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sábado, 31 de diciembre de 2011

Un año más, un año menos

Los calendarios nos dan una idea del tiempo como algo monótono, repetitivo, porque se ajustan al ritmo circular de las estaciones. Sin embargo, en nosotros, el renuevo es algo engañoso, porque el tiempo, decía Quevedo, ni vuelve ni tropieza. Puede que eso produzca temor, pero también es el asiento de la esperanza, del afán de saciar esa curiosidad que nos hace estar vivos, atentos, sorprendidos y, con algo de suerte, felices. 
Diccionario de citas

viernes, 30 de diciembre de 2011

¿Contra quién se aplaude?


La larga, unánime y espontánea ovación de diputados y senadores al Rey a su entrada en el Congreso bien merece un análisis. Caben muchas interpretaciones de bienvenida tan calurosa como la del día 27, pero tal vez haya que suponer que algo no anda demasiado bien cuando tanto se aplaude.
Miguel Espinosa (1926-1982), un gran novelista, injusta y escasamente célebre, que conocía al dedillo los entresijos de la clase dirigente del régimen anterior, escribió en su Escuela de mandarines que “la resignación es la naturaleza del Pueblo” y que “la política es la simpatía del Poder hacia sí mismo”. Me parece que ambas sentencias sirven para enmarcar el significado de esos aplausos, incluso para entender lo que en ellos pueda haber de positivo. Lo más fácil es empezar por eso último, y es lo que han hecho los abundantes monárquicos: recalcar la unión entre los representantes de la soberanía nacional y la Corona.
Ahora bien, un examen cuidadoso no debería detenerse en lo más obvio, en que los representantes populares hayan querido recibir con calor a un Rey que acababa de hacer un cierto ejercicio de autocrítica, aunque oblicuo y moderado, y que, al hacerlo, unía su destino al de una clase política que tal vez haya hecho aún menos por poner en cuestión buena parte de sus comportamientos colectivos.  La reserva de legitimidad de uno y otros es todavía muy larga, y nadie sensato trataría de ponerla en entredicho, pero la perfección de los fundamentos del sistema no bastará para seguir manteniendo su legitimidad al abrigo de cualquier crítica cuando el descontento popular llegue a sobrepasar ciertos límites, algo que muy bien pudiera suceder si los políticos se empeñan en aplaudirse a sí mismos como si todo lo hicieran bien.
Si el desafecto hacia los políticos del que hemos tenido sobradas pruebas en los últimos meses no ha llegado a más, es porque ha existido la esperanza de que, aun no siendo percibida como bálsamo de Fierabrás, la alternativa democrática podría curar muchos de los males que se estaban experimentando de manera tan aguda. De ahí que la responsabilidad de Mariano Rajoy y del PP sea tan enorme, mucho mayor aún que el amplio respaldo de poder que les han dado las urnas.
La consigna política del nuevo gobierno no puede ser, por tanto, un mero bussines as usual, tentación en la que pueden caer quienes crean que han sido elegidos por sus méritos, sin caer en la cuenta de que en su éxito ha influido enormemente el hartazgo con la situación anterior, y que ese hartazgo, amén de concernirles en el pasado, les afectará de manera muy intensa, y no a muy largo plazo, en la medida en que no sepan entender que se espera de ellos algo más y algo distinto que una costosa y difícil recuperación económica, que, siendo necesaria, no será suficiente. La conformación del Gobierno, que merece, en cualquier caso, un amplio margen de confianza, podría sugerir que Rajoy va a dedicarse de manera intensiva a la tarea económica, dejando para las calendas griegas todo lo demás, una actitud que, si así fuere, debiera considerarse como un error de principio.
El caso de la Corona puede ser indicativo de lo que quiero sugerir, de que no basta con arreglar desperfectos de apariencia. El discurso navideño del Rey, la pieza inmediata que motivó el exceso en el aplauso,  se refirió a la necesidad de poner coto a la desconfianza que se extiende respecto a algunas de nuestras instituciones, y todo el mundo interpretó que se refería a su yerno, aunque luego haya dicho que no se trata de personalizar. En cualquier caso,  el Rey reconoció la lógica del escándalo y el descontento de la sociedad. Sin embargo, la cuestión que se ha de plantear, no el Rey, sino los legisladores, es que las actividades de la familia real, del propio Rey, deberían  estar más sujetos a normas de lo que han estado, de esa laxitud que ha permitido que un yerno se pase veinte pueblos, creyendo que podía hacerlo, porque nadie le había dicho lo contrario, y muchos se prestaban entusiasticamente a la liturgia. Si queremos Monarquía para largo, será necesario que una ley establezca con absoluta y meridiana claridad lo que el rey puede hacer y en qué negocios puede y no puede estar. Bien está que el Rey recuerde que la Justicia se ha de aplicar a todo el mundo, pero hace falta que se sepa cuál es la que se le debe aplicar a él y a los de su Casa.
Pues bien, es este tipo de análisis el que hay que hacer no solo de la casa Real sino del sistema en su conjunto, y si no se hace y se tratare de chapucear mejorando la economía, y aún en el caso de que se consiga, se habrá perdido otra oportunidad de relegitimar  y consolidar la democracia como clave del progreso de la sociedad española hacia fórmulas crecientes de progreso, libertad y bienestar.
Son muchas las cosas que hay que cambiar en Educación, Universidades, Investigación, Justicia, Administración pública, Régimen laboral, Sistema fiscal y un amplísimo etcétera. Por todo ello no acaba de ser buena señal que los políticos comiencen aplaudiéndose.


miércoles, 28 de diciembre de 2011

Un gobierno bisoño

Ha tenido suerte este gobierno con las Navidades que, dígase lo que se diga,  se prestan poco a los conflictos, sobre todo a los políticos. Así, los ministros y altos cargos han podido dedicarse a las tomas de posesión, a dejarse ver que es cosa muy grata, y se han podido disimular algunas improvisaciones, tal vez inevitables. El gobierno entrará en fase de funcionamiento en enero, y entonces ya veremos lo dura que es la cuesta. 
Los problemas de Android

martes, 27 de diciembre de 2011

Sobre las disculpas del Rey



Todo el mundo ha subrayado la valentía del Rey al aludir al episodio de Urdangarin, tan poco edificante. El Rey no es un español más, está por encima de nuestras diferencias y de nuestras querellas, precisamente para representar y garantizar la unidad indisoluble de la Nación en que se funda la  Constitución. Don Juan Carlos, que, de modo llamativo, apareció junto a un retrato en el que se le ve flanqueado por Rajoy y Zapatero, ha querido subrayar que, independientemente de lo que se pueda pensar de las distintas opciones políticas, él es el Rey de todos, y debe respetar a cualquiera de las formaciones que los españoles escojan para gobernar, tengan o no tengan acierto en su gestión porque representan la voluntad ciudadana en que se funda nuestra democracia. Su papel no consiste en decidir las fórmulas concretas para gobernar, sino en tratar de sumar voluntades, en acercar posiciones, en buscar avenencias, y en animar a todos a trabajar, a dialogar, a actuar  con altura de miras, rigor, patriotismo y entusiasmo.

El Rey se refirió a la necesidad de poner coto a la desconfianza que se extiende respecto a algunas de nuestras instituciones, y cómo ese problema solo se resuelve intensificando la ejemplaridad que es una exigencia pública de primer orden. A este propósito fue bastante transparente su alusión al caso que más directamente ha afectado a la buena imagen de la Monarquía desde su acceso al Trono, y lo hizo reconociendo la lógica del escándalo y el descontento de la sociedad  y recordando que nadie puede estar por encima de la ley.

La cuestión, que no ha de plantear, no el Rey, sino nosotros, es que los negocios de la familia real, del propio Rey, deberían  estar más sujetos a normas de lo que lo han estado, de esa laxitud que ha permitido que un yerno se pase veinte pueblos, supongo que creyendo que hacía lo que podía hacer, porque nadie le había dicho lo contrario y muchos se prestaban entusiasticamente al festejo. Si queremos Monarquía para largo, habrá que decirlo, será necesario que una ley establezca con absoluta y meridiana claridad lo que el rey puede hacer y en qué negocios puede y no puede estar. Bien está que el Rey recuerde que la Justicia se ha de aplicar a todo el mundo, pero hace falta que se sepa cuál es la que se le debe aplicar a él y a los de su Casa. De no hacerlo, será inevitable lo peor, que no haya dudas. 
Valor y precio

lunes, 26 de diciembre de 2011

El poder de Soraya


Soraya Saénz de Santamaría es desde el momento mismo de la constitución del Gobierno la mujer más poderosa de España, y eso no se ha debido a ninguna política de imagen ni de cuota, sino a la enorme confianza que el presidente ha depositado en su buen criterio, su sentido de la responsabilidad, su buena formación, su capacidad de sacrificio y su ya importante experiencia política. Sus primeras manifestaciones al tomar posesión de sus funciones han sido de humildad y de aceptación de las críticas, con lo que ha mostrado sentido de la responsabilidad y buena disposición para asumir un trabajo ímprobo y difícil. Nada que ver con la imagen de prepotencia y arbitrariedad de otras épocas, otros partidos y otras mujeres. Hay que esperar que la Vicepresidenta sepa mantener la calma y los buenos criterios a los que se ha acogido a la hora de pronunciar sus primeras palabras como mano derecha de Mariano Rajoy, porque una parte muy importante del éxito de este Gobierno, con el que tanto nos jugamos todos los españoles, lo mismo los que votaron al PP que los que no lo hicieron, está en manos de esta mujer de aspecto jovial, carácter sereno y maneras suaves. Soraya Saénz de Santamaría representa a una generación nueva en la historia de la derecha española, un grupo de personas sin apenas vinculación con los orígenes del partido conservador, y que ha sido llevada a la política por el mismo espíritu de responsabilidad que animó a los políticos de la transición, por el convencimiento de que España y los españoles se merecen lo mejor. Su éxito será un éxito colectivo de esa parte, muy importante, de la sociedad española que sabe renovarse y asumir responsabilidades.


domingo, 25 de diciembre de 2011

Navidad

Sucedió que por aquellos días salió un edicto de César Augusto ordenando que se empadronase todo el mundo. Este primer empadronamiento tuvo lugar siendo gobernador de Siria Quirino. Iban todos a empadronarse, cada uno a su ciudad. Subió también José desde Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por ser él de la casa y familia de David, para empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta. Y sucedió que, mientras ellos estaban allí, se le cumplieron los días del alumbramiento, y dio a luz a su hijo primogénito, le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en el alojamiento. 

