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martes, 31 de mayo de 2011

Los remilgos de UPyD

UPyD acaba de aclarar que no va a pactar con nadie, es decir que no quiere decantarse. Esto parece indicar  que aspiran, a largo plazo,  a convertirse en un partido mayoritario y que no quiere perder parte de su capital con asociaciones equivocadas. Está bien, pero un partido de centro, que es lo que mejor nos vendría, debiera ser capaz de pactar a su derecha y a su izquierda sin ningún problema, y, además, de hacerlo, al tiempo, en unos sitios de una forma y de otros en otra, lo que demostraría que la política es algo más que esos acartonamientos ideológicos que tanto gustan a los grandes partidos.  Cuanto antes comprendan eso, mejor, porque lo contrario es pretender una virginalidad que no es de este mundo, o eso creo. 
La segunda muestra de remilgos es su renuncia a los coches oficiales. Puede estar bien, pero, de entrada, me quedo con el gesto torero y las ganas de aparentar. Tomaremos nota de la coherencia de estos nuevos puritanos. Lo de los coches oficiales puede ser un buen detalle donde haya abusos, pero si se toma como índice de lo que pueda ser una política, la verdad es que da un poco de grima e ilustra sobre las ganas de salir en los periódicos, comprensibles, por otra parte, pero no me parece una gran síntoma de solidez.
Va a costar mucho consolidar ese partido de centro, pero el precio que hay que pagar se llamará valentía, trabajo y coherencia de fondo, no la mera gestualidad testimonial y tratar de aparentar que son de otro planeta. Nos basta que sean de éste pero decentes, y trabajadores, sin necesidad de que muestren  signos de santidad extraordinaria que tantas veces acaban por ser muestra de bellaquería. De cualquier manera, en el Ayuntamiento de Madrid sobran los coches y los gastos, de manera que si consiguen un ahorro, aunque sea pequeño, bien venido. Lo terrible sería que nos enterásemos de que, al final, han gastado más en dietas y varios que lo que valía el servicio de coches a cargo del municipio.


Tabletas y smartphones

lunes, 30 de mayo de 2011

Carta a Pablo


Mi sobrino Pablo me pregunta sobre algunas cosas de la política que no entiende, a la espera de que yo las entienda. Le agradezco su confianza y contesto, en la medida en que puedo, a lo que me plantea, un tipo de preguntas que aletean, me parece, en las acampadas de los indignados, de los desconcertados, frustrados  y descontentos como les llamo en mi fuero interno, porque lo de la indignación está bien para los 93 años y la literatura, pero puede resultar un poco pedante cuando  se es más joven, pero, en fin, da igual.
Me pregunta si se puede modificar el modelo parlamentario que tenemos. La respuesta es que sí, pero habría que modificar la Constitución. Sería ideal que nos acercásemos a un modelo mayoritario, un único escaño  en cada territorio con lo que se vota siempre a una persona, pero ese es un modelo que quisieron evitar los partidos de izquierda, y la propia UCD, en los orígenes de la transición, cuando se hizo la ley electoral que no se ha modificado sustancialmente. Es razonable que lo temieran porque resta mucho al poder de los partidos, pero, casualmente, ese es el poder que está impidiendo que nuestra democracia vaya algo mejor. Aquí todo se resuelve entre dos o tres. Véase, por ejemplo, el vodevil del POSE y el dedazo de Rubalcaba: con la representación proporcional y el poder en manos de los partidos, lo extraño sería que no pasase eso. La pretendida idoneidad de las listas abiertas es ilusoria, por completo: no arregla nada. La distribución de escaños se podría arreglar para conseguir mayor proporcionalidad, lo que haría aumentar el número de escaños, cosa de muy escasa o nula operatividad, mandando lo que mandan las camarillas de los partidos. La cosa no tiene arreglo fácil, pero yo empezaría por castigar a los partidos que no cumplen lo que dicen y por exigir desde dentro, cosa que es ardua, pero puede hacerse. La verdad es que, en mi opinión, el partido que, con todos sus defectos, ha sido más democrático fue la UCD, y acabó mal, como se sabe. Pero que las cosas hayan salido una vez mal no  implica que sea imposible que se hagan mejor en otras ocasiones. Esa es mi apuesta, pero no sé si los españoles están dispuestos a tener tanta paciencia como rebeldía y a esperar sin renunciar a conseguir lo que creen necesario, una democracia mejor que la que tenemos ahora. Seguiré otro día,

domingo, 29 de mayo de 2011

Zapatero, Segismundo y Nietzsche

Resulta que Zapatero elogió a Rubalcaba en los siguientes términos, y cito literalmente: “es capaz de haber corrido los cien metros en poco más de diez segundos”. No me interesan las hazañas atléticas de nuestro Rasputín, sino la gramática descuidada de ZP, que tanto tiene que ver con lo que nos pasa. Lo correcto, lo inteligible, habría sido que dijera: “ha sido capaz de correr los cien metros en poco más de diez segundos”, pero ni ZP es capaz de expresarse correctamente, ni a muchos de los que le siguen, ni a la mayoría de los que andan acampados, les interesa nada que tenga que ver con la gramática, sino  solo lo que ellos quieren decir: ¿cabe mayor desprecio de algo tan sumamente público como es la gramática?
Rubalcaba fue capaz de hacer algo en el pasado, y eso le honra, supongo. Pero a ZP le deshonra que no sea capaz de explicarse con claridad, y esa espesura doctrinal tiene mucho que ver con la protesta indignada de quienes querrían que el mundo fuese tan sencillo como sus entendederas, que la realidad se acople a sus sentimientos, sin hacer esfuerzo alguno por entender, desechando la lógica, que siempre les parece difícil a quienes van de poetas.
Zapatero podría invocar en su auxilio la protesta de Segismundo, rey de Polonia que se consideraba todavía emperador romano: “Ego sum Rex romanus et super grammaticam”, “soy el Rey de Roma y estoy por encima de la gramática”, esto es, puedo decir lo que me de la gana, y mis súbditos tendrán la obligación de entenderme y de obedecerme. Pues ¡no!, sencilla y rotundamente ¡no!. Lo que querría Zapatero es estar por encima de todo, de la gramática y de las conciencias, porque seguro que le suena, y le parecerá bien, lo que decía Nietzsche, que no vamos a desembarazarnos de Dios porque seguimos creyendo en la gramática. Zapatero ha soñado con ser nuestro único dios y con que le heredase la Diana catalana, pero no.
La democracia consiste en poder estar por encima de los deseos del poderosos, en reconocer, da algún modo, la existencia de bienes objetivos, entre otros,  los sumamente públicos de la gramática, los de la educación y la racionalidad, que siempre había defendido la izquierda, hasta que se hizo posmoderna y caprichosa, y, en consecuencia, aceptar el principio de que el pueblo puede destituir pacíficamente al gobierno que creía representarlo, justamente lo que ha pasado el día 22, aunque Rubalcaba se apreste a tender una espesa cortina de humo a ver si lo olvidamos. 

Dos noticias de interés para mis amables lectores:

ABC trae hoy una excelente entrevista a Rajoy, con buenísima foto, de gran político, y con unas respuestas maduras, valiosas, tranquilizadoras. Muy en su sitio.

¡Ah, por cierto, Rubalcaba ya tiene rival! Algo está cambiando, su perfil es excelente, y la noticia excepcionalmente buena, no para el colegio cardenalicio del PSOE, ni para las cúpulas de los partidos que siguen pensando que la democracia puede seguir siendo como el franquismo solo que con otros medios, o no tan otros, por cierto, de manera que es una noticia alegre y que tendrá consecuencias. Al final, va a resultar que Internet también sirve para la política entre nosotros.

sábado, 28 de mayo de 2011

Rubalcaba o la segunda taza de caldo

Si hay algo que me molesta de la política contemporánea española es la facilidad con la que los grandes partidos nos toman por tontos. La patética representación de Carmen Chacón haciendo ver que tenía un proyecto maravilloso, pero que tenía también muchas razones para que nos jorobemos todos y nos quedemos sin él, es un buen ejemplo de lo que digo. El caso es que ha sido alabada por algunos comentaristas ¡cómo está el patio! Su ejemplo de vaciedad no es menor que el de Rubalcaba pretendiendo que está decidido a asumir una responsabilidad que los demás cargan en sus espaldas, atléticas, según ha tenido a bien recordarnos, sin que él haya movido un dedo por lograrlo. Es tal la dosis de farsa que produce asombro que estos sujetos tengan todavía millones de votantes.
El socialismo ha fracasado por completo en su versión posmoderna, y ha estado a punto de hundir por completo a un país que tenía algunas posibilidades de salir adelante con cierta dignidad hasta su llegada. Ahora se apresta a rectificar el rumbo un elemento que participó ya en el naufragio de la versión felipista y ha estado muy activo en esta segunda temporada. Nos asegura que tiene también un proyecto ilusionante. ¡Joder qué tropa!
¡Libros de texto portentosos!

viernes, 27 de mayo de 2011

La responsabilidad de Zapatero

Por negativa que sea la imagen que se tenga de Zapatero, y la mía lo es, hay que reconocer que lleva un año intentando parecer un líder responsable, haciendo ver que adopta medidas necesarias por el bien de España, aunque le perjudiquen. Esa imagen es, en buena medida, un embuste, porque el presidente sigue confundiendo el mero decir que va a hacer algo con el  hacerlo efectivamente. Su discurso de la noche electoral estuvo basado en esa presunción honorable para confirmar que no pensaba convocar elecciones precisamente para continuar en el ejercicio de su responsabilidad.  El caso es que la credibilidad de Zapatero está tan devaluada que puede bastar que afirme que no  habrá elecciones anticipadas para que muchos sospechen que ya ha decidido convocarlas, lo que no ayuda precisamente a serenar las cosas.
Pues bien, es ya un clamor la evidencia de que ese análisis basado en su supuesta responsabilidad para llevar a cabo una agenda de reformas dolorosas, no se tiene de píe ni un minuto más. Hasta en su partido es evidente que, pese a la sólida implantación de una tupida red de intereses, y pese a lo berroqueño de la ideología socialista, el PSOE amenaza ruina inminente, precisamente si Zapatero se empeña en continuar. Lo más importante para un presidente de gobierno debería ser la credibilidad de nuestro país, en un momento especialmente delicado para las finanzas internacionales, y con una deuda exterior que no va a dejar de aumentar su costo mientras siga al frente del Gobierno un personaje, agotado, desprestigiado, informal e inconsistente. Zapatero es hoy el principal motivo de descrédito internacional de España, y ese factor solo se neutraliza con su marcha. Él mismo debería comprender que si ha debido retirarse del primer plano  electoral por el bien de su partido, tendría que dejar  la presidencia por el bien de todos. Esta es la verdadera cuestión, estamos ante una situación extremadamente crítica, y no tenemos muchas posibilidades de salir de ella mientras el gobierno siga en unas manos tan quemadas, tan poco creíbles, que han perdido audiencia incluso entre  quienes le siguen de oficio o por interés.
¿Cuáles pueden ser las razones que aconsejen a Zapatero una resistencia numantina? Hay básicamente tres, todas contrarias al interés general. Ls primera, el deseo de mantenerse en el poder, dada la posibilidad de seguir gozando de una cierta mayoría en el Congreso, una eventualidad que está muy en el aire. España no gana nada con esa continuidad anémica, porque ni es verdad que tenga un programa de reformas ni, de tenerlo, va a contar con la fuerza necesaria para cumplirlo. La segunda razón es tratar de que el PSOE  se coloque en mejores condiciones para afrontar unas elecciones generales, pero lo que supuestamente convenga al PSOE no debiera ser un obstáculo para el interés general de los españoles, además de que no cabe ninguna especie de recuperación con Zapatero de cuerpo presente.

jueves, 26 de mayo de 2011

Una incógnita incómoda y otras perspectivas post-electorales

Tras unas elecciones generales, y las municipales lo son, suele cambiar profundamente el panorama político. En esta ocasión, el PSOE ha sido el gran damnificado porque, además de haber cosechado una perdida realmente importante de voto popular, ha visto bruscamente modificada su posición en el conjunto del espectro. Desde el pasado domingo, un PSOE bastante más debilitado de lo que esperaba, tiene nuevos frentes que atender porque los resultados le han dejado literalmente emparedado. A su derecha, se ve amenazado por un PP pujante, pero, sobre todo, por la inesperada aparición de UPyD, un rival que le va a resultar especialmente molesto. A su izquierda, tanto IU como los acampados confesamente radicales, que no son todos, desde luego, le han perdido completamente el respeto y le muerden con descaro.
Dado que los resultados han empeorado bastante lo que anunciaban las encuestas, es evidente que algún acontecimiento reciente ha pesado mucho, y no hay otra hipótesis para explicar eso que la forzada legalización de Bildu. La extraña condescendencia del Gobierno y de sus mariachis para con los filo-etarras, esa actitud francamente partidaria de olvidar, le ha pasado al PSOE una carísima factura en voto popular, en todas partes y, por supuesto, también en el País Vasco.

¿Cabe suponer que Zapatero y la plana mayor del PSOE, que no solía dar puntada sin hilo, ignorasen esa eventualidad? No parece razonable. ¿Cabe que hayan sido tan arriesgados y generosos por razones puramente abstractas, o por pura bondad? No creo que sea una hipótesis que deba considerar ninguna persona sensata. La única alternativa posible ha de estar, entonces, en suponer que han apostado a que las pérdidas a corto plazo, fruto de su calculada ambigüedad en un asunto tan vidrioso, les puedan reportar importantes réditos electorales en un futuro menos inmediato, y, de ahí, la intención de Zapatero de mantenerse casi un año más en La Moncloa. Si así fuera, el PSOE habría supuesto que la legalización de Bildu implicaría de manera indefectible, dos consecuencias que cualquier análisis tiene que dar por altamente problemáticas, salvo que el Gobierno sepa algo que nadie más, o muy pocos, saben. Me refiero, en primer lugar,  a que la legalización de Bildu, con el consiguiente premio electoral perfectamente previsible, a la vista de los antecedentes históricos en las votaciones de Herri Batasuna ante escenarios políticos similares, pueda traer consigo la rendición y la entrega de armas por parte de ETA, lo que es mucho suponer, y, que, en segundo lugar, esa eventualidad pueda mostrar, contra toda evidencia, que el PSOE habría actuado de manera inteligente y patriótica, posponiendo sus intereses egoistas, de forma tal que los españoles devolvieren con largueza los votos perdidos y, de paso, unos amplios intereses electorales.
No estoy en condiciones de asegurar que esa haya sido la intención de Zapatero, ni tampoco lo contrario, pero una hipótesis tan rocambolesca tiene dos debilidades enormes. En primer lugar, que ETA gane algo haciendo un gesto que beneficie a Zapatero, porque, aunque se pueda sospechar que prefiera un gobierno del PSOE a uno del PP, no se acaba de ver qué ventajas supondría para ETA una entrega de armas, una vez que el beneficio político mayor ya lo ha alcanzado sin entregarlas, y dado que parece razonable suponer que el voto soberanista, sin la presión del terror, tienda más a disminuir que a aumentar. La segunda debilidad de tal hipótesis es que los españoles puedan premiar electoralmente una supuesta rendición conseguida en un entorno que olería a tongo de manera intensísima. Además, si Zapatero tuviese esa idea en la cabeza ¿a qué se debería que hubiese renunciado a recibir ese premio en persona? No hay que dar por hecho que no esté pasando algo relativamente parecido, eso sí, en medio de las más estruendosas muestras de indignación fingida y de acusaciones a Mayor Oreja cuando se menciona la mera posibilidad de que este Gobierno y ETA estén planeando conjuntamente algo, pero esa posibilidad no excluye que, finalmente, un Zapatero abandonado por los electores acabe en el ridículo papel de marido engañado, de cornudo y apaleado.

Se trata de someter al contraste de la experiencia la verosimilitud de una hipótesis, partiendo de que resulta chocante el interés de Zapatero por precipitar una irrupción tan estruendosa como la que ha tenido lugar con Bildu, y con tan gran perjuicio de sus intereses. Es posible que Zapatero juegue a aprendiz de diablo, y que haya intentado, a la desesperada, un gambito que no funciona. En cualquier caso, su empeño en aguantar, que sería coherente de ser ciertas las sospechas, le puede acabar pasando al PSOE una factura completamente inasumible, de manera que, de no ser ciertas las suposiciones manejadas, lo razonable será que veamos a los aspirantes a sucederle forzándole a convocar elecciones de inmediato.

miércoles, 25 de mayo de 2011

Lecciones de democracia




En un país con una cultura política tan propensa al mesianismo y a la negación, los resultados electorales deberían ser tomados como una auténtica revelación, como lo que son, la expresión de la voluntad popular. No es lícito reducir la democracia al voto, pero sin voto cualquier pretendida democracia es una forma de escamoteo, un fraude, por buenas que supuestamente sean las intenciones de quienes pretendan prescindir del recuento.
Las elecciones del pasado domingo resultan particularmente luminosas.  Dicen a las claras que el PSOE debe retirarse del primer plano y reflexionar muy a fondo, puesto que ha obtenido los peores resultados que se recuerden, y en casi todas partes. Si el señor presidente del gobierno, responsable de todos y cada uno de los desastres que amenazan con reducir a la insignificancia al PSOE, el partido que ha ejercido más poder y durante más tiempo desde 1977, persiste en perjudicar a la nación, será severamente censurado, por los suyos y por la historia, por todos. El regalo que ha hecho a los chicos de la pistola bate cualquier record de incompetencia y mala fe.
No es que la convocatoria de elecciones inmediatas le convenga al PP, en realidad podría convenirle lo contrario, sino que no se puede gobernar un país que ha manifestado de manera tan rotunda su desacuerdo con una gestión que, no se olvide, aunque sea incoherente ha sido muy ideológica, de manera que, con buen sentido, el electorado no ha distinguido ni de candidatos ni de convocatorias, y ha despedido al zapaterismo con cajas bastante destempladas. En realidad, ha sido piadoso con lo que se merecía, y cuanto más espere el señor Zapatero a entregar las llaves de la Moncloa, mayor será el castigo.
El PP ha obtenido unos resultados excelentes, mejores que los de 1995, un año antes de ganar las elecciones generales por un margen muy estrecho, y mejores también que los de 2007, con algunas victorias muy sonadas como la de Castilla la Mancha, Cantabria, o las de Sevilla y Córdoba, por señalar algunas capitales simbólicas.
Hay algunos resultados que, sin embargo, deberían servir a la dirección del PP para tratar de mejorar la calidad de su servicio a los españoles. Está, en primer lugar, el caso asturiano que muestra claramente que lo importante son los electores, y no los cuadros, y, cuando no se tiene en cuenta esa regla, se produce un descalabro que debería ser fácil de corregir, para no acabar llegando a una situación tan lamentable como la de Navarra. Algo parecido se puede decir de los resultados de Madrid capital, ya que el casi 6% de ventaja que saca en el municipio la candidatura de Esperanza Aguirre a la de Ruiz Gallardón muestra con claridad que los votantes prefieren a quien dice lo que piensa que a quien hace lo que se le ocurre,  y gasta como si fuésemos ricos.
Estas elecciones habían creado una cierta expectativa contraria a ciertas formas muy rígidas del bipartidismo, y, de alguna manera, se ha producido una corrección de esa tendencia. La aparición de UPyD ha sido más intensa y meritoria de lo que se pudiera esperar, dadas las dificultades de un partido tan pequeño para romper el cerco. Su aparición agrava la situación del PSOE, que aparece literalmente emparedado por su derecha y por su izquierda, puesto que IU crece, en general, aparece UPyD, y el PP no pierde nada especialmente significativo. También el PP deberá empezar a pensar que ya no sirve la contraposición pura y dura porque ha aparecido un competidor en el centro mismo del espectro. No es que UPyD tenga un panorama risueño por delante; es muy fácil equivocarse cuando se tiene que pelear a babor y a estribor, y errores de ese tipo llevaron al CDS a sucumbir por completo tras tener resultados espectaculares. En esas posiciones los yerros y el oportunismo se castigan con mucha severidad.
El PP ha tenido unos resultados que invitan a pensar que ya no debería de temer al voto del miedo que la izquierda agita con tanta insistencia en su contra; los candidatos más rotundos en su ideología y en sus programas, como Esperanza Aguirre, José Ramón Bauzá o Luisa Fernanda Rudí, han obtenido un resultado espléndido. Esta es una de las lecciones que también cabe extraer de la petición de que “no nos mientan” que es una de las más repetidas por los acampados menos seguros de que la solución sea algo así como el castrismo que otros añoran. Por lo demás, ese movimiento apenas ha tenido incidencia electoral alguna, pese a que se registre un aumento significativo de votos en blanco, especialmente en Cataluña.
España se ha despertado dándose cuenta de que ya no es socialista. Ahora hace falta que los españoles se atrevan a mirar al futuro con determinación y esperanza, y que los políticos sepan recordarles que la sangre, el sudor y las lágrimas merecen la pena porque una vida sin libertad y sin esfuerzo no es atractiva para nadie, y solo puede llevar a la miseria y a la consunción, algo que nadie desea.

lunes, 23 de mayo de 2011

Día de reflexión

Contra lo que se suele creer, cuando realmente hay que reflexionar es cuando se conocen los datos de unas elecciones. Yo me alegro de haberme equivocado, porque el panorama de los resultados es más agradable que el de mis previsiones personales.
El PP ha obtenido unos resultados mejores que los que yo suponía, especialmente en Castilla la Mancha, que era una asignatura bastante difícil, en Cantabria y en Extremadura, con una ventaja sustancialmente superior a la del 1995, unas elecciones en que el cambio a nivel nacional se suponía hecho, como ahora, más o menos. El PP obtuvo 7.820.392 votos, el 35,27% en 1995, mientras que en 2011 ha obtenido 8.474.031 votos, es decir, el 37,5% lo que representa un meritorio ascenso de 2,23 puntos porcentuales, que unidos a los 3,05 puntos que pierde el PSOE muestra la magnitud de la derrota socialista, que, además, se agranda si lo comparamos con los datos de 2007, más cercanos. Así pues, el PP está tan cerca de ganar en las generales como lo estuvo en 1995, pero nadie debería olvidar lo sorprendentemente escasa que resultó la victoria del 96, de manera que mucho ojito con los excesos de optimismo, que son malos consejeros. 
No me he equivocado respecto a lo que sucedería en Madrid, ciudad que anota una clara diferencia entre el voto al alcalde y el voto a la presidenta, que saca en la capital casi un 6% más de votos populares que  el señor Ruiz Gallardón. La gente del PP  prefiere claramente a quien dice lo que piensa que a quien hace lo que se le ocurre,  y gasta como si fuésemos nuevos ricos. El Estado Mayor del PP debería tomar nota.
También acerté al suponer que el PSOE sufriría un serio descalabro que no iría integramente al PP, aunque el PP haya crecido a nivel nacional, mostrando muy ligeros retrocesos allí dónde su hegemonía es clara.
Me equivoqué, y me alegro mucho, al valorar la mejora de  UPyD que es bastante espectacular y muy esperanzadora porque podría convertirse en una fuerza que desactive la manía de confundir la política con el denuesto del contrario, lo que sería muy beneficioso para todos.
Si los que tiene que acertar no se equivocan gravemente, ya se ve que es fácil, hoy puede empezar una etapa mejor en nuestra deteriorada vida política. Espero que así sea. 

domingo, 22 de mayo de 2011

Análisis fino

Hoy es un día en el que hay que esperar con mucha tranquilidad a los resultados electorales, y tratar de escudriñar, en esa verdadera encuesta que son los resultados, cuál es el estado de ánimo de los españoles, más allá de la indignación de quienes se movilizan, con todo derecho, y gracias a la libertad de la que gozamos, cosa que no ocurre en África, pese a la comparación tan poco afortunada que inició Felipe González uno de esos días que no estaba fino,  para decir que esto no les gusta.
Como la política es un ejercicio de riesgo, diré lo que creo que sucederá, para darme el gustazo de acertar, muy improbable, o de rectificar, lo que será lo normal. A partir de mañana habrá que hacer, si se puede, ese análisis fino, pero hoy podemos darnos el gustazo de hacer como si entendiéramos lo que pasa, sabiendo muy bien lo merecidamente desprestigiado que está el oficio de profeta, sobre todo si, como en mi caso, se profetiza de memoria.
Creo que ganará el PP, pero sin una ventaja sustancialmente superior a la del 1995, unas elecciones en que el cambio a nivel nacional se suponía hecho, como ahora, más o menos. Creo, lamentablemente,  que el PP no conseguirá sus objetivos más buscados, es decir, que no ganará en Castilla la Mancha, y que quedará bastante deslucido en lugares como Extremadura, Asturias, Cantabria y Navarra. Espero que mejore mucho, e incluso gane, en Aragón, donde se ha hecho una campaña inteligente y la candidata es del lugar, adecuada, trabajadora y seria.
Quienes me conocen saben bien que me gustaría equivocarme, que desearía un triunfo tremendamente nítido del PP, porque eso, hoy por hoy, es lo mejor que le podría pasar a la sociedad española, pero me temo que no vaya a ser así, no lo veo claro y estoy harto de que la política se confunda con la formulación de deseos sin mayor base. Imagino que en Madrid se notará un cierto desnivel entre el voto a Esperanza Aguirre y al alcalde madrileño, pero habrá que verlo.
Creo que el PSOE va a sufrir, en cualquier caso, un serio descalabro en los sitios de mayor importancia y que su distancia con el PP se deberá más a su caída que al alza del contrario. Creo que UPyD mejorará algo, pero no mucho, y tampoco espero grandes sobresaltos con el voto de IU que, en teoría, debiera ser la más favorecida por las movilizaciones de los indignados.
Bueno, se trata de un ejercicio de prospectiva, sin ningún afán de influir en nadie, no vaya a ser que la Junta Electoral me meta mano por pensar a deshora. 


Los libros electrónicos crecen... en América, ¿Por qué será?

sábado, 21 de mayo de 2011

Carta al PP

Una de las cosas que más debería preocupar al PP de todo cuanto está pasando, y probablemente va a ocurrir, es el hecho de que los descontentos, cuya cobertura es la indignación de una izquierda desfasada, pero cuyo fondo de provisión moral es muy otro, ni siquiera consideren que la alternativa política pueda ser una buena noticia. Se trata de una respuesta popular  muy lógica, porque, en buena medida, y no voy a dar nombres, el PP ha renunciado, insensatamente, a hacer política, a decir en lo que cree, a explicar lo que desea y espera, pero es muy probable que haya hecho eso porque al frente del PP se ha colocado un núcleo de nihilistas, de gente que ni entiende de política, ni le gusta ejercerla, que es democrática del mismo modo que pudo ser franquista o bolchevique, porque son posibilistas, tecnócratas que confunden la política con el derecho o la economía,  arribistas, como esas moscas que creen dirigir al elefante según la metáfora de Voltaire.  Y el elefante suele ir por donde siempre, pero cuando se cabrea es imprevisible y peligroso. 

Para muchas de esas personas que están ocupando puestos políticos relevantes, ni la democracia ni la libertad significan nada,  abominan del riesgo y de la competencia, son conservadores alicortos y cobardes. Detestan la libertad y la filosofía liberal muy a fondo, creen que es mera ideología, retórica barata, que basta con la ley, y con lo que, en su ignorancia, llaman economía de mercado,  que muchas veces es poco más, entre nosotros, que un patio de Monipodio. Son gentes que jamás montarían un negocio, que solo creen en el escalafón y en las oposiciones de siempre, gentes que no usan Internet porque creen que de eso se deben ocupar las secretarias. Desearía que se fuesen a casa, que dejen el paso a quienes crean en la libertad, a quienes sean capaces de arriesgarse a hacer política, a poner en juego sus ideas y propuestas sin engañar a nadie, limpiamente, con valor y con patriotismo, diciendo que solo saldremos de esta con trabajo, con iniciativa, con libertad y con valor, que son cosas inseparables, pero no lo harán, porque creen absurdamente que el poder es suyo por alguna suerte de ley no escrita…,  y se pueden llevar una soberana sorpresa.

Creen que la política es un puro espectáculo y que ellos son los empresarios de ese cotarro; tienen la absurda idea, además, de que el espectáculo puede ser tan grotesco y rutinario como esas escenografías que preparan en que el líder de turno repite las obviedades más horrísonas sobre un fondo de militantes siempre dispuestos al aplauso y a la sonrisa. Esa manera de hacer política es absolutamente necia, y no interesa ya ni a los que aspiran a ser concejales, normalmente para ver qué pillan. Su idea de un partido político es la de una cohorte de interesados a los que van colocando en puestos con una arbitrariedad que realmente asombra.

Pues bien, un número enorme y creciente de sufridos españolitos, más allá de las manipulaciones que sería bobo ignorar, están mostrando que el PP no existe para ellos, que les da igual que llegue al poder o se vaya a hacer puñetas, porque no creen que haya nada que esperar de una organización tan impenetrable y suficiente, tan insensible, tan ajena y extraña. Son, es evidente, injustos y arbitrarios en esa apreciación, pero es que están hartos de que el PP sea un coto cerrado, de que importe más que siga uno de los suyos en el machito que defender una ética pública exigente, no creen, ¿quién podría creerlo viendo lo que hemos visto?,  que el PP pueda suscitar ninguna esperanza razonable de cambio.

Es verdad que muchos de ellos están intoxicados con una verborrea izquierdista que es el subproducto que tienen más a mano, porque nadie les ha dicho en serio nada distinto, porque puestos a ser solidarios, estatistas y todo eso, prefieren, lógicamente, a la izquierda. Pero el problema para alguien que crea en la libertad y en la política, algo que debería ser el mínimo común denominador de cualquier dirigente del PP, pero que no lo es, es que hay unas gentes que están ejerciendo su libertad al ocupar las calles, y ni siquiera saben que eso se llama libertad, porque nadie les ha enseñado nada, porque nadie ha dado muestras de que sus sentimientos y sus ideas cuenten, porque no saben que pueden hacer algo, además de agruparse y protestar, y están acostumbrados a que, si lo intentan, resulte por completo inútil, y se cansan de tanto desdén, de tanto despotismo.

Nadie les dice que, además de protestar, pueden hacer algo, deben hacer algo, por ellos mismos y por su país, porque los políticos dan la sensación de estar encantados con lo que pasa, de que la crisis no va con ellos, tan lejos están de un país que sufre, teme y se encuentra perdido y sin esperanza.  Nadie les ha hecho ver que en su país, en nuestra querida España, se pueda influir, se puedan ensayar formas distintas de pensar, proponer ideas atractivas, que se pueda hacer algo más y algo distinto que el mero obedecer o ponerse a aplaudir, que merezca la pena arriesgarse, por ellos y por todos.

Está claro que el inmenso esfuerzo colectivo que supuso la transición, el ansia de "libertad sin ira", ha sido largamente defraudado por los políticos, y, en especial, por esa derecha que no se ha atrevido a hacer política, a ser liberal, a ser original y democrática, a pensar en sus propios términos, a ser competitiva, empezando por ella misma, y en lugar de hacer eso persiste en ofrecer  un partido anquilosado, cuyos congresos no existen o están trucados, que huye de los problemas políticos, de la regulación del aborto, por ejemplo, como de la peste, en el que nada se debate, una fuerza política que pretende, absurdamente, batir a su rival con los términos que la izquierda ha consagrado en el simulacro de debate al que desgraciadamente se ha visto reducida la política española.

Todo eso tendrá que cambiar, y a toda prisa.  A quienes amamos España nos importa mucho menos la victoria de este PP que el porvenir de la nación, y ahora todo indica que este viejo país que, a la vez, es tan nuevo y tan distinto a lo que era hace tres décadas, está en una crisis que si el PP no sabe aprovechar puede terminar con él en muy poco tiempo. Lo primero, por tanto, no trivializar; lo segundo no reaccionar frente a una revolución tranquila y equívoca pero de causas muy nítidas, de modo autoritario; lo tercero, empezar a hacer política y aceptar el reto, renovarse o morir.

