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martes, 28 de diciembre de 2010

Cobrar porque salga el Sol

No es necesario realizar grandes esfuerzos para distinguir entre la propiedad de algo y el derecho a que ese algo produzca rentas. Cuando somos propietarios lo que se nos garantiza es la posesión de un bien, no un determinado nivel de lucro, cosa que siempre depende, de uno u otro modo, y a la vez, del mercado y de las leyes vigentes. Las discusiones sobre la propiedad intelectual, como por ejemplo las implícitas en la malhadada ley Sinde, se refieren, en realidad, no a una propiedad que nadie niega a los creadores, sino a su derecho a percibir, con carácter muy indefinido, determinadas rentas. Mientras esto no se aclare, las discusiones estarán siempre fuera de quicio.
El propietario de un bien material puede hacer lo que quiera con él, menos multiplicarlo: la copia de una finca o de un automóvil no es otra finca u otro automóvil, o, mejor dicho, si fuese otra finca u otro automóvil entonces no sería una copia, sino otro original, un bien físicamente distinto. En el mundo de los bienes inmateriales, por el contrario, las copias no son distintas del original, pero pueden usarse como si fueran realidades independientes porque son idénticas a él, salvo que la copia requiera el empleo de un soporte material, con lo que estaríamos en un caso enteramente similar al de los bienes comunes o materiales. Precisamente en esta necesidad de usar un soporte material se han basado las prácticas de cobro de rentas por parte de los autores. Todo esto cambió de manera dramática cuando se produjo la revolución digital que permite copias absolutamente idénticas, en su contenido, a las obras de creación de carácter textual, visual y/o musical, pero no a las obras pictóricas o arquitectónicas, por ejemplo.
La informática e Internet han proporcionado un procedimiento sencillo de obtener copias a costo prácticamente nulo, lo que hace que el sistema de cobro de rentas por el uso de copias materiales haya caído completamente en desuso, produciendo, evidentemente, una merma de los rendimientos de artistas y creadores. Es lógico que éstos traten de recuperar los ingresos que pierden por ese concepto, pero es muy necesario aquilatar bien la legitimidad jurídica de su pretensión y el respeto a los derechos de terceros.
La copia de una obra inmaterial sin intención de venta es enteramente equivalente, desde un punto de vista conceptual, al préstamo de un libro legítimamente comprado, o al hecho de que unos amigos puedan contemplar un cuadro de nuestra propiedad. Ni siquiera el más ambicioso de los gestores de los derechos de la propiedad intelectual ha pretendido cobrar una tarifa adicional cada vez que alguien lee un libro prestado, escucha una canción que no es propia, o contempla un cuadro ajeno.
Las sociedades de gestión de derechos han sido ejemplarmente eficaces a la hora de establecer cuotas de pago por los más diversos usos de las obras originales, pero se encuentran ahora ante un panorama que claramente les desborda. Han obtenido una victoria clara al lograr que se establezca un canon sobre todos y cada uno de los aparatos que puedan servir de soporte para las copias, cosa cuya legitimidad es más que discutible, pero de la que obtienen pingües ingresos.
En extraña alianza con las majors americanas han pretendido colar una regulación sospechosa en una coda de una ley enteramente ajena al caso, y el Congreso ha rechazado la maniobra, tan peligrosa y tan discutible. Ha sido muy fascinante ver una alianza de intereses tan estrafalaria entre la progresía de la ceja y sus otrora grandes enemigos del cine americano, pero, además del brillante espectáculo, es hora de que pidamos para este asunto un tratamiento serio y un debate a fondo, no la continuación de un sistema de privilegios y sinecuras que no se discute jamás abiertamente.
Nadie duda de que los creadores tengan derecho a retribución, pero es muy sospechoso que pretendan que este asunto se cuele por la puerta de atrás en nuestra legislación, que se haga pisoteando derechos que merecen protección y, sobre todo, que se resistan, como gato panza arriba, a pactar con las nuevas condiciones del mercado, con el desarrollo tecnológico. Su legítimo derecho al lucro puede jugarles una mala pasada si la ambición les ciega, si pretenden imponer sus intereses más allá de lo que resulte razonable, y se niegan a asociarse a nuevas formas de explotación mercantil en las que ideas como piratería, copia ilegítima, que no ocultan otra cosa que la pretensión de seguir cobrando como hace cincuenta años, no pueden jugar ya ningún papel relevante. Más allá del placer innegable que produce ver a unos izquierdistas tan notorios defender unas formas de propiedad intemporales, y pelear por privilegios de casta, todos debiéramos colaborar a que se encuentren, como ya está sucediendo en la música, formas de satisfacer el complejo sistema de intereses en juego, más allá de un derecho absurdamente equivalente a algo tan arbitrario como pretender cobrar un tanto porque el sol salga cada mañana.
[Publicado en La Gaceta]

4 comentarios:

Teresa dijo...