Había en la misma comarca unos pastores, que dormían al raso y vigilaban por turno durante la noche su rebaño. Se les presentó el Ángel del Señor, y la gloria del Señor los envolvió en su luz; y se llenaron de temor. El Ángel les dijo: «No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor; y esto os servirá de señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre». Y de pronto se juntó con el Ángel una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: «Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en quienes Él se complace».

sábado, 24 de diciembre de 2011

¿Qué te parece el Gobierno?

Como no se habla de otra cosa, mucha gente me pregunta algo parecido, y como no es correcto no contestar, además de que en este país se pierde inmediatamente prestigio  si uno se calla, pues suelo decir que desigual, que no es decir gran cosa, pero da pistas. Un excelente equipo económico, un ministro de Educación y tal y cual realmente listo y brillante, y mucha gente con carrera política. Soraya me cae muy bien, siempre creo que me recuerda a alguien, y me parece un complemento ideal del presidente, que tiene  ese aire antiguo y respetable pero un poco aburrido, en público, me refiero, como corresponde a alguien que presume de ser previsible. Si entre estos y los demás lo hacen bien, llegarán a ser figuras, aunque me olvido de mencionar a quien estoy casi seguro que va a tratar de ser el Messi del gobierno, y no se si será peor que lo consiga o que no.

viernes, 23 de diciembre de 2011

Un Gobierno por descubrir



Mariano Rajoy ha optado por dar a conocer su Gobierno empleando una técnica bastante insólita, al leer la lista de las personas escogidas y hacer mutis por el foro; cabe temer que no haya empezado con buen píe con los periodistas, pero es seguro de que esa le aparecido la manera más directa y simple de dar a conocer el resultado de su primera decisión como Presidente, y que habrá pretendido marcar un estilo propio con ese procedimiento tan expeditivo. No tenía que dar ninguna explicación y no la ha dado.

La lista del nuevo gobierno se presta, sin embargo, a varias consideraciones. En primer lugar, ha escogido a personas de amplia experiencia. Los ministros de Exteriores, Interior y Educación y Cultura ocuparon ya cargos de importancia en la época de UCD, de manera que tienen una larga trayectoria política a sus espaldas, y conocen muy bien los temas de que van a ocuparse. Montoro, Arias Cañete y Pastor ya fueron ministros en gobiernos de Aznar; otros, como Guindos o Morenés, ocuparon también puestos relevantes en el período 1996-2004, y el resto han sido figuras dirigentes del PP con diversos niveles de responsabilidad.

La segunda consideración que parece relevante es que la mayoría de ellos pasan por ser personas con un trato directo y frecuente con el nuevo presidente y han estado muy cerca de su trabajo en las etapas recientes. A mi modo de ver, la sorpresa mayor es el mantenimiento de un Ministerio como el de Igualdad y Asuntos Sociales, una denominación  que puede servir lo mismo para un roto que para un descosido, mientras que han desaparecido o han sido subsumidas  denominaciones ministeriales de mayor  tradición. Se trata, seguramente, de guiños políticos, que, como todos los guiños, pueden prestarse a equívocos.

Ahora empieza lo difícil y Rajoy tendrá no solo que gobernar bien sino que llevar con pulso firme la dirección del PP, un trabajo que, de ningún modo, debiera abandonar o poner en manos de personajes supuestamente de segunda fila. La legislatura va a ser larga y dura porque, aunque Rajoy haya sido muy elegante al no mencionar apenas la herencia recibida, el estado en que se encuentran las cuentas públicas y el deterioro de muchos servicios es evidente.

La mayor tentación que se le puede presentar a este gobierno es la de comportarse como si fueran un grupo de técnicos, un ejecutivo que se haya de justificar por hacer bien sus deberes y sacar buena nota en Bruselas, es decir en Berlín y París.    Eso será necesario, pero no suficiente. La derecha española es muy sensible a esa tentación tecnocrática y apolítica, pero Rajoy no debiera ni descuidar el frente político ni dar a entender que la política consiste en hacer ciertos guiños sociales, como mantener el Ministerio de igualdad, por ejemplo.

Los males que afligen a la sociedad española no residen en un exceso de gasto: el déficit es una consecuencia política de ciertos errores, de ninguna manera su causa. Pongamos la educación, por ejemplo. Desde luego que hay que tratar de no gastar el dinero inútilmente, pero es mucho más importante convencer a la sociedad de que la educación debiera de experimentar un cambio radical para no seguir perdiendo oportunidades y repitiendo viejos y tontos errores. Educamos a nuestros alumnos en la idea de que todo consiste en asistir a clase, y descuidamos por completo  lo decisivo: que el estudiante debe estudiar y los profesores orientarle y ayudarle en su trabajo personal, porque de nada sirve asistir a cuarenta horas de clase a la semana si no se dedica tiempo a la lectura, el estudio y la escritura, tareas personales e irremplazables que el alumno deberá hacer por sí mismo. Nuestra Universidad sigue funcionando como si fuera un parvulario cuando ya en ninguna Universidad de primer nivel se incurre en semejantes errores: todavía, como escribía Ortega hace ya muchos años, “en nuestra Universidad fantasma la sombra de un profesor pasa lista sañudamente a las sombras de unos estudiantes”.

La tentación de los nuevos Ministros será evitar los líos, y eso está bien, siempre que esa calma se emplee en hacer algo por España que merezca la pena. A veces da la sensación de que los políticos no quieren enfrentarse con la realidad y que prefieren seguir viviendo en la ficción del papeleo, la burocracia, los premios, los actos protocolarios, etc., mientras no se enteran de lo que realmente debiera preocuparles. Si este Gobierno va a hacer algo realmente importante por España deberá meterse en muchos avisperos porque nuestros problemas son hondos y complejos, no se arreglan con mera disciplina presupuestaria.

Este Gobierno no va a tener muchos días de gracia porque, aunque la oposición más firme esté desarbolada, y quizás precisamente por eso, los problemas se pueden emponzoñar, y las tensiones desmandarse, lo que sucederá, inevitablemente, si el país percibe que este gobierno no mete las manos en la harina, con la tonta pretensión de no  mancharse ni gastarse.


El vandalismo de bandalismo

jueves, 22 de diciembre de 2011

El Gobierno comienza con buen píe

Este Gobierno comienza con buen píe, porque el personal se dedica a hablar de la lotería, lo que les da un respiro, y nos proporciona una idea de cómo anda la cultura política del país. Quizá el "no news good news" sea una buena consigna para este gobierno, que se produzca un lento despertar de la actividad y que nadie se acuerde de cómo demonio se llaman las ministras. Claro que la otra posibilidad es hacer política en serio. Veremos.
La Internet sospechosa

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Expectación exagerada

Rajoy ha actuado como el perfecto experto en anticlimax, y, en verdad, ha hecho bien. Su gobierno no contiene sino una media sorpresa, desde el punto de vista de la previsibilidad. Bueno será que el público se acostumbre a que de la chistera de la Moncloa no salen conejos. 
Profecías

martes, 20 de diciembre de 2011

¡Bienvenido!

