Página del autor

Pincha aquí si quieres ir a la página del autor

miércoles, 26 de agosto de 2009

El cirujano impreciso

La noticia de que un equipo quirúrgico valenciano había realizado con éxito un complejo trasplante de cara, ha venido seguida de una pequeña polémica relativa a las filtraciones, como ahora se dice, de la identidad del donante. El jefe de la operación ha decidido salir a la luz, con una vestimenta llamativa, para denostar a los autores de la supuesta fechoría.

Me encuentro entre quienes tienden a sospechar de la inocencia de semejante tumulto, pero la sospecha se convirtió en certeza cuando pude escuchar, por tierra, mar y aire, las explicaciones del cirujano, cuyas manos espero más expertas que su lengua. Hay que reconocer que dice poco de nuestro periodismo que se pueda gastar energía, poca, eso sí, en averiguar la identidad del donante, un dato que carece de la menor importancia para los miles de personas que puedan acabar leyendo el nombre del muerto generoso. Me recuerda la definición chestertoniana del periodismo: comunicar la muerte de Lord Jones a quienes ignoraban que Lord Jones estuviese vivo.

Pero el discurso del quirurgo me interesó más que su escándalo; no es fácil entender que un cirujano tan experto maltrate nuestra lengua, ni que sea tan poco avisado como para ignorar que las razones que pudiera esgrimir fuesen tan patentemente endebles. No hay otro remedio que sospechar que al cirujano le va la fama, aunque sea impropia. Cuando los cirujanos quieren competir, por ejemplo, con una tal Belén Esteban, algo va mal. En el momento culminante de su diatriba, el cirujano, cuyo nombre no recuerdo adrede, quiso contraponer la vileza de los filtradores con la generosidad del donante, pero cuando el cirujano la calificó de inimaginable, el posible ingenio retórico del contraste se fue a pique. ¿Inimaginable?: no, desde luego. Como quiera que los calificativos para loar apropiadamente la generosidad no escasean, cabría sugerir al cirujano que, sin menoscabo de sus habilidades con el bisturí, dedique algunas horas a la lectura; algún tratado clásico sobre la vanidad tal vez pudiera serle útil.

[Publicado en Gaceta de los negocios]

No hay comentarios: