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miércoles, 11 de marzo de 2009

La crisis de la prensa

En medio de una crisis económica universal, la situación de los medios de comunicación, muestra rasgos que parecen tener un significado que va más allá de las variables del entorno. 

Lo primero que hay que destacar, es que la gente joven está dejando de leer prensa, y que esta tendencia, que parece sólidamente motivada, se confirma año tras año. No es difícil sacar las consecuencias, aunque el futuro sea siempre conjetural. Es interesante preguntarse por las causas de esta desafección. Pueden aducirse decenas de razones, desde las apocalípticas (“los jóvenes están perdiendo el hábito de leer”), hasta las más pegadas al terreno (“la noticia llega siempre antes, y el periódico parece siempre viejo”). Me parece interesante detenerse brevemente  en un elemento común a muy diversas situaciones. 

En su empeño por cultivar un determinado nicho de mercado, muchos medios de comunicación han podido ir más allá de lo razonable para perder, en consecuencia, su mínimo de objetividad. Es muy difícil definir la objetividad, pero, a estos efectos, me quedaría con dos rasgos esenciales. En primer lugar, es imposible ser objetivo si se ocultan datos relevantes y, en segundo lugar, se pierde completamente la credibilidad si se pretende imponer una construcción de la realidad que impida la libertad del lector. 

La proliferación de mensajes y la rapidez con que se expanden hace que sea cada vez más difícil ocultar nada. También es difícil, desde luego, dar a conocer con precisión cualquier cosa, porque una nube impenetrable de interpretaciones impide que se abra paso la buena información. Sin embargo, nuestros cerebros se acostumbran con rapidez a esta situación, porque su gran virtud es la capacidad de entregarnos una imagen coherente de la realidad a partir de una fuente casi infinita de datos. Esto significa que, si es muy difícil conocer algo con precisión, es también cada vez más difícil manipular deliberadamente, sin pagar por ello un coste muy alto. Los fieles se mantienen, pero tampoco son tontos y pronto advierten que están siendo engañados. 

Los periódicos pierden su interés en la medida en que renuncien a investigar y se conviertan exclusivamente en altavoces ideológicos.   Interés informativo y credibilidad son cualidades que marchan a la par. En España, en particular, es una auténtica plaga la prensa de partido, y produce sonrojo ver a tanto periodista  convertido en ideólogo y apologeta de posiciones perfectamente discutibles, mientras ignoran absolutamente su obligación de informar, es decir, de no ocultar lo que saben perfectamente. El episodio del supuesto espionaje madrileño es un espejo vergonzoso de esa desviación ridícula y letal para la prensa. Mientras esto no cambie por completo será inútil preguntarse por otras causas de la crisis. 

[publicado en Gaceta de los negocios]

2 comentarios:

Teresa dijo...

Pues si, estoy completamente de acuerdo.
Antes que nada apuntar que no se como llegó hasta mí un correo electrónico con la dirección de este blog. Aunque en principio era spam, me alegro de no haber mandado el mismo al basurero informático.
Reconozco que últimamente me leo un montón de periódicos, digitales por supuesto. Reconozco también que llevaba años sin leerlos, y sin ver la televisión con lo cúal de noticias cero. Pero es que llegué a hartame de pagar un montón de euros por leer una sarta de mentiras prodigiosa y unos penosos, quitando horrosas excepciones, artículos de opinión.
La pretendida manipulación en los medios es tan grande que me averguenza el descaro con la que la llevan a cabo.
Me revuelve el estómago ver como hoy en día no solo nos engañan, sino que lo hacen con total y absoluto descaro. Antes cuando te engañaban, te engañaban. Se reían por detrás y tu no te enterabas. Pero hoy, te miente, te lo dicen en tu cara, se rien de ti y encima te llaman tonto del haba porque saben que en el fondo nos estamos conviertiendo en una manada de incultos descerebrados.

Karim Gherab Martín dijo...

Tan bueno el comentario de Teresa como el artículo de González Quirós.
Yo ya hace tiempo que, cuando se trata de un asunto que concierne a España, leo los periódicos extranjeros (¿¡!?).
La única vez que he visto todos los periódicos españoles de acuerdo fue durante la crisis de nuestro importantísimo puesto militar avanzado en la Isla de Perejil. Y también entonces leí prensa extranjera.