No puedo decir que me haya gustado especialmente el discurso de Rajoy, pero es que soy un poco especial en estas cosas y, además, la personalidad de Rajoy no casa mucho con la del tipo de político que uno tiene en la cabeza al enjuiciar, e idealizar, esta clase de situaciones, pura fantasía, en el fondo. Pese a eso, el discurso ha sido eficaz, tranquilizador, claro, y ha dado la sensación de que podremos dedicarnos tranquilamente a trabajar, seguros de que en la presidencia del gobierno no hay ningún turulato.  No es poca cosa. 
De cualquier manera, los tiempos son de tal tipo que en breves semanas habrán pasado los buenos augurios y se enjuiciará no lo que se dice, sino lo que se hace. Siempre he pensado que Rajoy será mejor presidente que líder, si es que eso es posible: espero no equivocarme porque hay poco margen para el desastre, me parece. 
Google y las tabletas

domingo, 18 de diciembre de 2011

Vaclav Havel

Hoy ha muerto Vaclav Havel, uno de los mejores ejemplos de que las dictaduras comunistas no consiguieron acabar, del todo, con la libertad intelectual. Llegó a presidente de su país, pero nunca fue un político al uso, un profesional del poder, sino un hombre de ideas, un tipo raro entre nosotros pero, a Dios gracias, presente en esos países del Este de Europa que un día parecieron haber muerto para la libertad, pero gracias a Havel, y a muy pocos más, no fue así. Es emocionante que haya habido gentes dignas que se resistieron por todos los medios al avasallamiento del poder totalitario, una resistencia que es indiscernible de la libertad y que debe ejercerse en todo momento, incluso cuando la libertad no parezca estar amenazada, porque siempre lo está.

sábado, 17 de diciembre de 2011

El arrepentimiento

El hecho de que los filoetarras hayan mostrado su pesar a todas las víctimas de ETA podría ser una buena noticia de no ser una noticia absolutamente falsa, pura hipocresía, posibilismo de quienes han obtenido  unas posibilidades políticas que ni ellos mismos se crees. Poner en el mismo plano a las víctimas de ETA, entre los que hay abundancia de personas absolutamente ajenas al supuesto conflicto, y a los muertos de la banda es una indecencia y una muestra de cinismo que nadie puede tomarse en serio. Lo terrible es que formamos parte de un país en el que la cobardía se está haciendo homologar como valor cívico, y la hipocresía funciona como sabiduría política. Un asco, la verdad. 
Ventajas digitales

viernes, 16 de diciembre de 2011

Una nueva etapa de sensatez



En los países viejos, como el nuestro, la hipocresía tiene muchísimos atuendos.  Su esencia consiste en no decir la verdad porque se temen los resultados de hacerlo; en ocasiones el mal se agrava, porque, a base de no decir la verdad, se puede llegar a creer que no hay verdad que decir, y ese es el momento en el que se puede llegar a pensar cosas tales como que “la tierra no es de nadie sino del viento” en lugares supuestamente serios. La política no se lleva mal con la hipocresía, pero las crisis, especialmente las muy graves y hondas,  no se pueden disimular con bellas razones, que diría Don Quijote. Zapatero, y con él, el PSOE en una pieza, han caído en la cárcel de este juego de la oca que es la política, sobre todo  por haber producido, tanto en la economía como en el consenso constitucional, un exceso irrespirable de eufemismos, de medias verdades, de falsas promesas, mientras el país se precipitaba hacia el desastre, a una catástrofe que todavía no ha llegado del todo, y cuyas consecuencias más dramáticas y duraderas esperamos se puedan evitar.
Ante un panorama como éste, más que hablar de hipocresía, habría que hablar de falta de sesera, de insania, de modo que necesitamos una temporada larga de sensatez, de cordura y de hablar de las cosas de la manera más clara que podamos si es que de verdad queremos evitar la debacle.
Dice muy sabiamente el refranero que a perro flaco todo se le vuelven pulgas, y en medio  de tanto disparate han vuelto a florecer los casos de corrupción y, a modo de propina, el esperpéntico episodio del señor Urdangarín. Ante este tipo de dolencias, la farmacopea ordinaria recomienda extremar las dosis habituales de hipocresía, y no deja de ser todo un espectáculo la comparación de cuanto se dice en confianza con la pudibundez de las declaraciones de oficio, pero, del mismo modo que la hipocresía económica ha estado a punto de acabar con nosotros, la hipocresía cortesana puede acabar no ya con la Monarquía, sino con el Estado mismo. Pretender que el ciudadano de a píe llegue a creer que al señor Duque de Palma se le adjudicaban contratos en razón de su eficacísimo buen hacer y con el más profundo olvido de sus credenciales familiares es tarea de titanes, un esfuerzo inútil, y esa es la primera hipocresía de este turbio asunto que hay que sacar a la luz, las razones por las que diversos administradores públicos pagaban acciones que nunca se iban a realizar en los términos de un contrato normal. La segunda hipocresía es la de pretender reducir sus andanzas a un arcano del que nadie sabía nada en Palacio, como se decía en tiempos normales. La consecuencia es absolutamente evidente, no solo hay que liquidar judicialmente este asunto sino que hay que plantear de manera decidida el estatuto de la real familia y decidir de una vez por todas lo que puede y no puede hacerse al amparo de un título tan decisivo en nuestra historia.
Como en la economía, se trata de no hacer la figura que proverbialmente, y a buen seguro de manera injusta,  se atribuye a los gallegos, el arte de mirar para otro lado y hablar del tiempo. La historia ha querido que se nos amontonen los problemas en los inicios de la segunda década del siglo nuevo, y ya deberíamos saber que no sirven de nada los tratamientos meramente retóricos, la elusividad verbal. Tenemos un problema en el entorno de la Zarzuela y no es sensato negarle virulencia, a ver si unos nuevos y piadosos brotes verdes se lo llevan por delante.
La sensatez no es nunca sinónimo de disimulo, de fingimiento o de diversas fantasías más o menos mágicas. Hay ocasiones en que lo único sensato es coger el toro por los cuernos, y esta es una de ellas. Nada de eso está reñido con la calma, con la prudencia, o con la seriedad. Los primeros pasos de Rajoy en esta nueva legislatura han sido alentadores. Rajoy presume de ser hombre previsible, y a fe que sus propuestas han dado cuenta a la vez de su buen juicio y de su discreción. El parlamento va a ser una casa de tormentas con minorías bulliciosas y que no tienen mucho que perder, que están dispuestos a la guerra de artificio, como se ha visto con toda nitidez en los primeros pasos de la legislatura: pues bien, la elección de Jesús Posada, un hombre serio, moderado, discreto y ajeno a todo protagonismo, una especie de contrafigura del estridente y vocinglero Bono, ha sido un acierto pleno.
No es verdad que este país sea ingobernable, al revés, ha dado muestras en exceso sobradas de paciencia y mansedumbre, pero no hay que provocar la cólera del español sentado de la que ya hablara Lope de Vega. Hace falta cordura y buen gobierno, afrontar los problemas con seriedad y sin dilación, con la certeza de que es del mayor interés común arreglar lo que está mal pero ha estado muy bien, sin ademanes de energúmeno, pero sin eufemismos, con la energía del buen médico que sabe que hay cosas que se han de atajar porque la salud vale más que los malos ratos.

jueves, 15 de diciembre de 2011

Rajoy comienza a decidir



Siendo fiel a su condición de persona previsible, Mariano Rajoy ha comunicado a la cúpula del PP las personas que propone para los distintos puestos de responsabilidad parlamentaria.
Jesús Posada, un político veterano que ya ocupó cargos de responsabilidad en la época de UCD, ha sido Presidente de la Junta de Castilla y León  y ministro, en dos carteras, con Aznar, es el nuevo presidente del Congreso: se trata de una elección razonable y atinada, pero que no había sido incluida en ninguna de las especulaciones e intentos de adivinanza a los que se juega frecuentemente en este tipo de situaciones, y es una muestra evidente de lo muy poco que Mariano Rajoy se deja presionar por supuestas urgencias y diversos sindicatos de intereses. Es de celebrar que así sea, tanto porque revela la discreción del líder del PP, como porque sirve para poner de manifiesto el enorme capital de poder político que atesora en estos momentos, un caudal que deberá ser servido con responsabilidad, y hay que esperar que con grandes aciertos.
Jesús Posada es  una persona afable, con una buena formación intelectual, como corresponde a un ingeniero de caminos funcionario de carrera, y con suficiente experiencia jurídica y política. Por su carácter, es persona con gran habilidad en el trato, lo que le ayudará a tener la firmeza y flexibilidad que le ayuden a gobernar una legislatura de mayoría, pero con problemas perfectamente visibles a muy corto plazo. La presencia de Amaiur presagia un determinado tipo de conflictos, y un PSOE disminuido y desconcertado con una IU crecida puede incitar a la izquierda a radicalizar sus posiciones, y al PSOE a devolver en la persona del presidente de la Cámara las patadas que ha recibido de los electores.
Menor sorpresa ha supuesto la elección de Pío García Escudero, como presidente  del Senado. García Escudero comparte con Posada una buena formación y una amplísima experiencia política, además de ser persona que ha permanecido durante mucho tiempo en el círculo más cercano a Mariano Rajoy. Es de esperar que se decida a acometer una reforma de la  Cámara Alta que la ponga en condiciones de rendir los mejores frutos a nuestro sistema político. Celia Villalobos, también ex ministra de Aznar, ha sido elegida Vicepresidenta primera del Congreso. Se trata de  una figura con gran experiencia y con buena capacidad para conectar con el resto de fuerzas políticas del arco parlamentario, además de tener ya una larguísimo experiencia como miembro de la Mesa del Congreso en varias legislaturas. Juan José Lucas, continuará en la vicepresidencia del Senado, del mismo modo que  permanecerán en sus secretarías Ramón Rabanera y Matías Conde. Tanto el portavoz del grupo popular en el Congreso, Alfonso Alonso,  como José Manuel Barreiro, su par en el Senado,  hson políticos experimentados y que conocen a la perfección lo que va a ser su trabajo. El nombramiento de Alfonso Alonso ha suscitado ciertas reticencias en algunos sectores del PP por haber manifestado opiniones sobre los matrimonios homosexuales o la legislación sobre el aborto que, según ellos, haría difícil distinguir al PP de los grupos de la izquierda empeñados en dar ese tipo de batallas. Hay que esperar que las decisiones sobre esos temas no vayan a estar únicamente en sus manos, y que el PP se preocupe de tener una posición razonable y defendible sin restricciones por todos sus militantes. En cualquier caso, tanto la elección de Alonso como la de Villalobos muestran que Rajoy quiere tener presentes a todos los  sectores o sensibilidades de su partido, lo que es muy razonable.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

