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lunes, 6 de diciembre de 2010

El descontrol del Gobierno

La situación de cierre súbito y total del espacio aéreo sería realmente insólita si no estuviésemos desdichadamente acostumbrados a los continuos disparates, consecuencia de la imprevisión y el desbarajuste de un gobierno a la deriva, superado en todos los frentes por su impericia, su dejadez y su estúpida insolencia.
En esta ocasión, sin embargo, el gobierno no es el responsable único ni del mal de fondo, a saber, la escandalosa situación de privilegio de los controladores y su chulería sindical, ni del desencadenamiento de una situación intolerable. No se nos escapará ni un solo gesto de complacencia con la actitud hipócrita, bravucona, insolidaria y enteramente execrable de los controladores, dispuestos a explotar de manera inmisericorde los privilegios de que gozan. La actitud de los controladores puede considerarse como un fiel reflejo del exacerbado particularismo insolidario que cunde por doquier en esta España a punto de la bancarrota, y que obstaculiza gravemente la salida de la crisis. Su actitud irrita más que la de otros colectivos en huelga, pero no porque los fundamentos de sus quejas sean distintos, se trata de defender lo que entienden como sus derechos, por absurdos e insolidarios que sean, sino porque su nivel salarial está decenas de veces por encima de los del resto de trabajadores.
El gobierno reacciona ahora con furia e indignación, pero apenas hace unos meses tuvo palabras comprensivas y de aliento para los sindicalistas del Metro madrileño, al entender que se trataba de un conflicto que le podía beneficiar, y, en general, trata con algo más que delicadeza las pretensiones, cuyo fondo suele ser tan insolidario y ridículo como las de los controladores, de los dirigentes sindicales de su cuerda.
Solo una ley de huelga podría poner algo de orden en esta pelea sin reglas en que los distintos sindicatos vienen convirtiendo las huelgas que convocan. No deberíamos pasar por alto que el cáncer que permite los despropósitos de los controladores es de naturaleza específicamente sindical: un grupo cohesionado de trabajadores que abusan de su poder de intimidación y su capacidad de hacer daño para obtener un status laboral y profesional que, aunque en el caso de los controladores resulte sangrante, no es de distinta naturaleza que el perseguido por la dialéctica sindical. Si hubiera un mínimo de mercado para poder satisfacer la necesidad de controlar los vuelos, los controladores no pasarían de tener un salario de tipo medio, pero han sabido organizarse para mantener bajo control el numerus clausus que les ha permitido chantajear de manera persistente, al menos hasta ahora. Algún representante de los controladores ha asimilado la responsabilidad de su función con la de un cirujano, nada menos. Además de que la comparación no se tiene en píe, no estaría de más que cotejásemos las respectivas éticas profesionales, y que se nos dijera dónde es posible encontrar a un grupo de cirujanos que dejen a los pacientes en la mesa de operación con la excusa de que haber rebasado el horario legal.
Es necesario acabar de una buena vez con el chantajismo de los controladores y, ya de paso, con las actitudes paralelas de otros colectivos con capacidades similares. Mucho nos tememos que el gobierno, debido a su costumbre de meterse en charcos en que nadie medianamente sensato se dedicaría a chapotear, no acierte a hacerlo, y que en este asunto, en el que convenía un máximo de cabeza fría y de previsión, haya podido sembrar las bases para que futuras sentencias judiciales otorguen a los controladores opíparas recompensas e indemnizaciones a costa de nuestras sufridas espaldas.
El gobierno ha optado por enseñar los dientes calculando que el gesto sería bienvenido por una opinión pública absolutamente harta de los controladores, y convencida de que sus privilegios carecen de cualquier justificación razonable. Pero este gobierno está tan acostumbrado a recular que no es razonable suponer que vaya a acertar cuando decide ponerse valentón. Al margen de que el asunto sea disparatadamente inadecuado para hacer una demostración de fuerza, la verdadera cuestión está en si este gobierno sabe defender nuestros intereses frente a la agresión de un grupo insolidario pero razonablemente bien asesorado sobre cuáles son los derechos que, por insólitos que nos parezcan, les conceden las leyes vigentes.
En realidad, que el gobierno haya declarado el estado de alarma no hace sino confirmar el estado de ánimo en el que vivimos la mayoría de españoles. El hecho de que el responsable último de tantas trapisondas y despropósitos se esconda tras las bambalinas para gloria de Rubalcaba no deja de caracterizar todo este esperpento como una de las grandes hazañas del zapaterismo.
El Gobierno debía haber resuelto hace tiempo este conflicto y no le hubiese faltado apoyo social para hacerlo, por dura que hubiese sido la solución, pero esperar a que se consumen las amenazas y responder con gran aparato orquestal no es lo que se espera de un gobierno prudente. Este asunto se le ha ido lastimosamente de las manos a Rubalcaba, y todavía no sabemos hasta dónde llegarán los lodos.

8 comentarios:

Karim Gherab Martín dijo...

