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miércoles, 31 de marzo de 2010

Un hombre que se lleva los millones

Hay un poema de Cesar Vallejo, “Un hombre pasa con un pan al hombro”, que retrata cruel e irónicamente el absurdo de fingir la normalidad ante cierta especie de sucesos. Lo recordaré entero, porque es bellísimo:

Un hombre pasa con un pan al hombro
¿Voy a escribir, después, sobre mi doble?
Otro se sienta, ráscase, extrae un piojo de su
[axila, mátalo
¿Con qué valor voy a hablar del psicoanálisis?
Otro ha entrado a mi pecho con un palo en la
[mano
¿Hablar luego de Sócrates al médico?
Un cojo pasa dando el brazo a un niño
¿Voy, después, a leer a André Bretón?
Otro tiembla de frío, tose, escupe sangre
¿Cabrá aludir jamás al Yo profundo?
Otro busca en el fango huesos, cáscaras
¿Cómo escribir, después, del infinito?
Un albañil cae del techo, muere y ya no almuerza
¿Innovar, luego, el tropo, la metáfora?
Un comerciante roba un gramo en el peso de
[un cliente
¿Hablar, después, de cuarta dimensión?
Un banquero falsea su balance
¿Con qué cara llorar en el teatro?
Un paria duerme con el pie a la espalda
¿Hablar, después, a nadie de Picasso?
Alguien va a un entierro sollozando
¿Cómo luego ingresar en la Academia?
Alguien limpia un fusil en su cocina
¿Con qué valor hablar del más allá?
Alguien pasa contando con sus dedos
¿Cómo hablar del no‑yo sin dar un grito?

Hay algo que, leyéndolo ahora, llama poderosamente la atención, a saber, que no se refiera a la corrupción política, que no haya un verso que aluda al que abusa de la confianza que depositamos en él para enriquecerse de manera vergonzosa. Yo he recordado del poema al pensar en las noticias relativas a Jaime Matas porque me duele la aparente indiferencia con que los partidos, y en este caso el PP, tratan la corrupción cuando les afecta. Los casos son tan abundantes y tan escandalosos que no se debiera consentir que los partidos no tomasen medidas efectivas para combatir una plaga que es indigna, bochornosa, y letal para la democracia.
Los partidos abusan de la presunción de inocencia, pero sobre todo, no hacen nada para evitar que pase lo que pasa; su condescendencia con la corrupción es, en realidad, la consecuencia de una subversión de fondo del sistema, de la absoluta ausencia de democracia interna, del cesarismo y el autoritarismo de los partidos que se hayan enteramente sometidos al puro capricho de sus cúpulas. En el interior de los partidos no hay competencia política, solo rivalidades personales entre los que están arriba y sus secuaces; así no es posible evitar que muchos metan la mano donde no debieran, y mientras no se cambien los hábitos de funcionamiento de los partidos es ridículo pensar en que la honradez se vaya a imponer por su propios méritos, tan ridículo como sería dejar la casa abierta o con las llaves puestas mientras nos vamos de veraneo.

martes, 30 de marzo de 2010

Grados de maldad

Las películas sobre los errores occidentales en Irak, o, cómo algunos dirían, sobre los crímenes de Bush, son muy abundantes, porque más numerosos son aún los que desean manifestar, sin ninguna restricción, la limpieza de su alma, que ellos son mejores, y que jamás harían nada que atentase a su exigente código moral. Se trata de una viejísima costumbre de las personas decentes, que no son capaces de contener su indignación moral.
Bueno. Pues una de las muchas críticas al payaso de Bush que se pueden ver en la pantalla, es una excelente película de un personaje al que raramente se podría poner de ejemplo de casi nada, pero que suele hacer buen cine. Me refiero a Polanski y a su casi excelente El escritor. Digo que es casi excelente, porque siendo una cinta que mantiene el interés de la intriga, y que está estupendamente rodada, peca de un exceso de simplificación en la solución final, que no cuento para quien quiera verla. Uno puede admitir que la CIA tenga pocos escrúpulos y que, de vez en cuando, haga de las suyas, pero me parece que el caso excede un poco a lo que se podría considerar razonable en cuanto a la maldad.
Ya sé que la CIA no debe gozar de presunción de inocencia, pero tal vez pudiéramos repartir un poco más equitativamente las cautelas a la hora de juzgar a unos y otros. No creo que nadie pudiera escoger a Polanski en función de su ecuanimidad y de la autoridad moral que emana de su conducta y, pese a ello, le concedemos el beneficio de la duda en el caso que se trae con los jueces norteamericanos (que tampoco son exactamente el payaso de Bush).
Hay un momento central en la película en la que el protagonista se defiende vibrantemente haciendo notar que nuestras democracias propenden a perseguir a sus líderes y a santificar a sus enemigos. Algo hay de eso cuando abundan los que pretenden perseguir a Blair (que es modelo en el que se ha fijado el guión), o a Aznar, sin haber dicho una sola palabra contra las atrocidades de Sadam, de los talibanes, o de los Castro. Esta es la ventaja de nuestras democracias, que podemos oír sus argumentos y pedir cuenta a los que se han propasado en algún aspecto, porque es bueno buscar la perfección, y no perder nunca de vista las obligaciones de quienes nos gobiernan, pero sería dramático que nos olvidásemos del riesgo de que esa paja en nuestro ojo nos impida ver la viga en el ajeno.

lunes, 29 de marzo de 2010

Kindle para PC

Como cliente de Amazon he recibido un correo que me brindaba la posibilidad de emplear un programa especial para leer los libros de Kindle en el PC. No he comprado un Kindle porque no me gusta el sistema cerrado que impone a sus usuarios y la exclusividad de sus fuentes, aunque ahora ya puede aliviarse usando el dispositivo para leer textos que hayan llegado a un PC por diversos procedimientos; pese a esa posibilidad todavía no me he decidido a comprar un Kindle, y uso a plena satisfacción mi lector Papyre, como saben mis lectores, escasos pero selectos.

Sin embargo, me he descargado el programa de Kindle y he bajado alguno de los libros gratuitos (por ejemplo, On the Duty of Civil disobedience de J. D. Thoreau, que es un auténtico placer) de la biblioteca digital de Amazon&Kindle y tengo que decir que el programa es estupendo, que la lectura es muy grata (siempre dentro de la molestia de las pantallas de PC) y que no descarto usarlo para leer y consultar en el PC mis libros digitales, una vez que haya sucumbido a la compra del Kindle y los haya pasado a través del PC, pero algo es algo.

domingo, 28 de marzo de 2010

La hora del planeta

Ayer, unas cuantas ciudades hicieron el ridículo de manera coordinada al apagar algunas iluminaciones monumentales bajo la advocación de una supuesta hora del planeta. Todo es grotesco en una iniciativa como esta, pero es el tipo de espectáculo pretencioso que permite a algunas empresas, como Telefónica, por ejemplo, asomarse al exterior presumiendo de estar a la moda en cuanto a conciencia.
La estupidez nunca ha escaseado en parte alguna, ni en ningún momento, pero jamás ha sido tan celebrada como lo es ahora. Es realmente curioso que una cultura que tantas veces presume de ser crítica y científica, de haber superado los mitos del pasado y el poder de las supersticiones, haya dado lugar a manifestaciones tan solemnes y necias de debilidad intelectual, de cursilería y pretenciosidad.
No pretendo saber nada especial sobre el cambio climático, o sobre el calentamiento global, pero me parece evidente que esas cuestiones se usan como añagazas para que la población aprenda a seguir mansamente cualquier clase de consignas. Es evidente que la globalización ha creado un escenario especialmente apto para la propagación de la necedad, pero me parece más evidente todavía que hay que resistir, tan bravamente como se pueda, el empuje de la tontería y de los nuevos dogmatismos, de esas estúpidas religiones que ahora se llevan. Y, de paso, no estaría mal que empezásemos a castigar a las compañías que, como Telefónica, pretenden apuntarse a este bombardeo para mejorar su imagen de modo que puedan ocultar con mayor facilidad las múltiples mañas que emplean para abusar de los consumidores y burlarse de sus obligaciones con los clientes.

sábado, 27 de marzo de 2010

Acto final, el desvelamiento

El triple laberinto en que ha venido a parar la industriosa y telegénica actividad judicial de Garzón, esta sirviendo para desvelar muchas cosas de las que nadie se atrevía a hablar. Estamos asistiendo a escenas memorables, a momentos en que, desprendidos de sus disfraces, muchos se quedan en cueros. Los partidarios de que Garzón esté para siempre y por derecho más allá del bien y del mal, por encima de cualquier ley, ya no saben qué decir. Sólo un supremo esfuerzo de voluntad, un empeño en la movilización, les está dando esa energía agónica que, ordinariamente, concluye en el ridículo, porque nada hay más necio que el despelote cuando se ha ejercido siempre de maestro de ceremonias, de arbiter elegantiarum.
En esencia los argumentos de los garzonistas se reducen a proclamas literalmente orwellianas, sin ironía, de forma desnuda, como si no hubiesen leído al inglés.
El primer argumento es contra la igualdad. Garzón es más igual que los demás, de manera que no puede ser juzgado como un igual, ni por los iguales.
El segundo argumento es contra la ley, porque si la ley sirve para culpar a uno de los nuestros, no es una ley, sino una infamia. En cierto periódico añoran los tiempos en que, Garzón mediante, se pudo poner en píe semejante principio para mayor gloria de su dueño.
El tercer argumento es intencional. Esta vez olvida no a Orwell, sino a Juan de Mairena, al que, de todos modos, tenían ya muy olvidado. La verdad solo es la verdad cuando la diga Agamenon o bien, en su caso, el porquero, según se establezca, pero quedando claro que nunca puede haber una verdad que esté por encima de la distinción, que afecte a los que son más iguales, a los nuestros, a Garzón.
Que puedan sostener todo esto sin que se derrumben es, seguramente cuestión de tiempo, aunque, como todos los fanáticos, persistan en sostener que, en realidad, es cuestión de bemoles. Es este refugio en el bunker de la insolencia y la fuerza bruta lo que me parece más revelador, más dramático.
Que parte de sus desgracias, aunque no todas, tengan su origen en demandas de grupos que se sienten herederos de doctrinas que pretendían que a los pueblos los mueven los poetas, no deja de ser enormemente irónico. Ese aire de justicia poética, que a veces adorna el final de algunos bribones, es, en todo caso, irrelevante, porque después de las fantochadas de la justicia retrospectiva, vendrán las cartas amistosas sugiriendo elegantemente contraprestaciones intelectuales a precio de saldo, y el pisoteo de los procedimientos y las garantías por sus guardianes.
¡Qué espectáculo ver a quienes presumían de ser los más ardientes defensores de la democracia ciscarse en sus proclamas! ¡Qué lección de realismo ver a los poderosos de antaño y sus corifeos de hogaño defender a sus perros guardianes y olvidarse de la seguridad pública! ¡Qué carnaval tan prodigioso! ¡Qué alegría va a dar ver en la calle a las fuerzas, sindicales, por supuesto, del progreso y de la cultura pasando revista por la asistencia para evitar el descuelgue de los más tímidos!
Tampoco conviene que exageremos el festín que nos espera, porque lo mismo interviene ZP, con o sin ayuda de Chavez, y emite un ukasse para que nada sea lo mismo que parecía ir a ser. Son expertos en hacerlo, y lo mismo hay cualquier sorpresa, aunque parte de los especialistas en maniobras en la oscuridad y en efectos pirotécnicos no sean precisamente entusiastas del vilipendiado.

viernes, 26 de marzo de 2010

¿Un país descabezado?

Cesar Alonso de los Ríos afirma en Factual que España es un país descabezado. Sin disentir del diagnóstico, me pregunto cuáles serán las causas. Mejor dicho, no haré preguntas que puedan sonar a retórica. Me referiré a una noticia que ayer contemplé en el Diario de la noche de Telemadrid, por si de ahí se puede sacar alguna conclusión sobre el descabezamiento. La estupenda Ana Samboal le hacía una entrevista a Jesús Neira, un personaje que, imagino que muy a su pesar, está a medio camino entre la prensa rosa, el batiburrillo político y la Teoría del Estado, como él la llama. El motivo era la publicación reciente de un libro del profesor Neira, España sin democracia. ¿Cómo es posible que se piense que el país está descabezado si nada menos que un Telediario entrevista al autor de un libro sobre una cuestión tan palpitante? Me temo que Cesar debería revisar su diagnóstico. Un país en el que un profesor es inmediatamente entrevistado en uno de sus telediarios de referencia, a nada que publica un libro en una editorial prestigiosa, no es un país descabezado, no señor.

jueves, 25 de marzo de 2010

El Marqués del Bernabéu

Buena parte del siglo XIX estuvo marcado por los manejos del Marqués de Salamanca, un personaje que se hizo de oro en su camino de la política a los negocios llegando a reunir una de las fortunas más colosales de la época. Es curioso que dos de sus características básicas, el engarce político y el negocio inmobiliario, estén presentes en varios de los personajes que han hecho su agosto en la democracia. Se ve que, en muchos aspectos, se puede decir que todo ha cambiado para que todo siga igual.
Nuestra democracia empieza a exhibir algunas de las lacras que minaron la imagen de la Restauración, que impidieron la maduración y consolidación de una democracia liberal sólida, y que, a su modo, hicieron posible el desastre de la República y, después, la guerra. Los que creemos en la libertad y en las posibilidades de una democracia española, tenemos serios y abundantes motivos para preocuparnos por muchos de los fenómenos que atenazan la política española, por la miniaturización de la democracia que consienten y promueven las cúpulas de los partidos, por la colisión entre las oligocracias y los poderes económicos, por la insólita fecundidad del cainismo ideológico, y por el desparpajo con el que los poderes de facto perpetran sus fechorías al margen de cualquier debate, sin la menor trasparencia y con absoluto desprecio de la opinión pública.
Ayer fue un buen día, en medio de tanto desafuero.  Ocurrió que,  sin que yo sepa muy bien cómo, una cierta rebelión  de algunos diputados de por aquí y de por allá impidió que se colase de rondón la llamada “enmienda Florentino”, una modificación aparentemente menor de ciertas normas de las sociedades anónimas capaz de alterar profundamente el equilibrio de poder en el seno de algunas de las grandes empresas españolas. El gobierno que apoyaba la jugarreta tuvo que replegar velas. Fue uno de eso días en que pareció que el Parlamento pudiera servir para algo.
Confieso que no me siento capaz de argumentar ni a favor ni en contra de la tal enmienda, que no me atrevo a decir si es razonable o no que las cosas sigan como están, o que cambien. La cuestión, que será importante, sin duda, no es esa.  Lo importante es que, aunque sea solo por un día, el Parlamento dio la sensación de que no era una mera caja de resonancia de lo que se decidía en Moncloa y que, por esta vez, los genios de la negociación por debajo de la mesa, parecían quedar burlados. Veremos, no obstante en qué acaba la cosa.
Se trata de una pelea entre grandes saurios, apenas hay duda, de manera que sería muy ingenuo convertir este enfrentamiento en una batalla entre el bien y el mal, pero, a pesar de los hábiles visitadores y de sus infinitas tretas, por un momento le hemos visto el gaznate a uno de esos poderes en la sombra que nunca dan la cara, que se limitan a mandar y poner la mano para acrecentar sus fortunas, mientras se ciscan en la democracia, en el derecho y en el bien común. Siempre han existido y siempre existirán, siempre habrá marqueses de Salamanca que transiten del Banco al Palacio,  y del Palacio al Banco, sin ningún escándalo de la Monarquía que jamás ha existido  para promover la decencia y la equidad en los negocios, pero que una democracia que se precie mire para otro lado es un síntoma gravísimo de deterioro mortal. Ayer nos libramos de milagro de otro fichaje estrella del Marqués del Bernabéu, pero veremos lo que dura. 

miércoles, 24 de marzo de 2010

El arbitrismo y la política

El DRAE ofrece una definición excelente del arbitrista: “Persona que inventa planes o proyectos disparatados para aliviar la Hacienda pública o remediar males políticos”. ¿Les suena? Una de las primeras críticas al arbitrismo se encuentra en la literatura política de Quevedo, en su burla de los "locos repúblicos y razonadores" que, ante un panorama desastroso pergeñaban remedios sencillos e infalibles, pero perfectamente inanes.
El arbitrismo común es una mezcla indiscernible de bondad e ignorancia, un intento, meramente verbal, de acabar por las bravas con las cosas que van mal; si no llega a plaga, es un mal de naturaleza relativamente benigna, cuyo mejor diagnóstico está en la definición de Mencken: “Hay una solución fácil para todo problema humano: clara, plausible y equivocada”.
Lo peculiar es que ahora el arbitrismo se ha instalado en el Gobierno lo que no hace sino potenciar el más negro de los pesimismos. La gente sabe bien que los ciudadanos se pueden permitir las salidas de pata de banco, porque todo queda en un desfogue sin consecuencias, pero siente la tenaza del terror en torno a su cuello cuando ve que el gobierno desvaría, que sigue diciendo bobadas y esperando a que otros nos saquen del bache en que él nos ha metido.
Zapatero ha gobernado este país durante seis largos años con el manual del arbitrista creativo en la mano, lo que le ha llevado a actuar, como si su palabra fuese milagrosa. ZP no ha dejado nunca que los expertos le expliquen nada, de modo que siempre ha estado listo para decir cualquier cosa, para negar la crisis, o para afirmar que ya está acabando cuando apenas ha empezado. Mientras duró la cara amable de la economía, el arbitrismo de ZP podía ser visto como algo relativamente tolerable. Daba lo mismo que el gobierno perdiera el culo gallardamente saliendo de Irak (intentaron darle medallas, imagino que pensionadas, al ministro-jefe de la operación), o que se propusiera una célebre alianza de confusiones. Todo iría bien mientras la fiesta continuase. Y así cayeron sobre nosotros los tripartitos, los procesos de paz, una serie de maravillosas leyes sin fondos, el bachillerato sin exámenes, una política exterior surrealista, las subvenciones hasta para pedirlas… y la paz sindical.
Dada la situación en que nos encontramos no debiéramos extrañarnos de que, con el ejemplo risueño del presidente, el arbitrismo de los españoles esté alcanzando cotas memorables. Tanto quienes le votan como quienes le detestan han sido envenenados por la flojera mental de nuestro líder.
A una porción cada vez más alta de españoles les aburre la política y están empezando a no esperar nada de ella, pero no se dan cuenta de que esa actitud es la que proporciona un fundamento muy sólido al comportamiento rácano de los políticos, a que se dediquen a ver cuándo pasa el cadáver del enemigo, mientras la gente lo pasa realmente mal. Esto nos ocurre por haber empezado la casa por el tejado, por haber aplaudido con exceso a una democracia con serias limitaciones, por tolerar un partitocracia descarada y abusiva. Hay que volver a empezar, desde abajo, sabiendo qué queremos defender y qué combatimos, pero no hay otro remedio que hacerlo a través de los cauces actuales, por atascados y estrechos que sean. Hay que romper con la tendencia a degenerar que se apodera de nuestras instituciones, y hay que hacerlo presionando a los partidos, desde dentro y desde fuera, y creando un nuevo tejido ciudadano y político capaz de romper con la política ritualizada y sin nervio que se lleva en España.
Tenemos por delante dos caminos; el uno lleva a la continuidad, a cohonestar el paquete de desastres que se han hecho contra la libertad y el buen sentido; el otro es más exigente porque supone que los ciudadanos se movilicen, que aprendan a defenderse, que no se conformen con aplaudir, y no den su voto de manera rutinaria siempre a los mismos. Hay que aprender a castigar en las urnas para que los políticos, que no son tontos, caigan en la cuenta de que sus poltronas están en riesgo, y que pretendemos obligarles a ganarse el sueldo.
Se trata, pues, de hacer política, de trabajar desde donde se está por un país más decente, más libre y más eficiente. Los aparatos de los partidos no tienen la exclusiva de la política y, además, son miedosos, temen que se acabe el chollo, pero los ciudadanos no tenemos nada que perder. Solo desde abajo, con el empeño de quienes no quieran consentir los abusos, se podrán hacer de verdad las graves reformas que el país necesita, y que los políticos tratan de evitar.
No conviene olvidar que la política es siempre un reflejo de la sociedad y que, cuando no nos guste lo que vemos, no hay que romper el espejo, sino tratar de arreglar la realidad que refleja. Ahora estamos en un período de calma chicha, pero lo que no se haga ahora no servirá luego, cuando las urnas recuperen todo el espacio y otra vez haya que votar con la nariz tapada.

martes, 23 de marzo de 2010

Zapatero ataca de nuevo

El Presidente de todos los españoles ha visitado Cataluña para inaugurar algo que todavía no funciona, así que no se acuse al gobierno de lentitud. A su llegada alguien le ha preguntado si traía algún “regalito”, se ve que cae bien por allá. Me temo que esta vez no se haya llevado nada, porque hasta un manirroto como éste tiene, de vez en cuando, que caer en la cuenta de que se ha quedado sin blanca; sin blanca, puede, pero sin labia, ni muerto: así pues, a falta de donativo, debió de pensar que bien pudiera valer un chascarrillo político, de manera que su boca profirió una de esas sentencias que le han hecho justamente famoso declarando que “no le produce "inquietud" que Cataluña se defina como nación en su Estatut”, para decir a renglón seguido algo confuso que parece significar lo contrrario.
Hay que reconocer que, en circunstancias normales,  sería  reconfortante tener un presidente que no se inquiete por nada. Pero si la situación es de zozobra, como lo es, un imperturbable tiene mucho peligro, y ese es el caso. Tan no se inquieta que no se entera de nada, que va por el mundo subido en sus monsergas y tan pronto afirma que no hay crisis económica como que ya (¿cuándo, según él?) hemos pasado lo peor. En realidad, que Zapatero no se inquiete resulta inquietante, porque indica que la Constitución le da algo de risa, sobre todo si se quiere emplear para poner freno a sus caprichos. Claro que a estas alturas ya sabemos que a Zapatero las ideas le sirven para hacer trabalenguas y que no se toma en serio nada, salvo su poder. La Constitución española dice lo contrario, exactamente lo contrario, de lo que dice el Estatut y ya va siendo hora de que el TC se moje, aunque se inquiete Zapatero. 

lunes, 22 de marzo de 2010

Galeanos de todos los países

He visto hace unos días Eduardo Galeano en una tele, pontificando, como es lógico. Galeano parece un tipo valiente, de manera que no se privó de informar a los que estábamos viéndolo de lo injustos que estamos siendo en España con el juez Garzón. Tomen la lección de un gran sabio, de uno de esos que solo habla de lo que saben. La verdad es que estoy de acuerdo, pero al revés. Me parecieron admirables la sinceridad y la audacia de Galeano al mostrar sus simpatías pro Garzón en una de las teles del grupo Prisa. ¡Qué bonito es acudir en auxilio del vencedor cuando estamos en su casa!
La entrevista me hizo acordarme de algo que me llamó la atención al leer un libro de Galeano sobre el fútbol. El libro es un rimero de anécdotas más o menos hiladas que no ocultan del todo la admiración galeana por este juego. Esta escrito como una especie de almanaque. Galeano hace un alto algo más amplio que el que hace tras cada capítulo a la hora de introducir la conmemoración de cada uno de los mundiales. El autor se suelta el pelo con ese motivo y nos da unas gotitas de su visión más general, de cómo está el mundo y esas cosas.
Lo que me llamó la atención es que, a partir de los sesenta, repetía en cada repaso a uno de los mundiales una frasecita pretendidamente irónica y mordaz con la oposición a Castro. Pensé que, al acercarse al presente, Galeano se tomaría más distancia con la obra de Fidel, pero no, sigue haciéndole los coros.
Ya dije que Galeano me parecía un valiente, y esta fidelidad a Fidel lo demuestra, casi tanto como atreverse a hablar bien de Garzón en la tele de los Polancos. Da gusto ver a estos izquierdosos valientes y sinceros remar siempre a favor del agua. Lo que nunca entenderé bien es porque no se han ido todos a Cuba a trabajar para el partido o para el propio Fidel; supongo que tendremos que pagarles el sacrificio que han hecho por nosotros quedándose en sociedades capitalistas que se atreven a juzgar a jueces de su cuerda.

sábado, 20 de marzo de 2010

Manifiesto por la libertad en Internet



El Gobierno ha aprobado en su reunión de Sevilla la ley propuesta por la señora González Sinde que facultará a su Ministerio para cerrar páginas web mediante un procedimiento rápido y efectivo. Este proyecto atenta contra una libertad que es más importante que el supuesto derecho de los autores a cobrar por cada copia de sus obras o, incluso, por cada acto de lectura de esa copia. No deja de sorprenderme que personas supuestamente de izquierda defiendan con tanto ahínco una forma de propiedad tan discutible. Se ve que les pesan más los duros que las ideas, aunque se digan defensoras de Castro, o precisamente por eso.
La lucha contra esa ley es una lucha contra una forma moderna de privilegio, no menos rechazable que cualquiera de las viejas. Reproduzco, por tanto, el Manifiesto que ya coloqué en este sitio al comienzo del movimiento de rechazo de la ley que promueve un gobierno que se muestra tan insensible a las libertades que dan vida, interés y beneficio, a Internet y a tanta gente, para proteger los intereses egoístas de unos pocos que, en realidad, no saben entender hacia dónde va el mundo y tienen miedo.
MANIFIESTO POR LA LIBERTAD EN INTERNET

Ante la inclusión en el Proyecto de Ley de Economía sostenible de modificaciones legislativas que afectan al libre ejercicio de las libertades de expresión, información y el derecho de acceso a la cultura a través de Internet, los periodistas, bloggers, usuarios, profesionales y creadores de Internet manifestamos nuestra firme oposición al proyecto, y declaramos que:
  1. Los derechos de autor no pueden situarse por encima de los derechos fundamentales de los ciudadanos, como el derecho a la privacidad, a la seguridad, a la presunción de inocencia, a la tutela judicial efectiva y a la libertad de expresión.
  2. La suspensión de derechos fundamentales es y debe seguir siendo competencia exclusiva del poder judicial. Ni un cierre sin sentencia. Este anteproyecto, en contra de lo establecido en el artículo 20.5 de la Constitución, pone en manos de un órgano no judicial -un organismo dependiente del ministerio de Cultura-, la potestad de impedir a los ciudadanos españoles el acceso a cualquier página web.
  3. La nueva legislación creará inseguridad jurídica en todo el sector tecnológico español, perjudicando uno de los pocos campos de desarrollo y futuro de nuestra economía, entorpeciendo la creación de empresas, introduciendo trabas a la libre competencia y ralentizando su proyección internacional.
  4. La nueva legislación propuesta amenaza a los nuevos creadores y entorpece la creación cultural. Con Internet y los sucesivos avances tecnológicos se ha democratizado extraordinariamente la creación y emisión de contenidos de todo tipo, que ya no provienen prevalentemente de las industrias culturales tradicionales, sino de multitud de fuentes diferentes.
  5. Los autores, como todos los trabajadores, tienen derecho a vivir de su trabajo con nuevas ideas creativas, modelos de negocio y actividades asociadas a sus creaciones. Intentar sostener con cambios legislativos a una industria obsoleta que no sabe adaptarse a este nuevo entorno no es ni justo ni realista. Si su modelo de negocio se basaba en el control de las copias de las obras y en Internet no es posible sin vulnerar derechos fundamentales, deberían buscar otro modelo.
  6. Consideramos que las industrias culturales necesitan para sobrevivir alternativas modernas, eficaces, creíbles y asequibles y que se adecuen a los nuevos usos sociales,en lugar de limitaciones tan desproporcionadas como ineficaces para el fin que dicen perseguir.
  7. Internet debe funcionar de forma libre y sin interferencias políticasauspiciadas por sectores que pretenden perpetuar obsoletos modelos de negocio e imposibilitar que el saber humano siga siendo libre.
  8. Exigimos que el Gobierno garantice por ley la neutralidad de la Red en España, ante cualquier presión que pueda producirse, como marco para el desarrollo de una economía sostenible y realista de cara al futuro.
  9. Proponemos una verdadera reforma del derecho de propiedad intelectualorientada a su fin: devolver a la sociedad el conocimiento, promover el dominio público y limitar los abusos de las entidades gestoras.
  10. En democracia las leyes y sus modificaciones deben aprobarse tras el oportuno debate público y habiendo consultado previamente a todas las partes implicadas. No es de recibo que se realicen cambios legislativos que afectan a derechos fundamentales en una ley no orgánica y que versa sobre otra materia.

viernes, 19 de marzo de 2010

El bueno de San José



Ésta imagen pertenece a un archivo de Wikimedia Commons, un depósito de contenido libre hospedado por la Fundación Wikimedia.