2012

Nos espera un año 2012 que amenaza con ser terrible, pero la mayor incógnita tal vez sea cuánto han de tardar los responsables principales del desaguisado monumental en que se ha convertido este país en echarle la culpa, sin mayores remilgos, al nuevo gobierno. Se admiten apuestas, y verán cómo no valen ninguna clase de disculpas. Sé de lo que hablo, porque ayer me encontré con uno de esos personajes y ya estaba tomándose a broma que Rajoy no hubiese conseguido arreglar la crisis. 
La televisión educativa, por fin

martes, 13 de diciembre de 2011

La hipocresía

El espectáculo de la hipocresía política con que se juzga estos días el llamado caso Urdangarín debería preocupar no solo a la Casa Real sino a todo el mundo. Unas son las cosas que se dicen en público, y muy otras las que se afirman en privado, es decir las que se creen. Creo que se trata de un testimonio de que algo está a punto de cambiar, pero todavía no. 
Estamos a un paso de que se empiece a cuestionar seriamente la Monarquía, y quienes se supone tendrían que tener más interés en defenderla no están brillando, precisamente, por su sagacidad. Algo está empezando a tambalearse y no sirve de nada alabar su estabilidad y sus virtudes en público, como si fuéramos a estar indefinidamente en Babia. Supongo que el mal, en  la medida en que lo sea, podría atajarse, pero no de la manera hipócrita con que se pretende aparentar que aquí no pasa nada. 
Cacharros intermedios

domingo, 11 de diciembre de 2011

La conspiración

Robert Redford ha vuelto a hacer una película política pero, de nuevo, centrada en sentimientos, en el contraste entre el poder y las dimensiones básicas de la vida humana. En Leones por corderos se ocupaba del papel de unos y otros en la guerra afgana, pero la guerra era solo un motivo para discutir modos de vida, virtudes y relaciones. Ahora en The Conspirator, otra cinta excelente, se centra en un episodio central en la historia norteamericana para ensalzar la figura de la madre, el contrapunto moral del matriarcado que tantas veces se ha querido ver en esa sociedad. La película pertenece a un género muy visitado por el cine americano, un proceso, pero se centra en las formas de vivir los conflictos de una serie de personajes unidos, por el amor o por la amistad y la guerra, que son puestos a prueba en contraste con el amor de quien es capaz de dar su vida a cambio de la mera posibilidad de prolongar la de su hijo. Merece la pena verla, aunque solo sea para admirar el que tal vez sea el mejor papel desempeñado nunca por Kevin Kline o para contemplar una vez más a ese inmenso actorazo que es Tom Wilkinson. El personaje materno lo borda Robin Wright
Valor y precio

sábado, 10 de diciembre de 2011

Europa

Europa va. De manera atropellada, poco elegante, como sin saber bien cuál es el camino, pero va. Hay quienes hacen ironías sobre que lo que ha conseguido el BCE, y la señora Merkel, no se pudo alcanzar ni tras dos guerras, pero son sarcasmos sin mucho objeto, sin mayor gracia. 
Al fin y al cabo siempre serán menos peligrosos los contables que los artilleros, la banca que los panzer, pero es que, además, no se trata de eso. Me gusta recordar que la política, y su maldades, heredan el latrocinio, el asesinato y los emparedamientos a cargo de los monarcas y de los viejos señores, de manera que supone un progreso efectivo. Aquí lo mismo, pero, además, no se nos lleva a mal sitio, tan sólo a un cierto rigor, a no estirar  la manga más de lo debido, a comportarse y no gastar lo que no se tiene, lo que, si es un vicio, es un vicio del tipo de los de la hormiga, de esos que de los que siempre han hablado bien los fabulistas. 
Lo que yo veo es a mucho emboscado hablando mucho de los mercados y citando a Europa únicamente cuando conviene, a mucho sindicalista que se teme lo peor, que se pueda quedar sin lo que saca a cambio de nada. En fin, que no me parece malo el panorama porque a veces los bienpensantes aciertan. 

viernes, 9 de diciembre de 2011

La difícil normalidad política


Mariano Rajoy llega al poder en unas circunstancias excepcionales por muchos motivos, pero lo hace con pretensión de instaurar una cierta cultura de la normalidad. El término, al que se remite con cierta frecuencia, tiene muchas aristas y puede lastimar a alguien que no lo maneje con cuidado, aunque es verdad que contiene una enorme capacidad crítica a la hora de referirse a ciertas situaciones del pasado inmediato que es muy difícil catalogar como normales. Así ni la abultada cifra de paro, ni el gasto público disparatado, ni las subvenciones a cualquier cosa que se mueva, ni los intentos de hacer pasar por accidentes los atentados pueden considerarse normales, y eso explica el atractivo de esa invocación.
La pretensión de normalidad puede ocultar también otro tipo de anomalías a las que estamos más acostumbrados y que sería hora de ir poniendo en cuarentena, porque lo normal puede confundirse fácilmente con el mero dejar las cosas como están. El gobierno de Rajoy puede encontrarse con que, puesto que  ha de afrontar problemas muy graves y urgentes, le parezca normal no ocuparse de otras cosas de menor importancia, pero que, al fin y a la postre, darán coloración a su Gobierno. Me referiré muy brevemente a algunas de estas cuestiones que el Gobierno debería hacer sin confiarse únicamente a sus éxitos en terrenos supuestamente más importantes. 
Los horarios laborales y las fiestas, por ejemplo. Es un verdadero desastre la forma en que descomponemos los ritmos de trabajo con fiestas a hora y a deshora, de manera que algo muy simple sería trasladar la mayoría de las fiestas a viernes o a lunes para evitar que abunden semanas como la presente en que nadie sabe en qué día vive.  Del mismo modo, habría que flexibilizar al máximo los horarios comerciales, y hacer algo para que los museos y monumentos nacionales no estén cerrados al público los días festivos que es cuando la gente puede acercarse a visitarlos. No sería mala idea que los parados pudieran colaborar en este objetivo.
Los impuestos son para los españoles un arcano, hasta el punto que muchos creen que solo los pagan los tontos. Sería muy educativo que se obligase a consignar los precios de los artículos a la venta sin incluir los impuestos, para que los ciudadanos se dieran cuenta de lo que se les va a la hora de pagar. Si los que acuden a la enseñanza gratuita supieran lo que cuesta cada hora de clase serían mucho más exigentes con la calidad de lo que se les ofrece, y no digamos nada si, como fuera lógico, pagasen de su bolsillo directamente una parte sustancial de esos costos. En nada se estima lo que parece gratuito, y esa es una percepción equivocada que hay que corregir en la cultura política de los españoles. Todo cuesta mucho, y cuando parece gratis es que alguien lo está pagando, la mayoría de las veces sin saberlo y sin beneficiarse de su esfuerzo.
Tampoco estaría mal que el gobierno de Rajoy acabase de una buena vez con la singular cacería de automovilistas que se ha organizado en estas dos legislaturas. Se ha aprovechado una mejora de las infraestructuras y una disminución del trafico debido a la crisis para atribuir a una gestión punitiva e hipócrita unos méritos irreales. Con la retórica anti-automóvil se ha impuesto una política que únicamente busca la recaudación y no, desde luego, la seguridad ni el civismo en la carretera.
La crisis económica acabará, espero, con buena parte de los dispendios que en forma de subvenciones, esto es de arañar el bolsillo de todos para llenar el de unos pocos, se han venido dando con tanta prodigalidad como aviesa intención política. Supuesto que no puedan suprimirse todas de una buena vez, habría de establecerse con gran claridad qué se le da a quién y para qué, de forma que la publicidad y la transparencia se adueñen de estos parajes burocráticos habitualmente opacos y tenebrosos. 
La normalidad no debiera estar reñida con la imaginación, con la voluntad decidida de poner en marcha una serie de reformas de apariencia modesta pero de largas consecuencias. No se trata sino de indicar unos ejemplos, entre cientos, de reformas muy eficaces que puede hacer un buen gobierno decidido a trabajar por el bien de todos. Esta política de pequeñas cosas puede parecer de poca importancia, pero será decisiva en el juicio que, no en mucho tiempo, merecerá el nuevo gobierno: ya sabemos que ha de hacer cosas que van a dolernos, pero deberíamos pedirle que hiciese también alguna que otra cosa razonable y gustosa, y que lo haga no sólo porque eso le ayudará a mantenerse en el poder, sino por convicción, para volver a una cierta normalidad que hace tiempo que ha sido abandonada. Que el gobierno se ocupe de lo esencial y que se las arregle para que los españoles podamos ocuparnos con el mayor grado de libertad de nuestros propios asuntos. Rajoy no solo tendrá que acertar con el ministro de Economía, sino con un equipo que piense que está en el Gobierno únicamente para contribuir a poner en pie una España mejor que la que ahora hemos puesto en sus manos.

jueves, 8 de diciembre de 2011

Cine de mujeres

Estoy preparando una clase sobre cine y feminismo y, sin pensarlo, me he topado con  una excelente película de mujeres, y de  más cosas, de esas veces que el cine te sorprende muy gratamente, tal vez porque no esperas mucho. Me refiero a The Help una película de Tate Taylor, que, contra lo que inicialmente pensaba, es un hombre y no una mujer. Tendré que darle unas vueltas, pero me servirá, imagino, para darle una vuelta de tuerca al argumento que tenía preparado a base de The Quiet Man, Gritos y susurros y Ellas dan el golpe. No sé si acertaré, pero creo que saldrá bastante redondo; mientras tanto no dejen de verla: gran tema, grandes actrices, una ambientación colosal y un guión emotivo y estimulante. Seguro que tiene defectos, pero no me parece que merezca la pena subrayarlos para una película que casi está pasando inadvertida. Además sale Allison Janney, la de The West Wing, una actriz realmente extraordinaria, haga lo que haga.


