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miércoles, 14 de octubre de 2009

El Nobel de Obama

Hay ocasiones en que la realidad imita a la imaginación. El primer Premio Nobel que fue presidente de los EEUU no ha sido Barack Obama, sino una especie de Obama blanco y de ficción, el protagonista de la magnífica serie El lado Oeste de la Casa Blanca, que, antes de llegar a la presidencia, había obtenido el Premio Nobel de Economía. Me llama la atención la coincidencia porque, entre otras cosas, ambos Nobel son, en cierto modo, espurios, no son otorgados por la misma Academia Sueca y no remontan su existencia hasta la fundación de los premios por el físico nordico.

Son, junto al de literatura, los Nobel más políticos y más discutibles y, por ello, se pueden dejar llevar por una tendencia malsana que ataca a muchas instituciones premiadoras, a saber, dar los premios de tal modo que el premio recae en la institución antes que en el premiado. Me parece que eso es lo que pasa en este caso, y en muchos otros bastante cercanos para nosotros. Piénsese, por ejemplo, en lo que hubiera pasado si el Premio Nobel de la Paz hubiera ido a parar, por ejemplo, a un médico nigeriano que se hubiese distinguido por sus trabajos en comunidades racialmente enfrentadas; seguramente habría sido un premio infinitamente más merecido, pero la noticia no habría ocupado ni la centésima parte de lo que lo ha hecho la del Nobel Obama. Es decir, el Parlamento noruego, ha decidido hacerse un homenaje y ha contratado a Obama como figurante.

Forma parte de la naturaleza de las cosas el que ocurran desviaciones de este tipo. Al fin y al cabo es, por otra parte, un ejemplo perfecto de un fenómeno muy bien conocido al que Robert K. Merton bautizó como efecto Mateo, recordando aquello de que “al que tiene se le dará, y al que no tiene no”, es decir la tendencia a acumular honores en los que ya han obtenido los primeros. Se trata, en el fondo, de un caso de pereza, es mucho más fácil descubrir lo que todos creen saber, lo que les confirma como muy listos, que sacar a la luz algo que nadie sabe. Obama es irresistible para los comodones.

6 comentarios:

Karim Gherab Martín dijo...

Totalmente de acuerdo.

El caso me recuerda al premio Príncipe de Asturias que ganó Fernando Alonso en 2005, cuando aún no era campeón de nada.

Hace tiempo que dejé de creer en los Nobel y, aún mucho menos, en los Príncipe de Asturias.

Obama, al menos, podrá presumir de premio siendo joven, no como el resto de premios, que los dan casi en el lecho de muerte...

Karim Gherab Martín dijo...

... por eso es muy probable (aunque espero equivocarme) que el físico español Juan Ignacio Cirac no lo reciba hasta dentro de20 o 30 años.

Por otro lado, me hacen gracia algunos artículos y columnas (y creo que alguna editorial) que he leido, en los que apoyan el premio otorgado a Obama porque, según dicen, es un modo de alentar el cambio prometido.

No conozco ningún físico, químico o biólogo al que le hayan dado un Nobel por lo que prometía. Es más, en física, por ejemplo, no se dan Nobel a estudios teóricos, por muy buenos que estos sean, hasta que no se confirma en experimentos contrastados o en una variedad de aplicaciones prácticas (como es el caso del Nobel de Física de este año, por cierto). Vamos, lo mismito que los Nobel de Economía...

Anónimo dijo...

Esnobismo, puro esnobismo. Eso es Obama tanto en América como fuera de ella. Su actitud de vendedor de televisión, su aspecto de predicador de televisión, siempre la televisión por medio, como mero producto mediático que es, es la igmagen precisa que necesita el nuevo esnobismo.

Hasta el Rey quiere ir a verlo.

Karim Gherab Martín dijo...

No sé si Obama tiene actitud de vendedor y aspecto de predicador. Dejando a parte todo el marketing que le acompaña, a mí me parece un tipo muy inteligente y un excelente orador. Y me parece que Obama no se habría dado el premio Nobel a sí mismo de haber sido parte del jurado.

José Luis González Quirós dijo...

Creo que Karim tiene razón y Obama no se dará el PN a sí mismo, cosa que otros harían. El problema que plantea Obama es si resulta peligroso que alguien con su indiscutible calidad como líder se dedique a "vender" políticas que únicamente refuercen su liderazgo, en apariencia al menos, pero que no sean viables ni convenientes. En resumidas cuentas, Obama va a ser un buen laboratorio para distinguir el liderazgo aparente del. digamos, ideal.

Teresa dijo...

Pues yo como ya estoy harta de tanta chorrada y gilipollez, espero que me permitan la expresión, en plan sarcástico. Reclamo en premio nobel de química para mi hija, que este año empieza la carrera, bueno el grado, por el gran potencial intelectual que puede llegar a demostrar, (o no). Pero es que Obama también nos puede salir por peteneras