Estoy convencido de que en el PP existen las energías políticas suficientes para enfrentarse a este nuevo escenario, y para formular una política congruente y atractiva, para conseguir, incluso, una victoria resonante, pero nada de eso se hará si el partido y todos sus militantes honestos no se toman en serio el desafío que tenemos delante, si se limitan a lamentar que la policía no haya disuelto las manifestaciones, o a pensar que la izquierda, una vez más, está haciendo trampa. En particular, puede ser gravemente equívoco consolarse con unos buenos resultados el domingo 22, aunque ya veremos lo que ocurre.

La situación que vivimos es explosiva, aunque es de desear que no estalle y se reconduzca; creo, en particular, que ese sería el mejor de los frutos posibles, que la buena gente perdida que anda por Sol a la búsqueda de lo que no sabe, acabe por comprender que la solución  la tiene a la mano, luchar, trabajar, ser ambicioso, sin limitarse esperar el maná de quienes aspiran a vivir de hacer promesas que nunca pueden cumplir, y que conducen a caminos sin salida, al desastre colectivo. Estamos ante el fin de un ciclo político, con una crisis económica espectacular, en un entorno mundial completamente distinto, y con casi ocho años a nuestras espaldas de disparates políticos, ideológicos y económicos. De esa izquierda se debiere aprender el atrevimiento para defender las propias ideas, pero hay que dejar que los que creen en algo distinto acierten a expresarlo, y hay que relevar del puente de mando a los que sigan pensando que la política se puede hacer limitándose a leer las encuestas, a esos que, como los maridos engañados en las comedias de enredo, suelen ser los últimos en enterarse de lo que pasa.

Además, como dijo con gran brillantez Marías, no se trata de saber qué va a pasar, sino de decidir qué vamos a hacer, pues eso.

viernes, 20 de mayo de 2011

C’est avec les beux sentiments qu’on fait de la mauvaise littérature.

Creo que lo que dice Gide en su Journal de los buenos sentimientos y la literatura se debe aplicar, a fortiori, en la política. He vuelto a recordar esta idea al escuchar el tipo de cosas que parece salir de las asambleas de indignados en reclamación de más democracia, de una democracia real. 
Sigo pensando que la mayoría de los que se reúnen lo hacen con la mejor intención, y con sobrados motivos, pero es muy difícil que acierten a pensar algo coherente. En realidad no hay mucho que inventar, sino hacer bien las cosas que se hacen mal, y rehacer bien las cosas que se han estropeado; esto es poco romántico, pero, a cambio, es factible, aunque sea difícil decir cómo. 
¿Puede ocurrir un milagro? ¿Puede suceder que de las dinámicas que se están desencadenando en la Puerta del Sol salga algo que merezca la pena? He visto a gente que narra con arrobo alguna de las escenas que allí pueden contemplarse, pero no creo fácil que ocurra nada que pueda ser memorable, salvo que muchos salgan de allí con la idea clara de cuáles son los caminos que no conducen a ninguna parte, o, peor aún, a soluciones demasiado bien conocidas y, en el fondo, temibles y terribles. De alguna manera, todo esto está en juego y para que las cosas salgan bien se necesita, entre otras cosas, mucha suerte, algo que en España ha escaseado, pero en fin, veremos en qué para todo esto.

jueves, 19 de mayo de 2011

Un malestar difuso

El lunes, cuando las manifestaciones de jóvenes, como la de la Puerta del Sol, no eran un fenómeno tan visible como lo es hoy, escribí el siguiente análisis que se publicó en El Confidencial el martes y se mantuvo en la portada hasta el miércoles, cuando ya lo de Sol había pasado a ser espectacular. Creo que puedo repetir cuanto escribí, pero hay que esforzarse en distinguir las voces de los ecos, las novedades de lo de siempre, que nunca pierde oportunidad de sacar ventaja infringiendo, disimuladamente o con descaro, las reglas del juego; lo  importante no es eso, que no hay que ignorar, sino el malestar de fondo de mucha gente decente, desesperada, tal vez ingenua y confundida, pero que merece algo mejor de lo que les ofrecemos.
......
No hace falta una capacidad muy aguda de análisis para constatar que, se mire por do se mire, el sistema político español está alcanzando unas altísimas costas de desprestigio, y que el malestar de muchísimos ciudadanos crece a ojos vista, muy especialmente entre las capas más ilustradas e independientes, de las que deberían nutrirse las instituciones políticas en una situación de plena normalidad. Las direcciones de los partidos, ocupadas siempre en un muy miope día a día, no son los lugares ideales para percibir con nitidez el fenómeno, pero mal harían en no analizarlo y tratar de buscarle remedio, y no mero lenitivo.
Este malestar no está, todavía, políticamente articulado, y afecta al conjunto de los partidos, más a los grandes, desde luego, y, muy especialmente, al partido en el poder, pero está creando un estado de opinión que supone una grave objeción a la forma de funcionamiento de esta democracia que, más pronto que tarde, debería de encontrar respuesta en una reforma de fondo que, de no hacerse bien y relativamente pronto, puede poner en un riesgo muy serio la viabilidad de la democracia.
Este malestar está cristalizando en un conjunto de ideas bastante coherentes a las que  nadie se ocupa de dar respuesta, confiando ciegamente en que la lealtad de los ciudadanos a la democracia, que nadie pone en cuestión, se traduzca inmediatamente en fidelidad a este sistema concreto que nos gobierna, lo que no es sino otro caso de cortedad de miras, del defecto de fondo que los descontentos señalan. Entre los argumentos que expresan el malestar de fondo, merece la pena destacar las siguientes:
1. Los partidos son sordos a los problemas reales de la sociedad española y los reducen, de manera irresponsable, a su aspecto puramente electoral; en consecuencia, las proclamas de los políticos tienden a parecer falsas, insensibles y oportunistas.
2. Como los partidos son conscientes de esta situación parecen haber decidido, hace tiempo, que no tienen nada que decir salvo a los muy convencidos, de manera que su acción política se vuelve dogmática, previsible y rígida. Ello acentúa más la distancia entre los ciudadanos y los partidos y convierte en retórica vaga cualquier intento de cumplir la función que les atribuye la Constitución de ser cauces de participación ciudadana.
3. Los ciudadanos tiene la impresión cada vez más firme de que la situación es inamovible y el bipartidismo reinante se les antoja una camisa de fuerza muy estrecha para la realidad en la que viven.
4. Técnicamente se dice que vivimos en un sistema de bipartidismo imperfecto, pero el sistema resulta ser imperfecto en otros muchos sentidos que provocan una honda frustración, por ejemplo, su incapacidad para consensuar reformas que todo el mundo entendería como necesarias, como la de la educación y la Justicia, o su resistencia interesada a poner remedio cierto y razonable a problemas que causan hastío y una ira sorda a muchos ciudadanos, como el terrorismo o, en otro orden de cosas, el abuso desmedido de determinadas fuerzas minoritarias.
5. Los políticos no inspiran ninguna confianza. Los electores no ven en ellos a personas, sino a siglas, y no comprenden su sumisión al liderazgo, por negativo que esté resultando al propio partido, como le ocurre ahora mismo al PSOE, ni la absoluta falta de iniciativa de la mayoría de ellos, además de su absoluto desinterés  por las cuestiones que realmente preocupan a quienes representan.
6. Cada vez se tiende a pensar más en los partidos como auténticas redes mafiosas en las que la protección de unos por otros es el mandato fundamental. Nadie puede entender el desinterés que muestran los partidos por limpiar sus propias filas y eso se interpreta, desgraciadamente, como una muestra de que la corrupción está metida en el seno mismo de las organizaciones, de manera que se tiende a pensar y a sentir que son los partidos mismos los  que promueven la corrupción como sistema para blindar su poder económico y la situación personal del conjunto del escalafón.
7. Por último, los electores piensan que el objetivo de los partidos es siempre distinto al que proclaman, de manera que les atribuyen una dosis estructural de mentira y de manipulación, una actitud que impide radicalmente cualquier intento de explicar con sinceridad, sin miedo, y de manera razonable las políticas que una buena mayoría de electores apoyaría. En consecuencia, los partidos se ven como meras máquinas para llegar al poder y permanecer allí el mayor tiempo posible, nada que ver, en último término, con someter propuestas a los electores para que estos decidan por si mismos lo que consideran mejor.
Este es el panorama una semana antes de unas elecciones decisivas. Muchos españoles van a interpretarlas, seguramente, como una manera de castigar a un personaje que les ha hecho mucho daño, pero el supuesto vencedor de esta convocatoria, haría muy mal en no darse cuenta de que tampoco ellos producen ningún entusiasmo.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Juventud, divino tesoro


