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viernes, 15 de mayo de 2009

Silbidos aislados

Lo peor que puede pasar con un hecho desdichado es que se comente de una manera estúpida. Los recientes silbidos y abucheos al Himno nacional, en presencia de los Reyes, constituyen, sin posible discusión, un grueso paquete de malas noticias, pero algunos descerebrados, celosos de preservar nuestro bienestar, los han transformado en una auténtica desgracia al comentarlos diciendo que se trata sólo de unos hechos aislados. Es muy difícil decir una cosa más idiota, más inexacta y más absurda con menos palabras.

Ya es grave que muchos españoles entiendan que les irá mejor si faltan de esa manera al respeto que nos deben a todos los demás y a nuestros símbolos comunes; es, por supuesto, grave, la muestra de gamberrismo y de pésima educación que eso supone; pero es más irritante aún que haya quien nos tome por tontos de solemnidad y pretenda convertir ese suceso en una mera anécdota. Es como si alguien quisiese consolarse de que le han robado la cartera o le han atropellado, arguyendo que el autor había sido sólo uno.

En primer lugar, el hecho no puede considerarse aislado de ninguna manera. Ni es la primera vez que se produce, ni ha sido nada imprevisto, sino, al contrario, perfectamente organizado. Por otra parte, el número de los saboteadores fue realmente alto. Pues bien, aquí estamos en manos de gente a la que lo único que se le ocurre es no televisar el acto, culpando luego al inocente director de deportes de TVE, cuando se protesta por esa manipulación intolerable. También es grave que el líder de la oposición, que es cómo se le llama, haya dicho algo muy semejante: se ve que está en racha de aciertos.

¿Por qué razón tendríamos que negar los españoles gravedad a una falta de respeto que se consideraría insoportable en cualquier otro lugar? ¿En razón de qué se puede considerar una especie de virtud política el disimulo frente a esa afrenta necia y cobarde? El nuevo ministro de deportes debiera tomar rápidamente medidas para que no pueda volver a producirse nada semejante. Si parte de las aficiones del Barça o del Athletic quieren pasarlo bien a costa de nuestra honra, o hacerse los valientes, deberíamos establecer un escenario legal en que esas bravuconadas les resulten lo suficientemente excitantes. Por algo bastante parecido a llamar negro a un negro se puede cerrar un estadio, pero si se trata de agredir a los símbolos comunes, a lo que esos idiotas piensan que es España, la cosa resulta gratis.

Es increíble que tengamos tantas tragaderas, pero más intolerable aún es que haya tantos memos en puestos de importancia que se piensen que nos chupamos el dedo. ¡Qué mal los hemos acostumbrado, por Dios!

7 comentarios:

Diego Fernández Magdaleno dijo...

Querido José-Luis: es, por desgracia, una costumbre muy acendrada en España la de mostrar una falta de respeto absoluta hacia estas cuestiones.
La solución la veo tan lejos que me da pena por nosotros mismos.
Abrazos,

Diego

José Luis González Quirós dijo...

Lejos, pero hay que buscarla, nos va en ello la dignidad colectiva.

Rebeca dijo...

No se pueden imponer sentimientos, pero sí reglas de conducta educada. A mi me repatean ciertas cosas de algunos (o muchos) catalanes y vascas, pero nunca silbaré contra símbolos que son de todos ellos. Lo siento pero soy más civilizada que esos del otro día.

Anónimo dijo...

Podemos estar toda la vida dicutiendo sobre este tema. Pero, en mi opinión, solamente hay una opción: concederles la independencia. Basta ya de privilegios para ellos, basta ya de "conciertos" económicos, basta ya de ceder aquellas competencias estatales que son muy gustosas pero no querer otras menos agradables, basta ya de tener que llorar a muertos, basta ya ... de todo. Lo mejor para todos es que se les otorgue la independencia. Pero sin término medio: LA INDEPENDENCIA.

José Luis González Quirós dijo...

El problema de darles la independencia es doble: que muchos buenos españoles de Cataluña y de Euskadi no la quieren y que otros muchos tampoco estamos dispuestos a que lo consiga una minoría por las bravas, aunque no tendríamos nada que decir si hubiese una mayoría que quisiese una secesión conforme a la ley y obtenida conforme a reglas claras y en condiciones de libertad. Tampoco estoy seguro de que eso lo quieran más allá de cuatro, pero decir que se quiere da estupendos dividendos.

Anónimo dijo...

No creo que sean una minoría. Es una batalla perdida. Admitámoslo y sigamos adelante. Por mucho que se haga por ellos, por mucho que se les dé, siempre querrán más. Por eso lo mejor es cortar por lo sano, ni más "conciertos económicos" ni historias: LA INDEPENDENCIA Y SIN VUELTA ATRÁS. Ya me gustaría ver sus caras si les diésemos la independencia. Habríamos acabado con su "negocio". Ya sé que no es un tema sencillo pero cualquier otra solución es un parche.

José Luis González Quirós dijo...

No estoy de acuerdo. Creo que hay que dar las batallas de manera mucho más inteligente y contar con el aliado que es el tiempo. El objetivo de la no independencia no se puede perseguir de manera directa y a lo burro, sino con persuasión, mejorando mucho las cosas en la casa común que, dicho sea de paso, está hecha una pena.