Página del autor

Pincha aquí si quieres ir a la página del autor

domingo, 28 de marzo de 2010

La hora del planeta

Ayer, unas cuantas ciudades hicieron el ridículo de manera coordinada al apagar algunas iluminaciones monumentales bajo la advocación de una supuesta hora del planeta. Todo es grotesco en una iniciativa como esta, pero es el tipo de espectáculo pretencioso que permite a algunas empresas, como Telefónica, por ejemplo, asomarse al exterior presumiendo de estar a la moda en cuanto a conciencia.
La estupidez nunca ha escaseado en parte alguna, ni en ningún momento, pero jamás ha sido tan celebrada como lo es ahora. Es realmente curioso que una cultura que tantas veces presume de ser crítica y científica, de haber superado los mitos del pasado y el poder de las supersticiones, haya dado lugar a manifestaciones tan solemnes y necias de debilidad intelectual, de cursilería y pretenciosidad.
No pretendo saber nada especial sobre el cambio climático, o sobre el calentamiento global, pero me parece evidente que esas cuestiones se usan como añagazas para que la población aprenda a seguir mansamente cualquier clase de consignas. Es evidente que la globalización ha creado un escenario especialmente apto para la propagación de la necedad, pero me parece más evidente todavía que hay que resistir, tan bravamente como se pueda, el empuje de la tontería y de los nuevos dogmatismos, de esas estúpidas religiones que ahora se llevan. Y, de paso, no estaría mal que empezásemos a castigar a las compañías que, como Telefónica, pretenden apuntarse a este bombardeo para mejorar su imagen de modo que puedan ocultar con mayor facilidad las múltiples mañas que emplean para abusar de los consumidores y burlarse de sus obligaciones con los clientes.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

A mi lo que mas me molesta es el espacio y el tiempo que han dedicado los medios de comunicación a tan aberrante parida.

No acabo de entender porque muchos medios de comunicación, en especial telediarios (aunque a veces también periódicos) dedican esfuerzos a la noticia o noticias chorras del día. vg el perro que que lleva al colegio a unos niños invidentes en Minessota, la tortuga que se metío en Buckinham Palace y mordío a uno de los caballos de la Reina,... (son inventadas pero podrían ser reales), son siempre de agencia, salen (o salían, ahora ya nolo s veo nunca) en todos los telediarios,...
realmente el comun denomidor de la idiotez humana es indescriptible.

Eso si suelen ser siempre noticias relacionadas con la corrección pol´tica y despiden un aire "pogre" que se las trae.

Otro caso es el del menda que se dedica a sacar fotos de multitudes en pelotas, y además las ciudades le pagan para que fotografíe a sus cortesanos con el culo al aire. Si se lo cuentan al mas delilarante dadaista hace 50 años diría que no, que la gente no puede ser tan boba.

Lo cual me preocupa, ¿que puede ser lo siguiente?

Anónimo dijo...

Le dejo este enlace a un artículo de Juan Manuel de Prada donde hace referencia a la cita de GK Chesterton "cuando se deja de creer en Dios, enseguida se cree en cualquier cosa".

La exacerbación del feminismo, del ecologismo y de tantas cosas. La obsesiva pretensión de cambiar los valores sociales. Todos estos "nuevos ideales" se están convirtiendo en religiones. Los nuevos opios del pueblo para tener dominado al individuo, para evitar que piense por sí mismo como decía Aldous Huxley. El nuevo soma (para los estúpidos que tanto abundan, por desgracia).

Ramón Tamames dijo que la televisión privada en España tuvo un efecto perverso, pues la competencia en vez de producir calidad dió lugar a telebasura. Con internet está ocurriendo en parte lo mismo. Se ha convertido en vehículo de manipulación y adoctrinamiento para estúpidos.

www.agea.org.es/pdf/20081111723/incredulos.pdf

Teresa dijo...

Pues yo no se cual será la última estupidez, pero ayer me quedé de piedra, por lo que voy a contar en un momentín.
A mi el paso por la Universidad, con mayúsculas, pues le sigo teniendo un gran respeto, entre otras cosas me enseñó a pensar. Pero ayer reconozco que se me quebraron todos los esquemas.
Después de la siesta, sobre las 18:00 le di al mando de la tele y mientras despertaba del sopor, aparecía en la pantalla un tal Josua, no se si se escribe así o con h en algún sitio, en un pueblo americano que ayudaba a la gente a construir una iglesia. Como no tenía ganas de moverme del sillón, seguí viendo la peli. Mi sorpresa es que acabé viendo al mismísimo Dios, reencarnado en este tipo, resucitando muertos, consolando a los afligidos, etc, etc, en televisión española. Y la peli, como en los buenos tiempos acababa bien.
Realmente no daba crédito a lo que estaba viendo. En estos tiempos de persecuciones eclesiásticas, me ponen a un Dios, como un queso de bola, todo bondad a hora de gran audiencia.
Lo siento, pero por más vueltas que le he dado, y no me creo que se les haya colado, no encuentro el motivo, a no ser que Zapatero en Semana Santa se haya vuelto demócrata o nos la quiera dar con queso, que también puede ser.
Don José Luis, usted que piensa tanto, se le ocurre algo para este despropósito?. És que a mi Dios y el aborto pues juntos es como que no me cuadran.
A lo mejor, que también puede ser, es que me estoy empezando a volver algo esquizoide

José Luis González Quirós dijo...

Para Anónimo 19.23: en efecto lo de los despelotes es un caso ejemplar de tontería repetitiva. El caso es que la gente cree, me parece, que lo que hace mucha gente con sensación de hacer algo extraordinario no puede ser una memez y yo creo casi lo contrario.

José Luis González Quirós dijo...

Para anónimo 21.25: La cita de Chesterton es muy certera, aunque curiosamente GKC no dijo exactamente, pero es de esas ocasiones en que las deformaciones mejoran el original. Las técnicas de reproducción masiva (radio, TV, internet, etc.) pueden hacer estragos porque homologan la estupidez y le dan cierta respetabilidad que aumenta sus efectos funestos.

José Luis González Quirós dijo...

Para Teresa: lo que creo es que si es algo de apariencia positiva tendrá cierta intención oscura y retorcida, aunque no se pueda descartar la pura incompetencia, incluso a la hora de la maldad.