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sábado, 5 de septiembre de 2009

Nacionalismo

Estamos muy habituados a concederle al nacionalismo un estatus cultural, a saber lo que significa eso. El hecho es que esa clase de análisis lo enaltece, al presentarlo como fruto de las profundas ideas, sentimientos e invenciones de algunos eximios pensadores, de modo que tendemos a olvidar cómo, detrás de sus pretensiones, los nacionalistas ocultan intereses menos espirituales y conmovedores que los que suelen invocar en sus memoriales de agravio. Pues bien, hacia finales de los ochenta del pasado siglo, un excelso brote cultural nacionalista tuvo su éxito en un pequeño archipiélago que está casi en nuestros antípodas.

En uno de sus excelentes libros de viajes (“Las isla felices de Oceanía”) Paul Theroux, muestra su asombro por el desparpajo con el que Stevi Rabuka, inspirador de sendos golpes de estado para mantener el predominio de los nativos fiyianos sobre la extensa población de origen indio, justificó sus pretensiones. Estas son dos citas muy conocidas de Rabuka, un líder sin tapujos: “El hecho de que seamos menos inteligentes que los indios no significa que se puedan aprovechar de nosotros”; “Nosotros tenemos las tierras y vosotros lo sesos. ¿Por qué deberíais ser más ricos que nosotros sólo por tener un poco más de seso”. En un libro en que Rabuka defendió sus acciones y trató de justificar sus intenciones, definió a los indios como una “raza inmigrante” que “quería asumir el control total del gobierno”. Theroux comenta al respecto: “Un golpe de Estado era la única solución para garantizar la supervivencia de la raza fiyiana. Tan simple como eso”.

Cuando le preguntaron a Rabuka si el golpe había sido racista, debió de advertir algún sesgo crítico en la pregunta y se sintió obligado a matizar: “Es racista en el sentido de que va a favor de una raza”. Nuestros nacionalistas aparentan un mayor control de sus respuestas emocionales, y tratan de dar los golpes de estado de manera aparentemente legal, pero en su almario, veneran a los Rabuka de este mundo, su rudeza y, sobre todo, su éxito, aunque haya sido momentáneo.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Denotas una especie de odio a todo a lo q huela a 'nacionalista'. Si el primer nacionalista es el nacionalista español!

Pues ver y hablar de la selección española, tanto en tenis como en futbol, cuando se le llama la armada española... el lenguaje no es ajeno a las ánsias de grandeza y golpe de autoridad que se plasma en el seguimiento y piropeo a un equipo deportivo. Porque el equipo en cuestión representa a un pais, y por tanto, bien patente queda el nacionalismo español de qué tanto os avergonzáis los españoles. No hay peor nacionalista que el de estado.


xavier (València)

José Luis González Quirós dijo...

Querido Xavier:

Pues siento que me hayas "descubierto", pero creo que te equivocas. No soy nacionalista, ni de España ni de nadie, aunque no puedo prohibir a nadie que me lo llame, ni deseo hacerlo. Lo he demostrado abundantemente en mis escritos y en mis actitudes, además de que difícilmente puede ser nacionalista quien ha tenido la suerte de conocer cincuenta países distintos. Pero, en fin, vivimos en un país libre y, como nacionalista no es un insulto, sino un descriptivo, pues no hay problema en que tu lo veas así. Yo no sufro por ello. Saludos