone una auténtica carrera de obstáculos; supongo que será una medida para promover la afición a los rallyes, pero llegué.  

La estación es llamativa y, aunque está sucia y destartalada, como suelen estarlo las cosas que aquí se inauguran (puertas que no se abren, polvo infinito, caminos que dicen llevar a lugares a los que no se puede ir, y un largo etcétera), mi sorpresa mayor fue ver que en su frontispicio lucia un nombre que no era, como cabría esperar, Estación de Burgos, sino Burgos Rosa de Lima. Pregunté las razones a un par de personas y nadie supo explicarme la causa de una denominación tan exótica. 

En cuanto pude, me puse a investigar la razón de tal nombre. Transcribo lo que pude ver en un suelto del Diario de Burgos: “Fiel a la nueva política de poner nombres a las estaciones de ferrocarril, el Ministerio de Fomento tiene ya decidido cómo quiere que se conozca a la de Burgos. Para ello, y tras las pertinentes consultas a la Subdelegación de Gobierno y a los dirigentes provinciales del PSOE, ha elegido la figura Rosa de Lima Manzano, la que fuera directora general de Tráfico durante el segundo Gobierno de Felipe González y que falleció en un accidente el 30 de junio de 1988. De esta forma, el Gobierno central quiere rendir un homenaje a una socialista comprometida con la igualdad de derechos. Fue la primera mujer nombrada gobernadora civil y también hizo historia al convertirse en la primera mujer al frente de la Dirección General de Tráfico.” 

Vista la explicación hay que reconocer que doña Rosa de Lima fue persona de mérito, pero lo que me pregunto es si es lógico que alguien decida por sí y ante sí (aunque consultando a la agrupación socialista del lugar) cuáles han de ser los nombres que se ejemplaricen adjudicando su nombre a diversos edificios públicos. 

Este hecho muestra de manera muy clara la escasa capacidad de diferenciar lo público de lo privado que es típica de personas escasamente liberales, absolutamente insensibles a las opiniones ajenas. Ni siquiera se paran a considerar que lo que a ellos puede parecer admirable no siempre tendrá el mismo grado de reconocimiento general. Si doña Rosa fue ejemplar, pues dedíquenle una escuela de verano, editen a su costa, y no a la de todos, un libro de homenaje, o denle su nombre a la mencionada agrupación local. Para denominar los espacios públicos deberían escogerse personas de méritos más obvios y de mayor consenso. 

Como ha mostrado el reciente incidente de la cacería garzonesca y justiciera, abundan quienes están tan persuadidos de ser la personificación de todas las virtudes públicas que ni siquiera rinden un mínimo culto a las apariencias. Ni saben ser neutrales y respetuosos de los puntos de vista ajenos, ni consideran que se haya de guardar ninguna clase de formas, tan convencidos están de su excelencia. 

domingo, 15 de febrero de 2009

Está escrito

Es muy corriente contraponer la imagen y la palabra. Algunos edifican teorías catastróficas sobre el poder y la maldad de las imágenes, olvidando por cierto, que la escritura es, por lo pronto, también una imagen. 

Slumdog millionaire, la película de Danny Boyle, es una muestra excelente de lo absurdo que resulta la contraposición de imágenes y palabra. Danny Boyle es un magnífico director de cine, tiene una gran sensibilidad para el ritmo y la belleza de las imágenes y cuenta con ellas una historia emocionante, llena de optimismo pese a la dureza de lo que retrata. Su protagonista no sabe leer, pero conoce muy bien la importancia de lo que está escrito, cree en ello y su vida es una apuesta continua por la libertad, y el amor verdadero. 

Boyle contrapone, como ya hizo con Millones, que paso inadvertida entre nosotros, el dinero y la esperanza, sin ser maniqueo, sin moralinas, pero con radicalidad. No se puede servir a dos señores, al dinero y a la bondad. Dos hermanos, como en Millones, son los encargados de mostrar la tensión y la diferencia entre el amor a las riquezas y el empeño en vivir. Ambas películas son historias profundamente religiosas, historias que se remiten, sobre todo, a la palabra que está escrita, a la sabiduría que nos viene de una revelación  tan misteriosa como poderosa, de una tendencia que siempre nos indica el camino adecuado aunque podamos escoger muy otros. 

El poder de la palabra es el poder que viene con ella, que está más allá de ella, y la imagen puede expresarla, cuando se acierta a hacerlo, con originalidad, hondura, persuasión y belleza. Eso es lo que le pedimos a la poesía y eso es lo que nos da la película de Boyle, un torbellino de imágenes, que explica el inexplicable éxito de un concursante televisivo, cuyo último plano es una respuesta que dice así: “D: Está escrito”. 

