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sábado, 31 de octubre de 2009

Alakrana

La situación del barco pesquero capturado por los piratas somalíes debiera hacernos reflexionar sobre la debilidad de nuestro Estado, sobre la nulidad de nuestros dirigentes y sobre la hipocresía de la política que dicen defender.

Es realmente penoso que no poseamos los medios necesarios para proteger a nuestros barcos en alta mar. ¿Para qué queremos una marina de guerra y un ejército? La culpa no es, desde luego, de los militares, que cumplen disciplinadamente lo que les mandan, sino de los políticos que, refugiados en una caricatura del pacifismo, no son capaces de articular sistemas de defensa adecuados a las circunstancias reales en que vivimos. Toda la política militar del PSOE parece consistir en desarticular unos inexistentes restos del ejército franquista, y en esforzarse para mantener la apariencia de que queda algo que merezca la pena mantener, un ejército ONG siempre dispuesto a salir corriendo si la cosa se pone fea.

La cobardía del gobierno se ha puesto de manifiesto, igualmente, cuando se ha resistido a que militares españoles fueran embarcados en esta clase de buques, que es lo que haría cualquier país con un mínimo de decencia, e, incluso, a permitir que los armadores organicen su propia fuerza de defensa. Lo que no es fácil comprender es cómo los españoles estamos anestesiados ante tamañas muestras de incompetencia, cobardía y cinismo.

El hecho de que estemos pagando rescates, en lugar de tratar de liberar realmente a los tripulantes de nuestros barcos, es vergonzoso. Se corresponde muy bien con la política de rendición efectiva frente a ETA que el ejecutivo ha venido practicando con diversas excusas de noble y falsa apariencia. Lo que hay que preguntarse es cuál sea la razón por la que se pueda pagar un rescate a piratas, y no tengamos que hacer lo mismo con cualquiera que nos amenace. La respuesta a esta pregunta tal vez pueda explicar las maniobras del gobierno para poner un piso a los etarras. Tenemos un gobierno incorregiblemente irresponsable, que huye de los conflictos como de la peste, sin darse cuenta de que, con esa conducta, nos procura una universal falta de respeto, y nos expone a peligros que una nación medianamente digna debiera poder mantener a raya. Pasarán cosas peores.

jueves, 29 de octubre de 2009

El árbol del poder

En una de las mejores novelas de Pío Baroja, El árbol de la ciencia, Andrés Hurtado, su protagonista, un trasunto del propio escritor en los años previos al desastre de 1898, dice lo siguiente: “La política española nunca ha sido nada alto ni nada noble”. Me acordé inmediatamente de esta sentencia tan pesimista al conocer, reconozco que atónito, las declaraciones de uno del alter ego del alcalde de Madrid, a propósito de Esperanza Aguirre y loando, supuestamente, las virtudes “del partido de Mariano Rajoy”. Esta especie de portavoz del ventrílocuo alcalde acaba de proferir una de las expresiones más brutales y zafias que haya visto jamás en la política española, no tanto por la forma, impropia, en cualquier caso, de un caballero, como por la obscenidad con que pone de manifiesto lo único que parece preocuparle. El vicealcalde no usa su voz para tratar de explicar nada a los madrileños, a esos pacientes vecinos que van a soportar el déficit delirante en que ha incurrido su gobierno, que han de afrontar una subida de impuestos y que son brutalmente cazados por la legión parapolicial que se dedica a multar por cualquier causa y sin el menor arrobo, sino que se suelta el pelo para insultar gravemente a la persona que le ganó limpiamente las elecciones en el PP madrileño.

El auténtico y cobarde autor de la entrevista no parece tener los modales de su kamikaze y, como se reserva la escasa inteligencia del caso, recomienda, more jesuítico, que se lea la entrevista con calma para reconocer la magnificencia de la idea que la alumbra. La cosa no tendría otro interés que el anecdótico, de no poner dramáticamente de manifiesto dos cosas realmente graves, una de carácter general, y otra sobre el PP.

Sobreabundan en la derecha los políticos a los que lo único que importa es el poder, y el dinero que siempre acompaña, y se pueden reconocer por sus modales, por cómo tratan a quienes tienen por súbditos. Una forma segura de identificarlos es su lenguaje: hablan “del partido de Rajoy” como antes se hablaba de “la España de Franco”, como pudieran hablar “del polígono de mi padre”, o de “las fincas del abuelo”. Son políticos que creen en la propiedad, y que no soportan a los rivales, sobre todo si les han sabido vencer. En cuanto a ideología, son de lo que se lleve, de lo que más venda, y lo mismo pueden defender la unidad de España que la independencia de Cartagena: siempre lo que convenga.

La deposición del sustituto ha puesto de manifiesto, de forma dramática, que en una parte decisiva de la dirección del PP se ha renunciado a algo distinto del mero paso del tiempo. Por muchas que sean las diferencias que se tengan con Rajoy, no se puede menos que sentir simpatía ante los arrumacos que le prodigan estos elementos. ¡El partido de Rajoy! ¡Ja, ja! Habría que leer, más bien, “cómo pienso comerme a Rajoy mientras parece que combato el nacionalismo madrileño”, un epíteto, que, por cierto, parece salido de las covachuelas del viejo fascismo refugiadas en el estéril posibilismo de Fraga y de los suyos, repletas de personajillos cobistas y violentos que parecen ver ahora la posibilidad de lograr, por fin, el asalto al árbol del poder.

Independientemente de los méritos y deméritos de Aznar, habrá que anotar en su favor que esta suerte de matonismo político de la vieja derecha estuvo absolutamente sometido durante sus años de mandato, algo que nunca le perdonarán quienes creen todavía que el PP se entregó a unos débiles de centro y, tontos como son, aspiran ahora a que el público se crea que ellos son el centro, que ellos son la modernidad, que ellos son los dueños de la mayoría silenciosa, porque ellos son ellos, y parece ser que Cobo lleva la cuentas.

Imagino que Rajoy, en su tradicional laissez faire, laissez passer, dejará que este episodio indigno se borre de la memoria del público, tal vez a la espera de peores noticias. No sabe bien hasta qué punto se equivoca. Montado en un liderazgo débil a la espera de ganar a un líder esperpéntico que le hubiera dado la legitimidad verdadera para mandar en el PP, ha visto cómo el rival le ha robado la cartera. Si piensa repetir la jugada, y cree en la lealtad de los que le proclaman suyo, pasará a la historia varias líneas por debajo de Hernández Mancha, no sé si se acuerdan. Todavía está a tiempo de rectificar, de poner orden, de apurar todo el pus aún oculto de Gürtel y convocar un Congreso en el que el PP pueda decidir por sí mismo lo que realmente quiere. Podrían quererle incluso a él, si diera muestras de que empieza a interesarle la política. En caso contrario puede ir pensando en otorgar el cetro hereditario a Gallardón, y una buena recompensa a su mamporrero, porque esa será la única manera en la que el alcalde pueda hacerse con el partido de sus sueños, con la AP de siempre, sin principios, sin ideas, con los títulos de propiedad bien sujetos en la cartera, y con sus cerca de seis millones de votantes, tal vez algunos menos.

Publicado en El Confidencial]

miércoles, 28 de octubre de 2009

Con la frente bien alta

El general Sabino Fernández Campo ha dejado este mundo con la misma discreción que siempre le caracterizó, y ha podido hacerlo con la impagable tranquilidad de conciencia de quien ha sabido ser esclavo de su deber, y dueño de sus pasiones. Sabino, como se le llamaba en los círculos políticos, ha sabido ser un patriota y servir con eficacia a un Rey al que tocó encarnar el anhelo de libertad, de paz y de progreso de todos los españoles. No debió ser una tarea fácil, ni para el Rey, ni para él, pero se sabe que el general Fernández Campo la cumplió con valentía y con lealtad.

