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martes, 1 de septiembre de 2009

Más sobre el fútbol

Este post es una respuesta ampliada al comentario de Juan en mi post anterior sobre el fútbol. Juan dice que el fútbol es “una pasión que ha venido a sustituir el instinto guerrero, conquistador y dominador de nuestra especie”, lo que “podría explicar también otra peculiaridad de la pasión mundial por el fútbol, y es que sea Estados Unidos, la superpotencia bélica, el último resquicio del planeta que parece no haber sucumbido del todo al encanto del fútbol”. Bien visto por Juan; se trata, sin duda, de una de las razones. Yo creo, sin embargo, que hay mucho más. En particular, me parece que el fútbol tiene muchas de las propiedades que se supone debiera tener el teatro, “de la vida un traslado” que decía Tirso, porque es un remedo de la vida, y un espectáculo que no se entiende del todo sin pasión, sin formar parte del asunto, que es lo que nos pasa cuando vivimos. Se parece a la vida en que es largo y breve a la vez, en que pasa por etapas completamente distintas, en que no hay nada seguro. A pesar del Barça, ahora tan crecido, no puede haber en el fútbol alguien que siempre gane a enemigos de cierto nivel, como sí ocurre en otros deportes: Federer o Woods, por poner ejemplos obvios, siempre ganarán a un principiante, cosa que en el fútbol puede fallar. El fútbol, también se asemeja a la vida, en que vive en un continuo mercadeo, en que el azar juega un papel determinante, en que hay que cooperar, es un deporte de equipo, por más que nos fijemos en los galácticos, en que, pese a las apariencias y a a los periódicos, en realidad, nadie es más que nadie.

El fútbol, como la vida, da mucho que hablar, porque cada segundo está preñado de posibilidades, aunque casi siempre queden en nada. A diferencia de otros espectáculos, como el toreo, en el que el coeficiente de subjetividad es alarmantemente alto, con perdón de mis amigos entendidos, que algunos tengo, en el fútbol hay un nivel muy alto de técnica y de objetividad. También pasa con la vida, que se parece más a un partido que a cualquier corrida. No es lo mismo darle al balón así que de otro modo, de la misma manera que no es lo mismo hacer algo hoy que hacerlo mañana: los resultados cambian.

A mí me parece que eso es lo que ha hecho que el fútbol haya podido llegar a ser tan importante, tan popular: es filosofía para princesas, sabiduría sin llanto, metafísica en vena. Todo lo cual quiere decir que también es, a veces, un insoportable pasatiempo.

Lo decisivo no es que ahora sea lo que evidentemente es, una especie de religión universal, sino que haya podido llegar a serlo, a ocupar un lugar que el resto de deportes no acaba de ocupar. De ninguna manera me parece que la clave de su éxito pueda estar en su supuesta vulgaridad. Conforme al dicho popular, algo tiene el agua, cuando la bendicen.

11 comentarios:

Karim Gherab Martín dijo...

No estoy del todo de acuerdo con la tesis de que el éxito del fútbol se deba principalmente a su analogía con la guerra. El rugby, por ejemplo, tiene más similitudes con la guerra, y sin embargo es menos universal. Por supuesto, la analogía con la guerra es importante, igual que en el resto de deportes, sea el tenis, el ajedrez o el tiro con arco.

Creo que el factor fundamental que ha hecho del fútbol el primer deporte de masas es que es un deporte accesible casi a cualquier persona. Es un "deporte de masas" en el sentido de que no es necesario poseer ninguna singularidad física especial para triunfar. Tomemos el caso de Maradona. Un tipo bajito, rechoncho, feo (aunque no tanto como Ribery) y que posee (siendo generosos) una inteligencia media.

El público se identifica mucho con este tipo de jugadores medios, normales: Maradonas, Inisetas, Xavis, Silvas. De hecho, en alguna ocasión me ha llamado la atención la cantidad de niños que prefieren a Messi más que a Crisiano Ronaldo. Supongo que se debe a que se sienten más identificados con el aire "de niño grande" de Messi que con el cuerpo escultural y la guapura de Ronaldo.

Para ahondar en lo dicho, pondré también el ejemplo de EEUU. El deporte norteamericano que más se parece a una batalla campal es el 'football' americano, donde los jugadores llevan incluso armadura. En este deporte no existe la libertad de acción (excepto para el Quarterback, que es una especie de "general de campo"). El resto de "soldados" ha de obedecer las tácticas que ordenan el entrenador y el Quaterback, sin salirse en ningún momento del guión so pena de expulsión.

