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lunes, 14 de marzo de 2011

Pánico nuclear

Es realmente llamativo que de lo que más se hable al respecto del desastre natural habido en el Japón es de lo que pueda ocurrir en las centrales nucleares. Supongo que, además, del miedo a que el asunto pueda afectarnos de uno u otro modo, está el hecho de que es el único tema susceptible de politización y, de lejos, el que provoca más morbo.
Al ver hoy las informaciones de la prensa al respecto no he podido olvidarme de la definición de periodismo que dio Chesterton: “consiste, sobre todo, en informar de que Lord Jones ha muerto a personas que no sabían que Lord Jones estuviese vivo”: ¿a qué vienen tantos detalles sobre la seguridad y lo que está pasando, o no, si ni siquiera el 1 por 100.000 de los lectores está en condiciones de entender medianamente nada de lo que se informa? Si se piensa en este asunto se verá que la pregunta no es tan inoportuna como pueda parecer. Mi respuesta, en breve, es que el miedo es uno de los ingredientes necesarios de la política, y el bocado es muy suculento como para dejarlo pasar de largo. Miedo, morbo, son más verdad, me temo, que toda esa piadosa retahíla sobre el derecho de los ciudadanos a recibir información veraz, y tal y cual.
No soy especialmente antinuclear, y viendo a algunos de los que lo son, siento ganas de montar una central en el patio de la casa que me gustaría tener, pero es evidente que la energía nuclear plantea problemas que no están resueltos a satisfacción (en especial el asunto de los residuos) y que, si se pudiere, habría que preferir otras fórmulas de conseguir energía, pero resulta descorazonador que cuando un terremoto casi inaudito, y que arrasa con todo, no consigue  que las centrales salten  por los aires, la prensa y el público sientan esa necesidad de hablar de la seguridad nuclear, un tema del que nada entienden y al que nada van a aportar.
Es posible que el gobierno japonés esté mintiendo, lo hacen muchos gobiernos con menos motivos que el de ahora, pero quienes seguramente nos están mintiendo, son esas patuleas de expertos antinucleares que están tratando de asustarnos, porque eso vende periódicos, parece justificar al gobierno providente, o cualquier otra causa noble de las que persiguen, aunque nunca se dignen contarnos de qué van, no sea que nos hagamos un poco menos tontos.

10 comentarios:

Karim Gherab Martín dijo...

Buenos apuntes José Luis.
Mi punto de vista es que la tecnología ha avanzado una barbaridad desde los años 70 (que fue cuando se constuyeron las centrales nucelares de Fukushima) y que ya es hora de construir centrales con tecnología del siglo XXI en lugar de seguir renovando las del siglo XX y manteniendo la moratoria nuclear. Es absurdo negarse a construir nuevas centrales, más modernas, al tiempo que se renuevan los permisos de las antiguas, pero parece que esto hace menos daño político. Así las cosas, prefiero una dosis de política de los años 70 con centrales del siglo XXI más que una política del XXI con centrales de los 70.

José Luis González Quirós dijo...

Para Karim: Estoy de acuerdo, pero el miedo es la mercancía más valiosa en política y la izquierda, en especial, lo administra muy bien. La derecha, cuando manda, también trata de hacer del miedo un aliado, pero, al menos en España, siempre acaba ganando el miedo progre, aunque sea un auténtico embuste como lo del Prestige. En fin, aportemos nuestro grano de arena, pero el maremoto del miedo a la tecnología es muy fuerte. Un abrazo,

David dijo...

Insinuaciones de oscuras tramas conspiratorias con intenciones deshonestas aparte, hay aquí algunos buenos apuntes, José Luis, como dice Karim.

No quisiera caer en el vicio que indicas, de opinar cual experto sin serlo y sin saber casi nada de energía nuclear. No obstante, sí diré que me parece que en el fondo del asunto existe una discrepancia acerca de qué y cuánto es tolerable, qué riesgos son asumibles, y la importancia que se da a los mismos.

Pero el debate se suele situar muy por encima de ese fundamento, y unos sacan a pasear un (tal vez) excesivo alarmismo (sin duda para despertar conciencias, en esta era del espectáculo), y otros una confianza en esta tecnología que se me antoja excesivamente optimista; ambas partes exhibiendo escasos conocimientos en consonancia con (es decir, inversamente proporcionales a) una gran soberbia, que me trae a la mente un comentario reciente tuyo en este blog acerca de la carga de razón (inamovible) con la que tendemos a movernos.