Pues que quiere que le diga, a medida que iba leyendo el artículo, cada vez más se me venían a la mente los privilegiados controladores aéreos. Dígame una cosa. Es cierto que todos los españoles somos iguales ante la ley?

José Luis González Quirós dijo...

Para Teresa: España es un país muy viejo que mantiene toda clase de privilegios, eso sí, con mucha hipocresía.Lo de los controladores es de no creer, pero hay cosas muy parecidas de las que no se habla. Saludos,

José Luis dijo...

Lo de la Ley Sinde no tiene nombre, pero no por lo que pretende (que un poco también) sino por la forma chacha y barriobajera de intentar aprobarla. Yo no sé si lo harán porque a los de EE.UU. les dió la pataleta y a ZP le entró tirri pero la maniobra tiene tela http://www.zx67.com/2010/12/la-ley-sinde-explicada-para-torpes/

Y digo que la forma es lo más preocupante porque lo que intenta la SGAE se intenta en todas partes y puede llegar a ser peor. Por ejemplo, en Alemania, la GEMA (SGAE teutona), quiere que hasta los jardines de infancia paguen cuando los niños canten -menuda aberración.

Pero lo es cierto que, en la actualidad, hay una disparidad considerable entre lo que los 'majors' quieren (que todos paguemos por ver las pelis sea la calidad que sea, donde y cuando sea) y lo que el usuario en la actual era digital quiere (ver su peli, serie favorita cuando le apetezca). Y que si las partes interesadas quieren seguir ganando dinero con ésto del cine habrá que darle un poco más al coco. Y hay casos más que conocidos de como siempre hay personas listas que se aprovechan de ello. El caso que me viene a la mente es el de iTunes: cuando todas las compañías de música intentaban imitarles ellos van y dicen: 'pues ahora sin DRM, para todos'. Apple fue lo suficientemente lista para hacer caso al usuario al que lo único que le importaba era reproducir la música en cualquier aparato. Y lo suficientemente listo para convencer a las compañías de música que ésto era así. Todos sabemos que Apple ganó no sólo en ganancias, sino en simpatía. Con las pelis pasa algo parecido, ahora que la TV lineal (osea, tragarte lo que te echan a la hora que te lo echan) está desfasada lo que queremos (casi) todos es ver las pelis cuando nos apetezca y en la plataforma que sea. Las 'majors' o no se enteran o tienen pánico a lo que pueda pasar. Aunque mucho me temo que la situación es mucho más compleja porque no sólo están las majors, sino las televisiones, los distribuidores y demás intermediarios en una compleja red de intereses.

Ahora lo que se necesita es creatividad. En este sentido un dessarollo interesante es Google TV: toma una TV o un desco que es casi casi como un ordenador y un teclado y hazte tú mismo tu programación que Google te baja los episodios/pelis de lo que ya cuelgan las televisiones de todas maneras en la red. Suena bien, pero de momento no funciona porque para las televisiones la presencia online no sólo sirve de plataforma de video sino también para hacer propaganda y promocionar la propia marca ('branding') lo cual desaparecería bajo un interfaz común en el Google TV. Osea, que a Google le da igual si el episodio de Dr. House se lo baja de NBC o de Fox, y encima los anuncios no los muestra, etc. Por supuesto ABC, NBC, Fox y todas esas han dicho que nanai de la China, que por ahí no pasan y ahí está Logitech que ha frenado en seco su produción de descos para Google TV. A ver qué pasa pero lo que sí va a haber son muchas reuniones entre los hackers de Google y los managers de las grandes televisiones...

Hasta que esta situación se normalice (y aparezca un 'game changer') se pueden ver todas las pelis de Hollywood de éste, el próximo y años pasados en la red y con calidad más que aceptable.

Y uno se da cuenta de la cantidad de dinero que se ahorra en películas mediocres... que el usuario quiere poder elegir y que no es tonto, hombre!

También me quedo con lo de disfrutar viendo a los progres de la ceja defender el capitalismo para poder seguir forrándose, ja ja ...

Saludos

José Luis González Quirós dijo...

Para José Luis: Sé poco de economía, pero me parece evidente que quienes obtienen rentas seguras con un procedimiento cualquiera se resisten al cambio. Ese es el nervio del asunto, al que hay que añadir que muchas de las ganancias son escandalosas, referidas a lo que se pueda considerar, por resbaladizo que el tema sea, término medio.
Yo también sigo con pasión la pelea, si es que la hay, entre Google y las majors, pero no se trata sino de otro episodio que muestra que la era digital acabará por edificar un orden completamente nuevo en estas cosas y que el tiempo que pierden las SGAES luchando con lo inevitable es una de las formas de medir su hipocresía y su mediocridad. Saludos y felices fiestas