Sin embargo, el deporte rey en los EEUU es el béisbol, a pesar de tratarse de un deporte excesivamente lento. Se trata de deporte más sencillo, en el que no es necesario ser un armario empotrado (como el el 'football'), ni una jirafa (como en baloncesto). Cualquiera puede batear una pelota, porque además, el lanzador te tiene que enviar la pelota a la altura de tus caderas y hombros.

A la anterior explicación he de añadir otro factor importante. El fútbol no es sólo un deporte que puede practicarlo cualquiera y con posibilidades reales de éxito, sino que es un deporte que es fácil de practicar. Es un deporte que no necesita de infraestructuras para ser practicado, es decir que, si no se tienen una portería y un balón (aunque sea de espuma), está abierto a las improvisaciones, a utilizar latas de coca-cola como balón y jerseys o mochilas como porterías. Cierta similitud existe con el béisbol, un deporte practicable con un palo y una lata de sardinas.

No se puede jugar al jockey sobre hielo sin patines, ni se puede jugar al baloncesto sin una lata que rebote en el suelo, ni al balonmano o el waterpolo con una piedra sin cierto riesgo de salir hospitalizado.

José Luis González Quirós dijo...

Karim, me parece muy acertado lo que dices, especialmente lo de la facilidad, que, además de ser engañosa, permite que cualquiera se pueda hacer la ilusión de ganar. Esa incertidumbre del resultado es uno de los mayores alicientes, me parece a mí. Todo ello hace que exista una escala muy interesante entre la calidad baja y la excelencia, una escala en la que siempre se puede mejorar, en la que se asciende por méritos y esfuerzo, como en la vida, aunque la suerte pueda truncar cualquier clase de ilusiones.

Juan dijo...

Karim, es cierto que el fútbol es más sencillo de practicar que otros deportes, sin embargo coincido con José Luis en que hay un trasfondo engañoso en la teoría de la simplicidad del fútbol que has apuntado.

Jugar muy bien al fútbol no es ni mucho menos sencillo, Messi e Iniesta no son tipos normales por mucho que algunos quieran hacerse la ilusión, sino auténticos súperdotados, y saber mucho de fútbol, en su aspecto táctico y de gestión, tampoco es sencillo por mucho que en cada país el 90% de la gente opine sobre la labor del seleccionador.

Puede ser cierto que la enorme atracción del fútbol se deba a su aparente sencillez, pero tiene que haber algo más que explique la pasión mundial por el fútbol.

También disiento en que el rugby se parezca más a la guerra. Se parece más porque comporta un mayor grado de lucha cuerpo a cuerpo, pero también se parece menos por ser menos táctico que el fútbol. Y la guerra, como se sabe desde Sun Tzu, es más cuestión de estrategia que de fuerza.

Sigo pensando que la globalización del fútbol tiene mucho ver con el hecho de que los medios, las grandes empresas y las élites de la sociedad, han sabido explotar el instinto guerrero del hombre y canalizarlo hacia el fútbol mucho mejor que hacia ningún otro deporte o espectáculo, en un proceso que ha durado todo el siglo XX y que ahora ha alcanzado sus mayores cotas.

Por cierto, mientras escribo me viene a la mente la película de John Huston "Evasión o Victoria", sobre un partido en el París de la ocupación nazi entre un equipo de alemanes y un equipo de aliados, y que ilustra muy bien lo que estoy tratando de decir. La película está basada en hechos reales, aunque no ocurrió en París, sino en Hungría, creo recordar.

José Luis González Quirós dijo...

Pues la verdad es que el fútbol es fácil y difícil a un tiempo. Diría, por decirlo de algún modo, que se compone de ladrillos fáciles y que con esos ladrillos se pueden hacer cosas extremadamente complicadas. Me puede servir el ejemplo de los castillos de arena: la mayoría no pasamos de conseguir un montón informe de arena en el que se hunden todos los puentes que tratamos de hacer, mientras que los virtuosos hacen maravillas. Pero la simplicidad del principio es básica para explicar su atractivo: es mucho más fácil darle una patada a una pelota que meterla en una canasta como en el baloncesto (en el fútbol de calle no hace falta ninguna canasta). La ilusión de que todos podemos hacerlo es esencial para el atractivo del deporte y para que funcione el mecanismo de identificación. Luego viene todo lo demás.

David dijo...