Me atreveré a añadir un pequeño comentario acerca de los riesgos y los costes: Seguramente las centrales modernas sean tan seguras que el riesgo de accidente es muy reducido. Lo que no tengo tan claro es que se pueda tener todo previsto, o que, incluso si se tuviera, no se estén aceptando (al proponer el uso de centrales nucleares) riesgos excesivamente altos teniendo en cuenta la gravedad de las situaciones que, por muy improbables que fueran, pudieran producirse. Hay quienes opinan que ninguna catástrofe nuclear es asumible, y a pesar de que otros parecen no pensar lo mismo, aquélla es una opinión (más bien una opción) respetable. Unámosla a esta reflexión que (de oídas lo digo) hacía ya no recuerdo quién (creo que un físico) que se entregó a la causa de la "desnuclearización": si la probabilidad de que algo ocurra es mayor que cero, por muy pequeña que sea, si se deja el tiempo suficiente acabará ocurriendo. Entonces, si una catástrofe nuclear es inasumible y no imposible existiendo centrales nucleares, la conclusión es que no deberían existir éstas.

He expuesto un razonamiento lógico, no digo que las premisas no sean debatibles o matizables. Por otra parte, simplemente indicaré que los costes (especialmente si se internaliza todo el proceso y los efectos en el sistema global) pueden ser más altos que los que suponen los defensores de estas tecnologías.

En cuanto a la renovación de permisos frente a la construcción de centrales nuevas (¿es absurdo negarse a construir nuevas, Karim? Se me antoja un planteamiento demasiado tajante (me remito a lo que he escrito arriba)), tal vez el argumento de la presión sobre la política de la impopularidad de esta segunda opción pueda tener algo de crédito. Sin embargo, se me antoja (¡por lo visto, en este comentario las cosas sólo se me antojan!) que tendrán más peso las razones económicas (y las presiones correspondientes de las compañías explotadoras), que dictan que se saque mayor beneficio de la inversión ya hecha (creo que el grueso de los costes de la energía nuclear están en la construcción y desmantelación de las centrales).

Saludos,
David

Karim Gherab Martín dijo...

Para David: Yo no he dicho que sea absurdo negarse a construir nuevas centrales nucleares. Lo que he dicho es que es absurdo renovar los permisos a las viejas y no querer construir unas nuevas que sustituyan a las viejas. (Estarás de acuerdo conmigo en que: a mejor tecnología, menor riesgo de accidente.)

De todos modos, tampoco acabo de entender muy bien el argumento de que ningún accidente nuclear es asumible. Un accidente nuclear cada millón de años es perfectamente más asumible. Desde mi punto de vista, incluso más asumible que las muertes por accidentes de tráfico o de avión, o por efectos del tabaco todos los años.

David dijo...

Para Karim: Tienes razón en que no son lo mismo las dos cosas que has apuntado. Perdona por la laxitud de mi redacción. De todos modos, sigue sin convencerme que la situación a la que te refieres sea necesariamente absurda. Existe, para empezar, el argumento económico que mencioné antes.

Por supuesto, estoy de acuerdo en que, en general, a mejor tecnología, menor riesgo de accidente, y esa misma idea, creo, subyace en mi comentario, e incluso está de manera explícita. Pero es una observación independiente de lo anterior. Quienes ahora defienden la energía nuclear y proclaman que es lo suficientemente segura, seguramente también hicieran lo mismo hace 30 ó 40 años, cuando se construyeron muchas de las actuales, de modo que desde su punto de vista seguramente lo que más sentido tenga sea continuar su explotación si los técnicos insisten en que son lo suficientemente seguras.

A mí también me podría parecer razonable aceptar un accidente nuclear cada millón de años (incluso así, dependería de la magnitud del accidente, aunque aquí es fácil que la imaginación nos lleve a escenarios hipotéticos imposibles). Pero, primero, habría que ver qué probabilidad hay realmente de que ocurra qué (desde luego, me da que dentro de un millón de años, si seguimos por este camino (al menos quedándonos en el nivel tecnológico actual, que es mucho quedarse, pero es sobre cuya conveniencia se está debatiendo ahora), gran parte del planeta se estará recuperando de niveles nocivos de radiación, por acumulación de incidentes que dejan rastro por miles de años).

En definitiva, falta un análisis de riesgos serio y consensuado. Y esto es lo más difícil: el consenso en un terreno en el que me parece que el desacuerdo fundamental está en lo que unos y otros consideran aceptable, de tal modo que cuando unos dicen "es seguro" y otros "no es seguro" es posible que estén contemplando escenarios similares. De esto no nos damos cuenta por no ir al fondo del desacuerdo.

