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martes, 29 de septiembre de 2009

Y dale con el subjuntivo

Es decir, con su desuso. Ya he renunciado a relatar los innumerables ejemplos que me atormentan con la confusión de puedo y pueda, y un sinfín más de casos similares, con la absoluta ignorancia de los tiempos verbales más complejos del modo, etc. A veces me sorprendo omitiendo un subjuntivo de libro y se me hiela la sangre; no sé si lograré resistir. Hay un programa de esos de cultura en que en ocasiones se emplea la campanilla para señalar las posibles incorrecciones verbales de los presentes, todos ellos escritores de postín e intelectuales de tomo y lomo; me he tragado algunas omisiones sin que el campanillero se inmute, pero no estoy dispuesto a olvidar que una amiga, catedrática de literatura, para más inri, dijera algo como esto: “no es fácil asumir que los lectores pueden no enterarse de lo que el autor quiere decir”… con lo bien que habría quedado diciendo “no es fácil asumir que los lectores puedan no enterarse de lo que el autor quiera decir”… A mí me parece que es más claro y que, además, hubiese sonado mejor, pero me voy sintiendo cada vez más raro en medio de esta aniquilación de una especie tan hermosa y tan precisa. Debe ser cosa del exceso de información, que la gente ya no distinga, lo posible de lo real y lo real de lo fantástico…

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