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miércoles, 16 de septiembre de 2009

Wilberforce y el aborto

Les recomiendo una película excelente: la magnífica Amazing Grace de Michael Apted, una producción de 2006 que nadie había traído por aquí, a saber por qué. Un caso raro, porque aunque de tema político, su protagonista no es un revolucionario al uso, sino un tipo valiente, constante y astuto que sabe que no merece la pena vivir estando disconforme con lo que se cree.

William Wiberforce se empleo a fondo, con la ayuda del luego primer ministro, William Pitt, el joven, en una durísima campaña para acabar con el negocio de los navieros británicos que trasladaban a los esclavos africanos en condiciones de extrema crueldad. La campaña duró cincuenta años, pero consiguió el acta de abolición de la esclavitud en 1807 y la prohibición del tráfico de esclavos en 1833, poco antes de morir. Acabo ganando, porque tenía razón.

Como soy mal pensado, he supuesto que una de las razones del retraso en exhibir esta magnífica película es que permite una analogía muy fácil con la lucha contra el aborto, una batalla que no ha hecho más que empezar. En Inglaterra a nadie se le ocurrió decir que Wilberforce, que era persona muy piadosa, estaba contra el tráfico de esclavos “por razones religiosas”. También es verdad que nadie defendía el tráfico con motivos hipócritas, sino como un excelente negocio para algunos del que se beneficiaban muchos. Aquí, como corresponde al imperio del miedo y del disimulo, algunos defienden lo indefendible argumentando que el aborto es nada menos que un derecho, un razonamiento que no se le vino jamás a la boca al más despiadado de los defensores del esclavismo.

No se me ocultan las diferencias que hay entre ambos temas, ni creo que ninguna mujer vaya a abortar por el capricho de ejercer un derecho, pero creo que no se debieran olvidar las obvias similitudes, la lucha contra la conciencia endurecida, el empeño en buscar soluciones legales, la necesidad de ir ampliando sin cesar el círculo de los que comprenden que esta conversión del aborto en un derecho es algo de lo que habremos de avergonzarnos más pronto que tarde.

5 comentarios:

David dijo...

[Parte 1 del comentario]

Querido José Luis:

No sabes cómo me alegro de que hayas visto la película Amazing Grace y te hayas animado a escribir una reseña. La película es interesantísima sobre todo porque muestra tres cosas esenciales que hoy nos cuesta imaginar: cómo era la sociedad cuando se aceptaba la esclavitud, qué esfuerzos intelectuales realizaban y a qué recursos emocionales recurrían los abolicionistas para promover su causa, y por último cómo vivían los abolicionistas el estar inmersos en una sociedad que aceptaba lo abominable.

Destaco los siguientes elementos que pueden apreciarse en la película:

- La crueldad del tráfico de esclavos
- La justificación económica que esgrimían los partidarios de mantener la esclavitud, ignorando el mal moral de dicha institución
- La enorme dependencia económica real del tráfico de esclavos que tenían muchas ciudades
- La rabia, desolación e impotencia de ver la esclavitud de primera mano, ante la indiferencia de una sociedad sumida en la complacencia
- El reconocimiento abierto de que los esclavistas no eran necesariamente malvados (en una escena en el parlamento se ve cómo Wilberforce asegura que no duda de que los esclavistas sean buenas personas; lo que pasa es que costumbres e intereses les ponen una venda en los ojos)
- La burla, el desprecio y la indignación hacia los abolicionistas, que eran vistos como moralistas que trataban de imponer sacrificios absurdos e intolerables a la gente de bien (grotesca paradoja el que los que pretenden defender lo indefendible vilipendien a quienes se mueven con ánimo puramente altruista [como mucho podría pensarse que estaban equivocados –que no lo estaban– pero nunca que tuvieran las malas intenciones que merecerían semejante trato], mientras éstos tratan respetuosamente a los primeros, e incluso son capaces de tenerlos en alta estima)
- Los esfuerzos por mostrar a los acomodados los horrores de la esclavitud
- La desesperanza de ver cómo los continuados esfuerzos por abrir los ojos chocaban con una ceguera casi estructural, generalizada
- Los dilemas relacionados con la búsqueda de un equilibrio entre la defensa más pura de los principios y el camino más práctico
- La presión del entorno en contra del espíritu reformador, desde las dificultades e inconvenientes en la vida personal y las relaciones sociales, hasta las amenazas, llegando incluso a acusaciones de sedición
- El tesón de los abolicionistas frente a la adversidad, luchando contracorriente el tiempo que fuera necesario, sin perder la claridad de miras en un entorno cultural y social que favorecía el aceptar costumbres y formas de ver el mundo heredadas
- El espíritu universalmente compasivo y altruista de los abolicionistas, como lo demuestra el hecho de que luchaban también por un amplio abanico de reformas sociales, y por la protección de los animales (Wilberforce estuvo involucrado en la creación de la sociedad protectora de animales, y en las iniciativas que llevaron finalmente a la aprobación, en 1822, de la primera ley que prohibía determinados actos de crueldad hacia animales domésticos)

David dijo...

[Parte 2 del comentario]

Son observaciones todas ellas interesantísimas, no sólo por los tres motivos mencionados anteriormente, sino por el claro y potente paralelismo con el movimiento actual por la abolición de la explotación del resto de los animales. (La reacción común, socio-culturalmente condicionada, es rechazar la comparación, e incluso ofenderse, alegando que los negros, al fin y al cabo, son humanos, es decir, pertenecen a nuestro grupo, y por ello está claro que deben estar dentro del círculo de consideración moral. Sin embargo, hay que darse cuenta de que en la época esclavista la visión generalizada era que los negros son seres absolutamente diferentes -y por supuesto inferiores- a los blancos, los únicos a quienes se entendía que se podía tener propiamente por “humanos”. No se pensaba en absoluto que las razas “salvajes” pertenecieran al grupo, y sólo por los ciudadanos de la sociedad “civilizada” era razonable tener consideración moral. Y también entonces se podían tomar como una ofensa los planteamientos abolicionistas.) La comparación se ha plasmado en algunos libros y artículos, como por ejemplo aquél que viste que estaba leyendo la última vez que nos vimos.

Vivimos en una sociedad acomodada que, como la de la Inglaterra del siglo dieciocho, piensa que todos los avances morales esenciales ya se han alcanzado. Parafraseando a la canción, estamos ciegos pero algún día veremos. Aunque cueste muchísimo más, también acabaremos ganando por los animales. Porque, como Wilberforce, tenemos razón.

(Por cierto, ¡cómo me encantaría organizar algún día algún acto por esta causa con gaiteros tocando “Amazing Grace”! Es apabullante. No quedaría un centímetro de la piel de nadie sin estremecerse.)

José Luis González Quirós dijo...

Querido David:

Tienes mucha razón en lo que dices, aunque ya sabes que no te acompaño hasta las que tu tienes por últimas consecuencias. En el caso de esta película me llamó mucho la atención, por ejemplo, el interés de Wilberforce por un caballo maltratado, escena que evidentemente está perfectamente en su punto gracias a la visión de Michael Apted. A mi me pareció más interesante hacer la otra analogía, pero ambas tiene idéntico fundamento. Ya hablaremos

José Luis González Quirós dijo...

Por cierto me apunto al acto si se toca Amazinf Grace con un buen conjunto de gaitas..

Anónimo dijo...

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