Esto es lo que, sin pretender posicionarme con decisión, quería destacar en mi comentario.

(Y no he hablado de los residuos...)

Un saludo,
David

José Luis González Quirós dijo...

Para Karim y David, o viceversa: me encanta el tema en el que os enredáis; no es fácil. Si os interesa os mando un artículo que me ha pasado uno de mis amigos, a quien tengo por una de las personas más inteligentes que he conocido, lo que es mucho, conociéndoos a vosotros, sobre el tema nuclear, en el contexto del energético general, escrito antes de lo de Japón. El autor, Joaquín Abril Martorell, fue, entre otras cosas, presidente de Enagas, es decir que sabe de energía, que es el problema de fondo: su escasez, su carestía.
Por otra parte, lo de los franceses me parece muy, muy peculiar y, como estamos en público, me abstendré por unos días, al menos, de decir lo que pienso realmente.
Y dos notas más: hay que explicar las razones por las que el gas, que ha producido en España, por ejemplo, miles, subrayo, miles de muertes, no plantee los problemas que se asocian con los nukes que, de momento y aquí, no ha matado a nadie. la segunda es que creo que no hay idea más bastarda, ñoña, hipócrita y necia que sostenibilidad y, en general, todas las que suponen que el futuro puede ser predicho, lo que no es lo mismo que el principio de precaución, que siempre ha de estar presente, pero no se puede aplicar con pie de rey, ni que la certeza de que las cosas que dependen de la experiencia no se pueden establecer más que a posteriori, de manera que no es posible hacer evaluaciones probabilistico-morales en serio, aunque siempre haya que ser prudente. Pero si los japoneses han mentido, y es lo último que digo, será porque han querido ser prudentes y evitar el riesgo del pánico, que ese sí que es insostenible, al que alegremente invitan los eurócratas, mal rayo los parta.

David dijo...

Querido José Luis: Me interesará mucho leer el artículo que recomiendas. Si el problema de la energía es su escasez (noción que me parece más que verosímil), deberían, por un lado, hacerse esfuerzos mucho mayores para ahorrarla (con patrones de consumo menos voraces y adoptando sistemas de producción más eficientes), y por otro, impulsarse nuevas fuentes de energía, sobre todo las renovables, que podrán ser más caras ahora, pero serán a la no muy larga las más baratas y seguras (en todos los sentidos) con diferencia, amén de "limpias".

Es interesante este vídeo de un investigador de energía nuclear de fusión, que condena de manera bastante contundente la de fisión y denuncia la timidez e inconstancia con la que se financia la investigación de fuentes de energía muy prometedoras:
http://videos.libertaddigital.tv/2011-03-18/fukushima-no-es-chernobil-Vyp_4LBQPyw.html

(Por favor, y por supuesto conservando una prudente actitud crítica, evitemos el recurso fácil de poner en cuestión lo que se dice por los intereses profesionales de quien lo dice, lo cual se puede hacer con casi todo y con casi todo el mundo, y de hecho se hace tan a menudo que, como pasa con la noción de "sostenibilidad", pierde casi toda la fuerza y casi todo el sentido que podría tener de ser empleado el recurso de forma más juiciosa. (En particular, se podría aplicar también al ex-presidente de Enagas al que mencionaste, y que aún no sé qué ha dicho.))

Luego, abres dos sandías muy jugosas y muy profundas, que yo he querido evitar por no enfangarnos aún más: la de la sostenibilidad y la del precio que es asumible para una tecnología, práctica, estilo de vida, etc. Respondo con un par de breves comentarios:

Hasta los expertos en sostenibilidad reconocen y se lamentan de que se haya abusado del concepto hasta deformarlo a menudo de forma grotesca. De entrada, no es lo mismo sostenibilidad que desarrollo sostenible, y se suele decir lo primero cuando se quiere decir lo segundo. Y lo segundo suele prostituirse para que simplemente permita encajar la voluntad de quien lo utiliza, de forma que al final no cambia nada y nada acaba aportando el recurso al DS, que además arrastra consigo la noción de sostenibilidad. Además, la idea del desarrollo sostenible nació ya débil y "ñoña", como dices tú, sobre todo por quedar tan abierta a la manipulación. Lo pude ver de primera mano cuando participé en una sesión preparatoria, en la ONU, de la Cumbre de Johannesburgo de 2002. En "versión ONU" quedó un término aguado y ambiguo, como casi todo lo que exige un consenso de tantos y tan diversos. Además, supone de partida que existe un amplio acuerdo de principios, cuando esto es una ilusión: existe un acuerdo de términos, pero éstos significan cosas muy diferentes para distintas personas y actores.