El asunto de la movida madrileña, y española, en general, es bastante variopinto. Para empezar, convendría distinguir dos planos de comentario, el político, y el que no lo es. Me parece que es importante hablar con claridad del primero, para poder concentrarse en el segundo, que es de mayor interés, pero puede verse cortocircuitado por el primero.
Hay algo que es seguro, y es que este tipo de movimientos va a menudear a medida que se acerque el PP al Gobierno, porque está claro que hay quienes están, desde ahora mismo, dispuestos a impedir esa eventualidad a cualquier precio. La presencia de IU, y de alguien más, no puede considerarse anecdótica, sin duda, y los Nunca mais, y No a la guerra, están demasiado cercanos como para no acordarse de ellos, sin olvidar, claro está, la estelar actuación de Rubalcaba y sus SMS en el día de reflexión. El PP debe extremar su prudencia ante este asunto porque, aunque no sea reducible a una trampa, contiene muchas para él: paciencia y calma, además de tomar buena nota de lo que espera y, también, de las quejas de fondo que son admisibles, lo que excluye las chorradas como “menos crucifijos y más empleo fijo” y los aleluyas estatistas de los confundidos y los malintencionados. El tea party no debió de parecer una cosa muy distinta, pero hubo quien supo lo que había que hacer.

Es evidente que la queja, muy general, está bien fundada y que la situación es lo suficientemente grave como para que la gente, el 45% del paro juvenil, salga a la calle, aunque no sepa muy bien para qué. Habrá que esperar, pero va a ser una experiencia interesante y desearía que fuese educativa para la gente de buena intención, que también la habrá. Es una necedad confundir los problemas con las soluciones, y los jóvenes son muy dados a ella, hasta que se les pasa. No olvidemos que la veneración de lo juvenil es un prejuicio nazi, el único que ha sobrevivido a su merecidísima derrota política. 

Habrá que cuestionarse sobre lo que pueda salir de la mística de la reunión, algo que no es solo interesante, sino misterioso. ¿Puede salir algo de esa asamblea? Tal vez, pero la indignación metódica y sistemática, no muy distinta de la hipocresía, sirve para poco. Lo mejor que puede pasar es que el espíritu venga sobre los congregados y les advierta de que si es verdad que no tienen futuro, más cierto es que no van a encontrarlo en las malas compañías y que se les ocurra ponerse a hacer algo positivo, trabajar por ejemplo. Puede que esté un poco puñetero, pero he tenido mal día, he debido corregir buen número de trabajos académicos de mis alumnos y, para mi sorpresa, muchos de ellos, de gente que puede estar en la Puerta del Sol ahora mismo, estaban copiados chapuceramente de diversos sitios de la red. Es tremendo que haya universitarios que consigan acabar sus carreras con esa clase de conductas, pero si lo hacen será porque suele funcionar. Es posible que el espíritu les ilumine y les entre un prurito de coherencia, que no sobra nunca, pero ya veremos. 

Facebook y las protestas

martes, 17 de mayo de 2011

Los jóvenes se manifiestan

Estos días han salido a la calle los jóvenes, eso se dice: lo que en realidad habría que decir es que han salido, por ejemplo en Madrid, 15.000 de los cientos de miles que seguramente hay. Mal comienzo es la patrimonialización juvenilista del movimiento. 
Se discute mucho el significado de este fenómeno, pero habría que partir de que esta clase de fenómenos no tienen un único significado sino, al menos, tantos como interpretes y/o como manifestantes, de manera que cualquier claridad sería prematura. Yo haré una anotación muy ambigua, que me parece precisa. Es bueno que los jóvenes se den cuenta de que las cosas están mal. Es pésimo que piensen que hay algo que arreglar gritando simplezas, o armando follón, aunque es posible que sea inevitable hacerlo y que quepa sacar de ello algo positivo. Veremos.  
De todas maneras, bueno sería que quienes se supone que dirigen el país se den cuenta de que algo empieza a oler a podrido, sin que quepa descartar del todo que alguno de los políticos que sabe jugar con varias barajas esté detrás de alguna de las razones que han llevado a esta sorprendente eclosión, que no lo sería menos por el hecho de que algún fantasmón de la más rancia izquierda haya estado mezclado con los manifestantes, además de la obviedad de que los antisistema son muy capaces de aprender pronto las malas artes de Batasuna. 

lunes, 16 de mayo de 2011

Las encuestas y la movilización

Al publicarse oficialmente las últimas encuestas, las fuerzas políticas emprenderán un postrer esfuerzo para arrimar el agua de esos datos a su molino electoral. Las encuestas, no tienen nunca una única lectura. Pueden usarse para movilizar, o para que los afectados pierdan el ánimo, de manera que sería un error muy grave dar lo que nos digan, que habrá para todos los gustos, como una verdad definitiva. Las únicas verdades políticas serán las que se desvelen al finalizar el escrutinio, y, en algunos casos, ni eso, puesto que cuando los resultados no sean completamente inequívocos se empezará a mover una compleja red de acuerdos y conveniencias que puede dar lugar a gobiernos en los que nadie pensaba al depositar su voto.
Partimos de una expectativa de derrota del PSOE que podrá verse muy matizada con el análisis fino de los resultados. Esta expectativa puede ser un arma de doble filo para el PP, puesto que puede amargarle su victoria, si no se cumple con holgura y amplitud, pero también porque puede producir efectos muy peligrosos a la hora de la movilización, ya que podría suceder que los votos conservadores den por hecha la victoria, y se vayan de paseo, pero también podría contribuir a que los votos de la izquierda acudan en tromba para evitar que la debacle resulte especialmente  memorable. Zapatero, al que incluso muchos de los suyos preferirían ver ya dedicado íntegramente a la poesía lírica, está jugando esta última baza, y ya ha advertido de que “vamos a darles una sorpresa”, tratando de movilizar a sus incondicionales para evitar un resultado que pudiera ser sonrojante, aunque nunca inmerecido.
El PSOE trata de separar cuanto puede  estas elecciones de la figura de su líder, pero la política tiene reglas inamovibles, y una de ellas es que el castigo a Zapatero tenga que darse en el trasero de sus corifeos, porque Zapatero, de modo muy previsor, ya ha anunciado que no va a volver a presentarse para, con argucia tan peculiar, retirarse invicto. Los electores desencantados, hartos, irritados y deseosos de devolverle a Zapatero alguna de las gracias y favores que este ha ido derramando con desigual donosura por doquiera haya pasado, no deberían perder esta oportunidad de demostrar el gran aprecio que le deparan. Esos cinco millones de parados no debieran privarse  por descuido de ponerle la nota que les merece. Por supuesto, los que deseamos que desaparezca cuanto antes de nuestra vista no vamos a tener mejor oportunidad de conseguirlo que la del próximo domingo, porque un resultado devastador haría, sin duda, que las elecciones generales se adelantasen a toda prisa para evitar que el descalabro a líder tan impar se extienda como un vertido completamente incontrolable por toda la geografía política del socialismo español, que tanto ha hecho por merecerlo, dicho sea de paso.
El partido Popular haría bien en no confiarse, y en tener muy presente lo mucho que se juega en este envite. No vendría mal que sus dirigentes repasasen escenarios del pasado en los que parecía que la pieza ya estaba en la olla, y acabó resultando algo más parecido al cazador cazado que a un banquete memorable.  El PSOE es maestro en triquiñuelas y Rubalcaba, como es bien sabido, no descansa ni en el día de reflexión, jornada en que ha perpetrado algunas trampas memorables ante el pasmo de los expertos de la calle Génova. No creerse las encuestas, especialmente si resultan halagüeñas, es esencial, porque todavía queda mucho por hacer para cantar victoria.

