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sábado, 18 de abril de 2009

A medias

Los españoles tendemos a imaginarnos como gente desordenada pero creativa; yo no tengo esa visión tan optimista. No pongo en duda que podamos ser creativos, como casi cualquiera que se ponga a ello, pero me parece que, entre nosotros, abunda el tipo que hace las cosas a medias, que está encantado de conocerse y vive como si el mundo en rededor no existiese. Me pasma, por ejemplo, que se le pregunte a un empleado de cabina de una autopista cuál es la mejor salida para Valdemucientes o para Fresnedosa del Alcázar y nos mire como si fuésemos gente extrañamente curiosa y con ganas de molestar para decirnos, finamente, que no tiene ni idea. Seguramente piensa que no le pagan por informar. En cierta ocasión estuve en un pueblo mediano que alberga un descomunal monumento del Siglo XVI y no conseguí que nadie me pudiese decir dónde estaba exactamente, incluso estando a punto de romperme las narices con sus paredes. 

Creo que esa tendencia a la rutina y al no molestarse, que es, por supuesto, perniciosa para cualquier empresa, lastra con gran frecuencia el éxito de las escasas innovaciones que se hacen por aquí. Es patético ver el inmenso número de páginas web, por ejemplo, que dicen estar en construcción (y llevan años en ello), o que llevan años sin renovarse,  y eso para no hablar del extraordinario número de sitios en los que es imposible averiguar para qué empezaron a hacerse: pura rutina, mera imitación y vuelta a caer en la tentación de hacerlo todo a medias, en el “ya vale”. 

Soy cliente habitual de un servicio de compra de entradas para espectáculos. El sistema de compra funciona razonablemente (aunque, por ejemplo, carece de memoria para reconocer al cliente habitual), pero la obtención de las entradas es un auténtico disparate; hay que pasar por un terminal de algunos Bancos y Cajas o abandonar nuestra suerte a unas máquinas endemoniadas estratégicamente escondidas en los propios locales del espectáculo, máquinas en las que suele haber cola y que, con frecuencia, leen mal o estropean las bandas magnéticas de las tarjetas. Se paga por no hacer cola, pero se acaba haciendo cola por haber pagado algo más. 

Creo que deberían intentar que se pudiesen imprimir las entradas al tiempo que se compran. Pude hacerlo la semana pasada con entradas adquiridas a través de ese servicio en los Teatros del Canal, de manera que te llevas las entradas desde tu casa lo que es muchísimo más cómodo. No entiendo muy bien que se pueda hacer eso con billetes de avión y que no se generalice la opción en este tipo de servicios. Me parece que se trata de otra buena idea ejecutada a medias, lastrada por la pereza, la rutina, el miedo a la novedad… y el olvido de lo que puede ser más interesante para los clientes. 

[Publicado en Gaceta de los negocios]

2 comentarios:

Anónimo dijo...

jftamames
La competitividad entre líneas aéreas ha provocado la inversión en las operaciones en las que está involucrado el usuario. Pero ha tenido un punto de inflexión en la ingeniería para conseguir las mejores ofertas. Para ello toda la calidad del servicio ha ido a parar hacía los servicios de una autobús comarcal.
Me parece más interesante la capacidad de hacer lo mismo manteniendo la calidad que ha hecho RENFE.
Sobre la capacidad de ser “creativos” es algo que se debe más a la forma de ser de los dirigentes de este país. Hemos estado en manos de ingenieros y tecnócratas que han reducido la experiencia laboral de varias generaciones a la chapuza, a la mediocridad y a la sumisión a criterios políticos a través de la Administración Pública. La profesionalidad y las ganas de ofrecer un trabajo bien hecho no pueden tener tiempo si lo que mueve la economía es la concesión administrativa.
No creo que seamos un país que confía en la creatividad sino en la chapuza y en ese equilibrio inestable nos movemos. Cuando se entono la canción “viva el libre mercado” todos asistimos a la esperanza de que, por fin, conseguiríamos movernos a la igualdad de oportunidades y no al reparto de franquista y socialista entre vagos y maleantes.
Ahora todos podemos jugar en pura competencia pero aceptando que hay jugadores que lo son porque han encontrado privilegios políticos. Ahora el libre mercado es que los jugadores de siempre no están sometidos a las políticas generales del Movimiento Nacional o a la Transición, a la presión de la ideología naif del sociata de derechas.
La verdad es que no podemos luchar contra los que sólo venden sus relaciones familiares, políticas y económicas gestadas en el Estado Franquista. Poco a poco hemos podido equilibrar esas prebendas sobre todo con la entrada de jugadores extranjeros. Pero nos falta mucho que abrir, muchas covachas que reventar y mucho aíre fresco que dejar entrar. Espero estar ante los estertores de los grupos que al contacto con el aíre se desvanecen por su tener más de chupa sangres que de otra cosa.
El temor que nos embarga a muchos tras el paso de Felipe González por el poder es la necesidad de esa “media España, que cabe en un vagón de metro, por crear las mismas covachas de centro de favores. No creo que sea legitimo, justo y necesario, que la demolición de la izquierda realzada por la Transición haya tenido como pago el intento, cada década, por volver al estado bipolar por medio de las conspiraciones de la extrema derecha. El día que nos liberemos de esas espirales de acomplejados de la clase media por volver al poder, el socialismo desaparecerá sin más.
En definitiva, si fuera rojo o masón con tener bien alimentada a la clase media de capital de provincias me bastaría para tener, con pocos medios, opciones claras para llegar al poder.
La aceptación por la derechona de su trabajo sistemático a favor del socialismo tendría que ser algo interesante como curso de formación intensivo. Estoy pensando en ese circo entre cementerio de elefantes y grupetes de los gobiernos franquistas que pueblan la CCAA de Madrid y Valencia. De hecho no hay imagen mejor para ver las últimas películas de Ozores que volver a ver las tramas presentes en la boda de la hija de Aznar.

Anónimo dijo...

No creo que Renfe haya tenido tanto éxito como el que se le supone. Habría que hacer un estudio de las inversines en relación con los resultados y la cosa no estaría tan clara. Además. haber abandonado por completo las mercancías e impedir a toros que se ocupen del sector más importante en el ferrocarril europeo no es tampoco ningún éxito. La cañidad de los servicios para minorías, como era la aviación hace cuarenta años, es insostenible siempre que se convierta en un negocio de masas. No creo que, en conjunto, hayamos salido perdiendo con el cambio. Insisto, lo de Renfe está bien para que los gobiernos presuman, pero lo de la aviación es más popular y eficiente, aunque yo prefiera ir en tren siempre que puedo. Pedro aquí, en España, la subvención de los que no van en tren tanto hacia los que los cogen todos los días o van en bussiness class del AVE es tremenda.