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sábado, 26 de febrero de 2011

La España desigual


Los liberales corremos el riesgo de amar tanto la libertad, aunque una buena mayoría se dediquen simplemente a decirlo, que nos olvidemos de que no toda desigualdad es tolerable. Es obvio, por ejemplo, que la desigualdad ante la ley merece el repudio de cualquier liberal, y el de cualquier persona decente, pero hay más desigualdades intolerables que nada tiene que ver con la envidia sino con esa igualdad esencial, y con la condena de las formas que se ingenian para burlarla. Con las desigualdades económicas muchos tienden peligrosamente a decir aquello de que cada cual haga con su dinero lo que le de la gana, sentencia con la que estoy completamente de acuerdo, aunque el problema, me temo, es la excesiva ligereza con la que se concede a mucha gente ciertas especies espureas de derecho a lo propio.
Viene esto a cuento del rechazo que merecen las actuaciones, de auténtico juanpalomismo, las descritas con aquello de “yo  me lo guiso y yo me lo como”, en aquellas situaciones en que, por ejemplo, los políticos suavizan, sin apenas sonrojo, las condiciones para disfrutar de una pensión espléndida, al tiempo que endurecen esas mismas condiciones para el común. Esa desigualdad es realmente intolerable, obscena, y es un buen índice de cómo están las cosas entre nosotros. 
Si vamos al mundo de la empresa, considero que es realmente inadmisible que, por ejemplo, los consejeros de Iberdrola se adjudiquen una millonada en comisiones, cincuenta y cinco millones de euros, cuando estamos pagando todos la luz a un precio que me parece abusivamente alto, y cuando no hay nada que se parezca ni lejanamente a un mercado libre de energía, es decir cuando Iberdrola obtiene sus beneficios, en muy buena medida, de su capacidad de presionar al ejecutivo para la fijación de unas tarifas muy favorables a su gigantesco beneficio. Otra noticia muy similar me parece igualmente repulsiva, resulta que Vasile, el genio de la lámpara de Telecinco, ese manantial inagotable de cultura y bienestar propiedad del ejemplar Berlusconi, se sube el sueldo un 25 por ciento, simplemente  porque le parece oportuno.
Se me puede decir que no entiendo nada de todo este asunto y les diré que, en efecto, entiendo muy poco, pero creo tener alguna razón para decir que el abuso me parece que nada tiene que ver con la libertad, y que en una democracia que se precie, claro que no es el caso, esta clase de conductas deberían estar perseguidas por las leyes. No creo, además, que eso perjudicase en lo más mínimo ni la competencia, ni la libertad económica, simplemente aumentaría un poco nuestra decencia colectiva, que anda muy mal parada. 


Google lo hace bien y trata de hacerlo mejor

3 comentarios:

David dijo...

Querido José Luis:

Al leer tu comentario me ha venido a la mente la entrada "Right (political)" en el Oxford Dictionary of Philosophy, de Simon Blackburn (de quien algo hemos comentado ya, brevemente); sobre todo la primera parte de la misma:

"Right (political):
The branch of political opinion that is for the freedom of the individual in economic matters, and therefore protects the distributions of properties and divisions of class that such freedoms generate. The right may frequently be authoritarian, regarding strong law and order as necessary to protect the divisions it favours, or it may extend the protection of liberty to the point of anarchism."

Me faltan muchos conocimientos y herramientas para comprender y posicionarme con solidez razonable en materia tanto de política como de economía (desde luego, aspiro a mejorar). No obstante, siempre me ha resultado muy sospechosa y poco agradable la opinión de que cada cual debe poder hacer con su dinero lo que le dé la gana, sobre todo si no se contemplan matices ni límites.