La mayoría de los que nos llamamos José o José Algo tenemos ya una edad, porque un José de menos de 40 es mucho más raro que un Kevin cualquiera. Sospecho que el hecho de llevar el nombre de un santo tan peculiar como lo es, sin duda, el carpintero de Nazareth, nos hace miembros de una cofradía rara. Muchos de los Pepes que van quedando son probablemente agnósticos o ateos, otros no, pero creo que para todo puede tener algo de admirable este santo que nos pusieron en épocas ya muy lejanas. Era un tipo discreto y crédulo que trató con respeto y cariño a una mujer mucho más importante que él, un perfecto segundón, como lo somos todos, en algún aspecto, al menos. Debemos llevar con gallardía y dignidad un nombre que dentro de poco puede ser tan estrafalario como Austresigildo,.. aunque siempre nos quedarán los valencianos, si eso le consuela a alguien.

Desde hace unos años, al llegar la fiesta de San José, me pongo especialmente pensativo. Paso con mucha menos impresión por festividades de mayor tronío, pero está dedicada a un hombre sacrificado, y bastante desconocido pese a su nombradía, me conmueve de manera especial. Yo no sé si es cierta la atribución del Pepe hipocorístico, con el que se conoce a ciertos Josés, a una generalización del P.P., por Pater Putativus, el que hace de padre, pero no lo es, que acompañaba a muchas imágenes antiguas del santo; no lo sé, pero creo que ese apelativo subraya de manera magistral el papel de poco gloriosa apariencia que le cupo al admirable santo.

Me parece a mí, que no tengo en esto ninguna autoridad y hablo de oídas y por costumbre, que la figura de San José es esencial en la concepción cristiana de la vida, es el que está dispuesto a servir a algo más grande que él, de una manera discreta, oscura, incluso un tanto amarga. Creo que hay auténtica grandeza en este santo sin apenas obras conocidas, en un hombre que supo desempeñar una misión equívoca con valor y con humildad. Creo que su figura está muy bien escogida para celebrar el “día del padre”, aunque esta fiesta sea más comercial que litúrgica o teológica. Los padres, como tales, siempre están llamados a desaparecer, a servir de escabel de sus hijos. San José tuvo la suerte de que su Hijo fuese inmensamente merecedor de cualquier sacrificio, pero eso no hace menos duro el papel del padre, de quienes han de apartarse, tan discretamente como puedan, para que otros crezcan.

Es un signo de estos tiempos raros el que la gente joven atrase la paternidad, y, con ello, su madurez. La paternidad es un sacrificio, pero todos los sacrificios pueden conducir a la gloria y, que yo sepa, no hay mejor cosa que escoger.

jueves, 18 de marzo de 2010

Una nueva idea de la SGAE



[Imagen del artículo de Juan Palomo en El Cultural
Veo que en Internet hay un revuelo superior al ordinario respecto a la iniciativa de la SGAE, que espero no prospere, de cobrar a las bibliotecas un pequeño canon por cada libro que presten a sus lectores.
La idea es absurda por completo, además de tener mil defectos más. Lo único que tiene de bueno es que la SGAE tendría más dinero para repartir a los de siempre. Parece ser, por ejemplo, que quienes más cobran por el canon sobre las fotocopias son los novelistas de tronío; pues bien ¿ha visto alguien alguna vez fotocopiar una novela? En cambio los autores de libros de ensayo o de texto, cuyos libros sí se fotocopian de manera abundante, reciben parte menor del pastel. No hay ninguna razón para que esto sea así, pero en la SGAE se hace lo que se quiere con el dinero de los demás.
Los derechos de autor se convierten en manos de la SGAE en un cuerno de abundancia a costa de la extorsión al consumidor. Les queda poco, sin embargo, porque un sistema tan absurdo no puede sobrevivir en el mundo que viene. ¡No al pago por préstamo de libros!

miércoles, 17 de marzo de 2010

Lo que España necesita

A mitad de una legislatura sin futuro, la sociedad española se encuentra atónita y perdida, pero no sabe encontrar las maneras de reaccionar. Es muy significativo el amplísimo desdén con el que se ha acogido la campaña del estoloarreglamosentretodos.com, una iniciativa bastante hipócrita y desafortunada que pretendía cargar sobre las espaldas del ciudadano común el coste de los disparates que ha cometido el gobierno.

Es verdad que tenemos problemas muy de fondo que van más allá de lo político, pero que no pueden arreglarse sin un cambio político radical. Nuestra falta de competitividad, la ausencia de iniciativa empresarial y su correlato irremediable de paro, el desastre de la justicia, de la universidad y de la educación o la insólita e irresponsable impavidez de los sindicatos, no se explican solo por errores de la clase política, sino que responden a una tendencia a consentir y celebrar la chapuza que es corriente en la sociedad española.

