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lunes, 15 de febrero de 2010

Confundir la velocidad con el tocino

En diversos foros se ha hecho referencia a un informe sobre los riesgos de la perdurabilidad de los archivos digitales. Se trata de un problema serio, sin duda, pero varias de las cosas que he leído se remiten a confusiones interesadas, incurren una vez más en la necia glorificación del papel y de la imprenta.

Me parece que es muy importante diferenciar claramente tres cuestiones. En primer lugar, se afirma que los documentos digitales son mucho más vulnerables al paso del tiempo que los documentos impresos, porque los medios de comunicación en la que se encuentran almacenadas son fácilmente afectados por fenómenos físicos, como campos magnéticos, la oxidación, el deterioro material, y por diversos factores ambientales que pueden borrar la información. Si los soportes en papel fuesen eternos e imborrables, entendería la crítica, pero, puesto que no lo son, lo único que parece claro es que hay que ser cuidadosos con los archivos digitales, pero nada más. Sabemos lo que dura el papel, pero todavía no sabemos lo que duran los soportes magnéticos, aunque, a cambio, tienen la increíble ventaja de que nos permiten copias continuas y extraordinariamente baratas que renuevan la duración de los soportes. Realmente hay que ser un poco raro para ver desventajas del archivo digital por este lado.

En segundo lugar, se comete una falacia realmente curiosa cuando se argumenta que la información digital puede no ser entendida por las generaciones futuras. Naturalmente, pero la información en papel también tiene el mismo problema. Bastará con recordar que, como escribió McIntyre a propósito de la objetividad en la lectura de los textos antiguos, “la noción de una traducción intemporal perfecta carece de sentido”. Lo que hará difícil la lectura de nuestros textos digitales a unos supuestos humanos de dentro de 3000 años es lo mismo que nos hace difícil hoy la lectura de textos griegos: nada que ver con el soporte, sí con la historia de la lengua.

Por último, es evidente que puede resultar conveniente no abandonar el archivo de soportes analógicos para garantizar mejor que la información seleccionada sobreviva, pero es una idiotez decir que eso supone hacerlo independientemente de la tecnología, como si la imprenta no fuera una de ellas. Está claro que algunos creen que la imprenta y el papel son dones de los dioses y la era digital un invento de los demonios americanos.

El problema del archivo futuro es muy complejo, entre otras cosas porque cada vez hay más cosas que guardar y cada vez será más difícil hacerlo, pero con solo papel sería ya imposible.

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