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jueves, 11 de junio de 2009

¿Y ahora qué?

Cuando se echa un vistazo a la historia política española, no es difícil asombrarse de que figuras, nominalmente señeras, cometiesen los errores que ahora nos parece que cometieron. Si aplicamos este descubrimiento al presente, caeremos con facilidad en la cuenta de que nuestra situación no es muy distinta, de que, tras una explosión de democracia, de participación y de innovación política en los inicios de la democracia, el sistema parece haber caído en una de esas trampas para osos que debieran ser fáciles de evitar. Es corriente suponer que tal trampa consiste en un insuperable bipartidismo y en la consiguiente partitocracia. Es verosímil, pero no es exacto. El problema no está en que los partidos tiendan a encasillarse, y a recurrir al tipo de enfrentamiento simbólico que les cree menores dificultades; el problema está en que los electores lo consientan, en que la prensa lo amplifique, en que las instituciones se adapten suavemente a esa diarquía maniquea. Los índices de abstención suelen considerarse como un detalle técnico, pero es evidente que ocultan una profunda desafección de un sector amplísimo de ciudadanos. Son personas a las que se puede recuperar si se les hace propuestas menos rituales y más atractivas.

El PP se enfrenta ahora, pasados los fervores del triunfo, a una travesía realmente larga. No es difícil afirmar que, antes de llegar a buen puerto, puede equivocarse, o acertar, en función del perfil de oposición que adopte. La verdad es que, conociendo a algunos de sus estrategas, se siente el temor de que pueda perder una nueva oportunidad por un exceso de parsimonia, por ceder a la tentación de esperar a que las uvas maduren por sí mismas. Para no incurrir en un error tan torpe, bastaría con que cayesen en la cuenta de que, al margen de la habilidad de su rival, auxiliado por su poderoso aparato mediático, para hacer que el PP sea el culpable de todos los males, la aparición de UPyD le va a poner, quiera o no, el listón notablemente más alto. Algunos líderes del PP siguen sin entender las razones por las que UPyD ha madurado en tan breve plazo, y así les va.

La política es mucho más que los argumentarios, por llamarlos de algún modo, de campaña. Hay un buen rimero de cuestiones que esperan pronunciamiento político (la justicia, la educación, la universidad, la política fiscal, el modelo económico, las relaciones exteriores, la política territorial, y un largo etc.) que demandan definición más precisa, y cuya discusión pública y de la mano de expertos puede hacer que el electorado se mude de sus cómodos istiales. El PP sabe que cuenta con una sólida base, pero no ganará las elecciones sin ampliar su capital político y no lo logrará sin moverse, sin arriesgarse, sin hacer política de verdad, más allá del chascarrillo del día a día del que los electores se muestran, con razón, bastante hartos.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

señor Quirós, en mi opinión la bipolarización electoral que se viene produciendo de unos años acá se debe en buena parte al voto útil. La afición patria al alineamiento en grupos rivales propicia esta situación.

Conozco gente que habría votado a UPD si no fuera porque con ello tiene menos posibilidades de echar del gobierno a ZP y sus chicos, Y quienes votarían a IU o a un partido local, pero votan en su lugar al PSOE para "contener" mejor la llegada de la derecha al poder.

Es una cuestión de convicciones, no de reflexión sobre el detalle programático de cada partido. La calidad de los lideres, influye mucho también en el techo de cada partido.

En fin, qué le voy a decir a usted que lo tiene tan claro. Gracias por sus comentarios, que disfruto mucho.

Un cordial saludo.

addolfo

José Luis González Quirós dijo...

Querido Addolfo: El tipo de bipolarización que aquí usamos es muy negativo y habría que procurar que se atenuase. Reducir la política a estar contra éste o contra aquél es realmente una pena.

David dijo...

Desde luego la bipolarización electoral es muy negativa, pero España no es el único país en el que se da. El Reino Unido y EE.UU. son buenos ejemplos de bipartidismo (aunque quizá haya diferentes tipos, unos más negativos que otros, como insinúas, José Luis).

Mucha gente piensa que el voto es tanto más útil cuanto mayor sea el electorado del partido rival de aquél al que más fobia tienen. Esta expresión en negativo de la pulsión política es, como dices, José Luis, una pena. Se fomenta (supongo que es porque les conviene) desde los grandes partidos con su empeño en derribar al rival más que en hacer política constructiva y abordar los problemas de los ciudadanos.

Pero, al margen de que el sistema electoral favorece a los partidos grandes, ¿qué hay de especial utilidad en entregarles el voto? ¿No debería considerarse más útil el voto dado a una formación pequeña? No es que vaya a ganar las elecciones, pero un voto entre cien mil tiene mucho más peso relativo que uno entre diez millones, y si además es un voto que ayuda a que una formación tenga representación parlamentaria, habrá resultado ser el voto más útil de todos. Es muy importante la pluralidad, y la diferencia entre un escaño y ninguno es mucho mayor que entre 153 y 154.

José Luis González Quirós dijo...

Querido David:

Creo que hay que vorar conforme a lo que se cree, pero que hay que tener en cuenta, también, las segundas derivadas. Tu razonamiento es válido, pero una desagregación muy grande podría crear situaciones muy complicadas... aunquye ¡quíén sabe! Nuestro problema es que el sistema potencia nuestros mayores defectos, seguramete porque se hizo para eso. Un abrazo,

David dijo...

Querido José Luis:

La cuestión es que precisamente se suele apelar al voto útil para que uno no vote a la formación que realmente quiere, cuando uno expresa su intención de votar a un partido que no es uno de los dos grandes.

Yo le doy la vuelta a la tortilla para defender el voto que uno realmente quiere sin tener en cuenta esos engañosos llamamientos, que, por cierto, me han perseguido siempre, pues siempre me han convencido otras formaciones mucho más que el PP y el PSOE.

Hay cuestiones de gran importancia que son ignoradas por los grandes partidos. Hay partidos más pequeños que se especializan en algunos problemas. Tenemos que aprender a valorarlos. He oído muchas veces, al expresar mi intención de voto, que "esos no van a salir nunca", y que además no tienen un programa político completo. Pero es que yo, si digo que voy a votarles, no es para que gobiernen, sino para que tengan voz, que es algo fundamental si uno quiere que esas cuestiones más concretas que a uno le preocupan lleguen a plantearse siguiera en el parlamento.

Pero no. ¡Cuántas veces me habrán dicho que estaba tirando mi voto!

Al contrario, lo estaba utilizando de la manera más útil posible (y además siguiendo mis convicciones); aunque no consiguieran ningún escaño. Por lo menos, por mí que no quede...

Un abrazo.

Karim Gherab Martín dijo...

Espero que algíun día alguien me saque de mi ignorancia consistente en no saber porqué en ningun sitio se permite un segundo voto por votante que valga la mitad o un tercio del primero. Quizás así, mejorando el compás, surgirían medianas y mediatrices de trazo grueso entre las aristas.

José Luis González Quirós dijo...

Karim tiene toda la razón y ello demuestra que no hay muchas ganas de tocar nada porque a los beneficiarios les gusta.