El desafío para los políticos consiste en que todos esos problemas tienen que poder expresarse en un programa que sea capaz de movilizar a la gente y de romper el equilibrio negativo de fuerzas en el que nos debatimos. La España actual necesita algo más que confiar en el turnismo, que aunque siempre sea mejor que la perpetuación de un mal gobierno, pudiera resultar frustrante si la alternativa política, que en este caso es el PP, no fuese capaz de plantear cambios de fondo, capaces de suscitar el respaldo de una amplia mayoría de los electores que creen merecer un futuro mejor que el que ahora nos amenaza.

Hay que exigir esfuerzo, pero antes hay que ofrecer esperanza. Tras tres décadas de democracia es evidente que hay cosas que se han hecho mal y qué habría que hacer para arreglarlas. Está claro que hay unos perros guardianes de lo establecido que se opondrán a cualquier reforma porque a ellos no les va mal con este proceso de pauperización de los españoles. Se trata de intereses muy poderosos, políticos, sindicales y funcionariales, pero el bien común está por encima de privilegios. Un programa capaz de atraer a una mayoría de españoles que no se resignen a la mediocridad tendrá que enfrentarse con las protestas y los augurios de desastre de quienes defienden lo indefendible porque les va bien con ello, y lo disfrazan con palabras y emociones que, si nos ponemos a debatir en serio, ya no convencen a nadie. Hay reformas inaplazables en política territorial, justicia, educación, mercado laboral, impuestos, función pública y régimen sindical que si no se abordan por miedo a la reacción en contra lastrarán cualquier intento serio de saneamiento de la sociedad española. Cuando alguien se enfrenta con situaciones insoportables, como ha hecho José Blanco con los controladores aéreos, puede pasar un mal rato, pero triunfa y se gana la adhesión de la mayoría.

Hay que ser conscientes, en segundo lugar, de que los ciudadanos desconfían de sus políticos y están hartos del clima de corrupción, mediocridad y enfrentamiento ritual que se deriva de la configuración actual de nuestros partidos. Es evidente que los ciudadanos quieren más democracia y menos partitocracia, más participación y apertura y menos solidaridades mafiosas con el que lo hace mal. También en este terreno hay que atreverse a innovar para que los españoles vean que se avanza en serio hacia una democracia de verdad. El PP acaba de dar un ejemplo de apertura en la elección de su ejecutiva mallorquina, lo que demuestra que cuando se quieren hacer las cosas bien es perfectamente posible hacerlas. Si en lugar de organizar actos sin sentido, a los que no acuden más que los profesionales, se dedicasen a fomentar la participación de sus afiliados y a abrir las puertas al debate político y a la participación verían cómo se les aclara el panorama, mucho más allá de lo que dijeren la encuestas.

Si el PP, que es el único que puede hacerlo, quiere ganar las elecciones con claridad deberá preparar un programa muy ambicioso y, lo que es más importante, deberá comenzar a comportarse de acuerdo con lo que vaya a proclamar.

No será posible hacer nada en la próxima legislatura si no se ha planteado a la sociedad española, ya es hora hacerlo, una serie de reformas capaces de acabar con la decadencia y esterilidad de nuestras instituciones. Para formular ese programa hay que alejarse de la gresca cotidiana en la que el calendario lo marca, cuando le interesa, el gobierno. Este gobierno es ya un barco a la deriva, y no merece la pena ni discutir con él. Hay que dirigirse directamente a los ciudadanos, con tiempo por delante, con un programa atractivo, creíble y hacedero, una propuesta que debiera hacer el próximo congreso del PP, una cita que no se podrá ignorar con ninguna excusa. Hay gente por las covachuelas que creen que en esto de la política se gana con ir al tran-tran, esperando a que pase el cadáver del enemigo, pero, si no se hace política en serio, el cadáver que puede pasar es el de la democracia española.

martes, 16 de marzo de 2010

Algo se mueve en Cuba

No me refiero a los Castro ni a sus lacayos que tratan de que no se mueva nada, pero sí me parece que hay signos de que mucha gente esté empezando a decir el ¡basta ya! que corresponde. Tal vez esté impresionado por la noticia de que Almodóvar, Victor Manuel y Ana Belén han firmado una carta pidiendo la libertad de los presos políticos y de conciencia; es un poco tarde, pero nunca lo es del todo, y se trata de tipos con muy buen ojo. Es lo que tiene el sentido de la oportunidad, que sueles llegar a tiempo a las celebraciones, mientras has estado de gira con los quebrantos.

lunes, 15 de marzo de 2010

La neutralidad de la red

José Antonio Millán llama la atención sobre el principio de neutralidad de la red que implica el que los portadores de señal no interfieran ni controlen los contenidos que transportan. Ese principio se pondría en riesgo si se consintiera a las empresas de telecomunicación, por ejemplo a Telefónica, que pudiesen cobrar a Google por indexar los contenidos de las páginas web que las telecos sostienen y por las que cobran sus dineritos. Es lógico que las telecos se preocupen por sus ingresos, pero no veo razonable esta pretensión, puesto que ya cobran a Google, como a cualquiera, por el uso de sus infraestructuras y, además, gracias al trabajo de los buscadores se genera un enorme tráfico de millones de personas que también les pagan sus servicios.

En este mundo todo cambia muy deprisa y no hay que preocuparse porque puedan cambiar las formas de obtener ingresos de los distintos actores, pero las telefónicas, que ven cómo ha bajado el consumo de telefonía clásica y, a medio plazo, se temen lo propio con la telefonía móvil no debieran perder los papeles y tratar de cobrar dos veces por el trabajo de los demás. Espero que no salgan adelante este tipo de iniciativas, porque el futuro de la red y los beneficios que todos hemos sacado de ella estarían realmente en peligro.

domingo, 14 de marzo de 2010

El País pierde las maneras

La entrevista de hoy en El País al Decano del colegio de abogados de Madrid es un ejemplo realmente notable de empecinamiento en que Antonio Hernández-Gil reconozca lo que según el periódico está pasando, esto es que se está molestando a alguien a quien consideran un intocable. Pero no pasa nada de eso, lo que ocurre es que los abogados quieren que se respete el derecho que les asiste a no ser controlados por nadie cuando ejercen la defensa de sus clientes, y esto es algo que el juez Garzón, persuadido de que su poder no conoce límite alguno, no ha vacilado en pisotear sin mayor motivo.