Creo que meditaciones como la de Boyle nos descubren lo que a veces oculta la palabra, esa imagen que confundimos con ella, ese fetiche que algunos construyen absurdamente en torno a un modo de producción, para confundirla con ella. No podemos confundir la palabra con una tecnología que ha sido espléndida pero que ahora está siendo superada de manera radical y, en cierto modo, definitiva, porque está escrito que no adoremos a los ídolos.   

Es la belleza y la profundidad de la verdadera palabra lo que nos permite apreciar en todo su significado el ritmo vibrante de las escenas que nos ha ofrecido Danny Boyle envueltas en una música extraordinaria. Gracias a él vivimos por unos minutos en una India bellísima, siempre sorprendente y juvenil, ingenua y llena de esperanza, capaz de celebrar la vida y la muerte sin perder la sonrisa. Vivimos con esperanza la agonía del niño rebelde y valiente que protagoniza la historia porque el texto que es la película es una palabra que dice que el amor es más fuerte que la muerte. 

[publicado en otro blog]

sábado, 14 de febrero de 2009

Realpolitik y el caos de las golondrinas

Este post comenzó como un comentario a Los peligros de la Wikipedia un texto de Vicente Luis Mora, pero me fue creciendo y he pensado que daba para una nueva entrada. Me parece que el ejemplo que aduce Vicente es muy divertido y, digamos, bastante hispánico. Sin embargo, una golondrina no hace verano (y discutir cuál es el número de golondrinas necesario para cambiar de estación es cosa prudencial, siempre bajo la amenaza del sorites o paradoja del montón), lo que me lleva a seguir creyendo, de momento, en la ejemplaridad de la Wikipedia y en que hay muchísimas formas de uso razonable de ella, aunque sea muy obvio que tiene sus riesgos. Yo la uso casi exclusivamente para dudas en las que creo que voy a tener un cierto grado de olfato para reconocer lo que es correcto, pero no descarto que me juegue cualquier mala pasada. 

De cualquier manera, me parece que tras esta clase de discusiones se oculta, de alguna forma, un prejuicio autoritario, la presunción de que, en el fondo, solo unos pocos pueden garantizar el bienestar de muchos frente a, diríamos, los desórdenes del mercado. En el caso de las cuestiones relacionadas con el conocimiento, es obvio que los necios son mayoría respecto de los sabios y que una democracia no bien calibrada puede tener efectos deletéreos. Esto no autoriza, sin embargo, a legitimar sin excusas un régimen papal de autoridad, algo que es desgraciadamente más común de lo deseable, como lo muestra, por ejemplo, la tendencia conservadora de muchas de las cúpulas de los distintos sectores del saber, o de diferentes empresas intelectuales, con poderes que casi siempre son bien visibles y efectivos, y que resultan o pueden resultar castrantes y, a veces, también deshonestos y falsarios.

Cuando se sale uno de los ámbitos en los que un cierto proceder  aristocrático es comprensible, las cosas son mucho menos claras todavía, es decir, el grado de tolerancia hacia los desórdenes de la democracia debería ser aún más relevante. La cuestión decisiva creo que debería plantearse del siguiente modo, a saber, si el desarrollo de los sistemas espontáneos, aunque sometidos a un cierto número de reglas formales y morales (como ocurre con la  Wikipedia) no siempre es peor que la planificación dirigida por sabios, por decirlo suavemente. Me parece que Wikipedia es un caso relevante para dar una respuesta positiva a esa pregunta general, lo que no impide que crea que se puede mejorar la eficiencia de esa clase de sistemas añadiéndoles más fuentes de información, más procesos de cálculo para toma de decisiones, etc. pero sin sustituirlos nunca con   una toma de decisiones centralizada a cargo de los super expertos de turno. 

Además, creo, por supuesto, en la buena fe de la mayoría y en que, como decía Thomas Gold, la ciencia no sería tan divertida si no fuesen posibles los errores. Por cierto, alguien que sepa del asunto debería corregir cuanto antes las morcillas que se han incluido en la versión española, pero también en la inglesa, sobre la pobre realpolitik

[publicado en otro blog]

jueves, 12 de febrero de 2009

La farsa que no cesa

Noticias como las de la cacería conjunta del intrépido y justiciero Garzón y el simpático ministro de justicia nos traen resonancias de las más rancias y cutres costumbres ibéricas. Nuestra larga marcha hacia la modernidad no corre riesgo de  descarrilar por el ritmo cansino que lleva.

Me llama la atención el sinnúmero de cosas asombrosas que pueden pasar cada día sin que nadie parezca  del todo sorprendido. Creo que se puede repetir el diagnóstico de Tito, un personaje galdosiano de su novela sobre la primera república cuando dice que “las cosas que se veían entonces en España no se vieron jamás en parte alguna”.

