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lunes, 4 de abril de 2011

Zapatero no podía seguir ni un minuto más




Zapatero, que se sabía íntimamente derrotado, llevaba ya un largo tiempo tratando de dignificar el final de su mandato. Su decisión, largamente postergada, de que no presentarse a las elecciones, ha sido un acto más en ese intento de encalar una trayectoria con un balance muy lamentable. Lo tiene muy difícil, porque quien ha sido, sin duda, el peor presidente de la democracia española, no logrará que la necesidad consiga disfrazarse de virtud. Zapatero no se va, le echamos todos los españoles, hasta los de su partido. Le ponen en la calle sus ruinosos resultados, sus ridículas políticas, su ademán sectario e iluminado, su revisión absurda y grotesca de la historia, y de la democracia, su delirante gestión de la crisis económica: eso es lo que le obliga a irse, por mucho que trate de disfrazar esa expulsión de la política como una dimisión voluntaria, como un sacrificio en aras de la felicidad de los españoles y del buen futuro de su partido. Si realmente fuera capaz de tamaña generosidad, se habría de ir mañana mismo, convocando urgentemente las elecciones generales, pero va a cometer otro error, que agravará las cosas, va a intentar gobernar sin ninguna autoridad, en solitario, porque ningún presidente de gobierno ha estado nunca tan aislado y desprestigiado como ahora lo está Zapatero.
Su soledad es fruto de sus errores, de su empecinamiento en ellos. Llegó a la presidencia tras una serie de carambolas, y envuelto en el suceso más triste y siniestro de la historia de España. Pretendió gobernar como si las palabras fueran suficientes, con una soberbia intelectual y moral absolutamente inmotivada porque, la verdad, de su boca no ha salido otra cosa que vaciedades presuntuosas, que necedades huecas. Se dedicó a dividir a los españoles, a expulsar a sus adversarios del recinto de la democracia, a modificar insensata y traicioneramente la Constitución, a tratar de convertir a asesinos confesos en concejales, y a presentar a políticos decentes como enemigos del pueblo, de la libertad y de la paz. Su idea de la democracia la aplicó también a su partido al que ha vaciado casi completamente de contenido: ha sido vergonzoso ver como viejos socialistas con un mínimo de consecuencia se han plegado a los dictados caprichosos de un líder tan imprevisible como huero. Ahora, en el momento más bajo de su popularidad, pretende convertirse en un estadista, hacer como si España fuese para él lo único importante. Pero la credibilidad de Zapatero está absolutamente arruinada y ya nadie puede esperar nada de él. Es una desdicha para todos que que el PSOE sea tan hipócrita, que sus colegas le aplaudan tratando de sacar algún rédito de la falsa grandeza del que simula un desprendimiento del que carece.
Insistimos: elecciones ya, el primer día que sea constitucionalmente posible, porque no tiene sentido ninguna otra alternativa con un presidente derribado y fuera de combate al que ya no le queda otra cosa que su exasperante tendencia al disimulo. Que nadie se engañe, la legislatura está completamente agotada y no podrá aprobar los presupuestos de 2012. Tendrá que convocar elecciones a finales de verano y, para ese viaje, mejor sería ahorrarnos a todos el desperdicio de tiempo y de razones que va a suponer una campaña tan artificialmente alargada.

Su discurso a los pares del PSOE demuestra que ni siquiera él cree ya en que exista ninguna oportunidad de remontada, de ningún brote verde: solo tierra quemada. Por eso anuncia su marcha, porque está convencido de que no hay nada que hacer, de que ha llevado a su partido al desastre, consecuencia lógica de haber perdido dos legislaturas casi completas, de haber conseguido empeorarlo todo: la situación económica, el desempleo, el equilibrio territorial, la estabilidad constitucional, la política exterior en la que ha sido un motivo continuo de mofa para los dirigentes del mundo entero, atónitos ante un personaje tan insustancial y fuera de lugar. Se va tras haber prolongado artificialmente la decadencia de ETA, apadrinando una negociación en la que ofrecía esperanzas que bordean la alta traición, enfangando al Tribunal Constitucional, a la Justicia, tras poner en la calle a asesinos que debieran permanecer a buen recaudo, tras ahondar nuestra dependencia energética, tras pagar cobardemente por rescatar a nuestros barcos de las garras de piratas de tres al cuarto, tras encabezar una pomposa y ridícula alianza de civilizaciones que culmina con la intervención de nuestros ejércitos en la vecina Libia, sin que nadie sepa explicarnos para qué demonios estamos allí.

Nos deja un buen reguero de cadáveres políticos a sus espaldas. Nadie sabe lo que dará de sí la jaula de grillos en que se va a convertir el PSOE, tan ayuno de razones como ebrio de ambiciones. No debería esperar la menor simpatía con su fingido gesto de desprendimiento, ni que el futuro le reivindique, porque España no puede permitirse otro presidente que haga bueno a esta pesadilla que pretende seguir un año más en la Moncloa.


7 comentarios:

Anónimo dijo...

Estupenda columna.

Me parece que a lo mas que llegará Zapatero en la historia será cuando los historiadores se hagan la pregunta de ¿como fue posible semejante degradación?