Precios sospechosos

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Renfe y los gitanos

Hace unos días el tren en que viajaba llegó unos minutos tarde a Madrid. Por megafonía se advirtió que la tardanza se debía al robo del cable en un sistema de señales. El tren, finalmente, llegó lo suficientemente tarde como para que hubiese derecho a la devolución de una parte del importe. Cuando acudí a información para hacerlo efectivo me encontré con una de esas muestras del "vuelva usted mañana" que son bastante inconcebibles en el momento actual y con los medios de que se dispone. Días después tampoco pude conseguir lo que me proponía porque, al parecer, no estaba clara la causa del retraso, y si era imputable o no a la empresa. Lo que saqué en claro es que es más fácil hacer propaganda que cumplir con los compromisos y esa conducta no es muy diferente de la que desarrollan los supuestos ladrones de cable, que habría que ver. 
Renfe es casi siempre muy puntual, más que nadie, sin duda, pero no debería entregarse a las cadenas de disculpas cuando incumple con la puntualidad prometida y ha de indemnizar. Esa racanería burocrática es más propia de la edad del kilométrico, una cartilla de cupones con la que, en los años sesenta, se premiaba con rebajas en el precio a los viajeros intensivos,  que de los tiempos que corren.
Defectos androides

martes, 6 de diciembre de 2011

La mentira como sistema



Las revelaciones que ahora están poniendo de manifiesto, con toda clase de detalles, las persistentes y groseras mentiras con las que Zapatero y su Gobierno pretendieron ocultar a la opinión pública los detalles más vergonzosos de su negociación con los etarras, e incluso la mera existencia de cualquier clase de contactos, subrayan también  el cinismo hipócrita con el que se atrevían a acusar al PP de no apoyar un proceso que no consistía en otra cosa que en una  incomprensible, vergonzosa e insostenible claudicación ante los terroristas.
La verdad se ha acabado sabiendo con todo lujo de detalles, tal vez porque se estima que ya no puede hacer más daño a los intereses      electorales del PSOE; esta es, sin embargo una pretensión con muy escaso fundamento, porque va a ser muy difícil que los españoles olviden hasta qué punto Zapatero y sus adláteres, desde Jesús Eguiguren hasta Alfredo Pérez Rubalcaba, han pretendido engañarnos a todos, tomándonos el pelo de manera miserable al representar una mala comedia de enredo haciendo ver sus supuestas discrepancias y distintas sensibilidades.
La única pretensión de ese burdo teatro era  hacer más tolerable lo que nadie medianamente digno podría consentir, la supuesta conversión de criminales en ciudadanos falsamente pacíficos, la continuación del terror mediante otros procedimientos, en fin,  nada que se parezca en absoluto a lo único que una democracia que se respete debiera perseguir, y  había perseguido en efecto hasta que Zapatero traicionó el pacto antiterrorista al reunirse con los etarras al mismo tiempo que lo firmaba con Aznar, la derrota de los terroristas y el establecimiento de una auténtica libertad política en el País Vasco. Los resultados de esa traición a los principios de la democracia y a los intereses nacionales están bien a la vista, sin que el PSOE, por cierto, haya podido conseguir el menor rédito electoral de tan enorme error político, de algo que no se aparta mucho de lo que pueda considerarse una traición a los más altos intereses de la patria y del estado.
También en esto el legado que el PSOE le entrega al Partido Popular constituye una herencia envenenada. Nunca es tarde, sin embargo, para volver a hacer las cosas bien, especialmente porque los españoles no dejan de expresar tanto en las encuestas como en su voto, y en toda suerte de manifestaciones,  su rechazo mayoritario  a las falsas soluciones del terrorismo, su desconfianza completa en los apaños con una ETA tan mentirosa como criminal, y su oposición a las medidas de gracia inmerecidas con terroristas que ni se arrepienten de sus fechorías, ni entregan las armas, ni están dispuestos a ninguna forma de democracia que pueda significar que no se haga exacta y minuciosamente cuanto ellos quieren.
La mentira obtiene siempre frutos amargos. Es bastante sarcástico que quienes llegaron al gobierno acusando a sus rivales de mentirosos se despidan de su mandato en medio de una prueba tan resonante y espectacular de sus propias mentiras sistemáticas. La explicación es, por desgracia, bastante simple. Zapatero y los suyos han creído que podrían engañar a todos y siempre, que podrían salir indemnes de tanto embuste. No ha sido así. Los electores  los han despedido en buena hora, pero ahora tendremos que administrar con pulso firme y claridad de ideas las nefastas consecuencias de una política no solo mentirosa sino estúpida, supuestamente inspirada en esas pretenciosas buenas intenciones con las que están pavimentados todos los infiernos. 
El reino de las apps

lunes, 5 de diciembre de 2011

Un maldito embrollo

Lo que se conoce como caso Urdangarin y que, independientemente de lo que acabe estableciendo la Justicia, es una desafortunada mezcla de equívocos, supuestas buenas intenciones y picaresca multidireccional, parece a punto de cobrarse una primera víctima, sin que esté claro que no estemos ante uno de esos casos en que el implicado, simplemente, pasaba por allí. Sería muy deseable que este desagradabilísimo episodio terminase cuanto antes y que no se fuese a caer en la tentación de ir cargando con las responsabilidades a unos y otros hasta ver si el caso se disuelve. Según ha publicado La Gaceta, en las próximas semanas podría producirse el cese de quien ha sido secretario personal de Doña Elena y Doña Cristina tras un largo trabajo de más de 18 años junto a las Infantas. Carlos García Revenga fue profesor de las Infantas en sus primeros años, y desde ese momento ha mantenido una relación personal y de servicio con la familia del Rey, sin que esté claro que tenga ninguna responsabilidad en los presuntos delitos que se investigan, por más que haya ejercido de secretario de tesorero en Nóos, entidad a la que se incorporó, y seguramente obedeciendo instrucciones, después de que se hubiesen cometido las acciones  que ahora merecen la atención de los Jueces. No sería ni medianamente inteligente que se intentase desviar la atención de un caso desafortunado hacia el protagonismo de alguien que, de cualquier modo, no tenía poder alguno ni para dar órdenes ni para establecer planes de negocio, sino que, según todos los indicios, cumplía una función meramente formal.

Todo lo que rodea este caso es lamentable, y debería servir para establecer de una manera clara y transparente el status en el que deben situarse las personas y las conductas de quienes contraen vínculos familiares con el Rey. No cabe tampoco estirar nuestra habitual hipocresía en esta clase de asuntos hasta la esperpéntica afirmación de que, al fin y al cabo, el señor Urdangarín, es un ciudadano corriente y moliente, porque, aunque la Justicia deba tratarle como tal, es obvio que no lo es en absoluto, y que habrá podido hacer lo que haya hecho, mediante una mezcla deletérea de buenas intenciones, gestiones ciertas, malas prácticas, y actividades presuntamente ilegales, precisamente por no ser un ciudadano nada normal.

El hecho de que el señor García Revenga fuese presentado como asesor de la Casa Real para facilitar que pudiera llevar a cabo ciertas gestiones sin necesidad de desgastar directamente al Duque de Palma, no muestra otra cosa que la confianza que, hasta su traslado a Washington, tenía el señor Urdangarín en esta persona, y el hecho de que nadie trataba de ocultar la relación de la familia de Don Juan Carlos con las actividades de Noos, como lo muestra que la propia Infanta Doña Cristina estuviese presente en la dirección de esa entidad, al menos a efectos de su publicidad.

Está claro que es esa cercanía a nuestro Rey lo que causa una profunda desazón en todo este asunto, pero no sería razonable ignorar que ha sido precisamente esa relación tan directa lo que le otorgaba a la firma de Urdangarín, que por otra parte quiso tener la apariencia jurídica más inobjetable como entidad sin ánimo de lucro, la capacidad para acceder a un ámbito que estaría vedado a cualquier otro competidor, y, no menos importante, la posibilidad de establecer unas tarifas y emolumentos completamente fuera del alcance de  cualquier mercado realmente competitivo. Es seguro que nada de eso, si es que resulta ser delictivo, o ha llevado a que se haya cometido delito, puede ser imputado a una persona al servicio de las Infantas y de la Zarzuela.