(Un ejemplo: una de las personas más activas en los debates previos era un egipcio, estudiante en Inglaterra, que defendía vehementemente el desarrollo sostenible, y se movía de forma bastante fluida por todo el discurso de las distintas dimensiones y valores subyacentes del DS -la ambiental, la social, la económica, la ética...-, y soltaba palabros como "glocalization" (piensa globalmente, actúa localmente). Un día le pregunté sobre los castigos en su país y en países de su región, como el cortar manos a los ladrones (y, no recuerdo bien, no sé si incluso también hablábamos de las lapidaciones), por saber si aún existían. Atónito me quedé con su respuesta: existen, sí, pero se hacen poco; y él abogaba por reducirlos aún más pero sin suprimirlos, para que sirvieran de ejemplo. Para mí fue una epifanía: en esto del DS en el fondo no estábamos hablando de lo mismo. Vamos, bajo esa denominación podían coexistir sistemas de valores radicalmente diferentes e incompatibles.)

No obstante todo esto, la noción original de sostenibilidad tiene sus virtudes, y conviene apreciarlas.

(Continúa...)

David dijo...

(Segunda parte del comentario:)

En cuanto al coste humano de las tecnologías, prácticas y demás, es muy complicado mantener una posición coherente al respecto. Nuestras percepciones son profundamente contradictorias. Hay cosas que nos tomamos con mucha naturalidad y que producen, directa o indirectamente (también puede ser muy complejo de determinar esto), más víctimas que otras que nos parecen inasumibles e incluso intolerables por mucho menos. Depende mucho de la costumbre, del manto cultural que nos envuelve.

Trazando un paralelismo lejano (y un tanto cuestionable), en materia de prohibiciones, la mayoría de quienes se sublevan por unas por considerarlas restricciones injustificadas de la libertad individual (ejemplos recientes (y son éstas restricciones que yo no considero injustificadas, por cierto): las del tabaco y la velocidad en carreteras), llegan a exigir otras con total naturalidad, aunque, bien mirado, podrían resultar menos justificadas que las anteriores (por ejemplo, el que no se pueda andar con los trajes de Adán y Eva por las calles).

Pues bien, en esto de los peligros asumibles ocurre algo similar. El fenómeno es conocido y alimenta mucha de la tecnofobia que siempre nos acompañará. Creo que tiene raíces profundas, entrelazadas con emociones, que han evolucionado en nosotros (y en muchos otros animales) porque nos han permitido evitar peligros reales. De modo que tiene su parte buena, si se sabe administrar. Si encima el temor se demuestra que está justificado, entonces hay que tener mucha precaución: en esto estoy muy de acuerdo contigo, José Luis: en la necesidad de aplicar con buen criterio un principio de precaución. En versión nuclear, creo que la aversión hacia esta energía (de fisión) se ve notablemente aumentada (y creo que justificadamente), por un lado, por lo insidioso y absolutamente desbordante de los efectos si algo sale mal, y por otro, porque implica transformar la materia de forma profunda en algo que no existía antes (se crean elementos nuevos, y además inestables) y que no sólo no forma parte del cuerpo material que conforma la vida en la tierra, sino que es incompatible con ésta. Son éstos factores que no existen en otras tecnologías, y que creo pueden explicar gran parte de la singularidad de la percepción de lo nuclear, a pesar de lo que va de número de víctimas confirmadas a lo largo de la historia, que seguro es inferior al de otras fuentes de energía como el gas, como indicas. Aunque, por las mismas razones, potencialmente podrían ser muy superiores, y no sólo eso, podría acabar limitando el espacio habitable en la tierra, formándose zonas muertas. Por eso hay que ser extremadamente cautelosos.

Para terminar, en general, frente a la actitud contraria (de sorpresa ante la alarma por números relativamente pequeños de víctimas), me llama mucho más la atención la naturalidad con la que aceptamos víctimas de actividades. Las del gas, las de las carreteras, las de la contaminación, las del tabaco, las de las enfermedades coronarias (en muchos casos evitables con buenos hábitos alimenticios y demás), las de accidentes de trabajo, etc.

Un abrazo,
David

José Luis González Quirós dijo...