A mí no me gusta el fútbol, y en el análisis de por qué es un juego tan agobiantemente popular necesariamente mezclo el de por qué siento rechazo por aquéllo que apasiona a la mayoría. Qué es diferente en mí? (He de decir que me siento así con muchas cosas.)

Yo me crié en Inglaterra como hijo único de madre soltera. En casa nunca se me fomentó la afición al fútbol, y lo que veía en mi entorno era un ambiente futbolístico un tanto chusco y barriobajero, adornado con hooligans, vándalos y demás inadaptados procedentes de familias desestructuradas, gente en los márgenes de la sociedad. Esa puede ser parte de mi problema con el fútbol: que hago inconscientemente esa asociación.

Para colmo no se me daba bien jugar, pero eso puede ser también porque no me interesaba lo suficiente como para llegar a aprender a manejar bien un balón. Como mucho me interesaba como actividad social, pero me frustraba la simpleza de la interacción, la falta generalizada de pensamiento racional, incluso tan sólo razonable.

A mí me parece que, al margen de la necesidad de que no se establezcan asociaciones negativas, la afición al fútbol es algo que inculcan los padres a los hijos, y la identificación desde la infancia con un equipo (aquí el instinto de identificación grupal, sobre todo frente al rival [el enemigo] juega a favor de la adicción al juego; el "impulso guerrero" se instala en el terreno que se le da, más que el que el terreno se dé en primer término para dar salida a tal impulso, por responder a esa parte de vuestro debate). Luego el entorno social sigue favoreciendo la afición.

Resulta que el fútbol es uno de los deportes de equipo que, de forma más o menos rudimentaria, más tiempo se llevan practicando. Ocupa un nicho en el espectro de las funciones sociales simplemente por haber sido el primero en llegar.

Por otra parte, el relativamente elevado grado de aleatoriedad de los resultados que mencionabas, José Luis, parece ser que (según estudios que leí hace algún tiempo en Time que se habían hecho) contribuyen a la popularidad del juego. La incertidumbre produce emoción. Intuyo que el juego que da para comentar y opinar (en la mayoría de los casos sin fundamento alguno... como puede ser mi caso ahora, por cierto!) también contribuye a aumentar la atención obsesiva.

Pero para mí ese es otro elemento desmotivador. El fútbol es un juego mal diseñado en muchos aspectos. Por una parte, está lleno de imprecisiones. Y luego está el que el evento que puntúa (el gol) es muy difícil de conseguir, y está demasiado desligado de cualquiera de los parámetros por los que puede medirse la calidad de juego (manejo de balón, regateo y demás habilidades). Y se da tan pocas veces que (y esto es importante), aparte de condicionar en exceso el partido, hace que el resultado no sea estadísticamente representativo de la diferencia en calidad de los equipos! Ni siquiera de la diferencia en la calidad de juego demostrada en el partido en cuestión.

En mi opinión debería rediseñarse el juego para corregir estos y otros problemas más que evidentes. Pero siempre que hablo de la más mínima modificación me espetan tozudamente que "entonces ya no sería fútbol"! Por eso me seguirá interesando poco.

José Luis González Quirós dijo...

Para David. Es muy interesante lo que cuentas y me confirma en lo que ando pensando, aunque a mí sí me gusta el fútbol, tal vez porque lo vi de una manera totalmente distinta a la tuya: yo era un niño pobre en el Madrid muy pobre de los cincuenta y veía venir a los señores con dinero del Bernabeu, un lugar al que ni podía solar con acudir, que estaba casi enfrente de mi casa (en mi página web hay una foto muy explícita al respecto), de manera que para mi el fútbol fue siempre una especie de ascenso social. De todas maneras tanto tu como yo somos irrelevantes respecto al éxito social del fútbol que es literalmente pasmosos y que plantea una serie de problemas de tipo general que me interesan bastante. Tal vez pudieras leer, o echar un vistazo, Black Angels de John Carlin. Es realmente ilustrativo: yo peude dejarte la versión española, cuando la acabe. Hablaremos también del tema. Un abrazo,

David dijo...

Qué curioso cómo son de diferentes las experiencias y cómo hacen que se pueda ver y sentir la misma cosa de maneras tan diferentes.

Hablaremos más del tema, seguro.

