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viernes, 2 de abril de 2010

España húmeda, España estéril

He aprovechado estos días para hacer breves excursiones por el campo, y me he visto gratamente sorprendido por la abundancia de agua en todas partes; nuestra tierra tiende a convertirse en secarral, de manera que resulta consolador comprobar que cuando llueve todo se renueva, y parece que España se convierte en un paraíso.
Se me ocurre que esta abundancia de agua pudiera servir de metáfora política. Nuestra política es también un secarral: repetitiva, sin grandeza, con un nivel muy alto de corrupción, se reduce a unos enfrentamientos hoscos y bastante primitivos, sin interés, sin capacidad de interesar a la inteligencia ni de mover a la voluntad.
¿Qué le falta? ¿Qué podría ser equivalente al agua, o a su ausencia? Pues que la gente haga bien aquello que, según todos repiten, hacen mal los políticos. Nuestra política refleja muy bien los vicios de la sociedad española y, desde luego, no está en condiciones de servir de ejemplo, pero tampoco la vida española es ejemplar en casi nada. Cuando nuestras empresas, universidades, asociaciones, medios de comunicación sepan ser competitivos, independientes, críticos y decentes, estaremos en condiciones de producir políticos mejores que los que padecemos. Los militantes de los partidos, en particular, tienen mucho que aportar, especialmente aquellos, que los hay y muchos, que están en política por convicciones y no únicamente para trepar por la cucaña.
Ahora nos escandalizamos de los presuntos, y muy probables, delitos de Jaume Matas, pero hay que preguntarse si nadie de su alrededor advirtió nada raro, si nadie fue capaz de advertir lo que podía pasar y evitarlo, entre otras cosas porque si ha robado, nos ha robado a todos.
El agua que necesitamos en la política depende de nuestra voluntad de ser mejores. Lo que nos falta es intensificar nuestra participación en los diversos ámbitos, y hacerlo de manera exigente; sin mejorar en esto, la política española será inevitablemente un secarral.

4 comentarios:

Teresa dijo...

Hace un par de años me he visto involucrada en un caso de flagrante delito, el cúal he denunciado ante quien correspondía. No solo no se tomaron las medidas oportunas, sino que, cuando me negué a participar en el asunto, puse en peligro mi puesto de trabajo. No por ello cedí, pero desde entonces si callé.
Ahora vivo en una especie de obstracismo laboral.
Lo lamentable del caso, es que esto de los negocios turbios ya no es cuestión de partidos, sino de familias. En una ocasión un amigo, que siempre está bien situado, gobierne el partido que gobierne, me desveló el secreto. Las familias reparten a sus miembros entre los principales partidos y así el negocio siempre está asegurado.
A esto le llamo yo política empresarial expansiva de negocio si señor. La política está muerta, entre todos la matamos y ella sola se murió.

Anónimo dijo...

Creo que la política está por reinventar; nos han tapado la boca con lo de la democracia, que está muy bien, pero si no se sigue día día acaba en cesarismo y corrupción, inevitablemente.

José Luis González Quirós dijo...

Para Teresa. Efectivamente hay nepotismo en los partidos y haya familias, y corporaciones, y sectores, que se las arreglan muy bien para estar en todas partes. Es la transversalidad, así la llaman, una práctica que explica cómo ciertas actividades permanecen al abrigo de las reformas. Son formas institucionalizadas de corrupción que sirven de peana a las más notorias.

José Luis González Quirós dijo...

Par Anónimo. Completamente de acuerdo, es un error creer que la democracia es un logro que nos permite descansar; es justo lo contrario: o se participa y se corrigen las cosas o todo cae en corrupción, en su máscara.