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sábado, 19 de febrero de 2011

Elogio, relativo, de la corrupción creativa

Aunque ya he escrito algún parrafito sobre el asunto, quiero hoy adentrarme algo más en el debido reconocimiento a ese pequeño, aunque no tanto, grupo de políticos andaluces que han llevado la corrupción a un nivel creativo desusado. Me refiero al lento y sorprendente descubrimiento de que en Andalucía se han empleado cientos de millones de euros en, por ejemplo, financiar prejubilaciones a individuos que no hubiesen trabajado nunca en la empresa que se sometía al ERE correspondiente, o que no hubieran trabajado durante un período lo suficiente, conforme a la ley, y un sinfín de variedades solidarias, y muy creativas. Creo que se trata, para empezar, de corrupción socialista, químicamente pura, y por oposición a la mera corrupción individual o de amigos, que, aunque también sea practicada con arte por buen número de socialistas, es tipológicamente más apropiada a otros gremios políticos. 
Los corruptos andaluces actuaban de tal manera que sus fechorías contribuían no solo a socializar los beneficios del robo, si bien imagino que existiría siempre algún tipo de cascada comisional, sino también a que el robo pudiese acabar convirtiéndose en una costumbre, y, a la larga, en algo legítimo. Se trata, pues, de un procedimiento enteramente dirigido a ampliar y a fortalecer los lazos clientelares sin los que el socialismo, una vez abandonada la idea revolucionaria, se convierte en una retórica evanescente, y en una rémora económica. Estos tipos han descubierto la manera de conseguir que la condición de socialista, o de ugetista, o de amigo de quienes lo sean, sirva para entrar en una senda de mejora económica casi permanente. 
Se podría argumentar que, con ello, privaban de unos beneficios legítimos a quienes tuvieran derecho a ese dinero, pero eso sería no comprender la esencia de este estupendo negocio: se trata de que el Estado socialista, digan lo que digan los mercados, no puede quebrar, y de que siempre se acabará por encontrar lo necesario para atender a lo que marcan las leyes. Así pues, la innovación que han puesto en marcha, un sistema de bonus para retribuir a los que, con su empeño, hacen posible la continuación del milagro político que es la supervivencia del socialismo, redundaría en beneficio de algunos, pero sin perjudicar a nadie, cosa que comprenderá perfectamente cualquiera que haya hecho el breve curso de economía al que se apuntó Zapatero. Insisto, no se puede negar que la invención sea genial: en Andalucía han descubierto algo que es casi como el movil perpétuo, un auténtico hallazgo, han superado, a base de imaginación, lo que, antes de ellos, pudiera parecer imposible. 

Recomiendo que no se pierdan la historia de los orígenes del bacalao al pil pil que imagino verdadera, además de interesante

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