Este asturiano de aspecto adusto no ha sido un español cualquiera. Entre nosotros, tan dados a la lisonja y a la retórica vana, la persona del general Fernández Campo representó siempre un ejemplo de seriedad, de laconismo y de jerarquía en los afectos y en los deberes.

Con que resultasen ser ciertas una pequeña parte de las anécdotas que se le atribuyen, nos veríamos obligados a reconocer en su trabajo un ejemplo admirable de lealtad, una virtud que es fácil confundir con mercancías averiadas. El hombre leal, lo es, por encima de todo, a su conciencia: ha convertido su deber en norma de conducta, y no vacilará en prescindir de criterios y de circunstancias que no vengan al caso cuando esté en juego lo esencial.

Para Sabino, lo decisivo era que el nuevo régimen se consolidase como monarquía parlamentaria. Su trabajo consistió en atender al deseo, general y muy explícito, de consolidar la democracia, y que, a la vez, se asegurase la monarquía, una tarea cuyas dificultades nadie osaría negar. En ocasiones parecía improvisar, pero actuó siempre de forma concienzuda y extraordinariamente brillante. Se vio en el trance de inventar una función esencial, apenas esbozada en los textos jurídicos, y acertó a escribirla con sus prudentes decisiones y sus gestos.

Le tocó ocuparse, en el lugar más delicado, de que los intereses de España y de los españoles fuesen bien servidos por quien ceñía la corona constitucional. El homenaje que todos le rendimos, aunque unos con más convicción que otros, es una prueba de que su tarea se ha visto bendecida por el éxito. Su papel fue decisivo y sirvió para crear una praxis inteligente en un terreno en el que no había reglas escritas; el Rey, cuyo papel constitucional es más retórico que efectivo, tenía que aprender a encontrar su sitio y Sabino supo conducirlo hasta ese lugar con certeza y sin vacilaciones. Fue, pues, un español cabal, un patriota inteligente y eficaz, un ejemplo que todos debiéramos tener muy presente.

[Publicado en La Gaceta]

martes, 27 de octubre de 2009

¿Arrancan los e-readers?

Son abundantes los testimonios de que estas Navidades pueden ser el inicio de un cierto nivel de masificación de los e-reader en España. Puede ser. Yo que ya soy usuario veterano, tengo que decir dos cosas al respecto: una, como me recordaba esta mañana, Ana Nistal, no conozco a nadie que haya hecho la experiencia de uso de une-reader (con tecnología de tinta electrónica) y no haya quedado encantado; dos, que no creo que el precio, que ya está más bajo, sea ningún obstáculo; los obstáculos están en la boina, en el cierre de la mollera. Son los editores, la mayoría, los periodistas que no entienden nada (que son muchos) y los que hablan de memoria (catedráticos y gente así) los que impiden que la gente se ventile el cráneo. El otro día cenando con un grupo de amigos, un catedrático con fama de bueno entre los suyos, me empezó a decir esa chorrada tan divertida de que las pantallas no se leen y cosas así; le paré en seco y, aunque ya le tenía localizado como un merluzo importante, le he puesto en la lista de los memos irremediables. La única disculpa es que tiene más años que yo, pero eso autoriza a tener peor intención y un cierto desánimo, no da bula para las simplezas.

Algunos que se gastan mucho dinero en cualquier bobada, como un televisor más grande que el salón, se quejan del precio de los e-reader. Lo que ocurre es que leer les parece muy aburrido y así andan de pobreza de argumentos. Es verdad que faltan todavía catálogos interesantes y que, en español, apenas se pueden leer ediciones fiables y casi nada reciente, pero todo se andará, estas Navidades o cuando sea, pero se andará. Las cosas tardan en llegar porque aquí somos un poco tardos, pero la función exponencial empieza a asomarse.

lunes, 26 de octubre de 2009

El concejal vomitón

El segundo de a bordo de Gallardón, que suele usar de delegados para casi todo, se ha despachado con unas amables y educadas declaraciones sobre las perversas intenciones de doña Esperanza Aguirre al propósito de no se qué agravio a don Rodrigo Rato, o así, que se ha entendido el insulto, pero no tanto el motivo.

Todos los madrileños sabemos muy bien lo delicado que es el señor Cobo, sobre todo con su señorito, de manera que si le han entrado vómitos debe estar pasándolo muy mal. Lo que no se entiende tanto es la música de fondo, porque no me negarán que es curioso que para despolitizar lo de Caja Madrid, que es el motivo de los retortijones de Cobo, esto es, de su señorito el alcalde, se hayan de sacar las dagas y los escupitajos. Tal vez sea para defender a Rajoy, al que nadie ha atacado, de momento. ¡Pobre Rajoy! Se podría decir de él, pero al revés, lo que dijo el novelista prohibido en Sevilla: “¡la de patadas que le van a dar a Franco en nuestro culo!” Pues eso, ¡la de defensores que tiene Rajoy sin que nadie se lo haya pedido!

Total, que entre los embrollos valencianos, las amenazas nada veladas de los socialistas, y de los del PP, en el ejemplar caso Gürtel, y los mareos del vicealcalde, la política se está poniendo de verdad atractiva para la gente decente. Como pudiera decir Anson: “miles de idealistas de todas las edades piden el ingreso en el PP”. Seguramente cuenta con ellos Cobo para que Gallardón gane el próximo congreso del partido, en Madrid o donde fuere. Ahora que la basura está barata puede ser su momento.

domingo, 25 de octubre de 2009

Lo siento por Montserrat Nebrera

Hace ya casi un año, con ocasión de unas medidas disciplinarias que se le pretendían aplicar, escribí a favor de Montserrat Nebrera, porque estimé que en el PP la estaban persiguiendo indebidamente. Me parecía que, aunque algunas de sus declaraciones podían haber sido inoportunas, la actitud autoritaria que mostraban sus censores era menos conveniente para los intereses generales que los ligeros patinazos de la joven política catalana. Ahora se ha ido del PP, y no puedo felicitarla, porque me parece una actitud equivocada, un tanto comodona y algo vanidosa; desgraciadamente, no creo que se pueda hacer nada en política fuera de los grandes partidos, y estoy seguro de que crear un partido a la imagen y semejanza de uno mismo es una bella tentación narcisista, pero nada más.

Seguramente creerá que va a hacer algo grande. Desearía equivocarme, pero me avala la experiencia: no pasará de un grupito de concejales más o menos de derribo; es una pena, porque tenía valores, maneras y una imagen atractiva. Siento decirlo, pero su paso al frente, es un paso hacia la nada. Que Dios la ampare.

sábado, 24 de octubre de 2009

¿Quién manda en Caja Madrid?

Llegado el momento de la finalización del mandato de Miguel Blesa al frente de Caja Madrid, se discute mucho sobre la persona del próximo presidente. Al parecer quien tiene más posibilidades de hacerse con el cargo es Ignacio González, actual vicepresidente de la Comunidad, quien cuenta con un apoyo mayoritario de la asamblea que, de acuerdo con la legislación vigente, tiene la facultad de nombrar presidente. Parece lógico suponer que González cuente con el apoyo de Esperanza Aguirre, puesto que, además de ser su vicepresidente, son los partidos políticos quienes mayor fuerza tienen en la asamblea de la Caja, y el PP parece haber obtenido un pacto para apoyar esa sucesión con el apoyo del PSOE y de los sindicatos.