Hay que acabar limpiamente con este escandaloso y feo asunto, y evitar a cualquier precio la sensación de que se está buscando que una figura casi decorativa acabe pagando el pato.  


El año del libro digital

sábado, 3 de diciembre de 2011

El tren de Logroño

El viernes por la tarde me fui a Logroño, a conmemorar el tercer aniversario de la UNIR, y lo hice en autobús: una pesadilla de viaje, largo, incómodo, de horario incierto y, sin duda, peligroso. Hoy he debido regresar a Madrid en tren: una delicia de viaje, corto, muy muy cómodo, seguro y puntualísimo. El tren de Logroño tiene, sin embargo, dos inconvenientes graves: resulta mucho más caro que el autobús, lo que es disparatado desde el punto de vista de los intereses generales, y tiene unos horarios que ni puestos por el sindicato del transporte de viajeros por carretera, y a lo mejor no digo ninguna tontería. Por ejemplo, para venir hoy de Logroño a Madrid había una única posibilidad, coger un Alvia a las 7,50 de la mañana, lo que, para ser sábado, no parece un horario muy comercial.  
Es absurdo que no haya más de un tren, el domingo ninguno, por cierto, con la excelente infraestructura que tenemos y sacándole el tren más de hora y media de ventaja a cualquier fórmula de viaje por carretera en el trayecto entre Logroño y Madrid. Esto podría ser comprensible hace treinta años, pero no ahora cuando disponemos de unas infraestructuras magníficas, pero infrautilizadas, y de una flota de trenes excelente, pero sin apenas uso. Así se explica , por ejemplo, que siendo España el país de Europa con más kilómetros de alta velocidad (superamos a Francia en 160 kilómetros de vías de este tipo) nuestra utilización de este servicio, cuyo mantenimiento es muy caro, sea casi nueve veces menor que la de los franceses, y no hablo de memoria sino tras consultar los datos disponible en la página de la UIC o unión internacional de ferrocarriles.  Se trata de una situación disparatada que hay que esperar sepa corregir un gobierno algo más atento a las cosas del común que el de nuestro inspector de nubes. 
Kindle & Nexus

viernes, 2 de diciembre de 2011

El PSOE y sus opciones


Como el panorama al que se enfrenta el nuevo Gobierno deja poco margen, la cuestión política de mayor calado es la que se refiere a la orientación que tomará el PSOE tras su derrota. Su Congreso será antes que las elecciones andaluzas, y en esa tierra, de manera que los delegados no tendrán que moverse en zona de infieles, aunque harían bien en no dejarse llevar por espejismos a la hora de valorar las posibilidades que tienen por delante,  porque, aún con una cierta recuperación de su voto, la crisis del PSOE podría considerarse con menor dramatismo, pero no con menos profundidad.
Lo primero que habría que descartar es la conversión de Zapatero en el único pagano. Es verdad que Zapatero se ha movido no poco para tratar de evitarlo,  y que ha estado notoriamente ausente a la hora de dar la cara, pero sus mutis no han  hecho sino dibujar la contrafigura de un proceso por el cual los socialistas parecían querer endosarle de manera integra y sin salvedad alguna la responsabilidad de su mala fortuna. Hay dos poderosas razones para que el empeño de exonerar al partido del desastre general sea un imposible: la primera de ellas es que, sin excepción, los dirigentes del PSOE han acogido con mansurrona disciplina todas las iniciativas de Zapatero, que no han sido pocas ni irrelevantes. El PSOE bajo Zapatero ha sido un partido rocoso, férreamente unido tras su líder y en el que no ha habido ni la más ligera discrepancia. Sólo cuando el desastre era ya inevitable se ha ensayado un alejamiento y eso, segunda razón, ha impedido que nadie cogiese el toro por los cuernos y tratase de encabezar una oferta electoral que ligase con las recientes rectificaciones del presidente; es claro que eso hubiese supuesto hacer de la necesidad virtud y, además, un giro tremendamente radical de su retórica política, pero al no haberlo ni insinuado, al afirmar expresamente que se iba a pedir a Europa una moratoria de dos años, el PSOE perdió una oportunidad que solo se reserva a los audaces, la de ofrecerse como mejor gestor que la derecha, frente a una crisis excepcional. Aun asumiendo la responsabilidad política de los errores, podrían haber tratado de poner en valor los recortes del Gobierno, y definir una estrategia económicamente ortodoxa, pero políticamente distinta a lo que, a su parecer, trataba de ocultar Rajoy. Era una difícil oportunidad para un político de primer nivel, y ya pasó. Al haber renunciado a ese audaz gambito, que no hubiese supuesto mayores pérdidas que las habidas, el PSOE se quedó sin iniciativa, y fatalmente condenado a correr hacia atrás, a la búsqueda imposible de un tiempo que, como decía Quevedo, ni vuelve ni tropieza. 
El dilema al que ahora se enfrenta el PSOE no es menos peliagudo que el que acaba de evitar por incomparecencia de un líder de auténtico empuje. Si Rajoy acierta, estarán perdidos, y si tarda en hacerlo, carecerán de autoridad cualquiera para hacerle una oposición capaz de suscitar apoyos nuevos. El futuro del voto para el PSOE parece rotundamente decreciente, y la cuestión que han de afrontar no es la de explicar cómo han llegado a perder cuatro millones largos de votos, sino qué puedan hacer para no seguir desangrándose. Hoy por hoy, el PSOE ha perdido la posición privilegiada que tenía en el centro del sistema, y no es evidente  que la vaya a recuperar haga lo que hiciere. El PSOE ha de enfrentarse, por tanto, a un auténtico proceso de reinvención, porque el PSOE post-franquista que hemos conocido está en trance de liquidación. Se abren, en consecuencia, dos opciones: la primera, reconstruir ese PSOE herido pero no muerto; la segunda, tratar de enlazar con algunos de los valores perdidos de la más vieja tradición socialista, esa que gustan de invocar pero con la que rompieron quizás demasiado deprisa y radicalmente. El elemento esencial de esa tradición ha sido el que justifica la existencia de una E en el acrónimo con que se conoce al partido, su españolidad, un rasgo que ha sido puesto entre paréntesis más veces de lo necesario dejándose llevar de la absurda idea de que España fuese un invento reciente, una pesadilla franquista.  Hora es ya de que el PSOE vuelva a ser español de manera tranquila y no vergonzante. La segunda seña abandonada, aunque seguramente de forma más superficial, es la idea de que la igualdad no tenga nada que ver con la economía, que esa pulsión  se pueda nutrir exclusivamente con ocurrencias que resulten molestas a los muy conservadores, aunque no sirvan para otra cosa. El PSOE debiera tomarse más a pecho la igualdad, aunque eso pueda impedir que indulten sin aspavientos a un banquero pillado in fraganti haciendo cosas que llevarían a prisión al común de los mortales.
Los socialistas saldrán por do les parezca, faltaría más, pero se equivocarán gravemente actuando como si su problema pudiera reducirse  a un mero fallo de liderazgo, como si valiera acogerse a cualquier política excéntrica y fuera de lugar.

jueves, 1 de diciembre de 2011

El franquismo

A día de hoy no puede haber duda alguna de que el franquismo sea otra cosa que un estúpido espantajo que ha empleado cierta izquierda demediada para tratar de sobrevivir a tanta adversidad. Claro es que toda necedad tiene su contraparte, su imagen especular y simétrica, porque los tontos andan siempre muy pendientes de las andanzas de sus semejantes. 
Telefónica imita a los indignados

miércoles, 30 de noviembre de 2011

El alcalde okupa

El alcalde de Parla, ciudad tranviaria, ha decidido encerrarse en el edificio de la Puerta del Sol, sede del gobierno de la Comunidad de Madrid, para que la comunidad le pague el tranvía que no puede pagar el Ayuntamiento que él preside. Me descubro ante la creatividad política del insigne alcalde. ¡Encerrémonos todos al grito de que me paguen lo mío! Así se acabaría muy rápido con la injusticia,  la indignación se convertiría en una fuerza positiva, y, seguramente, conseguiríamos acabar incluso con los financieros perversos que ponen los mercados en nuestra contra. En Parla no tienen un alcalde, tienen un profeta. 
Una calle para Jobs

martes, 29 de noviembre de 2011

Despedida y cierre

El Gobierno de Zapatero no se piensa ir sin dejar buenas muestras de que es un gobierno progre, disminuido por las circunstancias y los mercados, pero  como Dios manda. Lo del Valle de los Caídos, el premio a Sampedro y los nombramientos de última hora para agradecer el sacrificio de los más fieles dejan una impronta clara de la idea que se hacen de sí mismos. Gestos, ademanes, impotencia: el mundo sería de otro modo, de poder ellos. A dividirse, entre lamentar que no puedan, o que eso crean. 
Dos mundos

