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jueves, 5 de marzo de 2009

Qué PP

Las elecciones en Galicia, y en el País Vasco, con matices,  han colocado al PP en una posición ganadora si el PSOE fuese a continuar sus políticas. Lo razonable es pensar que sus estrategas van a poner otras cartas sobre la mesa y que el PP deba jugar sus triunfos de manera ligeramente distinta. Para empezar, una cosa que podría sugerirse, aunque muy probablemente el PSOE lo rechazaría, es un pacto de fondo para ayudar a Patxi López en el País Vasco y para conseguir que el gobierno de ZP empiece a hacer algo distinto y serio contra la terrible crisis económica española.  Si los partidos pensasen más en el interés de los españoles que en la defensa inmediata de sus intereses, la cosa no sería descabellada y mejoraría la cultura política del público. 

ZP ha superado ya su nivel de competencia y, se ponga como se ponga, la física política le lleva hacia el declive; naturalmente tratará de zafarse y su éxito va a depender de la habilidad política del PP. Algunos pueden creer que al PP le bastará sentarse a su puerta para ver pasar el cortejo fúnebre del enemigo, pero se equivocan. 

Los estrategas del PP deben afinar el punto de mira y hacer buen recuento de sus efectivos para evitar ineficiencias en la estrategia de largo plazo. La autoridad del líder es esencial, pero no es un don que se alcance a base de errores o de gestos autoritarios sino, por el contrario, a base de iniciativa, de solidez política y de trabajo. El PP es un partido plural que sufre innecesariamente por el temor tradicional de sus líderes a articular esa orquesta política. Es muy fácil la tendencia fraguista de bronca e insulto al discrepante y al que parece poco dócil, una actitud quizá explicable en un contexto autoritario pero insensata en un escenario liberal. 

La fuerte tendencia al alza de UP y D debería servir para que el PP no se confundiese respecto a su propia ubicación y para que dejase de aplicar plantillas equivocadas al análisis político y estratégico con la disculpa absurda de que hay que reinventar el partido. La política es siempre reinvención, pero cuando se emplea retóricamente ese análisis como muestra de originalidad se emite una señal evidente de incapacidad y de pereza. 

Si se mide la solidez del PP por la fortaleza de sus votantes hay PP para rato y ni siquiera los aprendices de brujo podrán acabar con ella. Toda operación política que pretenda éxito es una ampliación de capital, algo que difícilmente puede conseguirse dejando de ser lo que se es y que, por el contrario, hay que alcanzar mejorando la eficacia de las acciones, la selección de los dirigentes, la ampliación coherente del espectro interno, la audacia y la pertinencia de las propuestas políticas. Es el líder quien se lucra de estos aciertos, nunca al contrario como parecen creer los aduladores. 

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