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jueves, 14 de mayo de 2009

El retruécano

Aunque tal vez  no tenga una gran formación retórica, está claro que ZP es aficionado a los juegos de palabras y, si no es él quien los cultiva, tiene un grupito de asesores que le preparan papelas la mar de ingeniosas con las que luce su aplomo en la tribuna. Eso que le dijo a Rajoy de no ser quien para dar lecciones porque lo suyo es perder elecciones es una cosa muy fina y muy ocurrente, además de que rima. 

ZP venera la sutileza que le parece, casi con seguridad, la parte más positiva en la herencia dialéctica de la lucha de clases que la izquierda ha debido abandonar, más que nada, porque resulta aburrido comer con los pobres cuando se puede cenar con los ricos y, encima, tenerlos con el corazón encogido, siempre a la espera de las dádivas presupuestarias. Además, a falta de buenos datos y de ideas originales, qué duda cabe que lo mejor es dar muestras de  ese ingenio florido que tanto veneran los españoles de a píe.

Cabe sospechar, sin embargo, que el presidente sea algo más que un aficionado a las frasecitas; algo hay en él que induce a creer en que es un solipsista del tamaño de un rascacielos. Lo razonable, dada su manera de afrontar los debates, o las hipotéticas crisis, es asumir que profesa vehementemente la creencia de que, lo que no se menciona, no existe en realidad. Su teoría es una variante de aquella afirmación, un tanto cínica, según la cual,  ya que no podemos cambiar el mundo, deberíamos, al menos, cambiar de conversación. Esa es, me temo, su arma secreta contra Rajoy: conseguir que el líder del PP se vea asociado con un aguafiestas, con una especie de cobrador del frac que, no en vano, va vestido con un aire relativamente fúnebre.

Frente a ese aire triste y amargamente realista, ZP pretende investirse de una gaya conciencia, ser amigo de las finuras y el cinismo suave. Cree que los españoles no son pasotas, sino escépticos, y siempre van a preferir a un humorista capaz de hacer un chiste en un funeral que a un contable que trabaja hasta los días en que hay partido.  En consecuencia, ZP se ha deshecho de personas tristes y taciturnas, como Solbes, y se recrea con la compañía de mujeres alegres y faldicortas, aunque la verdad alguna no está ya para muchos trotes, pero eso son minucias cuando se tiene voluntad de juerga y de pasarlo bien.

Pero ZP no se confía solo al efecto de las sutilezas sino que, a Dios rogando y con el mazo dando, se trabaja bien el apoyo de la artillería mediática, en espacial de las teles, tan divertidas, y tan predispuestas a las buenas noticias. La hormiga lo tiene crudo en su enfrentamiento con la cigarra. A Rajoy no se le ocurren frases ingeniosa sino cifras contundentes y eso resulta áspero y reiterativo, cree ZP. Algún día hará una variante de “mi reino por un caballo”, pero puede que se quede con ambos, por el asombro que produce su facundia y su imperturbable sonrisa. 

[Publicado en Gaceta de los negocios]

4 comentarios:

Teresa dijo...

Hay que ver la capacidad de producción literaria que tiene usted Don José Luis. Iba a contestar a su artículo de ayer, cuando ya me encuentro otro dispuesto para comentar.
Como van un poco ligados, uniré los esfuerzos y me ahorraré un poco de trabajo.
Después de darle unas cuantas vueltas a mi texto, he decidido ser directa y no andarme por las ramas. Diré por tanto que cada vez que veo a ZP en la tele me pongo enferma. Ya no soy capaz de entrar a valorar lo que dice, lo reconozco, pero es que me enferma de la misma forma que si tuviera que tomar aceite de ricino. Solo de ver el envoltorio salgo corriendo.
Reconozco que es personal y nada más que personal. Creo que lo que me pasa es lo mismo que a mucha gente con Aznar, al cual muchos no han podido todavía olvidar.
Nada tiene que ver esta apreciación con ser o no ser socialista, con cuyos postulados teóricos estoy bastante de acuerdo.
Explicaré el motivo de mi antipatía, que reconozco que tiene bastante de visceral. Desde el primer día que lo vi, hace ya algunos años, jamás me gustó su mirada. Rostro de cordero alma de lobo, pero con la diferencia de que el lobo actúa por instinto, y este las piensa, las medita, y cuanto peores, más le gustan. Y se le nota.
A mi me enseñaron a ser franca, directa, a respetar, a ser noble y a ser una persona de honor. Todo lo contrario de este personaje que disfruta humillando hasta la saciedad a los 10 millones de votantes que no lo eligieron para la gloria, y claro como ahora él es el Caudillo, se cree, como aquel otro de su mismo rango, con el derecho de hacer lo mismo, pero de forma demócrata, sin pegar el tiro de gracia.
Pero el caso es que el que odia, y este señor odia, porque se le ve en la cara, en el fondo, es capaz también de pegarlo, siempre bajo unas condiciones de temperatura y presión determinadas.
En cuanto a la derecha, le ocurre lo mismo que a las mujeres maltratadas. De tanto que les acusa de ser unas inútiles, acaban creyéndoselo. La derecha nunca saldrá de ahí, nunca podrá defenderse hasta que no sea capaz de despreciar los comentarios de su maltratador. Como una mujer cobarde que es incapaz de rebelarse. Que va envejeciendo y languidece con los recuerdos del pasado. Que no es capaz de avanzar con los tiempos, ni actualizarse
Y nosotros como hijos, por seguir con el símil, en medio de tarterazos, cacharrazos, mentiras y reproches varios, viendo como el barco se hunde y que nadie acude a remolcarnos, o que los remolcadores, aunque con aparente buena tripulación, están malamente capitaneados, y esto puede llevarnos definitivamente a la deriva.
Y así estamos. O surge pronto una cabeza despejada, cabal, seria y responsable o el único cambio que haremos en el nuevo modelo de economía productiva sostenible será el de formato de la sevillana que poníamos encima del televisor. De muñeca de tres dimensiones, pasará a formato postal con relieve en la faldita para que encaje encima de la LCD
Perdón si me he extendido
Un saludo

José Luis González Quirós dijo...

Querida Teresa:
Me parece que su metáfora de la mujer maltratada es muy brillante: me voy a permitir usarla, aunque citando la fuente. Por supuesto estoy de acuerdo con todo lo que dice, aunque ZP no consigue caerme del todo mal; no sé, será una rareza personal, me parece un bicho, pero no me cae mal. Creo que la derecha se equivoca profundamente despreciándolo: me parece temible. Saudos,

Teresa dijo...

Gracias por su comentario. Puede citarlo cuanto quiera y no tiene por que citar la fuente, no es necesario.
Tiene usted razón en lo que dice de que la derecha se equivoca despreciándolo.
Realmente no quería expresar el sentimiento de desprecio, sino el de falta de aprecio, pero no supe expresarme correctamente. Quería reflejar el refrán "no hay peor desprecio que el que no tienen aprecio", puesto que la falta de aprecio está carente de sentimientos de una u otra índole. Si no te das por ofendido el ofensor acaba cansándose de que sus ofensas caigan en saco roto.
Un saludo

José Luis González Quirós dijo...

Me suena que lo de que no hay mayor desprecio que el no hacer aprecio es una cita de Gracián, aunque no estoy seguro y, no he podido encontrarlo aunque me he puesto a ello, de manera que seguramente sea un refrán. En cualquier caso, y con gente así, es lo correcto.