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martes, 5 de mayo de 2009

Madrid, tras los pasos de Barcelona

No me refiero al 2-6, del que diré alguna cosa luego. Madrid sigue a Barcelona en su empeño por ser sede olímpica en 2016, un cuarto de siglo más tarde del éxito global de la Ciudad Condal.  Me parece que los madrileños aguardan la noticia definitiva más que con una corazonada, como dice el anuncio oficial de la candidatura, con una mezcla de esperanza y de escepticismo que es muy propia de los habitantes de esta ciudad escasa de auténticas raíces, lo que muchos tienen por una de sus ventajas.

Madrid envidia, como es lógico, el empujón de imagen internacional que fueron los Juegos del 92 para Barcelona, y lleva años preparándose para ser digna de unos Juegos igualmente memorables. Sin embargo, todos sabemos que los Juegos se adjudican de un modo relativamente tangencial a cualquier justicia, a cualquier relación entre mérito y esfuerzo, porque, al fin y al cabo, estamos en la esfera del deporte, de la emoción, de la sorpresa y de los intereses no siempre evidentes.

Pero Barcelona, lo mismo que Madrid, no es conocida únicamente por sus Olimpiadas, sino por ser la ciudad en la que juega al fútbol el Barça, mes que un club, un equipo que con frecuencia ha practicado el fútbol más exquisito y sofisticado que se juega en el mundo, como ahora, por ejemplo. Cuando, hace ya cincuenta años, viajaba por España de niño madridista, me sorprendía encontrar en todas partes muchos núcleos de admiradores del Barça. A veces se dice que eso es, simplemente, un reflejo anti-centralista, pero se equivoca quien piense así. Lo que refleja es un símbolo de calidad, de ambición y de buen juego que la gente ha sabido reconocer desde hace muchísimos años, y que el Barça ha sabido mantener y renovar. Total, que lo menos que puede hacer el COI es dar a Madrid los Juegos del 2016, a ver si así nos olvidamos cuanto antes de la herida más dura y más reciente. Nuestra rivalidad es una de las mayores y mejores peculiaridades españolas y será siempre un factor de estímulo, de progreso y de perpetuo relevo en la cabeza.  

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