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jueves, 4 de junio de 2009

Evidencias y confusiones

El mundo de la cultura impresa está atemorizado y confuso, y no le faltan razones para estarlo. Es muy frecuente que sus protagonistas se acojan al piadoso mantra de que algo va a cambiar, pero será lento. Creo que lo contrario es más cierto: aunque no esté claro qué y cómo va a cambiar, los cambios serán imparables y están ya en marcha.

Vayamos por partes. Se confunde frecuentemente la cuestión del acceso y la de la legibilidad. Lo probable es que, a medio plazo, el acceso sea universal y de costo muy bajo. Los que pretenden un monopolio, un acceso propio como Kindle, obtendrán alguna ventaja, pero, a la larga, el monopolio es impensable, salvo catástrofe política y tecnológica. Los textos que ya no generan derechos de autor, que son casi infinitos, se seguirán editando en el mundo digital y serán ofrecidos por nuevas editoras que, en parte, serán herencia directa de las editoras de papel impreso, en parte no. Los precios serán muy bajos y la competencia muy dura, lo que traerá la mejora y la renovación en las ediciones de autores clásicos, cosa que hoy casi no existe, o es muy lenta. Con una oferta de calidad y bajo precio, desaparecerá el problema de la copia porque, además, copiar será más engorroso que no hacerlo. Ante este panorama, lo que será difícil es distinguir una biblioteca digital de una editora, porque las últimas no podrán hacer negocio, ni, por tanto, trabajar, si sus obras (por ejemplo, una buena edición de Unamuno) pudiesen ser ofrecidas de manera gratuita por diversas bibliotecas que las comprasen al mismo precio que un lector común. Este probablemente vaya  a ser uno de los más importantes problemas que tengamos que resolver.

El acceso digital de las nuevas obras y de los libros con derechos de autor en vigor deberá resolverse también con una bajada de precios decisiva para que se pueda evitar la tentación del copiado. Se trata, en todo caso, de un problema importante respecto al que también hay que pensar cómo va a ser la relación entre editoras, bibliotecas y usuarios.

Un par de ideas sobre la legibilidad. Para la lectura por placer, los dispositivos de tinta electrónica son imbatibles, ya hoy, pero lo serán más a medida que se resuelva una dificultad de tipo menor que es el de la adaptación de los distintos formatos al tamaño de cada pantalla y la fácil elección de un tipo de letra que sea ideal para el lector. No parece un problema grave y, una vez resuelto, los apologistas del papel van a  tener que estrujarse mucho las meninges para encontrar argumentos atendibles. Supongo que algunos sugerirán la simple prohibición de los e-readers.

La experiencia de leer las Historias de Herodoto, Guerra y paz o Los hermanos Karamazov en un e-reader es fantástica, y hablo por experiencia, contra lo que dicen muchos bibliófilos ignaros. Nadie, o casi nadie, porque hay gente para todo,  que haya pasado por eso volverá a desear jamás manejar un volumen de 700 páginas, ¡qué se le va a hacer!

[Publicado en otro blog]

1 comentario:

David dijo...

Yo aún no he tenido la suerte de leer en un libro electrónico, de modo que escribo sin saber muy bien lo que me pierdo, por mucho que sea el colorido y entusiasmo del relato de tus experiencias con estos dispositivos, José Luis. Ahora bien, se me antoja que para convencerme del todo estas máquinas, primero, la calidad de la imagen tiene que ser excelente, con una resolución mucho mayor que la que veo que anuncian modelos como los Papyre (¡que se vean los "pelillos" del papel!). Para que la sensación sea "natural", incluso me aventuraría a decir que sería preferible que se necesitase luz exterior para ver las páginas, y no que fuese la pantalla la que arrojara la información mediante su propia emisión de luz (como las de las teles y los ordenadores). Además debería poder representar imágenes y en color.

Todo lo anterior es puramente especulativo, pues ya digo que no tengo la experiencia de contemplar una de estas pantallas. Es posible que la experiencia ya sea mucho mejor de lo que me imagino.

Ahora bien, más allá de la imagen, de la representación de las páginas, para que estos aparatos fueran mucho más útiles deberían admitir el introducir marcas, subrallados, anotaciones y comentarios, y otras formas de personalización y manipulación del texto por parte del usuario. Además sería muy interesante el enriquecimiento de partida del "original", a través de vínculos internos e incluso enlaces externos (a través de internet, por ejemplo).

El estado de la tecnología, estoy convencido, ya puede ofrecer todo esto. Lo que venden hoy podrá resultar muy cómodo, pero, conceptualmente, es la tecnología de anteayer.

Un saludo,
David