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domingo, 19 de diciembre de 2010

La cara del ministro de Fomento

El debate sobre el inaudito estado de alarma nos ha deparado algunos momentos regocijantes. Cuando Rajoy usó de su habilidad para repetir, sin que el auditorio lo supiera, unas palabras de Rubalcaba a propósito de lo inepto y caradura que era el ministro de Fomento, pero referidas al primer gobierno de Aznar, la cámara del Congreso, siempre servicial, nos dejaba ver la faz del titular del cargo en la actualidad, su gesto de incredulidad absoluta. ¿Cómo era posible que de él, de don José Blanco, Pepiño ocasional en las tenidas con los compañeros más elementales, se dijesen semejantes barbaridades? ¿Cómo se atrevía el líder del PP a faltarle al respeto de forma tan procaz y notoria? Los espectadores estaban, con seguridad, ciertamente sorprendidos, no tanto por considerar que el ministro mereciese mejor trato, como por el asombro al ver un Rajoy faltón. Desgraciadamente, el pasmo duró poco, porque Rajoy desveló la argucia de que se había servido para provocar un efecto tan inusual en la Cámara. Entonces se pudo ver la cara de Rubalcaba, contraído, a la defensiva. Ambas caras, mientras Zapatero lucía la habitual, sin apenas darse cuenta de que no se celebraba ningún jolgorio, muestran con gran expresividad una de las características más notables de la política española.

A veces se describe el sistema español como un bipartidismo imperfecto, para dar cuenta del peso que acaban adquiriendo en las Cámaras las distintas minorías, con apenas un porcentaje de voto sobre censo del diez por ciento. Pero hay otra peculiaridad que no es menos decisiva. Vivimos en un bipartidismo que, además de imperfecto, es perfectamente inicuo, desigual: nada tiene que ver lo que se exige y espera de unos con lo que se exige y espera de los otros. El PSOE ha acertado a hacerse con la casi exclusiva de la democracia, la decencia y la legalidad, y consigue presentar permanentemente a los del PP como una colla de peligrosos delincuentes a los que es conveniente mantener al margen de los resortes estratégicos del sistema. Para mostrarlo con claridad meridiana bastará con que hagamos un experimento mental y tratemos de imaginar lo que habría sucedido si el decreto de militarización del espacio aéreo hubiese sido dictado por un gobierno del PP. Si sólo por unos ligeros retrasos en Barajas, a cuenta, por supuesto, de pilotos y/o controladores, Rubalcaba trató a Rafael Arias Salgado como si éste fuese una especie de golfillo que se hubiera colado en el gobierno, ¿que no habría dicho si el gobierno hubiese dejado a cientos de miles de pasajeros en tierra al comienzo mismo del mejor puente del año?

No se trata de un hecho aislado, el gobierno de Zapatero ha batido todos los records de incompetencia, incumplimiento, deslealtad política e irresponsabilidad que quepa imaginar. No ha pasado otra cosa que el que la oposición haya tratado, no con un éxito inenarrable, de ponerlo de manifiesto. El gobierno de Zapatero ha bajado el sueldo a los funcionarios; ha congelado las pensiones; ha roto el Pacto de Toledo, que se hubo de firmar para evitar el efecto político corrosivo de las afirmaciones de que el PP rebajaría las pensiones en cuanto gobernase; ha otorgado televisiones a sus amigotes, saltándose cualquier apariencia de legalidad; ha hundido financieramente a la televisión pública privándola de publicidad para que el mercado vaya a parar enteramente a los magnates privados que saben muy bien cómo hay que pagar el favor; ha suspendido leyes aprobadas en el Parlamento por mayorías suficientes con un mero decreto; ha dilapidado los recursos públicos con arbitrariedad y notable ineficiencia; ha envenenado hasta la nausea las relaciones territoriales; ha envilecido con subvenciones barrocas y constantes a los Sindicatos, siempre dispuestos al sacrifico en el altar subvencional; ha usado la guardia civil y los fiscales para detener con diurnidad y alevosía a cualquier individuo mínimamente cercano al PP, en muchas ocasiones sin el menor motivo judicial sólido, como se pudo comprobar tiempo después; ha hecho con los terroristas de ETA toda clase de maniobras equívocas o simplemente estúpidas, llevado por la convicción de que la izquierda abertzale apenas necesita unas sesiones de terapia del sillón para ser tan manejable como un sindicalista. No sigo, que me falta espacio.

