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jueves, 9 de julio de 2009

España es una fiesta

La reciente celebración del día del orgullo gay me recuerda que los españoles somos los mejores organizadores de eventos del mundo, especialmente de eventos que consistan en su mera existencia. Da mucho que pensar que en menos de 50 años las calles de Madrid hayan dejado de ser el escenario de grandes concentraciones para, por ejemplo, rezar el Rosario con el padre Peyton, y se hayan convertido, sobre todo, en soporte de manifestaciones muy de otro tipo. Ha cambiado mucho el panorama, pero hay una cosa que no ha cambiado y debería cambiar: definir con cierta precisión las diferencias entre el escenario público y el ámbito de lo privado. No creo que nadie se pueda oponer a que las conductas sexuales sean como fueren en el ámbito de lo privado, pero tengo muchas dudas de que tenga sentido alguno la promoción pública del orgullo gay, como tampoco lo tendría su contraria. Lo que subyace detrás de una fiesta como la de los gays es la evidente intención de imponer de manera pública una determinada cultura moral que está muy lejos de la de una amplia mayoría de los ciudadanos, como lo pone de manifiesto el lema de “abrir los armarios en la escuela” que fue utilizado, y sostenido por la ministra del ramo, en la última fiesta. Los españoles nos hemos hecho democráticos, pero todavía no hemos aprendido a respetar la libertad ajena, a distinguir adecuadamente lo privado de lo público. El gobierno de ZP tiene una insaciable necesidad de confundir las cosas porque se sabe ayuno, y contradictorio, en su propio campo. España se ha convertido plenamente en una sociedad del espectáculo y son muchos los poderes que se empeñan en que la cosa sea así. Desde las inauditas presentaciones de madridistas, hasta la fiesta del español, promovida por el Instituto Cervantes, todo es concentración, algarabía, tumulto, con lo que implica de intimidación, irreflexión y falta de seso. Para esto no hay crisis, pero cabe dudar que de tal modo se arregle nada, al margen del gustito que le de la cosa a los organizadores.


[Publicado en Gaceta de los negocios]

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