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jueves, 25 de noviembre de 2010

Habilidades de Telefónica

El lunes pasado me encontraba en la estación de trenes de Abando en Bilbao (que los socialistas en uno de sus habituales gestos de imparcialidad han rebautizado como Indalecio Prieto), con más de una hora y media de tiempo hasta la salida de mi Alvia para Madrid. Saqué mi portátil con la intención de trabajar un rato, y comprobé con gusto que estaba en una de las míticas zonas de Wifi ADSL de Telefónica, de modo que me dispuse a establecer la conexión correspondiente para beneficiarme del ahorro que supondría no cargar mi cuenta de conexión a través de modem de Movistar. No era un gran ahorro, en efecto, pero uno, que es patriota desde antes que descubriese Zapatero esta importante virtud, se sentía inundado de gozo al ver los progresos de España y la calidad de los servicios de la primera de sus multinacionales.
Cuando me puse a ello comprobé, con horror, que la conexión no era automática, sino que requería usuario e identificación, es decir que había que llamar a uno de esos horribles teléfonos con contestación en cascada que es uno de los escasos tormentos que nadie había imaginada hasta ahora en el infierno. Llamé, pese a todo: una amble señorita me pidió mi identificación, el número de teléfono desde el que llamaba (¿?), el CIF de la empresa propietaria de la tarjeta Movistar con el contrato EG que daba derecho al uso gratuito de la zona Wifi, la cuenta bancaria en que se abonaban las facturas, y el número de serie de la tarjeta SIM. Yo iba respondiendo como podía a la santa inquisición telemática, pero al llegar al último punto decidí rendirme porque mi tarjeta es ya muy antigua y jamás he conseguido que la propia Movistar me diga qué número tiene, de manera que había perdido casi veinte minutos de mi tiempo para nada; confieso que perdí ligeramente los nervios y que no traté con la amabilidad que me caracteriza a la proba empleada, pero ya no tengo edad para emplearme a fondo en superar las cucañas telefónicas, que siempre terminan en costalazo, como en las bárbaras costumbres de nuestros pueblos.
Ya repuesto del cabreo, tengo que decir que me parece intolerable, abusivo, absurdo, ridículo y oligofrénico el procedimiento. Que Telefónica nos tenga con unas conexiones tan caras, tan confusas desde el punto de vista tarifario, tan roñosas en sus servicios y tan arbitrarias, me parece un índice de lo mal que van las cosas en este momento preciso. Sé que no sirve de nada, pero elevo mi grito al cielo clamando contra la estulticia y la falta de respeto de esa compañía, sin que me consuele el hecho, que he comprobado en varias ocasiones, de que probablemente sea la menos mala de todas las demás. Es un escarnio cómo nos tratan, mientras sufrimos en silencio los atrasos y las ineficiencias de quienes se cobran el supuesto servicio que nos dan a precio de oro.

8 comentarios:

Teresa dijo...

Pues si le cuento el engaño que en el que estuve a punto de caer la semana pasada, como dirían mis hijas, flipa por colores.
Endesa contrata parados como comerciales, los cuales mienten con toda la desfachatez del mundo. Vienen a tu casa, te dicen que por ley te van a reducir la factura del gas en un 10%, la de Gas Natural por supuesto, pero que tienes que firmar unos papeles con menbrete de Endesa, y entregarles una factura. (De forma resumida, ya que la hora de plática tuvo su miga). Te lían de tal manera que casi te convencen de que Fenosa es la compañía y de que las distribuidoras del gas son Gas Natural y Endesa indistintamente. Osea te cambian de compañía, vamos.
Yo no piqué, porque como decía mi padre, nadie regala duros a cuatro pesetas y porque, por suerte para mi tengo algo de culturilla, y se que Fenosa y Gas Natural se han fusionado, pero no así Fenosa y Endesa. Otra cosa que poseo, y a veces, como ahora es un puntazo, es mucha mala leche, que me hace desconfiar de aquellos niñatos de veinte años, sobrados de verborrea y que, encima de querrer venderme algo, te tratan como si fueras su colegilla.
Otros picaron y a estas horas, si en el plazo de ocho días no hicieron la reclamación oportuna, son clientes de Endesa y sin saberlo.
Otro día le contaré el cambio de compañia telefónica que pretendían hacer, abusando de las personas mayores, como mi madre de 86 años, con el beneplácito del Cortes Inglés, que les prestaba un hueco en sus centros comerciales para el citado cambio.
Claro ninguna de estas compañías tiene la culpa(o si), ya que ellas no son responsables de las descaradas mentiras y embustes de sus comerciales, a los que abría que denunciar de forma particular.
Para defendernos de tanta agresión, necesitamos un abogado particular, las 24 horas del día libres y una receta de crónicos de Prozac, porque con el estado de derecho ya no podemos contar.
Buenos días Don José Luis, entiendo su cabreo, porque por haches o por bes, todos los días me pasa algo de esto.

jlfuente dijo...

Genial José Luis como tantas veces.
El comentario de Teresa, abrumador. No tiene desperdicio.
Yo creo que todo esto viene a incidir en mi punto de vista de que todas las empresas a las que os referís --perdón por le tuteo, pero formáis parte de mi familia digital-- han perdido el norte esencial del por qué y para qué están ahí.
Es el servicio público señores; no el forrarse a costa de clientes indefensos.
El Estado debería entrar, con perdón, a saco en este tipo de actuaciones brumosas, difusas, que dan una imagen pésima de las organizaciones --humanas, no hay que perderlo de vista-- que nos dedicamos a estos negocios y actividades. Es un argumento más para perder la esperanza en el devenir de nuestra sociedad actual, su futuro y sus empresas, públicas y privadas.
Lejos de atender a unos accionistas cautivos en los que se escudan, este tipo de empresas deberían concebirse para servir a la sociedad, leñe. ¿No os parece?

José Luis González Quirós dijo...

Querida Teresa: estaba seguro de que estas cosas no me pasan solo a mí, pero hay que ir creando estado de conciencia pública para que se pueda empezar a combatir estos abusos. Discrepo un poco contigo en que creo que los comerciales son meros ejecutores de una política estúpida, aunque bien pudieran tratar de suavizarla y de cambiarla aplicando el buen sentido.

José Luis González Quirós dijo...

Querido José Luis: estoy de acuerdo contigo, pero nuestra desgracia es que los poderes españoles, tanto los públicos como plos privados, se dan el gustazo de considerar a sus clientes, o votantes, como cautivos, olvidando que son ellos quienes, en último término, les legitiman y les dan poder. ¡Hay que combatir el conformismo de los ciudadanos y de los consumidores! Si no lo hacemos no solo no mejorarán las cosas, sino que empeorarán.

Teresa dijo...

Estoy de acuerdo con los dos. Me crispa enormemente saber que somos nosotros quienes tenemos el poder y no lo ejercemos, ni siquiera lo cuestinamos. Ellos, como bien me dijo un amigo, son nuestros empleados, pero no les exijimos que cumplan con su trabajo. Nos roban y expolian nuestra empresa y ni los reprendemos. Nos tienen total y absolutamente a su merced, y nos dejamos hacer.
Como bien dice Don José Luis, o empezamos a darnos cuenta de esto y ponerlos en su sitio, o cuando queramos hacerlo ya no tendremos empresa por la que luchar, porque se habrán quedado con todo. Habrán suprimido todos nuestros derechos y todas nuestras libertades.

José Luis González Quirós dijo...

Para Teresa: le agradezco su comentario; cada vez estoy más convencido que una sociedad en la que caben estos abusos no es una sociedad democrática y que es nuestra absurda sumisión lo que explica ambas cosas.

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