Se suele echar la culpa de todo esto a los partidos, se les reprocha que no estén sabiendo ser agentes de una  transformación de la sociedad española, que hayan pactado tranquilamente con los vicios y las triquiñuelas de una sociedad abúlica, y, a la vez, desconfiada y pícara.  Resulta, en verdad, sorprendente la cantidad de cosas que no son lo que parecen, que ni de lejos son lo que proclaman ser, la cantidad de mentira bien envuelta y presentada que circula con todos los honores. No negaré yo la responsabilidad de los dirigentes políticos en toda esa serie de desventuras y falsedades. Pero los ciudadanos deberíamos ser más exigentes con nosotros mismos y no olvidar que lo que aflora es, de uno u otro modo, un retrato impresionista de nuestros defectos. 

Los militantes de los partidos se han dejado convertir en una grey afecta, cuando debieran ser agentes de cambio, impulsores de mejora. Los lectores siguen siendo fieles a fuentes de información que no les dan sino bazofia. Muchos funcionarios siguen cobrando a fin de mes, y reclamando mejoras, aunque sean muy conscientes de que nunca pagarían lo que cobran porque alguien les haga lo que ellos hacen: se refugian en las retóricas que justifican su momio mientras se alegran de que el frío exterior no les amenace, por ahora. Es decir, que en todas partes cuecen habas aunque nos hayamos acostumbrado a señalar con el dedo para que la gente no nos mire a la cara.

Es posible que la tremenda crisis en la que estamos dramáticamente inmersos, y de la que cada día se atisban menos posibilidades de salir con bien, nos haga reflexionar sobre la responsabilidad de cada cual y sobre la necesidad de ser valientes para ser efectivamente libres y decir lo que no nos gusta como primer paso para tratar de cambiarlo. Julián Marías recordaba que la pregunta adecuada en una democracia que hay que hacerse no es la de ¿qué va a pasar?, sino ¿qué hay que hacer? Hace muchísima falta que nos dispongamos a no consentir por más tiempo el esperpento y a ejercer la paciencia para encontrar con lucidez una solución estable que no nos obligue a sentir vergüenza.

miércoles, 11 de febrero de 2009

¿Qué está pasando?

Me parece que esta es la pregunta que se hacen muchos ciudadanos ante la plaga de escándalos que ensucian la imagen del PP, con mayor o menor motivo. Seguramente serán ciertos los toros, al menos algunos toros, pero no menos ciertas ni instructivas son las circunstancias de esta espectacular corrida fuera de temporada.

Como estamos en una democracia consolidada y en la que todo el mundo se atiene escrupulosamente al principio de separación de poderes, no cabe pensar sino en la casualidad para explicar el celo conjunto de Rubalcaba, de la fiscalía y del juez Garzón en depurar esa clase de supuestos y viejos delitos. Pero, en fin, como nuestro país ha hecho suyo el dicho de “piensa mal y acertarás”, dejaremos a nuestros lectores que ensayen en conciencia explicaciones alternativas a la mera fortuna.

Porque es coincidencia muy notable que cuando el país esté hecho un desastre, ZP no convence ya ni a los que le prepara TVE para su lucimiento, y el porvenir es acusadamente oscuro, debido a la inacción y al disparate que cada día nos procura el gobierno, justamente en ese día, se ponga misteriosamente en marcha el perezoso ventilador de la justicia y toda la mierda provisional que avente contribuya a intensificar el tufo de corrupción en las inmediaciones del PP y solo del PP.

Primero parecía que la cosa iba contra la presidenta de Madrid, una persona que ha tenido el atrevimiento de ganar por goleada al partido del gobierno. Cierta prensa, independiente, por supuesto, ha ayudado lo que ha podido mostrando los frutos sazonados de un riguroso trabajo de investigación periodística en que se ve cómo parece que este hizo algo que al otro le parecía que podía ser perjudicial para alguien y que todo eso fue vigilado por no se sabe quién aunque nos dicen que es evidente que no podía sino seguir órdenes directas de la Presidenta quien, en su increíble torpeza, estaba procurando espiarse al tiempo que espiaba a los que espiaron a quienes ella pretendía espiar, o algo así.

En estas estábamos cuando, de repente, la cosa tomó un cariz distinto, lo que da que pensar sobre las prisas del estado mayor que dirige el asunto.  De manera inesperada, los espías se vieron alejados del primer plano por una auténtica falange de corruptos que, ¡oh casualidad! parecían haberse sentado todos juntos en la mesa de una boda ya lejana pero, al parecer, decisiva en la historia política del PP.

