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domingo, 6 de febrero de 2011

Las dificultades

Hoy me he tropezado con una referencia a Séneca (de sus Cartas a Lucilio) que les transcribo: Non quia difficilia sunt non audemus, sed quia non audemus difficilia sunt, una afirmación que nos recuerda que es el valor, o la cobardía que es su ausencia, quien mide las dificultades, y no al revés. Los estoicos romanos, como Epicteto, tenían una extraordinaria tendencia a considerar posible casi cualquier forma de proeza humana, colocaban muy arriba nuestra capacidad de resultar invulnerables, nuestra soberanía sobre las cosas. Es curioso que ahora, cuando la especie humana ha conseguido superar casi cualquier clase de barrera, se tienda a subrayar nuestra debilidad, nuestras carencias, la vulnerabilidad. Es posible que tanto en la carrera científica y tecnológica como en la carrera política hayamos desatado fuerzas que están muy por encima de lo que ningún ser humano singular pueda soportar, y que esos Leviatanes nos obliguen a sentirnos débiles, frágiles, impotentes. Pero también ocurre, sin duda, que llevamos mucho tiempo cultivando los sentimientos pasivos, si se me permite hablar así, y que apenas sabríamos comprender porqué, en otros tiempos, se ha podido considerar como virtudes cardinales a la fortaleza o, incluso, a la audacia, virtudes que ningún romano podía desconocer y dejar de alabar. En su extraordinario libro sobre la virtud Alasdair McIntyre llama la atención sobre cómo ha variado la lista de virtudes y sobre cómo comprendemos de manera muy distinta sus significados relativos, pese a lo cual sostiene, y creo que correctamente, que hay una gran tradición moral en torno a ese término que hay que reconstruir y recuperar. McIntyre recuerda como Jane Austen, por ejemplo, ensalzaba la constancia, que tampoco goza ahora de gran predicamento. Creo, sin embargo, que pensar en cualquiera de las formas en que los filósofos y los novelistas han ensalzado la vida humana es algo que siempre ayuda, una fuente de la que se puede seguir bebiendo con provecho y placer, aunque nos sintamos muy lejos de tiempos heroicos.


Sobre las direcciones de Internet y su agotamiento

2 comentarios:

David dijo...

Me parece de gran importancia recuperar la tradición moral de la virtud. No puedo estar más de acuerdo. Tímidamente se está haciendo, creo, en algunos entornos académicos, pero falta el hacer un "llamamiento a la humanidad". También hay que recuperar el hablar de ética (incluída la ética sustantiva), que ahora hasta está mal visto. Creo que existe una sensación bastante generalizada de que todas las grandes conquistas ya se han hecho y que ya no hay nada mejorable, y que cualquier observación al contrario es susceptible de ser tomada como un reproche intolerable. Esto, que veo muy claro en el ámbito de la "ética animal", tiene que cambiar.

José Luis González Quirós dijo...

Para David: hace tiempo solía repetir, yo que nunca he sabido gran cosa de ética, como estoy comprobando estos días porque tengo un tramo de asignatura que me obliga a repasar lecturas y temas, que el principal mandato ético era que nunca estás obligado a responder a un mal con un mal mayor; creo que eso vale especialmente en temas de inteligencia del mundo en el que hay que ser muy tolerante y nada agresivo, pero no es lo que suele pasar.