Así las cosas, cabría desear un mayor grado de independencia y de despolitización de la gestión de las Cajas, de manera que se pudiese escoger con facilidad a gestores idóneos, pero lo que no cabe, porque es de traca, es reclamar esa supuesta despolitización única y exclusivamente para este caso. Es absolutamente evidente que, mientras no se cambien las cosas, son las fuerzas políticas quienes, de una u otra manera, gobiernan las Cajas. Quizás fuere mejor privatizarlas, yo así lo creo, pero mientras sigan siendo el tipo de entidades que de hecho son, lo lógico es que sean las fuerzas políticas quién las gobiernen.

En el caso de la candidatura del señor González, que tiene tanta o más experiencia que la que en su día tuvo el señor Blesa, por ejemplo, para llegar al cargo, lo que se ha emprendido es una batalla para lograr que Caja Madrid se convierta en un poder absolutamente al margen del control de doña Esperanza Aguirre, lo que, sic rebus stantibus, carece de cualquier justificación.

Lo que ocurre es que el puesto de Blesa es muy goloso, y hay muchos que aspiran a hacerle un lío a doña Esperanza, a ver si no se entera y, puesto que es persona educada, se deja manejar al antojo de cuatro listillos, sin levantar mucho la voz. Me temo que no lo vayan a conseguir.

¿Quién tiene mayor legitimidad que la presidenta del PP para influir o decidir en esta cuestión, en la medida en que los políticos tengan que hacerlo? ¿Nos imaginamos al señor Rajoy pretendiendo pactar con ZP la presidencia de las cajas andaluzas o de las catalanas? ¿Nos imaginamos al alcalde de Barcelona diciendo que el presidente de la Caixa tiene que decidirse entre Zapatero y Rajoy? Pues cosas tan absurdas como esas se están diciendo estos días, aparentando una neutralidad encomiable y un desinterés más allá de cualquier duda. ¡Qué cara dura tienen algunos!

Yo creo que, efectivamente, habría que cambiar el sistema de control de las Cajas y, a ser posible, privatizarlas en todo o en parte para que entren seriamente en el mercado de servicios bancarios y financieros sin favoritismos y sin trapacerías. Pero pretender que eso haya que hacerlo con Caja Madrid y ahora, sin tocar a fondo el sistema, es de una hipocresía admirable, y supone despreciar olímpicamente la inteligencia y la voluntad de los madrileños y de nuestras instituciones; hay personajes que se han acostumbrado a eso, van de progres (¡pobrecitos!) por la vida, y parecen creer que el mundo se haya hecho para satisfacer sus caprichos. Hora es ya de que despierten y se dediquen a otra cosa.

viernes, 23 de octubre de 2009

La tapadera

Quevedo, un escritor excepcional y un hombre valiente, dejó escrito aquello de “No he de callar, por más que con el dedo, / ya tocando la boca, o ya la frente, / silencio avises, o amenaces miedo./ ¿No ha de haber un espíritu valiente?/¿Siempre se ha de sentir lo que se dice?/¿Nunca se ha de decir lo que se siente?” en su Epístola a Olivares, el poderoso de la época. Creo que estos tercetos quevedianos tienen hoy la misma actualidad que en la primera mitad del siglo XVII. La tiranía que hoy nos atenaza es más sutil, pero no menos cruel y, sobre todo, mucho más poderosa que el Conde Duque.

Este bipartidismo imperfecto y sofocante que nos controla, empieza por someternos a una demediación de nuestra personalidad; de modo insensible, la mayoría se ve privada de contemplar el arco visual entero, tiranizada por el imperativo categórico impuesto por un bipartidismo atroz, a saber, conseguir, a cualquier precio, el derribo y la ruina del adversario. Nunca podremos valorar adecuadamente la enorme cantidad de inteligencia y de prosperidad que se nos escapa por los entresijos de este tinglado maniqueo, lo caros que nos salen los rituales y jeribeques de nuestros políticos.

Me parece que la existencia de esta atmósfera inquisitorial, de la izquierda hacia la derecha, pero también a la inversa, no es nada casual, sino un producto de diseño, aunque burdo en última instancia. No quiero perderme en consideraciones acerca de quién es el responsable último de este estado de cosas, lo que sería casi imposible sin reproducir el esquematismo que trato de denunciar. Me bastará con aludir a un par de escenas de la actualidad política para que se pueda valorar el disparate. El PSOE bombardea con Gürtel, y el PP pretende responder con el caso Faisán; ambos partidos gastan munición sobrada en armar el mayor de los ruidos en un par de asuntos que, en una sociedad normal, debieran resolverse sin apenas escándalo, con discreción y sin exageraciones, para no dificultar la resolución de los problemas perfectamente reales que nos acongojan, y no sin motivo; aquí sin embargo nos atenemos al atavismo, porque nos han dicho que en eso consiste la democracia.

El encono y la saña con los que transcurre la vida política española, impide un análisis medianamente objetivo de las cosas, la comprensión de las estrategias de los partidos, la respuesta a dificultades comunes. Pondré otro par de ejemplos de lo que trato de señalar. Primero, sobre las estrategias de los partidos. No hace falta ser un gurú para ver que el PSOE necesita ganar posiciones en Madrid y en Valencia, porque los 25 escaños obtenidos en Cataluña son virtualmente irrepetibles; pues bien, como de casualidad, el caso Gürtel afecta al PP en esas dos plazas. El PP, por su parte, se modera hasta la exasperación de muchos de los suyos y responde con medidas chapuceras a ese ataque, confiando en que el tiempo todo lo difumine, porque tiene miedo de perder adhesiones por sus flancos. ¿Interesa algo de esto a los españoles de juicio independiente? Ni lo más mínimo, pero se ven inmersos en una refriega enloquecida que medios de opinión, absolutamente en quiebra, tratan de mantener viva, tanto para merecer las caricias de quien controla el presupuesto, como porque hacer información sale más caro que hacer demagogia y partidismo, y estamos en pérdidas.

Veamos ahora lo que ocurre con el interés común: la imposibilidad de lograr una mayoría que apruebe los presupuestos, independientemente de lo delirantes que nos puedan parecer, lleva al PSOE a comprar votos que se pagan con el dinero de todos: privilegios por aquí, cacicadas por allá, etc. Mientras tanto, el PP, lejos de contribuir de alguna manera, o de ingeniar un sistema que pueda evitarnos el gasto, se consuela pensando que ahora no es él quien está pasando por el mal trago. Pero nuestros dos grandes partidos son capaces de llevarnos al desastre, o de consentir que nos esquilme cualquier grupo pequeño de la Cámara, con tal de no dar su brazo a torcer.

¿Corrupción? Sin duda, pero aquí parece que ya nos hemos acostumbrado al “¡y tú más!”, al creer que eso basta para mantener a la grey con las filas prietas y en posición de prevención, que es lo que parece que se lleva. Pero, de esta manera, no caemos en que hay una corrupción más grave que la de unas bandas de chorizos o, incluso, la financiación ilegal de un partido, como en el caso Filesa y un sinfín de falsas empresas dedicadas al trinque. Lo penoso es que quienes debieran estar al servicio de los españoles y de sus intereses, se las arreglan para que la mayoría esté a lo que a ellos importa, a su mantenimiento en el poder, a su reparto obsceno de prebendas, no entre los mejores, sino entre los más allegados, madres y padres, como en Benidorm, hermanos y cuñados en las listas y en los gabinetes, lo que sucede por doquier. La corrupción de que nos hablan, sirve de tapadera de algo peor, y hay que atreverse a destaparlo, y dejar de bailarles el agua.

jueves, 22 de octubre de 2009

Garzón se salta las garantías

Entre las muchas corruptelas y actos delictivos que resplandecen en lo que se ha ido sabiendo del sobreexplotado caso Gürtel, no debería pasar inadvertido un hecho, que pudiera ser considerado delictivo, y que, en cualquier caso pone en cuestión la nulidad de buena parte del sumario por su insólita gravedad. Al parecer, el juez Garzón, decidió grabar conversaciones privadas entre algunos de los procesados y sus abogados. De ser cierta esta noticia, Garzón habría violado de manera flagrante el marco jurídico que da sentido al derecho de defensa. Tal vez cupiera pensar que el juez Garzón, que, por ejemplo, no se mostró muy cierto de la muerte de Franco, desconozca la legalidad al respecto, pero no parece que una excusa de este jaez pueda servir de mucho, ni siquiera en beneficio de Garzón, un magistrado que pisotea los bordes de la legalidad con la aparente disculpa de ser un profesional ligeramente chapucero.