¿No será que está fallando la coordinación de funciones, siempre tan necesaria, entre los servicios de policía y la judicatura con cuya garantía de independencia nos sentimos cada día más libres y más seguros? Por algo puso Felipe González, en su momento, a Belloch como ministro de ambos asuntos, para que no pasaran estas cosas tan inoportunas, pero no ha habido valor para mantener con el debido vigor esa innovación en defensa de la democracia y así nos va.

En la boda del Escorial estaban todos juntos. ¡Tate, tate! El español, siempre capaz de atar a las moscas por el rabo, saca las consecuencias del caso inmediatamente, y comprende que el tiro va por elevación, que ya se pasa de Esperanza, que se supone es caso cerrado, y se apunta más arriba. Con esto va a pasar como con la transición: que nos hicieron creer que fue una cosa maravillosa y ahora se ha descubierto que fue una época de vileza, silencio cómplice y traición. Ahora, tras la paciente investigación de Rubalcabas y Garzones se va a descubrir que el progreso aznarí no fue sino un improvisado manto con el que cubrir las miserias de una corrupción generalizada, y muchos parecen pensar que ya va siendo hora de que se diga la verdad. Esta preocupación por el pasado siempre acucia cuando el futuro se adivina de color hormiga.

Tratan de implicar a  Aznar porque le temen y aunque se profesan pacifistas, han aprendido la utilidad que pueda tener la guerra preventiva, siempre que se haga con los apoyos necesarios de la opinión, que no les han de faltar. Se malician que Aznar pueda decidirse a intervenir, a poner su autoridad al servicio de los votantes y los militantes del PP para que el partido se enderece como conviene, y saben que con un PP medianamente en forma el batacazo podría ser de espanto.

Yo no sé lo que Aznar pueda estar pensando, pero creo que cada vez son más los españoles que aplaudirían alguna forma de intervención para evitar que colapse un partido que es bastante importante para que en España siga habiendo algo mínimamente parecido a una democracia. Aznar ha dicho ya en público que la situación política actual está más allá de una mera crisis de alternancia, y es seguro que será consecuente, más allá de consideraciones  acerca del grado de responsabilidad que le pueda caber, dado el hecho indiscutible de que conserva una autoridad moral y una capacidad de liderazgo que ahora no abundan. El futuro del PSOE es efectivamente oscuro, aunque haya que reconocer que, sin duda, tienen un buen departamento de efectos especiales.

[Publicado en El Confidencial]

Conectarse puede ser caro sin que pase nada, hasta ahora

Según un despacho de Europa Press, un estudio ha mostrado que Madrid y Barcelona son  ciudades en las que conectarse a Internet a través de redes wifi resulta muy caro. Esto afecta a los turistas, pero también a los residentes. Barcelona resulta algo más barata que Madrid en donde se llega casi a alcanzar los 10 euros por hora si uno quiere conectarse desde el aeropuerto, un lugar en el que se sabe cuando se entra, pero se ignora cuándo se sale.

Creo que hay que preguntarse por las razones de esta absurda carestía y voy a dar una explicación que me parece que tiene mucho que ver con la crisis económica que también afecta a ambas ciudades. Muchos de nuestros problemas derivan de haber tenido, a un tiempo, dinero barato y demandas cautivas, lo que ha favorecido una escandalosa falta de competitividad en muchos sectores.

AENA y gran parte de los hoteleros españoles parecen pensar de esa manera: nuestros precios a los clientes no tiene que guardar ninguna relación con los costos de los servicios que les prestamos, sino con lo que están dispuestos a pagar con tal de no deshacer las maletas, cosa siempre engorrosa, o irse a otro aeropuerto, lo que suele ser imposible. En esa situación, en la que están virtualmente encerrados y en nuestras manos, los clientes pagarán casi lo que sea con tal de conectarse a Internet. 

Creo que hay muchos que piensan que esto es un negocio ideal: ser proveedor en exclusiva de un servicio necesario. Así no tienes que esforzarte y la conexión puede ser, encima, una auténtica caca. Competir es mucho más costoso que trincar, y, además, puede ser insolidario. Si yo bajo las tarifas, se molestan los colegas y, por si fuera poco,  el cliente podría adquirir malos hábitos. Esta actitud absolutamente ajena al mercado ha hecho construir castillos en el aire y que las deudas crezcan hasta el infinito. La crisis nos hará ver que no se puede seguir viviendo del cuento.

[Publicado en Gaceta de los negocios]

lunes, 9 de febrero de 2009

Corrupción sistémica

Parece que los españoles se escandalizan con la corrupción, aunque lo que realmente sucede, es que el partido en el poder maneja los hilos para que salga a la luz un asunto con tintes escandalosos que perjudique a sus rivales, especialmente cuando están cercanas las elecciones. 