domingo, 15 de mayo de 2011

El terremoto y las elecciones


Los partidos han acordado un día de suspensión en sus actividades electorales con motivo del terremoto que ha afectado a Lorca y sus inmediaciones. Era un gesto obligado, pero seguramente insuficiente, porque con su innata habilidad para llevar el agua a su molino, los partidos han convertido la ciudad afectada en el epicentro oportunista de su actividad.Un terremoto es siempre un baño de realismo, un recuerdo de que nuestras más soberbias construcciones se pueden venir abajo con un coletazo inesperado. Es también una ocasión para revisar la calidad de nuestras previsiones al respecto. ¿Alguien imagina lo que habría pasado en Murcia si el seísmo hubiera alcanzado la virulencia de los seísmos japoneses? A este respecto, estamos en algún lugar intermedio entre Haití y y Fukushima, lo que debería llevarnos a revisar nuestras previsiones antisísmicas, y no solo la seguridad nuclear, tema que inmediatamente han sacado los que quieren vivir a costa de meternos miedo.  Lo que es evidente es que en regiones bien preparadas no ocurre nada con un seísmo como el que nos acaba de afectar. Es verdad que no habitamos una zona de gran frecuencia sísmica, pero es bastante lamentable que haya habido un número de víctimas tan elevado y que la destrucción de la obra civil haya sido tan intensa. Ahora todo son carreras en pos de la foto: Rubalcaba porque coordina los servicios civiles, Chacón porque las unidades militares van a ayudar en la reconstrucción inmediata, Rajoy porque es el líder del partido con mayor implantación en la zona, y, el viernes, Zapatero tras aprobar una serie de medias ad hoc en el Consejo de ministros. No acaba de ser irreprochable que los dos candidatos al liderazgo del PSOE compitan sobre la devastación mostrando sus mejores perfiles, pero lo peor no será que aprovechen una tragedia para mejorar sus expectativas, sino que no hagan bien lo que tienen obligación de hacer, atender bien a las víctimas y tomar las decisiones precisas para que nos veamos libres de desastres como las que ahora padecen los  murcianos. Se trata de un trabajo integral, que hay que hacer sin falta para que nunca más haya víctimas en catástrofes de este nivel, que son perfectamente evitables. Los políticos deberían aprovechar esta lección brutal para incrementar su sentido de la responsabilidad; éstas son las cosas que los ciudadanos ponemos en sus manos, lo que interesa a todos, lo público, y no queremos que se dediquen únicamente a las grescas y al tú más, a hacerse estupendos despachos y a desplazarse en coches inaccesibles para el común de los mortales, sino que aprendan a competir en eficacia, en ejemplaridad, en previsión, en hacer bien las cosas, en emplear de la manera más eficiente el mucho dinero que nos sacan. La tragedia de Lorca ha pillado al Rey un poco fuera de juego, pero habría que esforzarse para que la Monarquía, que debiera ser el símbolo común por excelencia, hiciese llegar a nuestros compatriotas una solidaridad cariñosa y atenta, para lograr que las tupidas barreras burocráticas que ha levantado el sistema autonómico no nos arrebate lo que todavía es el sentimiento más común entre los españoles, que lo que ha ocurrido en Lorca nos ha pasado a todos. Tampoco estaría mal, por cierto, que otras regiones mostrasen que no han perdido el sentido de lo común ayudando, simbólicamente y de manera eficaz, a quienes ahora sufren de manera más intensa. 


¿Un Kindle transformado en Tablet?

viernes, 13 de mayo de 2011

El premio del sectarismo


Cuando se leen textos de historia en otras lenguas, llama la atención, por ejemplo, que lo que nosotros solemos denominar “guerra de la independencia contra los franceses” se conozca como una parte más de las “guerras napoleónicas”, cosa que, sin duda, nos procura una cierta cura de humildad. No vendría mal, sin embargo, que hubiese alguna vez una cierta guerra por la independencia,  porque aquí no abundan ni la capacidad de pensar por cuenta propia, ni la objetividad y la libertad de criterio, mientras que podríamos ser primera potencia en sectarismo, parcialidad, y necio dogmatismo.
La falta de independencia que tanto se hace notar está vinculada muy estrechamente con una visión confesional de la política, con la fidelidad, con razón y sin ella, a una ideología maniquea, como suma de bienes sin mezcla de mal alguno, y con el hecho de que aquí sólo se aprecie la fidelidad perruna, la sumisión absoluta al amo.  
Lo curioso es que la generalización de ese rasgo de conducta sumisa es más reciente de lo que se suele creer. El otro día leyendo una carta escrita en 1825 por Thomas Jefferson, tal vez el más importante de los padres fundadores de la democracia americana, me encontré con que usaba tanto el término “liberal” como el término “servil”, con el sentido que se había hecho  usual entre los políticos españoles del XIX. Tanto “servil” como “liberal” pueden datarse con otro sentido en épocas anteriores de nuestra lengua, pero los liberales del XIX les dieron el sentido político con que las usa Jefferson y con el que se han exportado a la lengua inglesa, entre otras. Serviles o servilones eran los que no querían otra cosa que el absolutismo fernandino, los que detestaban la libertad, la igualdad, los enemigos de la Constitución.   Servilismo, en particular, es palabra que describe muy bien la condición de quienes están dispuestos, al precio que sea, a acudir presurosos en auxilio del vencedor, a apoyar al que manda, a obedecer en todo a quien les ha dado lo que estiman que, de otra manera, jamás habrían podido alcanzar. Para nuestra desgracia, casi doscientos años después, el servilismo vuelve por sus fueros, aunque, naturalmente, con los afeites de la época. Servilismo y sectarismo son, pues, sinónimos políticos que expresan dos incapacidades, la de atenerse a otras consideraciones que las establecidas por el que manda, y la falta de valor para  mantener dignamente las posiciones propias, en especial cuando se ostente un cargo, por ejemplo judicial, que obligue específicamente a ello.
Creo que esta consideración es especialmente adecuada para comentar la reciente decisión respecto a Bildu. Que el Tribunal Constitucional se haya metido, con prisa y nocturnidad, a reconsiderar una decisión del Tribunal Supremo, inventándose unos motivos de inconstitucionalidad que apenas pueden simular la arbitrariedad y el absoluto menosprecio a lo que establecen las reglas del juego, no es una noticia que pueda alegrar a nadie con dos dedos de frente. Ese Tribunal se ha convertido demasiadas veces en un cayado de la arbitrariedad política en lugar de haberse limitado a ser un árbitro absolutamente irreprochable de la Constitución. Su origen político no debería ser explicación suficiente para esa indignidad. Bastaría con que los magistrados se hubiesen tomado en serio a ellos mismos, pero eso es más de lo que algunos pueden alcanzar sin perder el equilibrio.
Una pregunta importante, y no muy fácil de contestar,  es la que se refiere a los beneficios políticos inmediatos que sus impulsores esperan de tamaña cacicada. Mi sospecha es que cuando el asunto del terrorismo estaba razonablemente encarrilado, ha tenido que venir Zapatero a mostrarnos lo genial que es y a liarla de nuevo. Yo no estoy de acuerdo con el fondo político de la sentencia, que me parece un error, pero que, como todo, se puede discutir, pero me parece fuera de dudas que el Tribunal Constitucional en lugar de hacer su trabajo con dignidad y calma, ha decidido probar, una vez más, que a él nadie le gana en servilismo, y que está dispuesto a arrebatar la imagen de eficacia que ofrece la Guardia Civil de los chistes,  esa mítica capacidad para encontrar, si fuere el caso,  al asesino de Manolete,  cuando se le requiera para ello en  tiempo y forma.
Pero, ¿qué es lo que gana Zapatero? Si lo que persigue, al parecer, es que los españoles vuelvan a sentir miedo del PP, hay que reconocer que sigue teniendo una habilidad muy especial para calcular los costes de sus iniciativas. Es dudoso que obtenga lo que pretende, y que la apuesta por el miedo  vuelva a ser rentable a estas alturas, pero el daño hecho a la objetividad, a la poliarquía, a la democracia liberal, y a la decencia política, me parece mucho más grave y difícil de curar que el hecho lamentable de que la democracia española se deje ningunear tan fácilmente por las triquiñuelas de cuatro abogados al servicio de una banda de criminales.
[Publicado en El Confidencial]


¡Llega el mini portatil con Chrome!

miércoles, 11 de mayo de 2011

¡”Que viene el lobo”!, o el supuestamente inagotable filón del miedo a la derecha


Hace escasamente un año, un Zapatero acuciado por el realismo de su amigo, o no tanto, Obama y la urgencia de los otros líderes mundiales que le pusieron al teléfono, tuvo que renunciar solemnemente a seguir con sus planes, por llamarles algo, para evitar la inminente bancarrota de España que él había provocado con su delirante política y con sus estúpidas proclamas. El 12 de mayo de 2010, y ante el Congreso de los Diputados, anunció el recorte más duro  de nuestra historia y puso fin a las promesas políticas que había tratado de mantener contra viento y marea, como si fuese un mal periodista dispuesto a que la realidad no le estropee un reportaje oportunista. Hay que reconocer que le echó cuajo, porque cambió de tono y de discurso, como si la cosa no fuese con él, hizo de tripas corazón y se aplicó a los recortes, especialmente con la parte más débil de la población.

