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lunes, 31 de agosto de 2009

Fútbol

El sábado asistí al comienzo de la Liga en el Bernabeu. El espectáculo me pareció, una vez más, extraordinario. No me refiero ahora al juego, sino al público, al fenómeno humano. ¿Qué es exactamente el fútbol? ¿Qué significan esas, aglomeraciones, esa pasión? Me gusta el fútbol como deporte, pero me intriga mucho más el espectáculo, el significado que pueda tener esa conversión del fútbol en algo que interesa a tantísima gente, en cualquier lugar, un fenómeno mundial en sentido estricto. La mayoría de las opiniones que ruedan en relación con esta clase de preguntas, se fijan en una serie de caracteres más bien negativos. No diré que no tengan fundamento esas críticas, pero es posible que quienes las repiten, normalmente con aire de superioridad, se pierdan algún aspecto interesante de este fenómeno tan singular.

No pretendo, en esta breve nota, descubrir nada, sino llamar la atención sobre algo que cuando lo contemplas con frialdad resulta casi incomprensible. ¿Qué hace que cientos de miles de personas se emocionen al tiempo por algo que, en realidad, podríamos decir, les debiera ser indiferente? Si en el estadio consigues distanciarte de la pasión común, el espectáculo es increíble. Ves cómo se suman los sentimientos, las pasiones. Gente que no se conoce, se abraza, y personas de exquisita educación pueden prorrumpir en improperios completamente extraños al resto de su vida para con el contrario, o con el arbitro.

Es un hecho que se pueden sumar las pasiones para crear y/o fortalecer un alma colectiva. También es obvio que el fútbol tiene esa capacidad, o, mejor dicho, que se la ha ido ganando poco a poco, con esfuerzo; tal vez pueda perderla en algún momento. ¿Dónde estaba todo ese torrente emocional antes del fútbol? ¿Qué pasaría en un mundo post-futbolístico? Hay unas cuantas preguntas de este tipo que no me parece que tengan una respuesta suficiente e inmediata en la tópica al uso. Sería interesante pensar en ello, supongo, aunque con ello no habríamos hecho sino empezar. Tal vez ocurra que el fútbol tenga propiedades que no sabemos ver, al menos a primera vista, que se ocultan tras la maraña de ideas que habitualmente esgrimen los que detestan el fútbol y/o sus exageraciones. En contraste con las emociones, no está claro que las inteligencias se puedan sumar, al menos no lo hacen tan fácilmente.

1 comentario:

Juan dijo...

Todo ese torrente emocional que trae consigo el fútbol y que menciona acertadamente el eximio autor, tiene que ver en mi opinión con el hecho de que el fútbol (como los deportes de élite en general) es una pasión que ha venido a sustituir el instinto guerrero, conquistador y dominador de nuestra especie.

No se le escapará a nadie que el fútbol, como también el baloncesto o el balonmano, es una simulación de una batalla, donde un equipo lucha por tomar el castillo o campamento del otro, y viceversa, en base a unas reglas previamente acordadas.


Y tampoco que hay regiones, naciones y hasta continentes enteros que tienen razones de sobra para sentirse más orgullosa de la pujanza de sus equipos de fútbol que de su poderío militar.

Esta desviación del instinto bélico hacia el deporte de masas se produce con un rasgo paradójico, que es el que en mi opinión suscita el comentario de nuestro admirado autor: cuanto más desciende el ardor guerrero en la sociedad, más aumenta la pasión por el fútbol, el interés por los fichajes millonarios y por los triunfos deportivos, por pasajeros y nimios que sean.

Y podría explicar también otra peculiaridad de la pasión mundial por el fútbol, y es que sea Estados Unidos, la super potencia bélica, el último resquicio del planeta que parece no haber sucumbido del todo al encanto del fútbol.