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jueves, 10 de septiembre de 2009

La tentación argentina

Los optimistas que queden en España seguirán pensando que el remedio a los problemas de la democracia consiste en más democracia; sin duda, aciertan, pero en teoría, porque lo que en verdad sucede en la práctica, es que las democracias pueden ir a más, o a menos, y no es muy seguro que la actual democracia española vaya a más. Para empezar, es digno de toda preocupación el empeño del gobierno, de la izquierda en general, por evitar que sea posible una alternativa electoral con garantías de éxito. Desde los pactos del Tinell, nunca un salón tan noble se empleó para fines tan bellacos, ha sido sobradamente evidente que las gentes de Zapatero no tenían ninguna simpatía por la alternancia, que consideraban que los ocho años de Aznar fueron un error que no debiera repetirse. El juego sucio, que siempre parece defendible cuando se emplea en una finalidad sagrada, es un corolario de esa convicción.

Lo siento por los optimistas, pero me, si me permiten el juego de palabras, me parece que la posibilidad de una alternativa electoral, empieza a no ser la única alternativa, lo que, dicho sea de paso, obliga a quienes realmente creemos en la democracia liberal a esforzarnos para que el poder actual pueda ser legítimamente derrocado por procedimientos constitucionales, en las urnas o en el Congreso.

Son muchos los que creen que el triunfo de Rajoy será inevitable, con la que está cayendo. Pecan, a mi entender, de un optimismo excesivo, cegador. Para comprenderlo, bastará con mirar hacia la República Argentina. El vasto país sudamericano era una nación extraordinariamente próspera en todos los terrenos, desde la agricultura a la ciencia, pasando por la literatura, hasta que se infectó de un virus para el que no parece existir vacuna fiable, el populismo peronista. Con ligeros altibajos e interrupciones, el peronismo ha conducido a ese país a un nivel de pobreza que escandaliza, pero lo grave es que los argentinos siguen votando a Kirchner, al esposo y a la esposa, como si nada de lo que les ha ocurrido en los últimos sesenta años tuviese que ver con las políticas, absolutamente corruptas, mentirosas y demagógicas del peronismo.

Nosotros no hemos llegado a ser tan prósperos como lo era la Argentina de entreguerras, pero, a nuestra manera, también salimos de la pobreza. Se diría que nos ha atacado una especie de mal de altura, y que estamos dispuestos a volver a toda prisa hacia el régimen de escasez y subsidio que los mayores todavía conservamos nítidamente en la memoria. No me cabe duda de que es a eso hacia lo que nos lleva la demagogia política de nuestro dicharachero presidente que, por lo demás, no se recata a la hora de admirar a los líderes que están arruinando en Hispanoamérica los escasos brotes de democracia que habían aparecido en los últimos años.

No se puede ignorar la posibilidad de que se produzca un empobrecimiento general de la sociedad española, una vuelta al auxilio social y a los comedores públicos, esta vez no de la Falange, sino sindicales, sin que ello acarree la ruina política de los responsables del descalabro colectivo. Y no se puede negar porque resulta evidente que, tras negar la crisis económica y mostrar una evidente falta de interés en atajarla, tras llevar al paro a millones de personas, los votos socialistas siguen prácticamente como en 2004. Buena parte de los electores españoles siguen creyendo a píes juntillas las enormes mentiras que les dice su presidente, y estarán dispuestos a seguirle creyendo aunque nuestra situación, cosa que puede pasar, llegue a ser crónica y desesperada, como lo ha sido y lo sigue siendo en Argentina.

Si algo como esto ocurriese, la responsabilidad política de Rajoy y de los suyos no sería mucho menor que la de los causantes del desastre. No se dice esto por repartir de manera salomónica las responsabilidades, sino porque cabe sospechar que las gentes de Génova siguen siendo optimistas y creyendo que la mera crisis les llevará el cadáver de Zapatero a sus puertas.

Creo que son muchos los españoles que piensan que las armas que el PP emplea en su oposición, son armas trucadas por el enemigo, y fallan de manera lastimosa. Debieran aprender de sus triunfos, sin seguir funcionando con estilos que, en el pasado, le llevaron abundantemente a la derrota. Reconozco que se me revuelven las tripas cuando sus responsables se han quejado de que no haya habido manifestaciones por los muertos en el incendio de Guadalajara, o en el vertido de fuel en Algeciras; cuando subrayan la obviedad de que en Afganistán hay una guerra, cuando se quejan de que la Fiscalía les persigue más a ellos que a la izquierda, cuando pretenden ser más ecologistas o más sociales. La izquierda está consiguiendo que la cúpula del PP baile a su son, y que se olvide de lo único importante: no necesitamos un PP que imite la oposición del PSOE, sino una fuerza persuasiva que sepa convencer a los españoles de que, salvo que quieran argentinizarse, con los planes del PP, nos iría mejor.

[Publicado en El Confidencial]

4 comentarios:

Anónimo dijo...

El problema del PP es que no es capaz de percibir que el desgaste político de Zapatero está siendo acompañado por un desgaste casi igual de Rajoy y gran parte del PP. Esta es una diferencia fundamental: el PSOE no se está desgastando pero el PP sí.

En mi opinión, Rajoy es un buen político y hubiese sido un gran Presidente del Gobierno. Pero a estas alturas hay que asumir que tiene muy difícil convertirse en Presidente. Hay que asumirlo. Está tan desgastado políticaamente como Zapatero.

