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viernes, 26 de febrero de 2010

Palos de ciego

El gobierno de ZP produce una impresión penosa. Vive en un continuo desdecirse hoy de lo que dijo ayer, o de lo que ha dicho hoy mismo alguno de sus miembros. ¿Cómo explicar una conducta tan alejada del buen sentido? ¿Cómo entender que no traten de producir una impresión tan penosa? Tiene que haber gato encerrado. Me parece que una de las claves podría estar en que los gobiernos de izquierda están en su salsa, únicamente, en medio de la prosperidad general, cuando pueden repartir sin límite y sin miedo. En cambio, cuando llegan a entender que ya no quedan provisiones para sus políticas, entran en un estado de profunda contradicción. Su ideología está reñida con cualquier análisis lógico, y no se resignan a seguir cumpliendo lo que entienden como su gran misión histórica y moral.

Los balbuceos en que se traduce su política, por llamarla de algún modo, traducen un desconcierto profundo que les sirve para enviar a sus electores una señal inequívoca sobre la profunda crisis que están pasando, sobre cómo se resisten a dañar sus intereses, sus credos y esperanzas. Está claro que prefieren que todos perdamos más, con tal de no dar la sensación de que sólo los suyos vayan a salir perdiendo. Se ven atrapados en un conflicto entre sus convicciones e intereses, por un lado, y la ortodoxia racional por otro. Por eso demoran cualquier solución a la espera de un milagro, porque en el fondo prefieren el “cuanto peor mejor”: antes muertos que de “derechas”. Bueno, eso es lo que hacen cuando no pueden engañar, porque si les cabe la mentira no vacilan.

No me acusen de desestimar la mera impericia, la estupidez, porque yo también tengo mi fondo. Resulta que creo que ambas cosas se reducen a una, que no es posible ser de izquierdas, de aquella manera, sin ser un poco lelo, y que no es posible ser irresoluto e irresponsable sin tener una ideología de resguardo tan torpe como la que padecemos. Son dos caras de la misma moneda, y nos llevarán al sacrifico por su causa, porque somos mansos, y hemos aprendido a obedecer y a soportar a los que dicen representar a muchos.

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