A mi me ha parecido una jugada maestra. En mi opinión, el Gobierno sabía sacó el decreto ley justo antes del puente porque sabía que los controladores se iban a sublevar. Tres días antes anunció la supresión del subsidio de 426 euros. Ahora ya nadie habla de esta supresión y sí de la militarización y la puesta en cintura de los controladores.

Además, esto me lleva a otra reflexión que haré en tono de broma: tal vez debamos debamos militarizar otros muchos sectores para que España y los españoles nos pongamos todos de una vez a trabajar y a ser más productivos. Hablo de los trabajadores y de los empresarios, de los futbolistas y de los políticos, de los banqueros y de los investigadores, de los jueces y de los sindatos. ¡A poner coroneles en todos lados, caray!

Teresa dijo...

Estando totalmente de acuerdo con usted, me gustaría hacer una reflexión.
¿Que diferencia a este colectivo privilegiado de otros colectivos igualmente beneficiados, e igualmente enrriqueciéndose a nuestra costa, como son por ejemplo las oficinas de farmacia?. ¿Y el de los mariscadores, que en algunos casos cobran 1.800 euros por no mariscar?. ¿Y el colectivo de notarios o arquitectos que igualmente blindan sus profesiones?
Que pasa con los recursos naturales, que siendo de todos, algunos grupos esquilman y después de hacerlo exijen subenciones millonarias.
En este país lo que hay es una gran hipocresía y distintas varas de medir.
Estando totalmente de acuerdo en que hay que acabar con los privilegios de los controladores, me sumo a su crítica de que hay que acabar con muchos más privilegios, incluidos los de los directores generales, consejeros delegados, políticos y demás familia que al fin y a la postre y sin generalizar, porque de todo hay en la vida del señor, cobran sueldos, dietas y jubilaciones astronómicas sin hacer absolutamente nada, o mejor dicho haciendo lo posible por enriquecerse en el menor tiempo posible, mientras sus estatus, por ejemplo de aforados los protejan.

José Luis González Quirós dijo...

Para Karim: estoy de acuerdo con lo que dices, solo que la táctica del gobierno de ir quitando malas noticias de en en medio tampoco parece irles muy allá, a tenor de las encuestas. "Jugada maestra", no, más bien bussines as usual...

José Luis González Quirós dijo...

Para Teresa: es evidente lo que comenta. Uno de los mayores problemas de este viejo país ineficiente, como decía el poeta, es el de los privilegios desconocidos y absolutamente contrarios al interés general. Lo que ocurre es que lo de los controladores es ya sangrante e intolerable por su chulería y su matonismo sindical, pero ni es el único caso, ni será el más grave, me parece.

Teresa dijo...

Ah y se me olvidaba. Que hay de las Comunidades Autónomas. No es su actitud chantajista?. La de aquellas que todos sabemos. ¿No son también sus privilegidos dirigentes el equivalente al sindicato de controladores?. ¿Porque no se militarizan también los abusos de poder como son los referendos, que yo no digo que esté a favor o en contra, pero que son inconstitucionales?
Este pais es la Sodoma y Gomorra de la política, y pocos visos tiene de enderezarse.

David dijo...

Estoy muy de acuerdo con Karim y bastante con Teresa. El gobierno seguramente planeó una estrategia ganadora en cualquier caso: si tragan los controladores, bien; si no, la armarán y entonces mejor aún: los "crujimos", que es lo que venimos buscando desde hace tiempo. Jaque mate.

En este asunto hay muchas cosas que no se saben (y mucha manipulación mediática). Demasiadas como para permitir el juicio contundentemente condenatorio de los controladores y laudatorio de todos los "ajustes" que se le están imponiendo.

En cuanto a la militarización, ¡yo desde luego sí me beneficiaría de un control militar para centrarme! Se me va el tiempo y hago bien poco... (Y yo escribiendo aquí...!)

José Luis González Quirós dijo...

Para David: escribir puede ser, aunque no siempre, algo casi inevitable, además de placentero. El consejo de no escribir para hacer, en cambio, cosas útiles, me recuerda un poco a la vieja monserga contraria a la lectura de novelas. Pero buen, no quería hablar de eso, sino del sorprendente prestigio que, como de pronto, le ha llovido ¡a los militares! por los que yo, en todo caso, siempre he sentido un gran respeto: ¡cómo se ve que las generaciones jóvenes no han hecho la mili! Hacerlo era aprender a toda velocidad las diferencias entre lo abstracto, teórico y general y lo concreto: una educación excelente, desde luego, pero poco moralizadora.

David dijo...

Pues no, yo (sin ser ya tan jóven) no hice la mili...

Y tienes razón en lo que dices de la lectura y la escritura, que también podría aplicarse a la reflexión, el juego, el disfrute de otras manifestaciones culturales y de la naturaleza, la relajación, e incluso el sueño.

Pero tiene que haber un equilibrio, y las obligaciones laborales no es bueno desatenderlas.