El PP necesita centrarse en un doble sentido. Necesita tender hacia el centro, que se lo que demanda la gran mayoría de la sociedad. Pero además debe aclarar si es un partido liberal, un partido conservador o una mezcla extraña.

El problema del PP es que no sabe ni qué es, ni dónde está. Esperanza Aguirre y Aznar dicen que son liberales cuando seguramente no entiendan ni qué significa liberal. Han leído un par de libros de Friedman, de Von Misses y de Popper y repiten incansables frases de esos autores sin llegarlas a entender y menos a cumplirlas.

El PP tiene que hacer un esfuerzo para situarse ideólogicamente, ya que no saben ni dónde están. Si a eso le sumas los trajes de Camps (el tonto de los trajes), Gürtel y la estupenda frase de Rita Barberá diciendo que quién no ha recibido un regalo, lo mejor es pensar que no hay nada que hacer con el PP y que hay que soñar con la aprición de un nuevo partido de centro que nos haga recuperar la ilusión.

José Luis González Quirós dijo...

No tengo nada contra los sueños, salvo que son sueños. Hoy por hoy, no hay otra solución para España que el desalojo de ZP, y eso solo puede hacerse desde el PP. Estoy muy de acuerdo con las observaciones sobre las personas, aunque tengo un gran respeto por Esperanza Aguirre y por Aznar, que saben más de lo que parecen, si bien corren el peligro de quedar ridículos yendo de doctrinarios. Un político es otra cosa, y ambos son buenos. Rajoy tiene aún la oportunidad de acertar, aunque no lo está haciendo hasta ahora. De cualquier manera, el futuro siempre está abierto, incluso cuando se cree ir hacia el abismo, como es mi caso.

Juan dijo...

Estimado, extraña tan poco rigor en un profesor de filosofía de la ciencia. El mero hecho de hablar del peronismo como un virus es alarmante. Pero tantos errores en su idea de la prosperidad de mi sufrida patria, ya molestan:
1. Argentina no fue próspera hasta que llegó el peronismo; el modelo agroexportador que impusieron las élites se había agotado mucho antes, y no acertaron a reemplazarlo (la riqueza de la que gozó el primer peronismo fue producto de la 2º Guerra)
2. la prosperidad no llegaba a la mayoría: ¿o por qué cree usted que el peronismo caló tan hondo en el pueblo? Hasta 1945, hasta el "aluvión zoológico" (tal vez infectado con un virus?), como lo calificó algún infame político de otro partido, las mayorías vivían en los márgenes de la política y de la economía; el peronismo incorporó literalmente a millones de personas a la vida política y económica (con todos los errores que usted quiera)
3. desde 1930 hemos sufrido nada menos que 6 golpes de estado, el último redondamente genocida; el peronismo nace de los escombros de uno de ellos, el de 1943 (ya Perón había formado parte del golpe del '30, tal vez el mayor desatino histórico de todos), pero los siguientes se hicieron en contra del populismo peronista, no a favor; así nos dejaron los nacionalistas y los liberales argentinos, de los que usted parece no tener noticia
4. si usted cree que España no ha llegado a ser tan próspera como lo era la Argentina de entreguerras, bueno, estimado, usted no tiene ni idea
5. incluye usted en el populismo peronista las políticas neoliberales con las que el ex presidente Menem y el lunático ministro Cavallo (tan amigos de Aznar, ambos) hicieron de la Argentina un chiquero de corrupción (mejor dicho, lo continuaron) y nos sumieron en la pobreza? (por si hace falta aclarar, no soy tan necio para negar que los '90 tuvieron aspectos positivos)
El peronismo tiene para mi gusto demasiados costados oscuros, seguramente coincidiría con muchas de sus críticas, pero me temo que deberá reveer su idea de la relación entre peronismo y prosperidad.
Disculpe si soy un poco agresivo, pero lo del virus es intolerable. Siempre me apena no poder discutir amigablemente con un liberal, por su usual carga de prejuicios (yo seguramente cargo los míos).
Lo saludo desde Buenos Aires.

José Luis González Quirós dijo...

Para Juan: Creo que tiene usted razón en las críticas que me hace y que la comparación del peronismo con un virus, si no alarmante, es inadecuada. Mi conocimiento de la Argentina es infinitamente inferior a lo que se exigiría para hablar con un mínimo de responsabilidad sobre ese país, en el que por cierto, tengo varios familiares y amigos pero en el que apenas he podido estar en un par de ocasiones y siempre pocos días.
Yo pretendía explicar algo a mis lectores españoles, porque, aunque me llena de orgullo tener lectores de muy otros sitios, apenas puedo hablar con cierta autoridad de los problemas políticos de España. Lamento, pues, haber podido ser ofensivo y trataré de no incurrir otra vez en ese defecto, aunque sí tengo la idea (quizá equivocada) de que el peronismo es causa de muy buena parte de las carencias políticas argentinas. Mi idea de Menem y de Cavallo no es para nada mejor que la del peronismo clásico, y no creo que se pueda llamar liberal a gentes tan corruptas; hacerlo puede estar bien como arma de guerra, pero se trata de cosas rigurosamente incompatibles. Por último, no estoy cierto del todo, pero creo que las amistades políticas de Aznar en Argentina han estado y están en zonas más decentes. Imagino que las ideas de un argentino sobre Aznar pueden ser tan inapropiadas como las mías sobre ustedes. Ha sido un placer escucharle y aprender una lección práctica tan bien explicada. Mis más cordiales saludos,