Pero yo de momento insisto en mi "tesis" central: el fútbol es lo que es porque estaba ya ahí en los inicios de la sociedad moderna, y la cosa se ha ido transmitiendo por las generaciones. En el siglo pasado se vio favorecido por la creación de campeonatos internacionales, cosa que parece que se puso de moda a finales del siglo XIX en el deporte en general; ahí están también los Juegos Olímpicos, y que prendieron inicialmente sobre todo en el fútbol (porque era el juego que estaba ahí). Así se extendió por gran parte del globo, y así se explica el predominio actual.

Pero, desde luego, es interesante analizar qué funciones (sociales, psicológicas, biológicas...) toman el fútbol como vehículo. Aunque, como digo, no creo que ocurra principalmente por características especiales del fútbol.

De todos modos factores como la aleatoriedad, la imprecisión en la definición del juego, y la reproducción de situaciones "de la vida cotidiana" (como los errores y las injusticias -que serían fácilmente corregibles-, o la aceptación de la búsqueda de los objetivos por cualquier medio, incluyendo la suerte y la picaresca) seguro que también contribuyen a hipnotizar al respetable.

José Luis González Quirós dijo...

Querido David: Creo que casi todo lo que dices es enteramente correcto, pero me parece que hay algún intríngulis que se te escapa, aunque todavía no sé cuál; ando pensando en dedicar algún tiempo al tema y estoy leyendo cosas, pero cuesta trabajo superar el nivel de los forofos o, por el contrario, de los despreciadores. Creo que hay algo más que comprender, pero quizás sea un mero subproducto de que soy un forofo, digamos, ilustrado y creo ver algo que en realidad no hay. Un abrazo,

David dijo...

A mí se me escapan muchas cosas del fútbol, eso está claro. Pero tampoco soy un despreciador absoluto. Con unos pocos retoques el fútbol podría ser un buen juego (si bien un poco lento y menos vistoso que otros). Me cuesta, eso sí, identificarme con un equipo, ya que no deja de ser absurdo y no siento ningún impulso irracional que me oculte lo absurdo de la cuestión. Algo quizá con la selección nacional, pero eso es sobre todo para integrarme, divertirme, y bromear con mis amigos extranjeros. Pero ni siquiera eso me motiva demasiado. Poco sentido tiene alegrarse por los logros de los deportistas nacionales: no son logros propios, no redundan directamente en un beneficio, ni personal ni a la nación. Fijémonos en que los medios nunca se ocupan de los deportes en los que no hay españoles de primer nivel, o incluso si los hay, cuando éstos no triunfan. Esto he comprobado que ocurre en todos los países en los que he estado. Por tanto, nunca en ningún país se habla más que de los triunfos propios, pasando desapercibidos los ajenos. Todos mirándose al ombligo (dónde está el espíritu deportivo?!), haciendo que sea vacua la motivación del orgullo nacional, pues nadie mira. (Bueno, el fútbol es tan popular que quizá sea el deporte que más se escape de este fenómeno.)

Volviendo al fútbol, lo que le pierde ahora es precismente la obsesión generalizada que la sociedad tiene con él. Si fuera un deporte más, a lo mejor me interesaba. Pero esta pesada carga que tenemos, que hace que nos martiricen con "noticias" de fichajes, lesiones, partidos de segunda B..., mientras relegan récords del mundo de atletismo (el deporte que yo practiqué) a una breve reseña, si es que se mencionan... No puedo con eso, ni con que la gente no se dé cuenta que los resultados son en gran medida aleatorios, ni con el circo en el que se ha convertido el fútbol: mediático y económico sobre todo. Lo que tiene de deporte (que sería lo interesante) está en un tercer plano.

José Luis González Quirós dijo...

David, creo que lo que hay que explicar, precisamente, es la razón por la cual el fútbol puede resistir esa "obsesión generalizada" de que tu hablas. Creo que ese es el tema de mayor interés y que las explicaciones políticas, sociales, culturales etc. no lo agotan. ¿Porqué el fútbol y no otros deportes? Me temo que las imperfecciones que le descubres son parte de su atractivo: al fin y al cabo, la gente suele ser m´ñas torpe que hábil, más fea que guapa y prefiere, generalmente, la suerte al mérito. El fútbol es una mezcla de todo eso,como la vida misma, el deporte que más se le parece porque está lleno de contradicciones, de absurdos, de arbitrariedades, de talento, de suerte, de agonía; y, además, es, a la vez, colectivo e individual. Bueno, ya ves que me gusta. Otro abrazo,

David dijo...

Pues parece que estamos de acuerdo en casi todo. ¡Incluso parece que al final coincidimos también en que nos gusta hablar del tema, aunque lo vivamos de forma muy diferente! Seguiremos.