El País sigue uno y otro día mostrando de qué manera entiende la información, como una forma de imponer lo que le conviene que se crea, un estilo de hacer información que desgraciadamente no se limita a ese periódico. Esta conversión de los periódicos en meros órganos de poder y de influencia es seguramente una de las cosas más graves que ha pasado en la política contemporánea española.

Los electores españoles tienen una peligrosa tendencia a ejercer el voto de una manera confesional, más allá de cualquier juicio crítico hacia las fuerzas políticas de su preferencia. La prensa libre tendría que haber jugado un papel decisivo en suavizar los contornos dogmáticos del enfrentamiento político. El País de los últimos años no la ha hecho, desde luego. Pero con el asunto del juez Garzón está desplegando una desvergüenza realmente asombrosa. Cualquiera diría que tienen algo muy grave que agradecerle.

sábado, 13 de marzo de 2010

Una campaña persistente: ahora hay que echar a Higuaín

Creo que una de las pestes mayores que afligen a los poderosos es la de sus turiferarios. En el caso de Florentino Pérez, presidente del Real Madrid, por si alguien lo ignora, su cohorte mediática le hace tales elogios que por fuerza han de acabar en su perjuicio. El otro día escuche a uno de sus periodistas de cámara afirmar, impertérrito, lo siguiente: “todo el mundo sabe que Florentino a quien de verdad quería fichar es a Rooney, pero tuvo que traer a Cristiano porque había un contrato”. Yo la verdad no lo sabía, pero lo que sí sé es que la existencia de ese contrato siempre había sido desmentida por el cortesano florentino, pero siempre se aprende algo.

Yo me temo que todo esto es simple preparación artillera para defender el destierro de Higuaín (que muchos pensamos es lo mejor que tiene el Madrid) para la próxima temporada. Se continuaría así la perpetua apuesta por Benzemá, cuyo gran mérito parece ser haber sido fichado directamente en su casa por el líder blanco.

¡Qué disparates! ¡Qué ganas de no rectificar errores obvios! El Madrid tiene una plantilla descompensada y desigual pero que podría ser arreglada con cierta facilidad y sin grandes dispendios si se hiciese una apuesta profesional y rigurosa por construir un equipo y no por seguir añadiendo nombres de relumbrón a una lista.

Lo terrible es que para legitimar aparentemente estas insensateces le están montando un juicio de Dios al pobre Gonzalo: que si no se la pasó a Benzema, que si no le dio goles a Ronaldo, que si no acierta en Europa. Es posible que consigan derribarle, pero no lo creo, porque ya ha demostrado que sabe resistir las tontunas del Bernabéu desde que llegó, ya hace tres años, en los que ha tenido que ser suplente de una sombra.

¡Echar a Higuaín! Nada, nada, que juegue la redacción del Marca, que sabe tanto de fútbol, que el masajista sea el genio de la Gaceta que desveló que Boluda se daba de baja como socio, y que los entrene Valdano. Seguro que así lo ganaremos todo. ¡Qué pena que el Real Madrid pueda ser víctima, una vez más, de la extraña propaganda que se hace desde dentro!

viernes, 12 de marzo de 2010

El ayuntamiento de Gijón ha puesto escuela

El ayuntamiento de Gijón, que es casi el de mi pueblo, aunque yo soy un carballón, como nos llaman en Gijón a los de Oviedo, ha batido un nuevo record en eso de salirse de sus funciones, cosa que no es fácil tratándose de ayuntamientos españoles, tan expansivos de suyo.

Un autodenominado Consejo municipal de Cooperación y Solidaridad Internacional por la Universalidad de los Derechos Humanos del ayuntamiento gijonés se ha sentido en la obligación de salir en defensa de las opiniones de Willy Toledo al que consideran se le ha montado una campaña por sus ambles afirmaciones sobre los presos políticos cubanos y sobre la muerte de Zapata. Es curioso que alguien se queje de que sus opiniones sean puestas en cuestión, algo que es esencial a lo que entendemos por democracia. Estoy seguro de que los simpatizantes de Castro y de Toledo preferirían un sistema a lo Gramma, pero de momento aquí tendrán que aguantar que se les lleve la contraria.

No se crea que los gijoneses hablan a humo de pajas, porque son unos tipos muy reflexivos y estiman que “es en las cuestiones pequeñas, las del día a día, donde se revela el estado de salud de una democracia que no necesita guardianes frente a otras opiniones políticas o ideológicas tan dignas como cualesquier otra”, es decir que en Cuba se está muy bien, mientras que aquí se hacen barbaridades siempre que no se les hace caso.

Ya puestos, han aprovechado para manifestar su indomable voluntad de mantener “su firme compromiso de defensa de los derechos humanos en cualquier parte del mundo indistintamente del color político de los gobiernos”, lo que ha de ser entendido de forma orwelliana, esto es sin meterse con los Castro.

Willy Toledo ha tenido la honradez de reconocer que se equivocó, aunque haya mantenido el fondo de sus opiniones, porque es un firme partidario de que el paraíso se parece más a la cárcel que es Cuba que a lo que otros imaginamos, pero las miopía y el cuajo de los maestros Ciruela, que sin saber sumar han puesto escuela, decididos a ser la conciencia universal de los derechos humanos a cargo del contribuyente gijonés es de juzgado de guardia.