Algo parecido a porque el conde Don Julian pacto con el moro Muza o Fernando VII con Napoleón.

Porque incluso en la II Republica las traiciones fueron menores, no por ganas de los traidores sino porque el activo con que contaban y el crédito que se les dío era mucho menor que el de este individuo (Vg, no creo que Negrín, Carrillo, Lerroux, La pasionaria .. tuvieran ni el crédito nio la confianza de este ...)

Y lo peor es que muchos le volveran votar, (al que toque de la pSOE) no por sectarismo, ni por benfico (chupar de la teta que toque) sino por pura idiocia, por no querer reconocer que les engañaron.

Me recuerdan al ese refran de la sra cornuda que dice algo así como:
que si me engaña que no me entere, y si me entero que no me duela, y si me duele que no lo sepan las otras... o algo así.

Pués aquí lo mismo.

Y me parece que lo principal ahora serái que desapareciera el PSOE, el unico partido que no ha hecho la transición, que acabe como el PSI o el PSF.

Que desaparezcan.

Un suicidio como el de Jim Jones en la Guayana de Zapatero y sus asesores, en directo y por Telecinco, la Sexta, La Cuatro, TVE... O si no se suicidan que se vayan a Alborán vestidos de naranja y que no salgan de allí.

Y perdone que sea tan bestia pero es que esta gente ha hecho mucho daño.

Anónimo dijo...

Siempre me ha sorprendido cómo un personaje tan vacuo, simple y mediocre podía levantar esos entusiasmos, esas emociones y esas adhesiones inquebrantables en personas de mayor intelecto y capacidad, que son muchos de los afiliados al PSOE. Es algo que todavía hoy me produce una profunda inquietud (la despersonalización, la pérdida de las capacidades de discernimiento y crítica sobre personas y hechos. Todavía hemos de alegrarnos que no haya sido peor, pues la Historia nos muestra muchos casos similares con resultados funestos. Seguir a un lider errático o iluso tiene sus consecuencias, aún en democracia).

Supongo que las inescrutables reglas y costumbres de los partidos políticos han ponderado la permanencia en el poder "como sea" (con los beneficios que ello comporta, por supuesto) sobre el bien común y progreso efectivo de la sociedad.

Que tomen nota los votantes.

José Luis González Quirós dijo...

Para Anónimo 1 y anónimo 2: Me permito una contestación al alimón, que espero no se tome como descortesía, porque me parece que hablan ustedes en un tono muy similar, y que, por otra parte, recoge una opinión seguramente mayoritaria, o casi, a la que me sumo sin apenas matices. Lo único que se me ocurre es añadir, y espero que estén de acuerdo, que los españoles tendremos que preguntarnos sobre las razones por las que es tan frágil nuestra normalidad política, por el hecho asombroso de que una serie de azares bastante ridículos hayan hecho posible el retroceso que hemos experimentado en estos años en tantos terrenos. Da que pensar, y creo que es un poco culpa de todos, y no únicamente de los que tienen mayor responsabilidad, como ZP, por supuesto.

Teresa dijo...

Estoy totalmente de acuerdo con usted D. José Luis. Es más fácil echarle la culpa a los demás que a nosotros mismos. Nos hemos dejado arrastar al todo vale, a la codicia, a la mentira, a la incultura, y a tantas y tantas cosas más.
Es el cuento de la cigarra y la hormiga. La vida fácil, el dinero fácil, los títulos fáciles, sin darnos cuenta de que el charlatán de las mantas Zamoranas con su verborrea y su embaucamiento busca solo su propio beneficio. No podemos culparlo a él de que para vendernos una manta de pacotilla nos enguade regalándonos un peine, un cuchillo, unos chorizos de salamanca y una sartén.
Nuestra falta de inteligencia y creer que se regalan duros a cuatro pesetas ha sido nuestra perdición.

Anónimo dijo...

Don Jose Luis
soy anónimo 1.
Hace poco salió que la ganadora de GH no sabía en que año comenzó la guerra civil, seguramente que tampoco el descubrimiento de américa o la geurra con Napoleón.
Súmele que en la serie "Cuentame" sale que el atentado terrorista de California 47 lo cometieron los fascistas... y todos tan tranquilos

A mi si todos estos indocumentados que se regodean en su ignorancia, Si acaban como mucho de reponedores de3 Carrefour hasta que se juvilen con 70 años, desde luego no sufriré, lo que me preocupa es quedaremos quiene vamos a comprar al Carrefour.

un saludo

José Luis González Quirós dijo...

Para Teresa: me alegra que, una vez más, coincidamos; es lo malo de la democracia, que ellos no pueden ser peores que nosotros porque peores somos nosotros por elegirlos, y, dicho de otra manera la corrupción política existe y crece porque es un reflejo de cómo funciona el país de verdad. Y eso hay que cambiarlo, claro.

José Luis González Quirós dijo...

Para anónimo 1: esas cosas no las ignoran hoy en día solo los concursante o figurantes de la tele sino muchísimas personas que se tienen por cultas; acabar con una educación inútil es una necesidad básica, pero costará mucho hacerlo.