Afortunadamente, los abogados no han permanecido en silencio frente a la revelación de semejantes irregularidades que han obtenido la repulsa del Consejo general de la abogacía, mientras, tanto el Colegio de Abogados de Madrid, como los profesionales afectados, han anunciado que presentarán querella contra un juez que podría empezar a coleccionarlas, lo que resulta sobremanera llamativo. Se trata de un asunto ante el que el Consejo general del poder judicial tampoco debiera permanecer al margen, aunque eso pudiere suponer algún disgusto a los que habitualmente se erigen en defensores de las irregulares peculiaridades del famosísimo juez.

La doctrina según la cual todo vale con tal de hacer Justicia es, además de muy peligrosa, enteramente ajena a cualquier régimen democrático, y se da de bruces con nuestro sistema jurídico que es absolutamente garantista. Es muy probable que se hayan de modificar o pulir algunos extremos del garantismo, mas esta no es tarea que pueda dejarse al arbitrio de un juez que, audazmente, sea capaz de colocarse por encima de la ley con tal de conseguir tales propósitos. La conducta que pueda estimarse ejemplar en un aventurero romántico no puede servir de plantilla para un juez, cuya obligación no es la obtención de discutibles objetivos, sino la administración de justicia con respeto a las garantías que protegen a los imputados y que, en último término, se fundan en su derecho constitucional a la presunción de inocencia. Ni siquiera en el caso Gürtel, cuya podredumbre lleva espantando desde hace largos meses a los españoles decentes, puede un juez, y tampoco Garzón, tomarse la justicia por su mano.

En fin, parece que puede haber llegado el momento de que, quien actúa como si desconociese por completo normas procesales relativamente elementales, llegue, finalmente, a conocer su existencia y a valorar su importancia, defendiéndose de los graves hechos que se le imputan. Esperemos que la Justicia sepa ser siempre ciega, especialmente ante casos que seguramente puedan obnubilar a más de uno.

miércoles, 21 de octubre de 2009

Cuba y la desfachatez de nuestra izquierda

Herman Terstch dijo el otro día que Moratinos parecía el ministro de asuntos exteriores de Cuba. Me parece un retrato perfecto y así lo recojo. Tiene bemoles que nos hayamos acostumbrado a que el régimen dictatorial de los Castro tenga que ser tratado como una cosa normal, más que normal, enteramente admirable. Moratinos ha dicho que no hay que imponer caminos a Cuba, supongo que para que puedan seguir mandando los mismos que le reciben como a la más preclara mente del mundo internacional. Que Europa, a quien representamos, menosprecie a los disidentes, a quienes claman por la misma libertad sin la que nosotros pensaríamos tener derecho a cualquier exceso, es incomprensible e intolerable. Están tratando de convencernos de que lo de Cuba fue una ridícula obsesión de Bush, y de Aznar, por supuesto.

Moratinos no es más que un mandado, sin embargo; tras de él está la poderosa inteligencia galáctica de nuestro presidente que tiene en la cabeza un mundo perfecto y está deseando contárselo a Obama, a la primera de cambio. Zapatero podría definirse como un comunista reprimido, como alguien que cree, por encima de todo, que las democracias occidentales, el capitalismo, la libertad política y el cristianismo, pero no el Islam, son invenciones que ocultan la desigualdad, la explotación y la miseria de los oprimidos, mientras que regímenes como el cubano han mostrado la posibilidad de que “otro mundo es posible”. El Zapatero más coherente es el que intentaba pactar con los chicos de la bomba para convertirlos en una especie de guardias rojos de la revolución pendiente, de esa peculiar liberación que consiste en que todo el mundo tenga que ser igual, pensar igual, y sentir igual; de esta manera, sin violencias, se admirará profundamente a los héroes de la igualdad, a los apóstoles de la no dominación, a Zapatero como su encarnación, como el hombre que todo lo arregla en España, y todo lo emancipa, en cualquier parte, menos a los cubanos, que ya lo hizo Fidel.

martes, 20 de octubre de 2009

La lección de Katyn

Andrzej Wajda es un extraordinario director de cine, extraordinario, incluso, para ser polaco; lo digo porque no creo haber visto una mala película polaca, y recuerdo muchas de Kieslowsky, Kawalerowitz, Skolimowsky o Agnieszka Holland como verdaderas obras maestras. De Wajda hay que recordar, al menos, tres películas extraordinarias, El hombre de mármol (1977), El hombre de hierro (1981), Pan Tadeusz (1998) que, siempre un poco a trasmano, se han podido ver en España.

En 2007, a sus 81 años, filmó Katyn, que ahora se estrena entre nosotros, una reflexión sobre la matanza de millares de oficiales polacos a manos del ejército soviético. La película es una maravilla de equilibrio en todos los sentidos del término, una auténtica obra de arte desde las mismas imágenes que sirven de fondo a los títulos de crédito, unas nubes negras, metáfora de lo difícil y esforzado que siempre es el recuerdo de lo que se quiere y se ha perdido.

Lo que se nos cuenta tiene mucho que ver con la vida de Wajda. Su padre fue uno de los asesinados en Katyn y él, que estuvo unido a Walesa en Solidaridad, ha declarado que nunca pensó que pudieran librarse del poder soviético para ver una Polonia libre. Creo que esta película es algo que Wajda deseaba hacer, una celebración del error en que le hacía incurrir el miedo, y de que se puede hablar del pasado sin deformarlo, con cierta distancia y con respeto. La película retrata el procedimiento con el que los soviéticos se libraron de unos oficiales con los que seguramente nunca supieron qué hacer, con una frialdad y eficiencia que nos permitiría hablar de la banalidad del mal, por emplear el excesivamente manoseado título de Hanna Arendt.

Wajda, que seguramente pudiera tener motivos muy fuertes para hacer un retrato demagógico y destructivo de los soviets, no se deja llevar por esa venganza retrospectiva e ilusoria, y se esfuerza por retratar lo mejor que puede una crueldad específica dentro del marco horrible de una guerra total. El fondo de la narración es su propia vida, la vida de los polacos que dudan entre creer una verdad insoportable o someterse a una dictadura que les iba a robar la mayor parte de sus vidas, lo mejor de ellas.

Wajda ha hecho un homenaje a los millones de personas dignas que mueren sin apenas motivo, pero sin dejar que su corazón se llene de odio, sin permitir que su derecho a la justicia los convierta en un calco de lo que odian. Polonia aceptó su derrota con resignación, con tristeza, pero Wadja nos dice que, por debajo de esa humillación, el deseo de vida y de libertad supo mantenerse entero y hacer posible la esperanza.

lunes, 19 de octubre de 2009

La justicia infinita, según Garzón

Sentiría molestar los oídos de los admiradores de nuestro benemérito juez empleando para sus andanzas un titular malsonante porque recuerda a una campaña de Bush, pero son cosas que pasan. Por si alguno de estos admiradores no lo saben, infinito es lo mismo que ilimitado, y lo contrario de ambas palabras se puede expresar de muchas maneras: límites, fronteras, cortapisas, trabas, restricciones y un largo etcétera.