Esto debería servir para que nos planteásemos dos cosas elementales: la primera es cómo es posible que siendo la corrupción tan poderosa como sabemos, o creemos saber, que es, sean tan pocas y tan parcas las condenas por esta clase de actuaciones. La segunda es la siguiente: ¿qué es lo que hace que la corrupción sea tan fácil de practicar y, a la vez, tan difícil de castigar? 

Las respuestas a ambas preguntas están íntimamente relacionadas porque lo que pasa es, efectivamente, lo que resulta más razonable dado el estado de cosas en que vivimos. 

En primer lugar, el conjunto de normas que regulan la utilización del suelo, el ius edificandi, es absolutamente arbitrario y, por tanto, descaradamente intervencionista. El hecho de que un terreno no valga un real o valga millones de veces más no depende de un mercado abierto que atendería a condiciones objetivas, al menos en principio, sino de decisiones administrativas que se argumentan y establecen de modo completamente arbitrario. El propietario de la varita mágica capaz de multiplicar extraordinariamente el valor de un suelo o de dejarlo convertido en un bien sin valor alguno, es siempre una autoridad política. Suponer que no va a obtener beneficio, personal y de partido, de esa prerrogativa suya es más ingenuo que creer en los Reyes Magos. Cualquier procedimiento que no consista en corregir este insigne absurdo está condenado a la esterilidad y obliga al negocio inmobiliario a permanecer en una alocada cerrera de precios, pues es bien conocido que cualquier mecanismo prohibitivo, véase el caso de la droga, eleva de manera extraordinaria la cotización de la mercancía vedada. 

Vayamos ahora al otro asunto. La ausencia de una Justicia políticamente independiente facilita enormemente la existencia de jueces oportunistas, de personajes dispuestos a lo que sea, incluyendo hacer, al tiempo, una cosa y su contraria. El que manda, manda y es bueno estar al abrigo del único poder que nunca va a ser juzgado. Se pueden ofrecer así, al escándalo del respetable, diversas variedades de chorizos de escasa monta, mientras se evita rigurosamente alterar el sistema que produce esos casos y otros infinitamente más graves, pero ya ungidos con el prestigio de lo intocable. 

Ahora, una pregunta: ¿Qué partido defiende con más ahínco la intervención del suelo y el aumento de toda clase de controles? Porque la corrupción inmobiliaria y el escandaloso e insostenible aumento de los precios puede suceder, únicamente, porque hay unos señores que amparados en la ley pueden tomar decisiones que transformen, ellos lo dicen así, un suelo que no vale nada en un suelo que valga (o valía) millones. La izquierda y sus aliados son los que han montado el chiringo que permite la corrupción y que culmina con un control político de la justicia para que todo esté atado y bien atado. 

Una segunda pregunta: ¿Quién comenzó a sujetar a los jueces convirtiendo el CGPJ en una sucursal de los partidos? Una vez respondidas ambas preguntas, podemos dedicarnos a ver cómo se intensifican los virtuosos sentimientos públicos y cómo desprecia el pueblo soberano a los corruptos políticos de la derecha que son tan sinvergüenzas que ni siquiera dejan de cometer sus fechorías en las épocas electorales. 

Mientras el PP no sea capaz de convencerse a sí mismo, y a los votantes, de que es necesario cambiar de raíz todo este tinglado es posible que siga siendo incapaz de volver a ganar las elecciones. 


[Publicado en El estado del derecho]

sábado, 7 de febrero de 2009

Libros, teléfonos y sudokus

Google y Amazon han anunciado casi al tiempo que ofrecerán libros para su descargaen teléfonos móviles. Enseguida me ha venido a la cabeza le petición que hizo una periodista televisiva a un escritor que le pidió recitar uno de sus sonetos: “Si, por favor, pero que sea cortito”. Claro que puede que los Guinnes de los records se pongan a buscar al que lea en menos tiempo, por ejemplo, La montaña mágica y haya aglomeraciones para bajarla, pero no lo veo claro.

Leer un libro corriente, de unas 150 o 200 páginas, en la pantalla de un móvil, por generosa que sea, debiera estar prohibió por la OMS, sector cuidado de la vista.  Otra cosa es ese modelo de cuento brevísimo que al parecer hace furor en Japón, y cosas así. Los que tenemos que trabajar leyendo en  el PC ya sufrimos bastante con el movimiento imperceptible pero cierto de la pantalla como para aficionarnos a leer con gusto en una todavía más pequeña. Para eso están los dispositivos con pantalla de tecnología de tinta de imprenta que son excelentes, y que serán mejores todavía cuando permitan tomar notas y reproducir colores, aunque eso sea irrelevante para la mayoría de los libros.

