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viernes, 24 de diciembre de 2010

Otro McGuffin

No consta que Zapatero sea experto en técnica cinematográfica, de modo que, cabe conjeturar, tal vez no sepa que McGuffin es el nombre que Hitchcock adjudicaba a ciertas tretas de sus magníficos guiones. Un McGuffin es una peripecia intrigante que acontece en la película pero que nada tiene que ver con la trama de fondo; su función es decisiva: despistar al espectador que pasa así por alto lo esencial para verse finalmente sorprendido. Bueno, pues queriéndolo o no, la llamada “sucesión” es un magnífico McGuffin y produce verdadero deleite contemplar el rendimiento que algunos le sacan al truco.

En ocasiones, pasa en las malas películas, el McGuffin deja de serlo y se apodera de la trama principal. La culpa será, entonces, del guionista, del autor de la trama, de Zapatero en este caso, aunque no sepamos si discurre solo o en compañía de otros u otras, como sería obligado decir dado el panorama. Nada hay peor que un McGuffin demasiado sobreexplotado, capaz de arruinar cualquier dramatismo en la narrativa. Puede pasar que algunos crean que la vida política no es otra cosa que una sucesión de McGuffins, pero si el público llegase a esa convicción, su venganza podría ser terrible.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Lo preocupante en este país es la facilidad con que atendemos a lo insustancial, ni siquiera ya a lo urgente, y desplazamos lo importante. Supongo que será una manera de tenernos narcotizados para que otros mantengan sus privilegios.

Los españoles deberíamos reaccionar (qué ilusión) y centrarnos en lo esencial para resolver nuestros problemas. Y Esteban Hernández nos dijo cómo hacerlo (http://www.elconfidencial.com/cache/2009/06/07/sociedad_16_rojos_contra_fachas.html).

La vida social y política española desde 2002 no es más que la reproducción a lo bestia del experimento de Muzafer Sherif. Como no tenemos al dirigente que lo suspenda, estamos abocados al abismo. Y permítame que me adelante a su réplica. No estoy renunciando a ganar, es la realidad que veo, la indolencia del conformista.

José Luis González Quirós dijo...

Para Anónimo: me ha gustado el texto de Hernández y no conocía el experimento. Creo que es verdad que los españoles estamos muy enfrentados: mi esperanza es que sea más de boquilla que en realidad, porque también tenemos otro defecto que, en cierto modo, compensa el primero: somos hipócritas y se nos va la fuerza por la boca. de cualquier manera es evidente que alguien tendrá que decir de nuevo lo de Paz, piedad, perdón...aunque espero que con menos motivo. ¡Feliz Navidad!