Para David: tus respuestas siempre me estimulan , y a veces me convencen. Vamos a los estímulos.
1. En España, aunque te sorprenda, la desnudez no está prohibida y ni siquiera tipificada como falta; simplemente sucede que la gente no la practica; es evidente que si su práctica se generalizase más allá de ciertos límites se daría lugar a un debate sobre su penalización, pero será muy raro que eso sucediere. En cambio, ir a más de 110 sí que puede llegar a ser delito, incluso grave y, desde luego, te molestan de forma bastante insoportable y dolorosa si te pillan en ello, una cosa que, con las debidas condiciones, es tan inocua como beber un vaso de agua, pero en este punto ha actuado un poderoso afrodisíaco de la tendencia prohibicionista, a saber, la envidia. De todas maneras, lo que quería señalar es que las prohibiciones no siempre coinciden con motivos culturales, como tiendes a decir con sensación quizá excesiva de haber dicho algo claro.

2. Las explicaciones evolucionistas son patéticas, en general y en particular, casi sin excepción: tienen la forma de una explicación (por eso parecen serlo), pero casi nunca explican nada. Es muy difícil, en cualquier caso, que la evolución nos haya dado ningún miedo a las formas artificiales de energía que apenas tienen unos cientos de años.

3. El hecho de que a tecnología introduzca elementos nuevos, en efecto lo hace casi siempre que obtiene un éxito, no debería hacerla sospechosa en absoluto. En tal caso, deberías quedarte sin oficio porque todas las telecomunicaciones han introducido novedades, digamos, antinaturales. Es una noción desesperadamente ingenua la que identifica naturalidad con paz y tranquilidad, por una parte, y lo técnico como lo contrario de lo natural. Ambas ideas son profundamente erróneas, a mi entender, aunque, en este caso sí, tienen una historia, o una evolución, ya muy vieja que explica, aunque solo en parte, su arraigo, pero no tienen media bofetada cuando se examinan con alguna calma.

En lo demás estoy casi completamente de acuerdo. un abrazo,

David dijo...

Querido José Luis: Te dejé algunas golosinas en mi comentario anterior y, no esperaba menos, te has lanzado a por ellas. Veamos:

1. Ya suponía que la desnudez en vía pública no debía de estar prohibida después de ver algún reportaje sobre nudistas reivindicativos (aparecían en pelota picada delante del Congreso de los Diputados y en el Retiro). La policía les pedía que se vistieran y que se retiraran, pero no parecían poder hacer mucho más. Entonces, ni está prohibido ni es del todo tolerado por la autoridad. Ahí actúa algún tipo de ambivalencia. En cualquier caso, yo explotaba el lado no tolerante con la desnudez, que no me extrañaría que, como señalas tú, diera lugar al menos a debates sobre la prohibición, caso de extenderse más la práctica. (Por cierto, ¿ahí tendría alguna fuerza el argumento de que en un estado de libertades los ciudadanos deben estar, ya no libres de ciertas prohibiciones, sino, casi más básicamente, libres de imposiciones de elecciones de consumo; y la prohibición de la desnudez pública conlleva la imposición de comprarse ropa?)

Estoy, naturalmente, de acuerdo con que las prohibiciones no siempre coinciden con motivos culturales. Pero en muchos casos éstos son un factor a tener muy en cuenta (me parece a mí).

2. Tienes razón en que se abusa de las explicaciones evolucionistas, y con bastante frecuencia hay que oír auténticas estupideces, no pocas de las bocas incontestables de respetados científicos de ciertas materias a las que flaco favor hacen (aún el otro día me encontré con este ejemplo: en un documental sobre los colores un biólogo trataba de responder a la pregunta de si "los animales" tienen sentido de la belleza (ya vamos mal en el planteamiento). Ponía de ejemplo una especie de pájaro de esos cuyos machos reúnen objetos de algún color para impresionar a la hembra. Decía que él no sabía si la hembra elegía porque tenía un criterio de belleza o porque la obra del macho le servía de indicación de la calidad de sus genes. ¡Y se quedaba tan ancho! Al parecer la hembra conoce el proceso evolutivo y sus mecanismos genéticos, y es capaz de asociar con ellos un criterio de calidad que evalúa con un indicador indirecto.)

No obstante, abusos y absurdeces aparte (aunque sean muy comunes), sí pueden plantearse (con cuidado) algunas explicaciones de algunas cosas basadas en procesos evolutivos. Aún así, sabemos aún muy poco como para pisar en firme, en la mayoría de los casos, y poder ofrecer explicaciones precisas y detalladas. Yo planteaba una relación plausible entre algunos de nuestros miedos y alguna ventaja evolutiva. De hecho, planteado en términos tan vagos creo que la certeza del aserto puede ser hasta trivial, aunque no todas nuestras características las hemos heredado por ventaja alguna que ofreciera.

(Continúa...)