lunes, 28 de noviembre de 2011

El PSOE ante el abismo


Las reuniones formales de los partidos políticos suelen ser unos auténticos monumentos al eufemismo, pero la última reunión del Comité federal ha roto el récord del disimulo porque tanto unos como otros se han empeñado en echar la culpa de su derrota al empedrado.  El todavía secretario general del PSOE y presidente en funciones ha vuelto a dar una prueba más de su agudeza política al culpar a la crisis de la grave electoral de su partido; es cierto que admitió ciertos defectillos en la gestión de su gobierno, pero la responsabilidad, como siempre que un socialista fracasa, le parece que es de los demás. Como el PSOE ande tan clarividente en relación con su crisis como lo ha estado su secretario general no acertará a recuperarse en un horizonte razonable.  
Los socialistas harían bien en ser autocríticos, en aplicarse a sí mismos un cierto porcentaje de la crítica  implacable que siempre reservan para los demás. No es cierto tampoco que Zapatero sea el único responsable de cuanto ha sucedido, porque el partido entero, del primero al último, le siguió de manera mansurrona y zalamera en todos y cada uno de los innumerables disparates que ha perpetrado en sus años de mandato. Los estropicios causados por Zapatero han sido numerosos y de difícil reparación, pero no será el menor de ellos el daño que ha causado a su partido, eso sí, con el irresponsable aplauso de la totalidad de sus dirigentes que ahora se disponen a pelarse por gobernar los restos del naufragio.
El menor de los problemas del PSOE es la inexistencia de un verdadero liderazgo alternativo. La verdad es que lo que los españoles que antes le votaron han abandonado es una política, no simplemente unos errores de gestión de un personaje estrafalario. Zapatero ha intentado inventar un PSOE imposible e inviable, un partido avergonzado de ser español, incapaz de asumir nuestro pasado con tranquilidad y grandeza, miope frente al presente y al futuro, y que ha tratado de nutrirse del rencor, y de un antifranquismo tan fuera de lugar como inconsecuente y demagógico. Es una nueva política lo que necesita el PSOE y no simplemente un cambio de cromos, ni una vuelta al felipismo o una nueva apuesta zapateril por ese peculiar feminismo catalanista de quien parece creer que todos debamos votarla por ser mujer y catalana.
El PSOE debe ser un partido reconciliado con la normalidad con la que los españoles viven la democracia y la libertad, y capaz de promover soluciones realistas y factibles a los retos que siempre se le plantearán a la sociedad española, y que ya no tienen nada que ver con los que nos llevaron al enfrentamiento civil hace tres cuartos de siglo. Sería deseable que nos ahorrasen el espectáculo de una lucha por el poder completamente ayuna de ideas, aunque eso seguramente exigirá que abandonen por completo el escenario esos políticos que no han sabido hacer otra cosa que alabar las ocurrencias zapateriles, que contribuir al vano intento de engañar a la opinión prometiendo el pronto paso del mal rato, o echando la culpa a los mercados de sus inconsecuencias e incompetencias.  
El PSOE tiene que dejar de jugar al peligroso juego de quebrar el consenso o de excitar las contiendas civiles por motivos religiosos, éticos o educativos. Que no sepan construir una política alternativa sin necesidad de inventarse una nueva sociedad o una España inexistente, diría muy poco de la capacidad política, pero, en cualquier caso, si no aciertan a hacerlo no harán otra cosa que caminar firme y decididamente hacia el abismo que se ha abierto ante sus píes y que no van a conseguir  evitar con uno de esos maquillajes a los que están tan acostumbrados. 
Disparates españoles y digitales

domingo, 27 de noviembre de 2011

El saqueo de España


Ante el descomunal castigo electoral que les ha infligido el pueblo español, los ministros del Gobierno han reaccionado con más codicia que pena, y han decidido aprovechar los últimos días de su precario mandato para quedar tan bien como puedan con sus fieles y amigos, que, aunque pocos, se enfrentan a una etapa muy dura, lejos del cariño y el afecto que les ha prestado un gobierno tan amable con los suyos. Nada habría que objetar a este cariño hacia lo propio, si no fuera que se paga con el dinero de todos, y ante una duradera época de vacas flacas. El gobierno piensa llevar su solidaridad hasta el mismísimo día de la investidura, seguramente consciente de que van a tardar mucho tiempo en verse ante una oportunidad como la que han tenido y han acabado por malbaratar por su insolvencia y su sectarismo. Llama poderosamente la atención la enorme suma de dinero, de un dinero que, en realidad, no tenemos, que el Gobierno está dispensando en estos últimos días a sindicatos, fundaciones y organizaciones afines, a entidades cuyas siglas no se molestan ni en disimular su carácter de iniciativas oportunistas y aprovechadas.
El gobierno sigue erre que erre con la memoria histórica, dando estupendas ayudas a unas asociaciones de baratillo que le han hecho la ola durante estos años, por cierto que  sin ningún beneficio político visible, a precios de auténtico escándalo. Produce sonrojo la lectura de los títulos que exhiben esas asociaciones para quedarse con nuestro dinero, es un puro disparate y un auténtico descaro este reparto de sopa boba a entidades que no son otra cosa que listillos dispuestos a firmar unos recibos, y a gastarlo en lo que mejor les venga, aunque sea en comilonas como la viguesa para agasajar la presencia del ministro de las gasolineras.
El frente internacional tampoco se priva de las dádivas de la alianza de civilizaciones: Exteriores ha dejado caer un maná de nada menos que 100 millones de euros sobre las más insólitas iniciativas de los escasos personajes que les hacen algún caso, aunque con esas ayudas bien podrían convertir a Zapatero en un auténtico mito de los oprimidos del mundo. Estas acciones no solo significan tirar el dinero de nuestros impuestos, sino que comprometen la continuidad de la ayuda de España en el próximo futuro, es decir que estos socialistas no solo quieren gastarse lo que no tienen, sino lo que tampoco tendrá el próximo Gobierno.
Un gobierno en funciones debería suspender de manera inmediata este rosario de adjudicaciones, y, si no se siente inclinado a hacerlo por respeto a la mera decencia, debería pararse a pensar en los recortes que ha debido hacer, a costa de funcionarios y de pobres pensionistas. Solo alguien dotado de un imperturbable sentido del cinismo puede sostener que el pago de esas ayudas constituya una obligación del Estado. Parece mentira que haya socialistas que no comprendan que ha sido precisamente esa insolidaridad real con los españoles que pagan sus impuestos, y apechugan con la crisis que el Gobierno y el PSOE negaron primero, y agravaron después, lo que ha privado al partido de unos cuantos millones de votos. Poca perdida es si se mira a la luz de las desvergüenzas que siguen perpetrando.
El PP debería exigir que cesen estas fechorías, que a la vista de los sacrificios  que habremos de soportar todos, se acabe  con esta feria del reparto, con el  indecente saqueo de unas arcas que se han vaciado con su incompetencia y que pretenden seguir explotando hasta el último minuto, como si la cosa no fuese con ellos.



viernes, 25 de noviembre de 2011

Educación

Cuando se tiene una cierta experiencia en la educación, pronto se llega a perder la capacidad de asombro. Es realmente notable que no caigamos en la cuenta del daño que causa en el espíritu de los jóvenes una educación rutinaria, sin aliento, sin ninguna emoción, y cómo amputa muchas de las cualidades que debiera potenciar. Habría que dejar de hablar de educación, que suena a algo muy pasivo, y recordar a todo el mundo que nadie puede educar, pero que tampoco nadie debería privar a los alumnos de su capacidad de aprender, cosa que se hace a base de prohibir el interés y premiar la pasividad. A partir de cierta edad y nivel de instrucción hace falta que un alumno tenga vocación, deseos de saber, preparación y capacidad de sacrificio, y muchos carecen de esas cualidades sin las que es imposible que consigan nada, pero les hacemos persistir en el feo vicio de frecuentar las aulas  para acostumbrarse a repetir lo que oyen. Lo raro es que no haya todavía más desastres que los muchos que soportamos. 
Black Friday

jueves, 24 de noviembre de 2011

Los rumores

Los rumores sobre los ministrables constituyen un género muy español, y no de los mejores, ciertamente. Es absurdo que se de la importancia que se da a esta necia intención de averiguar lo que nadie, si acaso uno, puede saber a día de hoy con certeza, pero además, de poderse saber, sería una información bastante irrelevante, porque el nombre y la trayectoria de alguien  no permiten adivinar  lo que  vaya a hacer, incluso suponiendo que tenga autonomía y coraje para hacerlo. En fin, en algo hay que gastar el tiempo, en lugar de estar cada uno a lo suyo. 
Bibliotecas y librerías

miércoles, 23 de noviembre de 2011

La histeria

Todo lo que se está hablando acerca del acortamiento de los plazos para la entrada del nuevo gobierno está inspirado en una especie de histeria económica, en la demencia de confundir la celeridad con la eficacia, y las soluciones con los milagros. Creo que Rajoy haría bien en no perder la calma, y en no dejarse llevar por estas supuestas urgencias de los mercados que son, más bien, fruto de la frivolidad de los comunicadores de bolsa, y otras gentes de mal vivir. Eso creo, y no es porque desee la perduración del presidente en funciones que, para mi gusto, está de más desde hace cerca de ocho años. Un poco de calma, por favor, que no se toma Zamora en una hora. 
Virus androides