El PP jamás ha hecho ninguna de estas cosas, entre otras razones porque, a Dios gracias, seguramente no se atreverían, pero el PP debe soportar que ellos las hagan con estoicismo y paciencia, porque, en caso contrario, sería acusado de golpista, franquista y asesino, cosa de que se le va a acusar en cualquier caso, a pesar de que apenas rechiste. ¿Terminará alguna vez esta patente asimetría en la atribución de vicios y virtudes? No parece que, de momento, vaya a menos, pero tal vez empiece a suceder cuando el balance de las dos legislaturas resulte completamente intolerable a la mayoría de los españoles.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Viendo la cara de circunstancias de la Sra. Salgado, tengo la impresión de que le atormentan las dudas y no cree cuanto dice, y no digo que tenga intención de mentir por supuesto. Creo que tiene conocimientos pero no aptitud ni competencia para el puesto que desempeña y al verla conjeturo que en ese momento se estará preguntando ¿qué hago yo aquí? recordando el momento en que dijo SÍ e insistirá ¿cómo pude caer? ¿qué tipo de abducción padecí para, en primer lugar, dejarme convencer al integrarme en este espejismo y, en segundo lugar, aguantar tanto tiempo cuando es evidente que todo está perdido y nuestro proyecto carece de fundamento, rumbo, coherencia y resultados mínimamente aceptables, cuando ha quedado claro que todo es producto de la ilusión y el azar?. Por cierto, este tormento no veo que lo sufran los señores Blanco y Rubalcaba, quienes parecen totalmente convencidos de cuanto dicen y hacen. Gajes del oficio profesional, supongo. Es constatable que viven exclusivamente de la política.

Qué importante es saber decir ¡NO¡. Una vez colorado antes que cien amarillo. Ya sabe qué tiene que hacer la Sra Salgado, cuyo espíritu empieza a reflejar el deseo de abandonar el gobierno aunque sus actos no le obedezcan. Cuanto más tiempo deje pasar, más amarilla parecerá. Salvo que sus tribulaciones y mis conjeturas sean también un espejismo y esté equivocado.

Anónimo dijo...

La continuidad del actual gobierno, cuyos méritos y éxitos ha descrito con precisión, es cuestión de poco tiempo.

Y la sustitución de Rodríguez va a dar lugar al mayor proceso de transformación afectiva que se pueda contemplar en la sociedad española durante décadas sobre la estima a un gobernante. Será de mayor intensidad al producido en 1982 con la desaparición de UCD. También en el PSOE provocará el mayor proceso de destrucción creativa sobre el apoyo a un dirigente. Será de tal magnitud que simpatizantes y nuevos representantes políticos de este partido no se reconocerán en los inmediatamente anteriores. Aunque sean las mismas personas con distinta chaqueta, hecho que ocurrirá con frecuencia por cierto.
Jamás reconocerán públicamente su adhesión o colaboración con el actual presidente, quien conocerá el poso de la ingratitud y el desdén como él mismo lo administró. A lo sumo, los de mayor capacidad de análisis e inteligencia cognitiva, que no política, se preguntarán en soliloquia intimidad, ¿cómo es posible que yo haya podido participar en semejante esperpento y experimentar tan frívolamente con el modelo económico y social? rememorando aquellas votaciones en que la gestión ZP obtenía sistemáticamente un casi unánime apoyo y aprobación. ¿cómo es posible que haya ocurrido? insistirán.

Adelantándome a su secreto tormento les recomendaría leer más, abundando en la literatura y no sólo en encuestas e informes de aplicación política. Se darían cuenta que estos procesos colectivos de pérdida de noción de la realidad son frecuentes en organizaciones alienistas como lo suelen ser los partidos políticos y sus organizaciones de simpatizantes (y en las sectas) que procuran que el individuo no piense y siga ciegamente un guión preconcebido al dictado del líder de turno o “gran timonel”.

Pero no todo es negativo. La sustitución va a ser también el mayor espectáculo que contemplaremos en la vida socio-política los españoles durante los años venideros de “polvo, sudor y hierro”. Se compondrá de un fantástico montaje de luz y sonido con mezcla de prestidigitación y esoterismo, todo sea por impresionar al personal, e irá acompañado del efecto sorpresa (fundamental), de una importante operación policial (contra la corrupción preferentemente) y una magnífica maniobra de distracción (pónganse a temblar los colectivos que estén clasificados de privilegiados).

José Luis González Quirós dijo...

Para Anónimo 1: efectivamente, cualquiera que no sea un completo cínico y sea del PSOE tiene que tener mala cara. ¡A ver si aprenden y hacen de una buena vez una izquierda decente!

José Luis González Quirós dijo...

Para Anónimo 2: prefiero pensar que no les van a quedar ni ganas para organizar efectos especiales, pero tal vez sea demasiado ingenuo. Saludos,