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domingo, 22 de noviembre de 2009

Una política sin aliento

Decía Ortega respecto de la universidad española de su tiempo que era un lugar de crimen permanente e impune. Me ha venido el recuerdo a la cabeza al pensar en cómo está el debate político entre nosotros; a mi modo de ver, peor, mucho peor que la universidad orteguiana, e incluso que la nuestra.

Es tremendo que una parte muy importante de los que emiten juicios en público, de los que se suponen que tienen alguna autoridad, hablen sin saber muy bien lo que dicen, a derecha y a izquierda. Nuestra clase política está enferma de rutina.

Tómese, como ejemplo, el análisis de las supuestas medidas para combatir la corrupción en las que anda enzarzado el PP. Es cómico, si no fuera realmente de llanto. Lo primero que tendría que hacer un partido que de verdad quisiera acabar con la corrupción es empezar consigo mismo, y dejarse de mirar a los demás. Son los propios partidos los que están corrompidos cuando, por ejemplo, sostienen alcaldes cuya política, y no me refiero a ningún municipio pequeño, nada tiene que ver con con lo que el PP debiera defender y representar; también se corrompen cuando se toman a broma el mandato de la democracia interna, o cuando se nutren de fondos que saben que no son legales ni decentes. ¿Para qué seguir? En política, la moral del éxito a cualquier precio es enteramente incompatible con la decencia, así que la corrupción es, de momento, un fruto sazonado del sistema.

La democracia española está en el peor momento de su corta y no muy gloriosa historia. España sufre una epidemia de mentira, de falsedad, de disimulo, de hipocresía y de fantasías estúpidas que no tiene parangón. Si esto no se arregla desde dentro, a no mucho tardar tendremos que lamentarlo. No basta con querer que ganen los nuestros para que las cosas mejoren; es mucho más necesario que los nuestros lo merezcan, y, de eso, muy pocos se acuerdan. Estamos en la hora de todos, y cada vez valen de menos las disculpas. Si ahora no sabemos responder con generosidad y arrojo, nuestros hijos y nietos escupirán con toda razón sobre nuestras tumbas.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

me podrái considerar una persona de derechas en el sentido clasico, ademas aunque en mi entorno conozco muchos socialistas burgueses, rive gauche o comose los quiera llamar, en el fondo son tan de derechas como yo.
Mis padres son los dos licendiados, mis trees hermanos y yo también licenciados en carreras como ingenieríam medicina,... mis abuelos ingenieros y abogados, etc.
Nunca hemos medrado al amparo de la administración, sea la que sea.
En cierta manera algunos nos podrían decir que somos unos pijos, aunque desde que teníamos 16 años nos hemos buscado la vida, bien dando clases particulares, canguros, etc...
Aunque no dudo de la valía personal de algunos cargos del PP por mal que me caigan, vease Soraya, Mariano, etc, no creo que alguien llegue a ser registrador, o abogado del estado porque sí, y repito que me caen bastante regular.
Por desgracia he tenido que conocer a muchos "niños mal de casa bien", los típicos inútiles que en el coloegio repetían sin pausa, luego en la universidad medio aprovaban copiando (medio aprovaban porque muchos ni acabaron), solo sobrevivían porque papá les coloacba en algún sitio y mamá les toleraba todas las gracias.
Averigüen ustedes en que partido han acabado colocados (PP) y en que puestos (siempre relacionados con urbanismo y subvenciones y coros y danzas), con los mas horteras y arribistas allí estaban ellos. Al principio pensé en como semejantes cenutrios podían llegar a tener semejantes responsabilidades, se me decía que siempre era conveniente que la mano izquierda no tenía que conocer lo que hacía la derecha.
Yo comentaba que antes o después acabaría por reventar el asunto, pero como era la época post Felipe todo el mundo se hacía el loco.
Viendo tanta basura me alejé del PP me alegro. El PSOE que haga lo que quiera pero yo no quiero que los míos sean una pandilla de mafiosos timoratos.

QUE RAJOY LO SEPA: PAR QUE NOS GOBIERNE UN CORRUPTO PREFIERO QUE NO SEA DE LOS MIOS; Y COMO YO PIENSA MUCHA GENTE.

Que eche de una vez a Bárcenas y Gallardón y luego que dé las lecciones que quiera.

José Luis González Quirós dijo...

Para anónimo. Si los partidos no empiezan por ser exigentes con sus dirigentes y respetuosos de las leyes no pueden exigir fidelidad a nadie, es evidente, solo a los interesados y la mayoría de los ciudadanos no estamos en ese caso.