martes, 22 de noviembre de 2011

Comienza la esperanza



La amplísima victoria del PP en las elecciones del domingo ha demostrado que no hay en España nadie que discuta seriamente la necesidad de afrontar una etapa política completamente nueva, de iniciar un cambio radical que sea capaz no solo de sacarnos de la crisis sino de colocarnos en una senda de estabilidad y crecimiento que no pueda interrumpirse con facilidad. No estamos ante una ocasión como la de 1996, sino ante un reto de superior dificultad que hay que afrontar con decisión y audacia para que en un período relativamente breve los ciudadanos comprendan que no se trataba simplemente de cambiar, lo que era inaplazable, sino que han acertado a  escoger el buen camino. Es evidente que no será fácil, pero no es menos claro que cualquier error de rumbo tendría en un plazo muy corto consecuencias catastróficas para España.
El Gobierno de Rajoy se enfrenta a dificultades realmente graves y no va a gozar de un período de gracia especialmente largo, porque las expectativas de cambio ya están descontadas, y lo único que puede cambiar el miedo de los mercados hacia la fiabilidad de España es comprobar que nos encontramos ante un gobierno decidido, valiente, que tiene las cosas claras y que no piensa en otra cosa que en cumplir nuestros compromisos y en acabar con los defectos de fondo de nuestro sistema político y económico. No es, pues, poca ni fácil la tarea, pero, a cambio, las expectativas de éxito serán grandes si se afrontan los retos con decisión, con rigor y con generosidad.
Los españoles están, dígase lo que se diga, al cabo de la calle de los disparates cometidos, y comprenderán con facilidad que se hayan de tomar medidas muy radicales, a cambio, eso sí, de que la austeridad y los recortes se apliquen con seriedad, sin demagogias electoreras, con sentido de la justicia  y, sobre todo, si se aplican también a los innumerables excesos con que se han beneficiado los políticos de manera escandalosamente poco ejemplar.  No hay razón alguna que impida reducir en un altísimo porcentaje el gasto puramente político de las administraciones, y eso ha de hacerse porque no se puede imponer sacrificios a los ciudadanos si  quienes los imponen siguen gozando de empleos y prebendas inasumibles.
No se trata solo de corregir los errores y disparates de estos últimos años; hay que hacer cosas que nunca se han hecho y son inaplazables, como, por ejemplo, una reforma radical y muy rápida de la legislación laboral, que es la razón última de los casi cinco millones de parados; una reforma limpia y a fondo del sistema financiero que sea capaz de encontrar una solución al problema de los ruinosos activos inmobiliarios, lo que es técnicamente factible, y que permita que, de nuevo, afluya el crédito al sector privado; una severísima limitación del gasto público corriente con supresión, reunificación y  armonización de innumerables organismos administrativos paralelos e inútiles, lo que exigirá un plan muy ambicioso de reformas político-administrativas que se ha de implementar en menos de un año si queremos que nuestros acreedores, los ahorradores del mundo entero,  crean seriamente en nuestra capacidad de devolver lo que nos han prestado, y vuelvan a confiar en nosotros.
No se trata solo de economía; es la política lo que está en juego. Hay que acometer reformas serias de la Justicia, que supone una rémora a nuestra productividad completamente inasumible, y de la educación, sector en el que gastamos casi más que nadie y obtenemos bastante menos que la mayoría. Hay que meter mano al control de gasto en las administraciones, por ejemplo en la Sanidad, y evitar que haya organismos que rebasan sistemáticamente en más de un diez por ciento su capítulo de gastos de personal por la exclusiva razón de un absentismo laboral escandaloso, bien protegido por los sindicatos que, aunque se llamen de clase, son auténticos guardianes de los peores intereses corporativos.   También es política y no mera buena administración poner fin al despilfarro de las subvenciones, que no son sino una forma de corrupción y que evitan, interviniendo arbitrariamente en los diversos sectores, que salgan adelante con facilidad las mejores iniciativas y los mejores gestores. Si los españoles supiesen con certeza en qué han gastado el dinero de sus impuestos los Gobiernos hace ya tiempo que habrían puesto coto a estos desmanes, pero una espesa maraña de burocracia y eufemismos oculta ese espectáculo obsceno a los ojos del público; hay que acabar, a la vez, con el ocultamiento y con el despilfarro.
Si Rajoy acierta a hacer eso bien desde la primera hora, tendrá tras sí a una amplísima mayoría de españoles que sabrán atemperar su esperanza con la paciencia requerida hasta alcanzar la solución a  problemas tan hondos y tan extendidos.
El PSOE tiene también por delante un trabajo nada menor. España necesita una izquierda distinta a la caricatura que ha usurpado su papel en los últimos años, una izquierda que no viva del pasado ni de un rencor impostado, doblemente falso porque muchos de esos rencorosos teatreros son herederos directos de lo peor que pretenden denunciar; necesitamos una izquierda que crea en la Nación española, como lo hizo siempre hasta su reinvención tras el franquismo, y que no crea que nacer en distintos lugares de píe a derechos superiores; hace falta un PSOE que combata las desigualdades reales y no las que inventen a conveniencia. No será fácil para el PSOE que ha sido desde 1978 uno de los pilares del sistema, pero tendrán que encontrar su líder y su camino en la larga travesía que les espera, y ojala acierten, por el bien de todos.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Un panorama complejo

Las elecciones generales celebradas ayer han alumbrado un panorama político muy nuevo y bastante complejo. Su primera nota es el enorme descalabro que ha sufrido el PSOE, lo que plantea dudas muy serias sobre su orientación política en el futuro. La consecuencia inmediata de este desastre del PSOE es la mayoría absoluta del PP que, sin embargo, no sube excesivamente en el voto (en comparación con lo que sería razonable que subiera), ya que incluso pierde voto en algunas circunscripciones. La victoria de Rajoy es, pese a todo, una gran noticia, y su poder en el partido será incontestable a partir de hoy: su responsabilidad también será enorme, porque así lo es la expectativa provocada por su mayoría y el rango de los difíciles e inaplazables problemas con los que ha de enfrentarse. 
España es así. Diversa, compleja, desconcertante, y el panorama político y parlamentario va a ser completamente distinto de lo que era. Suben los nacionalismos, sube el separatismo, sube IU y sube UPyD, los primeros suben mucho con relativamente  pocos votos, los segundos suben menos con bastantes más, lo que pone de manifiesto, una vez más, la cara más fea de nuestro sistema electoral. Lo de IU ys se sabe que es un derivado, pero lo de UPyD parece ir más allá, y eso es una gran noticia para la estabilidad, el dinamismo y el equilibrio del sistema político. 
Toca esperar, no mucho, pero esperar. Los efectos de las políticas que emprenda Rajoy serán fulgurantes, para lo bueno y para lo malo. El panorama se ha movido mucho, y nada indica que vaya a quedarse quieto. 
Amazoneando

domingo, 20 de noviembre de 2011

Pausa publicitaria

A la espera de los resultados de la histórica votación de hoy, no todas lo son del mismo modo, no estará de más echar un vistazo a una noticia de aspecto agradable. Telecinco mantiene en antena un programa que puede considerarse el paradigma de la telebasura y, a iniciativa de un bloguero, la publicidad ha dejado de aparecer en él como castigo a su utilización de una entrevista que tiene que ver con el odioso y morboso caso del asesinato de una joven sevillana. 
Hay quienes, como Arcadi Espada, han visto en esto una nueva técnica publicitaria de las marcas más pudibundas, cosa que es posible, pero, en cualquier caso, quiero saludar el aspecto sano de la noticia, que halla maneras de decirle a una TV, donde más le duele, que su programación es indecente. 
Ordenadores y elecciones

sábado, 19 de noviembre de 2011

A fabis abstinete?

En estos días pasados una cierta variedad de amigos y conocidos me ha manifestado su deseo de abstenerse. Como hoy es jornada de reflexión, aunque dudo que sea mucho lo que se piensa a fondo sobre el particular, me voy a permitir un consejo, sin recomendar ningún voto en particular. Es muy simple, creo que votar es una obligación, y que es un error hacerlo en blanco. Comprendo los argumentos de quienes defienden la abstención o el voto en blanco, pero no me convencen. Creo que en ambos casos se incurre en el vicio, feo, de pretender una identificación con un cierto volumen de votantes,  como si quienes van a votar en blanco o a abstenerse estuviesen expresando  un propósito político definido. Creo que esto está reñido con una lógica bastante obvia, y que representa una postura comodona, cuando no hipócrita, en el preciso sentido de dar a entender una excelencia moral y política de la que seguramente están tan alejados como el que más. 
No negaré que la paleta electoral sea poco atractiva y, en cierto modo, insuficiente, pero creo que la vida está hecha de situaciones en que eso es precisamente lo que ocurre y no podemos deducir de ello una apología de la abstención, de la exquisitez. Votar es mancharse, desde luego, y hay que tener el cuajo de hacerlo con lo que nos parezca preferible, o menos malo, algo que siempre será mejor que esa pretendida excelencia de los que se entretienen en la delectatio morosa de un rechazo global al sistema, palabra preferida de cuantos se excusan de producir explicaciones precisas y pretenden que nos unamos a su inmaculada excelencia.  
En el peor de los casos, si se está decidido a no dar el voto a ninguno de los grandes partidos, siempre será mejor dárselo a uno de los pequeños que perderlo con la pretensión de formar parte de un reducto elegido y exquisito.
Comprender y decidir en el mundo digital