La pantalla convencional del PC es, de momento, un útil extraordinario aunque un poco molesto y con tendencia a cansar la vista tras horas de trabajo, pero para leer por gusto, la verdad es que no acaba de ser atractiva. Si se me permite la broma, hay una cosa en la que es infinitamente mejor que cualquier papel: para jugar al sudoku, que es otro de mis vicios. Ya puestos, a ver si algún amable e ignoto lector me resuelve un problema.  No tengo ninguna dificultad para acometer el Sudoku difícil del New York Times, que es el que más me gusta y el que me parece más completo, si uso Firefox, pero si uso Chrome, que es mi preferido, entonces no hay manera de bajarlo, aunque, para mi asombro, sí puedo conseguir el fácil, pero no el intermedio ni el difícil. ¿Suponen en Chrome que sus usuarios no somos capaces de afrontar el difícil? No lo creo, pero no tengo ni la más ligera idea de qué demonios me impide batir al difícil en la pantalla de Chrome. ¿Alguien sabe algo?

[Publicado en Cultura digital]

viernes, 6 de febrero de 2009

Una de locos

Hoy me ha dicho mi médico, bueno, uno de ellos, que el mundo está loco. A mí me parece que se refería, sobre todo, a España, aunque no cabe dudar de la generalización. No me he atrevido a llevarle la contraria, entre otras razones,  porque él tenía una jeringa en la mano, y me he limitado a observar que hay formas de vejez que se confunden con la locura, pero son sólo muestras de un desánimo muy profundo. El caso es que me ha pinchado, como diría un político, sin ninguna acritud, aunque supongo que lo habría hecho igual en cualquier caso. Le he pedido un ejemplo de locura y me ha hablado de los espías. Entonces he creído necesario insistir: no es locura, es mera necedad. Lo malo es que no es fácil decir quién es más necio, si los reveladores, los ocultadores, los revelados, los ocultados o los creyentes en esa clase de tramas y revelaciones. Ha puesto cara de estar de acuerdo, pero me ha despedido cordialmente. 

jueves, 5 de febrero de 2009

Reinventar una economía

Una de las sensaciones más penosas que nos transmite el Gobierno es la de que no acaba de entender qué podría hacer él para sacarnos de esta crisis. Sus intentos de echar las culpas a cualquiera son patéticos, además de desvergonzados. Yo no creo, desde luego, que ningún gobierno pueda arreglar un estropicio como el presente, pero estoy seguro de que pueden agravarlo si insisten en aplicar soluciones falsas.

Hace unas semanas, llevado por mi afición a los ferrocarriles, di en recorrer parte de  la vieja línea  de  Guadix a Águilas. La línea se construyo pensando en el mineral de hierro y en el mármol, y algunas de sus estaciones eran pueblos puramente mineros, enteramente artificiales que debieran haber desaparecido al suspenderse la explotación minera, pero no ha sido así.  Por allí no queda ni rastro de la minería, pero han encontrado un nuevo filón en la agricultura de primor y sus terrenos se han unido a esa inmensa mancha de techos plásticos que cubren gran parte del sudeste más próspero. Son pueblos que supieron reinventarse antes de morir.

Crisis financieras aparte, a nuestra economía le hace falta una auténtica reinvención porque los sectores que la impulsaban han entrado en una crisis que tal vez no sea terminal pero que es grave y duradera. Es tiempo de inventar, de que cada cual se pregunte qué puede hacer, qué puede ofrecer a los demás que tenga un valor, que sea interesante, atractivo y barato. Para eso nos sobran los funcionarios y nos faltan emprendedores, pero nuestros diversos gobiernos, se empeñan en aumentar los funcionarios (ya tenemos más de tres millones) y en sospechar de los innovadores y someterlos a un régimen de trabas, inspección, burocracia y sospecha.

Ya sé que no es fácil innovar, que no es fácil inventar, pero por difícil que resulte ese camino es más prometedor que la desesperante espera a que el gobierno y los funcionarios inventen algo positivo, algo que no signifique tirar el dinero. Ahora nos preocupamos del paro porque crece de manera inmisericorde, pero nos olvidamos de que nos estamos quedando casi sin nada que vender en el mercado global y que dos de los sectores en que algo vendíamos, el automóvil y el turismo, están muy de capa caída por la crisis general y por la competencia de productores competitivos y baratos.

Mientras la esperanza de muchos de sea evitar los riesgos al arrimo de un puesto público, nos irá cada vez peor. Es evidente que hacen falta funcionarios, pero pocos y competentes, lo que ahora no es el caso por la continua relajación de los sistemas de acceso. En cambio el camino de los emprendedores es cada vez más duro, y no es sensato seguir poniendo pegas a la única política que podrá recuperar nuestra economía en el medio y el largo plazo.

