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sábado, 8 de agosto de 2009

A vueltas con la India

Cualquiera que haya leído alguno de los numerosos relatos, novelas o libros de viaje que ha escrito Paul Theroux, estará de acuerdo en que se trata de un escritor que reúne dos cualidades que no tienden a darse con facilidad en el mismo autor: es fácil de leer, por eso es un autor conocido en el mundo entero, y es realmente bueno, una lectura que raramente deja indiferente.

En sus libros de viajes sorprende su capacidad de descripción de escenas y situaciones y, a la vez, la enorme finura de sus comentarios, lo que produce esa rara impresión de haber hecho realmente ese viaje a cualquiera de los numerosos lugares en los que Theroux ha puesto los píes. En sus obras de ficción, el paisaje sirve para hacer explícito el estado de ánimo de sus personajes, sus perplejidades, sus miedos. Las situaciones que recrea hermanan a la perfección lo cotidiano con lo terrible, configuran una atmósfera inquietante que resalta la angustia, los yerros y las decepciones de unos protagonistas perdidos en sus propias vidas sin saber muy bien porque ocurre nada de lo que ocurre. El narrador emplea un humor corrosivo y es capaz de crear una intriga, que solo son capaces de ofrecer los mejores.

Ahora termino de leer una traducción de su Elefanta suite, una trilogía de relatos en los que los protagonistas norteamericanos se enfrentan de una u otra manera con la India, para descubrir, ellos y/o el lector, que tal vez podrían haberse ahorrado el viaje. Theroux no es nada complaciente con los tópicos, es despiadado al desmontarlos y, uno tras otro, los negativos y los positivos, aunque más estos, van sucumbiendo ante el destino dramático de los protagonistas. La India de Theroux altera a sus personajes, lo que era de esperar, pero los trastorna de una manera que seguramente no tenía nada que ver con sus propósitos, con sus deseos al irse a la India. La relación con los hindúes es siempre problemática porque hay una auténtica barrera entre ellos y las criaturas de Theroux que fracasan estrepitosamente, ¿o no?, en su viaje a la India, aunque tal vez habrían fracasado igual quedándose en casa. Elefanta suite se lee de un tirón y deja magistralmente en nosotros ese regusto amargo del que está hecha una gran parte de la vida.

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