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jueves, 15 de abril de 2010

¡Qué alivio!

Al conocer la declaración de Garzón ante el Supremo según la cual, el señor juez no ha recibido ningún dinero del Banco que gobierna el señor Botín (¡qué nombre para un banquero!), se ha adueñado de mí un gozo indescriptible.
¡Qué contraste de sutileza frente a los argumentos romos de los soviets de obreros e intelectuales reunidos en la UCM con Berzosa a la cabeza! ¡Así da gusto!
Para que lo entiendan todos: que el señor Garzón cobre una modesta cantidad de dinero de la Universidad de Nueva York, que coincide casualmente con la cantidad que el señor Garzón le había pedido al banquero Botín, no significa de ninguna manera que el señor Botín haya pagado favores del señor Garzón, ni que el señor Garzón haya cobrado dinero del señor Botín.
El día que se aplicasen estas doctrinas tan sutiles e ingeniosas acabaríamos con la corrupción. Por ejemplo nunca se podrá probar que un preboste cualquiera, haya cobrado dinero de un constructor por hacer algo que no debiera, porque seguro que, de haber habido cobro, que esa es otra, hubiera sido por algo perfectamente razonable, un acto mercantil perfectamente legal y completamente amparado por la presunción de inocencia, faltaría más.
Es por falta de sutileza por la que se han iniciado grandes desastres en la historia, por ejemplo, la cosa de los protestantes, que no entendían que el Papa no vendía indulgencias, sino que, por un lado, recibía limosnas, y por otro, propiciaba los favores eternos.
El pensamiento moderno se suele recrear en la sospecha, pero no me parece que eso sea aplicable a un caso que se ha desarrollado tan a las claras. ¿Cómo iba Garzón a pedir dinero a Botín de manera tan ostensible si sospechara que alguna mente fascista y corrompida fuere a interpretar una acción tan filantrópica de manera torcida? Lo que ocurre con la gente inocente es que, de vez en cuando, se ve atrapada por los malos pensamientos de gentes corruptas, incapaces de ver la nobleza de las intenciones y la limpieza de las ejecutorias. Garzón fue a predicar a tierra de infieles, un acto valiente y gratuito, fruto de su inextinguible generosidad para con los perseguidos, y ha sido una mera coincidencia que el Banco, siempre interesado en la cultura, le haya dado a la universidad un dinerillo, menos de medio millón de dólares, que no es nada comparado con la justicia universal, y que luego esa institución, también del modo más inocente, aunque un poco torpe, le haya pagado esa misma cantidad, un estipendio modesto, al fin y al cabo, al señor Garzón. Bastará con probar que los cheques fueron distintos para que se disuelva cualquier equívoco. ¡Qué alivio! Ya solo quedan un par de malentendidos.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Siendo malpensado, que no es pensar mal, es decir, creyendo lo contrario a lo que dicen quienes caminan por la política (políticos, sindicalistas, actores, subvencionistas, etc.) pensaría que todos los acontecimientos en torno a Garzón tienen un hilo conductor común.

No sé, no sé. Si yo hubiese decidido presentar a Garzón como candidato a la presidencia del gobierno por un partido político, habría diseñado una campaña de imagen previa que se parecería mucho a lo que estamos viendo (que siempre será mucho más que lo que conocemos).

Además no me puede negar que sería un golpe de efecto magistral, con una repercusión mediática importantísima, que cogería a la oposición con el pié cambiado (otra vez Mariano).

Qué casualidad. Ocurrencia genial, humo, marketing, exterminio de la oposición y afán por pasar a la historia como gran estadista. Precisamente las cinco características principales del modo de gobierno de nuestro actual presidente.

Además encuentro a ZP últimamente algo cansado y desilusionado porque los españoles, tan ingratos como siempre, seguimos sin entender su talento y no hemos aprendido nada en seis años. Toda una decepción.

Qué gran peligro. El individuo piensa, la comunidad se tambalea.

José Luis González Quirós dijo...

Para Anónimo: Es evidente que por detrás de lo que está pasando con Garzón corre una estrategia, la misma que le ha llevado a Garzón a cometer sus excesos; yo creo que su nombre es muy simple: el totalitarismo que se cree con legitimidad para tapar la boca a todos los que no comulguen con sus intenciones, con sus procedimientos y con sus dogmas. Es la vieja tradición legitimista y antiliberal de los españoles, ahora aparentemente travestida, pero siempre atenta a apretarle las cadenas a este país.
Estamos asistiendo al fortalecimiento de los antiliberales, una robusta secta de la historia española que, aunque ocupe aparentemente posiciones que tienen por progresistas, representa lo más retrogrado y negativo de nuestra historia, el carlismo, el dogmatismo, la intolerancia. Aunque la mona se vista de seda, mona se queda.