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martes, 8 de febrero de 2011

Dice Ortega, en La idea de principio en Leibniz, que una de las peores cosas de este mundo es la casi-ciencia, y no puedo estar más de acuerdo. Aunque Ortega no se refiera en ese pasaje a la casi-ciencia hoy más de moda, al cientifismo, porque está hablando de Santo Tomás y de su forma de entender la relación entre ciencia y fe, hay muchas formas de casi-ciencia y todas son bastante lamentables, pero seguramente la más necia de todas ellas es la que pretende profetizar la ciencia, continuarla con la imaginación, dar por hecho lo que apenas puede ser tomado como una idea sugerente que habrá que investigar a fondo, y otro tipo de enormidades de este estilo, es decir la ciencia como ideología y como dogma, una auténtica contradicción en los términos. El éxito de la casi-ciencia cientifista se apoya, como todas las generalizaciones indebidas, en la credulidad del público, en la malversación de esa forma de literatura que irritaba a Wittgenstein, la divulgación científica. Son los periodistas, que suelen entender muy poco de casi todo, y no tanto los científicos los que promueven las formas más perniciosas de esa clase de divagaciones pretenciosas. En último término, lo que s ya el colmo, es la ciencia convertida en religión de descreídos, ¡por Dios, qué mal negocio!


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4 comentarios:

David dijo...

José Luis:

Yo me he encontrado en tertulias cientifistas, y he visto, abochornado, como algunos se acercaban a importunar a un famoso biólogo español (cuyo nombre ahora no me sale) tras una conferencia sobre la evolución, poniéndolo de incoherente para arriba por creer en Dios a pesar de ser Darwinista. Les he mentado a Steven Jay Gould y su "Rocks of Ages", pero nada, seguían enrocados. ¡Cómo te he echado de menos!

También se vio hace poco cómo trataban los periodistas aquéllo que dijo Steven Hawkins de que Dios no hacía falta para explicar el origen del universo: ¡poco menos como que la física había desterrado la necesidad de un Dios, o incluso que había demostrado su inexistencia!

Un saludo,
David

José Luis González Quirós dijo...

Para David: los tontos son multitud, y muy atrevida gente. Suelen confundir la religión con su estrecha mollera y, si se les dejase, podrían causar auténticas catástrofes. Paciencia. Abrazos,

David dijo...

Pues sí, José Luis, paciencia. Por cierto, el biólogo de la conferencia era Francisco José Ayala.

jlfuente dijo...

José Luis:
Lo que nunca entiendo de estas cuestiones de ciencia y religión cómo los que abogan por la ciencia como nueva religión de la humanidad, casi única, no ven la miopía de la ciencia al uso al no practicar lo mismo que propugnan: que cualquier hipótesis debe ser admitida; que lo que hoy puede parecer absurdo, poco a poco, pude devenir creíble y científicamente probable en el futuro. ¿Por qué no admitir como algo racionalmente inalcanzable, pero factible, la existencia de Dios?