Bien, pues ahora verán por qué me ha venido a la cabeza la infinitud, y esta vez no ha sido por las virtudes de nuestro superjuez. Recuerdo unas declaraciones garzonianas sobre cuánto lamenta las trabas a la Justicia universal, el hecho de que no se pueda detener a los malhechores preferidos del juez, aunque haya otros de los que ni se acuerda, no va a hacer él solo todo el trabajo. De todos modos, dada la finura intelectual de nuestro audaz magistrado, me pregunté sobre qué podría entender exactamente por tal cosa y, cuando estaba inmerso en profundas cavilaciones, una noticia aparentemente insulsa, me lo aclaró todo: parece ser que el abogado de unos de los implicados en la minuciosa trama del caso Gürtel, se quejaba de que hubiesen grabado sus conversaciones con su cliente, precisamente mientras Garzón se ocupaba amorosa y profusamente del caso.

Está claro que el magistrado de las X no quiere otros límites que los que él se imponga y que cree que para hacer justicia no se puede andar uno con zarandajas; seguro que nuestro héroe no ignora que hay límites muy precisos establecidos por las leyes sobre lo que se puede hacer y lo que no, incluso si se es un juez famoso. Yo creo, sin embargo, que lo que ha pasado es, más o menos, lo siguiente. Recordarán ustedes cómo Garzón ha estado, en pleno ejercicio de sus derechos y sin olvidarse nunca de sus altísimas responsabilidades (otra cosa es que se le hayan pasado por alto un par de detalles burocráticos, que, en realidad, nadie debería exigir a figuras excepcionales como él), en una conocida universidad de Nueva York, y, de paso que ha ampliado su fabulosa formación jurídica, se ha empapado de la idea anglosajona de que los magistrados han de interpretar la ley sin dejarse llevar por lecturas restrictivas del efecto benéfico de la justicia, universal por supuesto.

Lógicamente, convencido como está de que hay que modernizar la justicia para salir en el telediario, ha debido pensar que ya está él ahí para decidir lo que haya que limitar, en cada caso, y lo que pueda y deba ser ilimitado para el beneficio de la justicia, universal, por supuesto.

¿Cómo puede pretender un abogado que el juez tenga las manos atadas? ¿Hasta dónde pretende llegar un sujeto a sueldo de gentes indignas para librar a sus clientes de las garras de la imparcial y sabia justicia garzonil? Los españoles tendemos a ser muy injustos con Garzón, y lo somos cuando nos olvidamos de su condición excepcional y su derecho a sobrevolar la legislación en beneficio de todos y de la justicia, universal, por supuesto. No hemos sabido ver lo que continuamente hace por todos nosotros y por nuestras instituciones, por los Gobiernos de izquierda, por los Bancos que saben ayudar a las universidades prestigiosas, por los magnates de la prensa, por los príncipes de la paz que tratan de superar el conflicto vasco, en fin por la justicia, universal, por supuesto. Llevados de la mala costumbre de criticar a un juez que tanto se desvela por la justicia, universal, por supuesto, algunos abogados a sueldo de facinerosos se atreven a pretender que él no pueda espiar las comunicaciones de los delincuentes con sus cínicos defensores, ni hacer que no figure en el sumario aquello que pudiera desacreditar sus nobilísimas causas. ¿Cómo se puede pretender que la justicia, además de ciega, tenga las manos atadas, cuando el crimen es tan flagrante como el de los engominados? ¿Acaso el público no comprende que, a base de garantías, se pueden acabar escapando y que se crearía un agravio con el PSOE de Filesa? ¿Es que queremos estigmatizar al más diligente de nuestros jueces que tiene tanto trabajo que quiere quitarse el caso Faisán de encima? Pues bien, así no hay manera de hacer la justicia universal que le gusta a Garzón, conviene que se sepa.

domingo, 18 de octubre de 2009

Los deseos de otro pasado

No pensaba ver Agora, pero me animaron los elogios de unos amigos inteligentes y cultos. Pese a su recomendación, la película me ha parecido un disparate desde un punto de vista intelectual, aunque sea, desde luego, un disparate que será bien recibido por muchísima gente. Cuando salía del cine vi que uno de los espectadores le decía a su hijo pequeño que la película le había encantado porque le gustaba todo lo que desenmascare a los cristianos, un objetivo que, al parecer, está de moda en Hollywood, cuna de la intelectualidad. He visto en algún lugar que el director afirmaba sobre su película, «es increíble cómo se parece a la situación actual». Esto me recordó inmediatamente a una escena que he vivido en persona. Estaba Juan Luis Arsuaga (a quien a veces se llama Marqués de Atapuerca, por el rendimiento que le ha sacado a la cosa) dando una conferencia sobre la vida de sus seres preferidos, los atapuerquinos o atapuercanos, que supongo que será opinable. En un momento dado mostró una diapositiva en la que se veía a un homo antecessor sonriente y nos hizo observar que la sonrisa daba buena muestra de la inteligencia del habitante pre-burgalés, claro que se le olvidó mencionar que la diapositiva era un dibujo hecho por los de su equipo: con este procedimiento podría haber demostrado incluso que a los atapuerquinos fueron aficionados, por ejemplo, a leer el Marca, aunque me malicio que, en tal caso, alguno de los asistentes habría caído en la superchería del argumento.

Decía Croce que toda historia es historia contemporánea, y yo creo que tenía razón, pero que esa es una verdad que hay que tomar con pinzas para no incurrir en auténticas mistificaciones como las que, a mi modo de ver, produce Amenabar en la cinta de marras. Yo no soy especialista en esa época, ni en ninguna, si vamos a eso, pero todo lo que he visto chocaba con mis, digamos, informaciones previas. Expondré algunas objeciones.

1. Alejandría fue ciudad griega desde su fundación y la Biblioteca era la prolongación de la escuela científica que allí se instaló, bajo la protección de los generales-herederos de Alejandro; curiosamente el nombre de esta escuela científica se emplea también para denominar una de las escuelas teológicas más importantes del primer cristianismo, de manera que en Alejandría, aunque en momentos distintos, estuvieron Aristarco, Hiparco, Ptolomeo, Diofanto, Eratóstenes y Filón de Alejandría, pero también, algo después, alguno de los teólogos más decisivos en la formulación del Credo de Nicea (que, más o menos, es el que estudiábamos en la escuela) como San Clemente, y el propio San Cirilo (el malo de la película). No tengo ni idea de cómo podía ser el edificio de la Biblioteca, pero francamente, me cuesta bastante trabajo no imaginármelo como un edificio helenístico y creo que el esperpento egipciaco que imagina Amenabar es de juzgado de guardia.

2. He visto en la Britannica, que, como es sabido, no se edita en el Vaticano, todo lo que hay sobre Cirilo, Sinesio e Hipatia y no encuentro la menor referencia que sirva para acusar a Cirilo del crimen cometido con la anciana sabia (la mataron a la edad de 61 años y dudo que estuviese tan buena a esa edad como la Weisz lo está ahora). Cirilo sobrevivió a la filósofa, pero Sinesio difícilmente pudo intervenir en su muerte porque, había muerto dos años antes y ni siquiera los Obispos se pueden permitir esas licencias. El gobernador romano era pagano y, aunque Cirilo, pudo estar tentado en marimandearle, cosa que al parecer entusiasma a algunos Obsipos, incluso algo más que a todo el mundo, el hecho es que consta fehacientemente que fue obligado por el gobernador romano a someterse a las órdenes del poder civil.