No comprendo bien qué es el dinero (es algo que nunca se explica - será que es algo obvio), pero no veo cómo eludir el ver en su esencia la cualidad de poder, en estado bastante directo y puro (sobre todo en una sociedad capitalista en la que a cada vez más cosas se les da un valor económico y monetario). La sociedad le da a uno su confianza al otorgarle el poder de pedir que se pongan al servicio de uno recursos humanos y materiales. No sé si se puede generalizar y decir que siempre que se confía un poder éste va ligado a una responsabilidad. Esto está claro en la política, como bien apuntas en este y en muchos otros comentarios, pero creo que en el caso del dinero (o, más en general, la riqueza económica) también, aunque sea difícil establecer la extensión de la responsabilidad, y la naturaleza de la misma. Sin duda este es el origen y la base (muchas veces no declarada o incluso identificada) de muchas discrepancias ideológicas.

Un capítulo interesante es el de la caridad. Sin duda el tema es difícil porque enseguida se llega a la pregunta de si la caridad es una virtud digna de elogio, y ya, o una obligación moral. Tengo en la lista de la lectura un libro que se inclina por lo segundo: "Living high and letting die", de Peter Unger.

En fin, estaré encantado de charlar contigo de estos temas también, aunque en ellos me encuentre sumido en la perplejidad. Tendré que aplear, una vez más, a tu paciente vocación educadora (poco a poco).

Un abrazo,
David

José Luis González Quirós dijo...

Querido David: La exposición de SB tal vez sea algo tendenciosa, en este breve párrafo: he leído algunas cosas de él y no me parece de lo mejor, pero bueno, está bien que señale los dos despeñaderos que amenazan a la derecha, aunque yo crea que hay muchos otros y no menos amenazantes.
Lo que dices del dinero me hace gracia porque me pase una época, tal vez a tu edad de ahora, con la misma sensación; ahora me parece algo más claro, pero no deja de producirme asombro la importancia que le damos, yo el primero. Y creo, desde luego, que la ley puede y debe establecer límites al poder del dinero, me refiero a límites más inteligentes que los que ahora tiene, aunque no hay que olvidar que todo esto bien puede acabar, al menos en muchas ocasiones, en algo peor de lo que pretenda evitarse. Ya hablaremos. Un abrazo,

David dijo...

Querido José Luis: Gracias una vez más por tu respuesta.

Me encantará hablar de esos despeñaderos a los que aludes, tanto de la derecha como de la izquierda como de cualquier otra coordenada político-económica. También estaría bien profundizar en la naturaleza del dinero. Alguna idea vaga he tenido de que tendría más sentido que el dinero fuera un vector en lugar de un escalar. Ya hablaremos.

Desde luego, los peligros de la imposición de límites a la libertad están a la vista y en el recuerdo de todos. No obstante, esto no debe usarse para impedir el explorar vías en la búsqueda de límites razonables que en el fondo todos sabemos necesarios para conseguir una sociedad justa y mejor para todos. Pero por desgracia muchas veces se cortan de raíz, aún cuando apenas están brotando, tales intentos intelectuales (tal vez por eso en la práctica sólo se han intentado fórmulas inmaduras que han fracasado, siendo el resultado, como apuntabas, peor de lo que se pretendía evitar). Y en la pobre alternativa nos quedamos: la selva.

En cuanto a SB, claramente se le ve el plumero, sobre todo si complementamos su definición de "derecha" con la que da de "izquierda":
"Left (political):
Most generally, any political stance that is for the poor, the oppressed and the underprivileged, and against the power, property, and privilege selectively conferred by class interests and established economic and social institutions."

He de reconocer, no obstante, que tiendo a alinearme con él. Al menos esa es la inclinación a la que me lleva una intuición aún relativamente desarmada. En cualquier caso, admiro la claridad y la capacidad de síntesis de SB. Las adorna, además, con un fino sentido del humor, consiguiendo definiciones personales y en ocasiones mordaces, sin por ello sacrificar rigor (hasta donde yo llego a ver). No recuerdo en este momento cuáles son los ejemplos de estas cualidades que más me han llamado la atención. Para darte uina muestra, sin ser lo mejor, me acabo de topar con esto:
"Relativism: [empieza con:] The permanently tempting doctrine that, in some areas at least, truth itself is relative to the standpoint of the judging subject. ... [y termina con:] Much postmodernist thought may be regarded as a somewhat abandoned celebration of relativism."

Un abrazo,
David