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martes, 26 de mayo de 2009

Una Feria sin futuro

Entre los españoles ha sido frecuente el arbitrismo, la propuesta de naderías para remediar grandes males. Una forma peculiar de ese tipo de simplezas es negarse a ver que las cosas cambian y que, en ocasiones, lo hacen por buenas razones. Ahora la Feria del libro de Madrid ha decidido que en sus pabellones no haya lugar alguno para ninguna especie de digitalización. Para los feriantes madrileños, los sistemas lectores digitales con tinta electrónica, los e-readers o portalibros, por ejemplo, no existen, aunque se sepa que en Estados Unidos se han vendido en un año más de medio millón del modelo de Amazon o que en España, en el que son productos casi clandestinos, se han vendido ya unas docenas de miles. Yo tengo uno y he comprado ya cinco (para regalar o por encargo), de manera que no hablo de oídas, y les aseguro que es el aparato más agradable y rentable que he comprado en mi vida, incluyendo la legión de teléfonos móviles que he ido consumiendo. No conozco a nadie que lo tenga y no esté encantado, pero en nuestro país abundan los expertos que predican contra estos artilugios como si se tratase de la misma peste. 

El benemérito director de la Feria ha dado de esta curiosa exclusión una explicación realmente imaginativa; según él, la Feria venía ocupándose desde hace más de diez años de la edición digital y comprobando que eso interesaba a muy poca gente, es decir que han tomado una decisión escuchando al mercado y desoyendo sus intereses. Es asombroso, literalmente asombroso, que se pueda ir por el mundo adelante con esa mentalidad. Con defensores de la cultura como estos feriantes, vamos directos al limbo. El historiador E. H. Carr decía que muchos de los lamentos de los viejos profesores universitarios contra el progreso se podían explicar, probablemente, porque habían perdido la ayuda material de algún sirviente barato. No quiero hacer esa clase de objeciones, pero me parece que la miopía es algo más que una peculiaridad cultural, es una penosa dolencia que se puede curar con ayuda de un oculista. Pero hay que empezar por visitarlo.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

¿Ha leido las declaraciones de Vargas Llosa sobre el libro electrónico?.

José Luis González Quirós dijo...

Las he visto, con pena, pero sin asombro. La ley que convierte en presuntos sabios a los famosos de cualquier género es una de las cosas más estúpidas que se han producido sobre la faz de la tierra.

mgv dijo...

Hay gente para todo y siempre habrá quien defienda y prefiera el libro en papel. Creo que no merece la pena alarmarse por ello, ni merece la pena perder tiempo o energía en discutir con ellos. El futuro nos dirá si el papel va a sobrevivir o no.

Lo importante es que ahora puede digitalizarse toda la literatura universal y además cualquier persona podrá acceder, en cualquier momento y lugar, a toda la literatura universal a través de un ordenador, un lector de tinta electrónica, una pda, un teléfono móvil...

Esto es revolucionario y merece la pena.

Puede ser definitivo para la alfabetización y el crecimiento científico, técnico y económico de los países subdesarrollados, puede ayudarnos a recuperar saberes olvidados, puede ayudarnos a descubrir nuevas ideas, conceptos y disciplinas, puede cambiar los modos de erudición y de creación literaria, puede provocar el desarrollo nuevas técnicas de clasificación, manejo y proceso de información, puede ayudarnos a comprender y conocer nuestra historia, puede cambiar los métodos de enseñanza, puede ayudar en el aprendizaje de otros idiomas y conocimiento de otras culturas .... y nos ayudará a preservar nuestro saber y cultura -incluyendo todos los libros que atesoran nuestras bibliotecas.

Sin duda, sí que hay que discutir con la gente y convencerla para hacer realidad este ideal del modo más eficiente y lo más pronto que sea posible.