3. De los cristianos cada cual puede pensar lo que quiera, entre otras cosas, porque como decía Chesterton, de los franceses, yo no los conozco a todos, aunque los que conozco en nada se parecen a los talibanes anabarianos; pero es de coña presentar a cristianos con cara de talibanes del siglo XX como si fueran una policía moral de las que hay en Irán o en Arabia saudí. El cristianismo siempre ha profesado una sabia actitud de respeto hacia el poder civil (que, en su doctrina, tiene su origen en el mismo Dios), lo que ha sido una de las razones de que haya sido acusado por el marxismo de contribuir a dormir al pueblo. Marx dijo de la religión que era el corazón de un mundo sin corazón, pero, desde luego, aunque Amenabar se empeñe, cuesta mucho creer que en algún momento los cristianos hayan sido la espada de un mundo sin espadas.

4. Sin duda que hubo conflictos en Alejandría, antes y después de Cirilo, pero, nadie le ha echado nunca la culpa a él ni de la muerte de Hipatia ni de otra cosa que no sea la extensión mediante la palabra y la polémica de lo que tenía por verdadero. Sus víctimas dialécticas fueron Arrio y Nestor, y se llevaba muy mal con Crisóstomo (San Juan, para la Iglesia). En cualquier caso, me parece tan absurdo echarle la culpa al cristianismo de las guerras alejandrinas, como echársela al protestantismo y/o al catolicismo de los problemas de Irlanda. Las guerras suelen tener causas más complejas que los dogmas religiosos.

5. Hipatia fue, al parecer, virgen, lo que no tiene nada de excepcional en un neoplatónico que, coherente con su filosofía, ejercía la sofrosine, es decir el dominio de sí mismo mediante el control de instintos y las pasiones, además de que ignoramos profusamente las cosas que le pasaron en sus seis décadas de existencia. Suponer que su virginidad implicaba un compromiso con una especie de feminismo es delirante, aunque así lo crean Amenabar o Rachel Weisz, quien al parecer, ha declarado que Hipatia se mantuvo soltera y sin hijos «para ser igual que un hombre y poder ejercer una profesión con plena dedicación».

6. Hipatia nunca fue directora de la Biblioteca de Alejandría, ni ésta fue destruida por unos supuestos talibanes cristianos. La biblioteca fue incendiada primero por Julio César, saqueada junto con el resto de la ciudad por Aureliano en el año 273, y rematada por Diocleciano en 297. Es verdad que en el año 391 fue destruido lo que quedaba del templo del Serapeo después de la destrucción por los judíos en tiempos de Trajano, y también del repaso que le pegó Diocleciano, quien, para conmemorar la hazaña, puso allí su gran columna, razón por la cual los cristianos lo destruyeron, ya que él era el símbolo de las persecuciones que sufrieron durante trescientos años. Pero lo que allí quedaba de la biblioteca era tan poco como lo que podía haber en otros sitios. El paganismo siguió existiendo en Alejandría hasta que llegaron los árabes. Y el neoplatonismo siguió floreciendo, hasta que lo recuperó el renacimiento occidental cristiano. San Agustín, coetáneo de Hipatia fue neoplatónico sin el menor problema para su fe, y el propio Santo Tomás de Aquino cita con mayor frecuencia a Platón que a Aristóteles. Nunca ha habido nada en el platonismo que pueda molestar a un cristiano, y menos aún en el siglo IV.

7. La amistad de Hipatia con el obispo cristiano Sinesio de Cirene está perfectamente documentada y, de hecho es la fuente más fiable sobre la vida de Hipatia. Sinesio, que no debió ser alumno de ella pues era de su edad, la considera una «divina filósofa» y la llama en sus cartas «madre, hermana, maestra, benefactora mía». Éste, desde luego, nada tuvo que ver en el asesinato, aunque sí se ha solido atribuir a una secta cristiana de seguidores de Cirilo que, me imagino, Cirilo condenaría enérgicamente (entre otras cosas porque en ninguna parte consta que fuera nacionalista, si se me permite usar bromas intemporales como la del director).

8. No hay base alguna para suponer doctrinas específicas a Hipatia, y roza el esperpento el suponer que se adelantó a Kepler, quien pudo llegar a lo que llegó, a la formulación de la hipótesis elíptica para la órbita de los planetas en torno al Sol tras años de duro trabajó con las magníficas observaciones astronómicas de Tycho Brahe. Puestos a atribuir a Hiaptia algnos descubrimientos no había razón para limitarse a Kepler y se le podían haber adjudicado, por ejemplo, algunos atisbos de mecánica cuántica. Los neoplatónicos, que era lo que parece fue Hipatia, no concedieron jamás ningún valor específico a la experiencia, y resulta casi cómico imaginar que pudieran dedicarse a hacer experimentos para confirmar la idea de estado inercial, un concepto que le resultó difícil hasta al propio Descartes. Ya dice el tango que 20 años no son nada, pero no son 20 sino 2000 los que se adelantó la Hipatia amenabarica. En comparación con este tipo de dislates, la escena del pañuelo manchado por la sangre del menstruo parece casi poética.

9. Lo que has hecho Amenabar es hablar de sus obsesiones; está en su derecho, pero es mala cosa utilizar la historia para colocar la ideología de preferencia. Hacer historia es muy difícil y ya se ve que lo de la memoria histórica le gusta a la izquierda más que aun tonto un lápiz: ya que el mundo no es como les gusta, que la historia lo sea.

10. La retórica de Amenabar es presuntuosa y patética. Esos planos de la tierra mostrando la pequeñez de los motivos religiosos mientras se escuchan sus profundas reflexiones en off son, desde luego, dignos de la demagogia fílmica de un Michael Moore, por citar a otro cineasta con un bagaje intelectual tan importante como el de nuestro Amenabar. En resumen, un cero para el fondo, un cero para la intención y apenas un 3 para el oficio porque la historia carece de cualquier dramatismo, no tiene el mínimo interés y ninguna intriga.

sábado, 17 de octubre de 2009

Justicia sin fronteras

Recuerdo unas declaraciones garzonianas sobre cuánto hay que lamenta las trabas que unos y otros ponen a la realización de lo que nuestro juez entiende por Justicia universal, una Justicia sin subterfugios, sin trampas procesales, sincera. Me pregunté si el Juez no caería en la cuenta de que los límites son, en todas partes, la esencia de la razón, de lo justo, por tanto. Estaba cavilando sobre lo que nuestro honestísimo y audaz magistrado podía tener en la cabeza al hacer lamentos semejantes, y, como de repente, una noticia menor, casi insulsa, me lo aclaró todo: un desconocido abogado de unos de los implicados en la minuciosa trama del caso Gürtel, se quejaba de que hubiesen grabado las conversaciones mantenidas con su cliente, precisamente mientras el juez más famoso del universo, nuestro Garzón se ocupaba amorosa y profusamente del caso.