[publicado en Gaceta de los negocios]

miércoles, 4 de febrero de 2009

Vigía de Occidente

El halago de los poderosos es un fenómeno intemporal, porque siempre han abundado los tipos como Suso de Toro dispuestos a cargar con tan duro menester. En el caso de Franco, no escasearon, como se puede imaginar, los elogios espontáneos. Uno de los títulos más ridículos que se le adjudicaron fue, sin duda alguna, el de Vigía de Occidente. Con todos los respetos, me parece que ese es también un epíteto que le cuadra admirablemente a nuestro ZP. La labor esencial del vigía es advertir de los riesgos antes de que estos se conviertan en amenaza y eso es lo que se supone que hacía Franco, aunque en Occidente no se acababan de enterar, y lo que, sin duda, hace nuestro esclarecido líder. 

El presidente del gobierno de España sabe muy bien a dónde hay que ir: a la paz; conoce perfectamente cuál es el rumbo: la alianza de las civilizaciones;  no tiene dudas sobre cómo lograrlo: vender a los israelíes pistolas que no maten a los palestinos; es muy consciente, por fin, de quiénes se oponen a ese magno proyecto, aunque tras la salida de Bush el asunto está un poco más confuso. ZP ha llegado mucho más lejos que Franco en su benéfica influencia previsora y ahí está, como símbolo inmarcesible, la barcelonesca cúpula de Ginebra que será pasmo de los siglos, pese al reconcome de los envidiosos.

Una vez que la situación internacional estuvo bien diagnosticada, ZP ha podido volver su mirada al patio interior que se ha puesto repentinamente crítico desde el punto de vista económico, debido en exclusiva a la torpísima labor de los observadores y agencias internacionales que, como todo el mundo sabe, preveían para nuestro país un horizonte de pleno empleo en función, sobre todo, de la solidísima condición que el sistema financiero había conseguido bajo la sabia batuta del vigía.

Desde ese mismo momento, ZP se ha dedicado, sin desmayo ni descanso, a hacer lo que sabe, a diagnosticar la crisis y a pronosticar su inmediato final. ZP se ha puesto manos a la obra sin prejuicios, dispuesto siempre a decir las verdades, aunque duelan. Hasta el mínimo observador se habrá dado cuenta de la enorme agilidad intelectual con la que ZP ha pasado de considerar que la Banca  era una de nuestras fortalezas a advertir, sin favoritismos ni temores, que la Banca es la causa del agravamiento de la situación. Es una virtud muy característica del pensamiento dialéctico, en el que ZP se ha preparado a fondo en su largo período de formación,  el poder pasar, aunque solo si las circunstancias lo requieren, de una tesis a la que, aparentemente, es su contraria, sin perder el control ni dar el menor pábulo al desconcierto.  El origen de la crisis financiera ha estado en dar dinero sin ton ni son pero, ahora, la causa del agravamiento reside en el insólito proceder de unos señores que no quieren dejar su dinero a quien es evidente que no se lo va a devolver.  Dialéctica de lo concreto en vena. Yo no sé en qué están pensando los Bancos, pero parece obvio que el vigía los ha calado y los vigila estrechamente desde el momento mismo en que ha comprendido que, como dijo Brecht, que era de los suyos, fundar un Banco es un delito muchísimo más grave que asaltarlo.

Resulta muy tranquilizador poder beneficiarse de la sombra protectora de un vigía sin prejuicios ni intereses inconfesables que nos advierta a cada paso de las dificultades del momento. Al pueblo puede resultarle difícil seguir al vigía, pero para eso están los pedagogos: cualquiera puede entender que es inmoral (además de anticristiano, a ver si se entera Rouco) no dar crédito a los pobres, mientras Botín se forra con diez mil millones de beneficios, ahora que, según se le ha advertido, no es el momento. También hay que contar con los expertos en imagen: no es ningún secreto que la próxima vez que los banqueros vuelvan a Moncloa, lo harán acompañados de la guardia civil, continuando así con la progresión icónica que ya les ha levantado de los cómodos sillones para ponerlos en una mesa de colegio, a recibir lecciones del vigía. 

