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domingo, 22 de febrero de 2009

Descartes y la máquina del mundo

Cuando Descartes concibió su sistema del mundo cayó en la cuenta de que el universo, como si fuese una vieja motocicleta, tendería a desvencijarse y a perder el equilibrio, a derrumbarse, de manera que se le ocurrió pensar que resultaba necesario  que el Buen Dios le diese, de vez en cuando, un papirotazo a la máquina del mundo para que siguiese girando sin mayores problemas, es decir, como aparentemente lo hace. 

Las máquinas de la economía y de la política  también tienden a desvencijarse, pero como no estamos en el siglo XVII, a casi nadie se le ocurre que haga falta un papirotazo divinal para que la cosa se encarrile. Muchos, sin embargo, rezan en silencio, aunque, como la mecánica es ahora más compleja que la de Descartes, no hay forma de saber si Dios nos echa o no una mano. 

La máquina económica parece tener un roto descomunal y, mientras  los expertos discuten sobre galgos y podencos, la prosperidad se ahúma en una gigantesca pira, de manera que nadie sabe a ciencia cierta, bueno, tal vez lo sepa Zapatero, cómo y cuándo habrá que empezar a reconstruir un mundo medianamente razonable. 

En España el desvencijamiento del tinglado es cuádruple del común, porque, además de nuestro peor diagnóstico económico, nos encontramos ante una crisis política realmente grave. También en este terreno necesitaríamos un auténtico papirotazo y no habría que esperarlo de las alturas sino del buen sentido de los ciudadanos.  No nos merecemos espectáculos como los que ofrece el circo político y mediático. 

La desfachatez se adueña del escenario y todo lo contagia. El director de pista está muy lejos de poseer el buen sentido necesario y se dedica a apagar el fuego con sustancias etéreas y explosivas. Ahora afirma que no está dispuesto a que se amenace a jueces, fiscales y policías, aunque también podría haber dicho que no va a tolerar que se dude de la buena intención de un ministro que es un calco de las caricaturas del franquismo, de la chulería más repulsiva que se ve  insólitamente jaleada desde la bancada socialista. 

Se necesita de una amplia mayoría para lograr un cambio del sistema, para acabar con tanta desfachatez y con tan evidente falta de buen sentido en las instituciones básicas del Estado. Es obvio que  hace falta una reforma constitucional, devolver su absoluta independencia y autonomía al poder judicial, revisar el marco competencial del sistema autonómico, propiciar un auténtico sistema de libertades que permita a la sociedad civil dialogar con los partidos sin necesidad de someterse a ellos, reformar a fondo la educación y la universidad, disminuir de manera eficaz el peso de las administraciones públicas, los únicos que no parecen haberse enterado de que la economía no aguanta, y un largo etcétera. 

En mi opinión esa es la tarea histórica que debiera plantarse el PP, sin pretender fagocitar a UP y D,  que será necesaria para forzar el consenso con lo que pueda quedar del PSOE si se acierta a hacer  una política valiente y se deja de seguir, por una vez,   con la inercia de un sistema que está a pocas jornadas del colapso, sin un Descartes que lo diagnostique y sin que hagamos nada de lo que hay que hacer para merecer la discreta providencia del Buen Dios.   

1 comentario:

Teresa dijo...

En la vida, siempre que he querido alcanzar algo he debido de luchar por mucho más. Se que los imponderables pueden restar puntos a la hora de alcanzar la meta y por eso si quería alcanzar un 5 debería de luchar por un 7 y si quería alcanzar un 10 debería de luchar por un 8. Esto lo aprendí en el bachillerato,(el antiguo, por supuesto) pues a base de estudiar solo para aprobar, me quedaba siempre en un suspenso.
Que tiene esto que ver con la política y la situación actual de la sociedad. Pues desde mi punto de vista mucho, aunque en el fondo solo sea una manera diferente de explicar el mismo hecho.
Si rebajamos el listón, cada vez obtenemos un punto menos, una resta en vez de una suma. Los objetivos cada vez se hacen más cortos y por consiguiente los logros más ridículos. El esfuerzo necesario se va reduciendo y por consiguiente la capacidad mental requerida para tal esfuerzo se va atrofiando.
Me importa tres pitos que me tilden de clasista, pero a fuerza de bajar el listón cultural de la clase política, nos hemos quedado con unos gobernantes incultos, ignorantes y prepotentes, por no decir dictadores, que no han hecho jamás la O con un canuto, pero que han llegado a Ministros.
Que lejos han quedado los discursos y rifirrafes de tanta gente que dominaba no solo el arte de la oratoria, si no también el arte de la lectura, la escritura, el saber, el de la política...........Pero claro, para que puñetas me voy a esforzar en todo esto si es que resulta que para llegar a lo más alto, con que saque el bachillerato antes de los 25 años, para que me de tiempo a cotizar, me llega. No necesito ningún otro título, ni destreza, ni habilidad, ni para gobernar, ni para hacerme rico. Más bien al contrario, cuanto más se, más idiota me siento y más pobre me encuentro.
Si a Sergei Bubka, cualquiera de los días en los que pretendía batir una plusmarca en salto de altura, a golpe de sangre sudor y lágrimas, le dijesen que de repente el listón había bajado hasta tal punto que hasta el Cojo Mantecas le podía arrebatar el oro de los Dioses, no pensaría precisamente que este mundo necesita un papirotazo. Creo que sería bastante más duro.
A fuerza de bajar y bajar el listón, llegará un día en que estemos en peligro de extinción como especie humana. Si no sabemos, no razonamos, cuestionamos, pensamos, y demás habilidades neuronales, pasaremos a engrosar de nuevo la especie animal, de la que, a lo mejor, nunca debimos de haber salido. Y desde luego hay algo que tengo claro, a este paso ni Dios nos hecha una mano.