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viernes, 6 de noviembre de 2009

Miró al soslayo

Una buena parte de españoles, salvo víctimas de la ESO, recordarán con facilidad el final del soneto cervantino que da título a esta columna, y que describe la feliz decepción tras lo que se adivinaba como una gran bronca: una gran expectación que parece desvanecerse en el aire. ¿Eso es lo que ha pasado en el Comité ejecutivo del PP? Los primeros ecos del conclave, habitualmente silencioso, allí donde al parecer se debe hablar y nadie habla, registran, por el contrario, una situación de espadas en alto, una Aguirre ausente para que se pueda hablar con libertad del vómito, y un temeroso Cobo que se reafirma en la perversidad de la presidenta, y corre solicito a refugiarse en la lealtad al líder máximo. Todo un espectáculo frente al que, sin embargo, habría que rebajar el tono de las plañideras.

Muchos adoptan ante las rencillas políticas el mismo tono pusilánime que pudiera tener un marciano asustadizo ante la viril entrada de un defensa a un delantero, en un partido enconado, pero la verdad es que, sin gresca cara al público, no hay otra política que la totalitaria. Lo que aquí ocurre es que hay muchos políticos que pretenden que el partido lo ganen los árbitros, que nadie diga nada, y que todos vayamos a votar disciplinadamente y en silencio. Rajoy parece propugnar alguna variante de esta política sin conflicto ni argumentos, tal vez porque suponga que tales minucias, ¡precisamente estas! pudieren apartarle de la Moncloa. Muchos españoles, acostumbrados, únicamente, a aplaudir a los unos o a los otros, no parecen soportar fácilmente según qué discrepancias, pero deberían ir aprendiendo a hacerlo, pues es la única garantía de que no pierdan del todo el control de sus asuntos.

Me parece que las diferencias entre Aguirre y Gallardón son, por lo demás, perfectamente serias. Eso es lo que creen, por cierto, la inmensa mayoría de los militantes del PP de Madrid, unos ingenuos que creen que algo tendrían que decir en esto. Pero en el PP se ha producido un fenómeno curioso y es que, ante la pérdida, perfectamente real, de poder nacional frente a las taifas regionales, algunos piensan que la solución está en ningunear a la organización madrileña; pareciera como si los dirigentes nacionales del PP, se hubiesen convertido a esa estúpida idea de los nacionalistas según la cual, no hay separatistas sino separadores; llevados de esa asombrosa presunción, algunos genoveses pretenden algo así como que Madrid (no, al parecer, el amantísimo ayuntamiento) sea el culpable único de la mala imagen del PP, y que conviene, por tanto, que en Madrid no haya otro partido que el que encarne la dirección nacional; así que, por procedimientos tan oscuros como torpes, esa dirección pretende mangonear Madrid a través de un personaje que no fue capaz de sacar un porcentaje digno de los votos en un congreso bastante más abierto, todo hay que decirlo, que el de Valencia. Madrid no ha pedido un estatuto homologable a nada, ni quiere embajadas, pero es una Comunidad que se merece un respeto que algunos no profesan, y en la que gana las elecciones un partido perfectamente coherente y organizado.

Hablamos pues, de problemas políticos perfectamente reales, como puede comprobar cualquiera que examine mínimamente las políticas del ayuntamiento, con más déficit que ZP, y las de la Comunidad. Pero el PP nacional parece lleno de gente a la que la política de verdad les da risa, de tan cercana que ven la toma de la Moncloa. Rajoy no debería caer en el error de minimizar esas diferencias políticas, y debiera tener alguna opinión sobre ellas, para que los demás pudiéramos hacernos una idea de lo que pretende. Si se trata de refugiar en la disciplina, en la prohibición y en pelillos a la mar, se equivocara, de nuevo, y de medio a medio, un desliz que no logrará tapar con otro buen discurso.

Por detrás de todo esto, está, sin duda, la persistencia en el seno del PP de un viejísimo enfrentamiento, con los matices que se quiera, entre populistas-gastones, que son de derecha más que nada por cuna, y liberales austeros, que pretenden una cosa un poco absurda para los primeros, a saber, que la política se base en ideas. Se trata de diferencias que tal vez pudiesen enriquecer un proyecto, pero que no debieran ocultarse bajo la alfombra.

Además de política, en los partidos deben imperar las buenas maneras y el respeto a las normas; supongo que Rajoy no dejará pasar el exabrupto del visir gallardoniano; Esperanza Aguirre ha dado ejemplo de sobrada buena disposición en todo este asunto, pero sería excesivo pedirle ataraxia frente a una minimización del salivazo de Cobo. Hay señoritos que creen poderlo todo, y es hora de que se enteren de que también ellos tienen que respetar ciertas reglas. No vale decir esto es lo que hay, porque es algo que no debiera consentirse de ningún modo. El valentón cervantino salió indemne porque los sonetos son cortos, pero la historia es larga y pondrá a cada uno en su sitio.

Publicado en El Confidencial]

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Con perdón, Rajoy y los genoveses son unos bobos, y pensar que el bobo solemne era Z.

Si en las próximas autonómicas el hace las listas y quita a Esperanza y su gente (Esperanza no se vá a dejar colocar nuevos pufos gürtelianos, que tonta no es) perderán la comunidad. Esto es así le guste a unos o disguste a otros.

Si deja que Esperanza y Cía vayan, se desacredita a si mismo, porque queda demostrado que el no puede hacer las listas. Además lo mas probable es que gane. Si la deja y quiere hacerle la cama para que no gane, aún sacará mas votos y quedará aún peor.

En Madrid capital con Gallardón ocurre lo opuesto. Su presencia y las de sus amigos es un lastre.

Esto ocurrirá así pese a Arriola y al País.

Con dirigentes así que en asuntos tan sencillosde meten la pata hasta al corbejón es imposible que hagan nada bien.

Yo lo tengo claro, en unas nacionales a cara de perro entre Z y Rajoy no daré mi voto al PP con la excusa del voto útil.

Está claro que Rajoy no sabe mandar.

Váyase cuanto antes ¿señor? Rajoy y que los militantes que hayan pagado sus cuotas elijan sin intermediarios.

Anónimo dijo...

Primero habrá que ver si Rajoy llega a las elecciones generales al frente de la nave del PP.

José Luis González Quirós dijo...

Para Anónimo 1: El voto útil es un engaño, pero es algo más, es una de las "trampas" del sistema proporcional. Nosotros tenemos un sistema electoral diseñado en un gabinete para satisfacer las conveniencias de la situación a finales de los 70; la verdad es que no era fácil elegir, y lo que se escogió no ha ido del todo mal, pero, al cambiar el panorama electoral, el sistema se ha vuelto un corsé muy disfuncional. La única forma de arreglarlo es lograr un pacto de los dos grandes partidos que se ve difícil, de momento. Mientras tanto habría que centrarse en que el PP fuere un partido realmente democrático y deje de ser una herencia.

José Luis González Quirós dijo...

Para Anónimo 2. Ese es el problema, que la política del PP está al servicio de que MR llegue, dando por supuesto que se gana de manera inevitable, y eso dista de ser evidente.