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viernes, 30 de julio de 2010

Militancia pura y dura

Felipe González ha dado un ejemplo de lo que es capaz, de que su sectarismo está intacto. Hace unos días ha publicado un lamentable artículo junto con otra pensadora de fuste, la ministra de Defensa y catalana vocacional, señora Chacón. El maridaje anunciaba novedades sustanciales, una síntesis generacional, qué sé yo, pero se ha quedado en mala escritura al servicio de las peores intenciones.
Aunque el texto era breve, admite resumen: la culpa de todo es del PP, aunque también son malos los nacionalistas que no siguen a Montilla y a la señora firmante. Un ejercicio de autocrítica, como se ve, un estadista este Felipe, capaz de sacar unos minutos de su ajetreada vida de nuevo rico para poner un poco de cordura en las querellas de los españoles.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Hay que reconocer que el maridaje a que alude su comentario parece el movimiento estratégico de un candidato en la guerra política ya declarada dentro del PSOE por la sucesión de Zapatero como Presidente del Gobierno, al conllevar aparentemente el aval de González a la candidata Chacón. De otra manera no puede entenderse esa colaboración. ¿qué hace Felipe en su actual vida placentera metiéndose en el avispero de la política española?.

Sin embargo, no tengo claro que González haya tomado iniciativa alguna en todo ello puesto que como partícipe interesado de ese juego, su aval no pensaría darlo alegremente al primero que se lo pida como podría hacer Rodríguez. Y no lo veo apoyando a una candidata que, tras abundantes años de ejercicio de poder, sigue cometiendo errores de principiante. Aunque me adentre en el terreno de las elucubraciones, creo que González "se ha enterado por la prensa" del artículo que ha escrito y todo responde a un montaje, a un primer y magnífico golpe en la guerra de sucesión.

En el complejo mundillo de la política es frecuente obtener de manera forzada el apoyo de una persona influyente a una opción concreta, sin dejarle posibilidades de reaccionar al evocar después la disciplina de partido para evitar que pueda expresar libremente su parecer. Son técnicas y artimañas habituales que se utilizan en el desenvolvimiento rutinario de los partidos políticos. Es duro decir esto pero si por algo se caracterizan los partidos políticos españoles es por su falta de libertad interna y la exigencia de fidelidad incondicional a las siglas.

Y González cometió un error cuando, en un exceso de soberbia, autoestima y verborrea, aludió públicamente a la "militancia pura y dura", algo que se puede exigir en determinados grupos pero jamás se puede reconocer o decir fuera de ellos, puesto que cualquier persona con un mínimo de capacidad crítica ve en ello un insulto a la inteligencia, a la pluralidad y a la libertad de acción y expresión de las personas. Un error que han aprovechado suspicazmente en Candidatura Chacón.

Pero "por la boca muere el pez" y ahora los directores de campaña de la candidata Chacón y probables muñidores del montaje, exigen militancia pura y dura a Felipe para evitar que públicamente pueda desmontar el apoyo tácito que deja entrever el artículo. Porque también prevén que González sea más consecuente con sus palabras que Rodríguez. A no ser que la buena vida le haya cambiado. El desenlace de este vodevil en el mes de agosto.

Los "niños" han salido espabilados, al menos en el manejo de los partidos políticos. Otra cosa diferente es su competencia y capacidad en administrar bien los recursos públicos, pero eso es el último fin, no el fin último, y los medios (prensa y propaganda) se han convertido en únicos objetivos o fines a conseguir antes. Ya sabemos que las nuevas generaciones confunden el fin con los medios. ¡Qué le vamos a hacer¡ es la realidad que nos toca vivir.

José Luis González Quirós dijo...

Para anónimo: Me interesa mucho lo que dice; estoy completamente de acuerdo con sus reflexiones, aunque, la verdad, no había caído en el aspecto promocional de la señora Chacón. Si usted tuviese razón, Felipe se habrá pillado un buen cabreo. A mi me interesaba resaltar el maniqueísmo, que debería ser, aunque no lo sea, una tentación que los ex-presidentes debieran combatir con denuedo, pero, obviamente, no es así.