ZP no piensa ni por un momento que él, el vigía, tenga responsabilidad de ningún tipo en nada de lo que está ocurriendo, y nadie de buen corazón debería pensar una cosa tan absurda. Lo que nos asegura es que nunca va a quitarse de en medio, que siempre va a dar la cara, aunque, como es lógico, se dosifique un poco para evitar un desgaste completamente inoportuno; así, por ejemplo, ha fijado, con toda diligencia, su presencia en el Congreso para mediados de este mes, un poco antes de que lleguemos, por culpa de la Banca y de los consumidores desconfiados y antipatriotas, a los tres millones y medio de parados. Por lo demás, las noticias empiezan a ser buenas, en especial las que controla el gobierno; el crecimiento del paro se está desacelerando y ni siquiera ha llegado a 200.000 los nuevos parados. Lo dicho, a nada que la Banca afloje la chequera, la cosa se arreglará de inmediato y, como no lo hagan, se van a enterar. 

martes, 3 de febrero de 2009

San Quirico

Está claro que las épocas de crisis lo son también de confusión, de nervios y de atropello. Ahora estamos pagando la deuda de haber dado tanta importancia a la economía, es decir, de no creer casi en nada más. Además, la economía se nos presenta, a los más, como un misterio, de manera que, a las primeras de cambio, o enmudecemos o temblamos de miedo. Verdad es que tampoco los economistas, los que se supone que saben, nos dan ninguna explicación consecuente ni nos ofrecen ningún consuelo.

Pues bien, en medio de tanta tribulación, se nos ha aparecido don Leopoldo Abadía uno de esos catalanes un poco madrileño, es decir de esos catalanes que tampoco han nacido en Cataluña, que presume de ser mayor (no es para tanto) y que ha empezado a explicar lo que pasaba y, sobre todo, a decir que tiene remedio. Empezó desde su blog explicando el origen de la crisis Ninja y desde allí se aparece ahora en varias tribunas ofreciendo sosiego, racionalidad, fe, moderación y esperanza. No tengo el gusto de conocerle, pero me parece que está haciendo una labor admirable hablando con mucha calma de las cosas que siempre se olvidan cuando parece que lo único que importa es la economía, es decir, el dinero.

Leopoldo Abadía ni adora las riquezas ni se ríe de las gracias de los poderosos; en cambio rinde culto a la amistad, a la modestia, a la buena educación, al saber escuchar, a la esperanza y al buen sentido. Sabe que podemos hacer las cosas mal, pero que, por eso mismo, estamos siempre en condiciones de volver a hacerlas bien. Nos habla desde San Quirico, un lugar utópico, inexistente, pero que suena muy bien como un lugar cualquiera de las tierras catalanas que a mí se me antoja muy cercano a Barcelona, ese archivo de cortesía y patria de los valientes como la llamó Cervantes. Desde allí, hace honor al título cervantino este catalán  de elección que es el sabio don Leopoldo, un hombre feliz que siempre tiene tiempo para darnos un minuto de alegría. 

[publicado en Gaceta de los negocios]

domingo, 1 de febrero de 2009

Digital CSIC está siendo un éxito

Hace unos días hice en este mismo lugar un par de observaciones sobre el funcionamiento deDigital CSIC, el lugar en que se depositan los trabajos de de sus investigadores, en régimen de Open Acces. Creo que la cosa va muy bien, para la institución y para sus investigadores. En la edición de enero de 2009 del Web Ranking of World Repositories, este repositorio, con apenas un año, de vida, ocupa ya la posición 74 en el ranking general, y la 63 en el ranking de repositorios institucionales. Digital CSIC ha superado ya la cifra de 8.000 documentos, y en el pasado mes de enero ha recibido casi 110.000 visitas. Las descargas por países siguen como les contaba, con Estados Unidos a la cabeza, seguido de España y, más abajo,  Méjico e Inglaterra, con un llamativo descuelgue de nuestros vecinos más inmediatos como Francia, Italia y Portugal.

Basándome en el análisis de mi propio caso, me confirmo en el optimismo. He colocado ahí unos cuarenta documentos, los tres o cuatro primeros hace unos meses, y la mayoría en el último mes. Cuando he accedido a los datos que se refieren a mis documentos, he quedado muy gratamente sorprendido. He tenido, aproximadamente unas 1.000 visitas y cerca de 500 descargas lo que da una media de unas 25 visitas por documento y la mitad de descargas, un promedio que, sin duda alguna, tenderá a crecer, porque hay una mayoría de documentos que llevan menos de un mes y apenas tienen descargas, mientras los más veteranos superan las cien visitas y se acercan a ese número de descargas. Si se tiene en cuenta que, en la mayoría de los casos, se trata de documentos a los que había muy difícil acceso, la mejora respecto a la visibilidad de mis trabajos ha de ser espectacular, y eso es algo que beneficiará por igual a todos los que tengan cualquier cosa que decir en cualquiera de los muchos rincones de la ciencia. En unos cuantos años el panorama de la investigación mostrará unas imágenes mucho más precisas y es posible que se caigan definitivamente algunos tópicos. Pero lo realmente importante es que la digitalización está generando una nueva dinámica de interacción y que permitirá nuevas formas de utilización del conocimiento, lo que hará que la amenaza de esterilidad de tantos esfuerzos sea mucho menos grave que hasta ahora.  

[publicado en otro blog]