Vi con claridad que el magistrado de las X no quiere otros límites que los que él se imponga; el Juez quiere ser juez de por sí, ante sí, cabe sí y porque sí. Supongo que le parecerá evidente que hay límites que figuran en la ley, pero como Garzón ha estado, en pleno ejercicio de sus derechos, pasando unas temporadas de intenso estudio en una de las mejores universidades de Nueva York, se ha empapado de la idea anglosajona de que los magistrados interpretan la ley, de modo que ya está él ahí para decidir lo que hay que limitar y lo que debe ser ilimitado. Como españoles envidiosos y mal pensados, muchos habrán establecido una extraña relación entre los dineros del Santander, la universidad que acogió, llena de orgullo, a Garzón, y un caso pendiente del Banco mecenas. Hay quienes no ven más allá de sus narices, siempre sospechando, como si Garzón fuese un hombre vulgar, sin reparar que pertenece, a no dudarlo, a una especie heroica, muy por encima del bien y del mal.

¿Cómo puede pretender un abogado cualquiera que el Juez más justiciero y sabio de España tenga las manos atadas por precauciones absolutamente castradoras de la justicia ilimitada? ¿Hasta dónde pretende llegar un sujeto a sueldo de gentes indignas para librar a sus clientes de las garras de la imparcial y sabia Justicia garzonil?

Reflexionemos. Somos muy injustos con Garzón, no sabemos ver lo que hace por nosotros y por nuestras instituciones, por los Gobiernos de izquierda, por los Bancos, por los magnates de la prensa, y, además de desagradecidos, somos cicateros al pretender que no pueda espiar ni hacer que no figure lo que no convenga a su nobilísima causa. Así no hay manera de hacer la Justicia sin límites y sin tapujos que le gusta a Garzón, conviene que se sepa.

viernes, 16 de octubre de 2009

Un sinfín de despropósitos

Es imposible superar la impresión de que parte del PP, con Rajoy a la cabeza, ha enloquecido. Es difícil cometer tantos y tan abultados errores en tan poco tiempo y con tan escaso motivo; no hay quien pueda empeorar la delirante desconexión entre Valencia y Madrid, unidad que se suponía pactada con la insólita reunión secreta de Alarcón. Es inimaginable lo que podría haber pasado sin un plan conjunto, visto lo ocurrido después de horas de reflexión.

El nivel de confusión ante la situación de Ricardo Costa es propio de comedia de enredo, de culebrón, es un escarnio de la democracia. Los implicados no parecen comprender en absoluto qué es lo que los electores esperan de ellos: patriotismo, honradez, capacidad de sacrificio, o liderago; ante tamaño despiste, se dedican a ofrecer al público dosis masivas de lo contrario: incoherencia, egoísmo, triquiñuelas y toda clase de memas excusas para acabar comportándose como una legión de pollos sin cabeza.

Es bien sabido que la coherencia no es uno de los valores mejor representados en la conducta de los políticos, pero el caso de Valencia supera con creces lo tolerable. No se ha sabido si hay o no secretario general, si ha dimitido o ha sido cesado, si hay algo que investigar o ya se ha investigado, si se trata de encubrir a alguien, en fin, no hay manera de saber qué demonios tienen en la cabeza la dirección nacional, el señor Camps o el señor Costa. Lo que sí sabemos es que nos pretenden tomar por tontos, pues se dedican a decir cosas absolutamente contrarias y pretenden que pensemos que están en perfecta armonía, que se han tomado medidas, al tiempo que no se ha hecho nada, que se iba a destituir a un secretario general y resulta que se le felicita.

Diré lo que piensa muchísima gente, aunque no se atreva a decirlo por miedo a perjudicar a su partido, por miedo a contribuir a que nuestra España pueda seguir por más tiempos en las mismas manos. Lo grave de verdad es que personas que debieran poner por encima de todo su deber con los españoles están dedicadas a tareas de alcantarilla. El caso Gürtel es una bomba de relojería que alguien ha sabido colocar bajo los débiles cimientos de este PP a la espera de que nadie supiera cómo reaccionar adecuadamente. De momento, han acertado de pleno, aunque no sea seguro que consigan su objetivo, destruir la alternativa al PSOE.

Es evidente que el líder del PP no ha sabido reaccionar con decisión y energía, y que acabará teniendo que hacer, con enorme coste, lo que debería haber hecho de inmediato con un desgate mucho menor. La limpieza tendrá que empezar por sus inmediaciones, no hace falta que vaya muy lejos, y, si no acierta a empezar por el lugar adecuado, no conseguirá nada, ni siquiera llegar vivo al próximo congreso del partido.

jueves, 15 de octubre de 2009

Las estructuras de la corrupción

La actualidad nos sitúa de continuo ante alguno de los episodios de corrupción política. Tenemos dónde elegir, aunque me imagino que el público tenderá a concentrarse en los episodios de aspecto más chusco, sin pensar en que nadie nos asegura ni de que lo que sale sea verdad, especialmente por venir de quien viene, aunque lo grotesco de los casos nos invite a creerlo, ni, menos aún, de que, con toda probabilidad, serán más importantes y graves los casos que no salgan de ninguna manera a la palestra. Con este tipo de asuntos, casi se puede afirmar lo que los entendidos dicen respecto a los apresamientos de droga a cargo de la policía, a saber, que solo acaban cayendo aquellos que les interesa a los auténticos y más poderosos capos.

La corrupción existe porque puede existir, pero puede existir porque los ciudadanos nos desentendemos de los asuntos públicos, descuidamos los mecanismos de control y, llevados de la comodidad, hemos decidido que todos los políticos son iguales y no merece la pena prestarles mucha atención. Este convencimiento es, por cierto, una de las finalidades que persiguen los que se encargan de ofrecernos carnaza abundante, aunque sea con la fórmula de mucho arroz para tan poco pollo.

El nauseabundo caso Gürtel, está consumiendo una porción de actualidad increíblemente desproporcionada con su real importancia especialmente debido a la tibieza y a la torpeza de los líderes, por decir algo, del PP. No estoy diciendo que sea poca cosa, que no lo es, sino que lo que hace que crezca su importancia aparente es una hábil combinación de la torpeza y la insensibilidad del PP, junto con la astucia de sus rivales para apartarles habitualmente de su lugar adecuado. Pero, con todo su fondo de podredumbre y miseria moral, el daño que se ha ocasionado a los caudales públicos es realmente mínimo, si es que ha habido alguno.

Entretenidos con Gürtel, no sabemos mirar hacia otras partes, incluso hacia esquinas directamente relacionadas con el caso de marras. Ayer mismo informaba este periódico de que el Gobierno había adjudicado a Teconsa, una empresa implicada en la trama por el pago de comisiones, un contrato de millones de euros, pese a que resultaba ser el más caro de las más de 20 ofertas presentadas y pese a que la situación patrimonial de la empresa seguramente no cumplía con los requisitos que exige, en teoría, la administración a las empresas que se adjudican sus contratos. Al parecer, según el sumario, el dueño de Teconsa había pedido ayuda previamente a Don Vito y este le recomendó vivamente la vía monclovita que, finalmente, funcionó de perlas, gracias al buen hacer de manos amigas y femeninas. No traigo a colación este caso para igualar al PSOE y el PP, comparación en la que no voy a entrar, ni porque no haya podido encontrar otro caso que afectase al PSOE para dar a este comentario cierto aspecto de neutralidad; no es este, desgraciadamente, el caso porque hay mucho para escoger. Lo que me parece relevante es la diferencia en la atención, como me parece escandaloso que nadie haya preguntado cuál ha sido, por ejemplo, la relación de gastos de nuestra embajada olímpica, un descarado caso de gratis total para nuestros sacrificados y menesterosos, aunque escasamente eficaces, conseguidores olímpicos. Relación, en un doble sentido, de listado de gastos y de relación con lo que se haya gastado la ciudad de Río, que nos ha dado un baño.

