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martes, 14 de julio de 2009

El arte de tener siempre razón

Con este irónico título, Schopenhauer describió 38 técnicas para derrotar al oponente, no para convencerle. Una de las reglas más innovadoras del catálogo del filósofo, es la que indica la necesidad de convencer a la audiencia antes que al oponente. El libro, que todavía se lee con provecho, nos puede parecer hoy bastante ingenuo porque las estratagemas dialécticas se han sofisticado mucho. Otro alemán las perfeccionó para aplicarlas a las masas: se llamaba Goebbels y, no sin cierto disimulo, es considerado un profeta en muchas escuelas de negocios.

Muchos políticos se dejan llevar por la perversidad haciendo de la mentira verdad, y de la verdad mentira. Algunos alcanzan grados sublimes de perfección: el caso que se me viene a la memoria es el de la Vicepresidenta primera presentando la ley del aborto como un texto que garantiza los derechos de los no nacidos.

Schopenhauer, y desde luego Goebbels, sabían que la trampa es posible por la enorme credulidad del público, que, para mayor escarnio, se apoya muchas veces en una bondad genérica, porque son mayoría los que no pueden ni imaginar siquiera que se les esté utilizando constantemente, que se les esté engañando. Otros viven del engaño, porque todos los que engañan se saben en precario y tienen que comprar adhesiones a precios normalmente muy altos. El caso es que entre crédulos e interesados se va formando un clima social favorable a que el mentiroso sea convertido en héroe, a que sus engaños se presenten como profecías, a que sus traiciones a cuantos debiera servir se publiciten como pasos inequívocos hacia un futuro mejor para todos, o hacia cualquier simpleza semejante. En castellano hay un dicho que reza que no hay disputa si dos no quieren; por idénticas razones se podría decir que no hay engaño sin voluntad de ser engañado. Quien quiera romper con esta situación insana deberá alejarse mucho del lenguaje común, ese brebaje en el que se han diluido las mentiras básicas y que impide reconocer con facilidad que dos y dos siguen siendo cuatro.


[Publicado en Gaceta de los negocios]

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