Nuestra democracia está universalmente en crisis y el diagnóstico no es muy bueno. Estamos en plena crisis constitucional, territorial, política y económica, estamos, muy probablemente, peor que en ninguno de los momentos de los últimos cincuenta años, peor incluso que cuando, no habiendo democracia, soñábamos en tenerla. Con este panorama hay quien cree que es sano que fijemos nuestra atención en las abundantes gilipolleces de Gürtel. No se trata ni de un buen consejo, ni de una receta desinteresada.

Tenemos una necesidad urgente de poner en píe una auténtica renovación de la democracia, un programa de reformas bastante radical que nos permita salir del atolladero en que estamos. Habría que impulsar, al menos, tres grandes proyectos y, de momento, los partidos están entretenidos en un pin-pan-pun aburrido y estéril. Hay que aumentar de modo considerable la trasparencia de la forma en que se produce el gasto público para evitar que aumenten de manera continua los negocios que se acuerdan en beneficio de los presentes, y a costa de los intereses generales. Claro que nada de esto puede hacerse sin una justicia independiente, siempre atenta a no molestar a Mister X, ni con un Fiscal general dispuesto a recibir cualquier clase de órdenes del gobierno. Tampoco puede haber justicia independiente mientras sigan existiendo jueces a los que ningún otro juez procese, pese a ser evidente que la ley les importa menos que a los delincuentes de oficio. Pero, sobre todo, habrá corrupción mientras la consintamos con una mirada de suficiencia.


[Publicado en El Confidencial]

miércoles, 14 de octubre de 2009

El Nobel de Obama

Hay ocasiones en que la realidad imita a la imaginación. El primer Premio Nobel que fue presidente de los EEUU no ha sido Barack Obama, sino una especie de Obama blanco y de ficción, el protagonista de la magnífica serie El lado Oeste de la Casa Blanca, que, antes de llegar a la presidencia, había obtenido el Premio Nobel de Economía. Me llama la atención la coincidencia porque, entre otras cosas, ambos Nobel son, en cierto modo, espurios, no son otorgados por la misma Academia Sueca y no remontan su existencia hasta la fundación de los premios por el físico nordico.

Son, junto al de literatura, los Nobel más políticos y más discutibles y, por ello, se pueden dejar llevar por una tendencia malsana que ataca a muchas instituciones premiadoras, a saber, dar los premios de tal modo que el premio recae en la institución antes que en el premiado. Me parece que eso es lo que pasa en este caso, y en muchos otros bastante cercanos para nosotros. Piénsese, por ejemplo, en lo que hubiera pasado si el Premio Nobel de la Paz hubiera ido a parar, por ejemplo, a un médico nigeriano que se hubiese distinguido por sus trabajos en comunidades racialmente enfrentadas; seguramente habría sido un premio infinitamente más merecido, pero la noticia no habría ocupado ni la centésima parte de lo que lo ha hecho la del Nobel Obama. Es decir, el Parlamento noruego, ha decidido hacerse un homenaje y ha contratado a Obama como figurante.

Forma parte de la naturaleza de las cosas el que ocurran desviaciones de este tipo. Al fin y al cabo es, por otra parte, un ejemplo perfecto de un fenómeno muy bien conocido al que Robert K. Merton bautizó como efecto Mateo, recordando aquello de que “al que tiene se le dará, y al que no tiene no”, es decir la tendencia a acumular honores en los que ya han obtenido los primeros. Se trata, en el fondo, de un caso de pereza, es mucho más fácil descubrir lo que todos creen saber, lo que les confirma como muy listos, que sacar a la luz algo que nadie sabe. Obama es irresistible para los comodones.

martes, 13 de octubre de 2009

Entre el descontento y la descortesía

Según muy diversos testimonios, la presencia del Presidente del Gobierno en el desfile de la Fiesta Nacional se ha recibido con muestras de descontento por un público que mostró su repulsa con silbidos, abucheos y gritos de "fuera, fuera" o "Zapatero dimisión". Al parecer, el alcalde de Madrid se apresuró a consolar a Zapatero, con el argumento de que era cosa de gente poco educada y falta de respeto; se ve que Gallardón está acostumbrado a que nadie le pite, pero que espere y verá cómo el entusiasmo de los madrileños por las subidas de impuestos y las módicas cantidades gastadas en olímpicas necedades le acaban haciendo pasar algún mal rato. Tal vez tenga la suerte de que Rajoy, siempre tan acertado, se lo lleve a la lista de Madrid para acompañarle en su segura victoria.

Pero bueno, volvamos a la pitada del día, al entusiasmo que provocó Zapatero nada más aparecer, algo mayor que el que ya había cosechado la siempre peripuesta Vicepresidente primera, que suele llegar antes para poder abroncar al Presidenta del Tribunal Constitucional o a quien toque, que hay mucho tibio par ahí suelto. Muchos comentaristas han subrayado el hecho curioso de que la Ministra de Defensa, señora doña Carmen Chacón, haya reducido al mínimo las tribunas del público, seguramente para evitar que se desborde el entusiasmo, pero, pese a esa talentosa medida, no ha podido evitar la clara presencia de signos de rechazo hacia la política del ejecutivo, y hacia la persona que la encarna.

¿Qué motivos pueden haber tenido los presentes para protestar ante la presencia del Presidente? Es razonable pensar que la circunstancia no haya sido indiferente al desagrado que se ha puesto de manifiesto, de modo que no basta con pensar en motivos de carácter general, tales como la crisis económica o la inefectividad del Gobierno, por no mencionar su sectarismo. Es razonable suponer que quienes asisten a los desfiles sean personas cercanas al personal militar que gozan de una facilidad para expresar sus emociones y opiniones de la que se ven privados los militares en activo. Si así fuera, nos encontraríamos con que la política militar de este Gobierno irrita a quienes han de ejecutarla. No faltan motivos para pensar así. Este Gobierno muestra una evidente incomodidad cuando ha de enfrentarse a temas militares y ha tratado, por todos los medios a su alcance, de convertir al ejército en una especie de ONG absurdamente armada. Y muchos militares tal vez pudieran desear servir a la Patria de un modo más gallardo que dando continuamente la espalda al enemigo para no incrementar ni los riesgos ni el duelo. Yo creo que estaría avergonzado, si fuese militar, porque ya lo estoy siendo un civil, de que, por ejemplo, los compañeros del cabo recientemente muerto en combate no hayan podido ni participar en la expedición para castigar al responsable del ataque al vehículo de nuestro ejército. ¡Vaya papelón el que se encomienda a nuestros militares! Admiro extraordinariamente la dignidad y la disciplina con la que cumplen órdenes tan escasamente atractivas como las que reciben de nuestro Gobierno.

Los ejércitos del mundo entero, también en las democracias, sirven para mantener la paz, pero, sobre todo, para defender con las armas a la Nación y para protegerla de sus enemigos, y de los enemigos de la democracia, que no son pocos a día de hoy. Pues bien, en este orden de cosas, el Gobierno se ha comportado siempre de manera reticente, adoptando medidas que, aunque se inspiren en otras razones, en la práctica han seguido siempre la máxima pusilánime de que hay que evitar, a todo trance, el enfrentamiento, una conducta que tendrá las virtudes y ventajas que tuviere, pero que difícilmente podrá gozar de admiración entre militares que han de formarse, y hay que esperar que esto no se cambie, en principios de inteligencia y democracia, pero también de sacrificio, de gallardía, de valor y de honor, además de, por supuesto, en virtudes patrióticas. Estos temas le enervan al Gobierno y, como los militares no pueden hacerlo, sus allegados le silban. Y yo también, aunque Gallardón piense que estoy mal educado, entre otras cosas porque, antes que ser cobarde, prefiero ser grosero.