Ahora y pese a ser evidente que ha sido la irresponsabilidad socialista quien ha llevado al país a una crisis hondísima, muy larga y de salida todavía incierta,  el PSOE se dispone a echar la culpa de todo a quien siempre la tiene, a la derecha, y va a tratar de que el miedo, que en alguna ocasión del pasado le libró del descalabro, le sirva una vez más de salvaguarda para que sus electores, sobre todo, teman más a los supuestos desmanes de la derecha que a los evidentes destrozos que ha causado su gestión. En este punto todos se han unido con prontitud a Zapatero, porque saben que están en juego sus poltronas. Hasta Felipe González, distante, multimillonario y crítico feroz de tan inconsistente personaje,  se ha unido al coro de los amedrentadores.

La situación de los socialistas es tan apurada que no dudarán en usar cualquier asunto como provisión para calentar la caldera. Émulos de los Hermanos Marx, pero sin gracia alguna, no dejan de gritar “Más madera” a ver si resucitan el miedo atávico a la derecha que ya parece ser la única munición fiable de que disponen en sus polvorines. Hasta el incomprensible apoyo a la legalización de Bildu se entiende en esta estrategia, tratar de mostrar que la derecha es absolutamente intransigente, implacable, enemiga de la paz. Pero es muy posible que los socialistas se equivoquen y que hasta sus más fieles les dejen de lado en esta huida a ninguna parte. Basta con haber visto el muy descriptible entusiasmo de los sindicalistas con las liturgias del primero de mayo para poner en duda que el personal esté dispuesto a endosar cualquier estrategia, y eso que las huestes manifestantes suelen reclutarse entre liberados y profesionales del ramo. Es posible, por tanto, que alcancemos a tener una medida indirecta del número de beneficiados de los diversos aparatos del PSOE al comprobar en qué se quedan sus votos el 22 de mayo porque cabe poner en cuarentena la idea de que pueda haber ciudadanos de a píe convencidos de los beneficios que pueda reportarles la continuidad de los amigos de Zapatero en la inminente jornada electoral.

Solo el otrora díscolo Tomás Gómez, y en plena imploración de perdón a las alturas, se atrevió a decir que quería hacer con Madrid lo que Zapatero había hecho con España, un slogan que Esperanza Aguirre sabrá emplear contra tipo tan poco avisado de lo que siente el personal. Los españoles sólo pueden tener un miedo razonable a la permanencia de los socialistas: está en su mano evitar que tenga éxito la estrategia de quien los toma por tontos. 

martes, 10 de mayo de 2011

La libertad y el Estado de bienestar


Michael Oakeshott, un importante filósofo político inglés del pasado siglo, explica cómo surgió el Estado moderno a partir de la disolución de lo que él llama la moral de los vínculos comunales por la que se regían las sociedades pre-modernas, compuestas por gente que se siente completamente vinculada a su grupo social mediante lazos muy fuertes de pertenencia, participación y protección. Estas sociedades se vienen abajo cuando los individuos empiezan a querer vivir al margen de esos vínculos, deciden viajar, sustraerse al ciclo de la economía familiar, abandonar su lugar de residencia, montar negocios, trabajar por su cuenta, con quién quieren casarse, etc. A cambio, pierden seguridad y tienen una vida más difícil, aunque empieza a parecerles a muchos más atractiva. Así aparece la sociedad de individuos, a diferencia de sociedad de vínculos comunales, y esos individuos necesitan que exista un Estado que les proteja en su libertades y en su seguridad, pero que no se entrometa en sus vidas.  Ahora bien, esta tendencia a la emancipación de los individuos produce también unos efectos contrarios, justamente en quienes no se atreven a emprender ese modo de vida que consideran arriesgado, seguramente insolidario, peligroso, en cualquier caso, de manera que pugnan porque el Estado sustituya eficazmente a la moral de vínculos comunales que se ha perdido por culpa del individualismo, que proporcione la seguridad perdida,  y facilitan, o fuerzan, la aparición de lo que llamamos el Estado providencia o los Estados del Bienestar.

lunes, 9 de mayo de 2011

Un mundo de marcas


Una de las áreas en que más se nota lo que llamamos  globalización es, lógicamente, la comercial, un mundo que acaba siendo dominado por imágenes, por marcas. Cabe pensar que, en cierto modo, las cosas han sido siempre así, que los seres humanos siempre hemos tendido a simplificar y que las marcas comerciales son el último eslabón de esa cadena de trivializaciones. El otro día me enteré de que Madrid está entre las diez, creo que eran 10, capitales financieras del mundo y eso que Gallardón debe un dineral. El hecho es que ahora mismo las marcas tienen una importancia aparentemente decisiva y que lo que se hace con ellas y sobre ellas produce grandes beneficios y enormes disgustos. Me he tomado la molestia de echar un vistazo a las 100 marcas más importantes del mundo, según Millward Brown, una agencia que se dedica a estas cosas. Resulta que Apple ha desbancado a Google, a saber por qué, como la primera de las marcas y que Microsoft sigue siendo la quinta, lo que no deja de ser curioso, imagino que contarán los improperios, tras la propia Google, IBM, y MacDonalds, una mezcla un poco rara, sin duda, y Marlboro que es casi delictiva en España, y en otros paraísos del neo-puritanismo se mantiene en el puesto número 8. Hay tres españolas en la lista, Movistar en el puesto 21, el Banco Santander en el  77 y Zara en el puesto 86, a primera vista, más de lo que nos merecemos como país, pero nunca se sabe. Llama la atención que no haya ninguna empresa editora, ni ninguna empresa cultural, salvo que consideremos a Walt Disney como candidato a cubrir el hueco. Los franceses tiene marcas de moda muy bien colocadas,  YSL, L’Oreal y Hermés, pero no hay nada italiano, salvo la Telecom, lo que es muy llamativo. En coches gana Toyota y BMW está por delante de Mercedes Benz.  Bueno, yo no lo entiendo, pero eso no debe extrañarle a nadie. Me temo que este asunto se rija, en el fondo, por el famoso criterio del vigilante del fuerte que veía venir a 2004 indios, es decir, a 4 y luego como a unos 2.000. Es una pena que no consideren marcas deportivas para ver si el Barça ya le gana también al Real Madrid, aquí que los árbitros son menos conocidos.

domingo, 8 de mayo de 2011

Lo de Bildu

Los españoles estamos siendo duramente golpeados por un tema capaz de aburrir a las ovejas, la cosa vasca. Si no fuera por la cantidad de muertos y de daño que han hecho estos sujetos, el asunto no merecería otra cosa que el más profundo desprecio, eso es lo que pasaría en un país digno, pero en España ni hablar. 
Llevamos años empeñados en hacer mal las cosas, y, lo que es peor, en deshacerlas cuando, por un casual, se empiezan a hacer bien. El tostón vasco estaba encarrilado, pero ha tenido que venir Zapatero a mostrarnos lo genial que es y a liarla de nuevo. No voy a gastar ni una letra más en manifestar la repulsa que me produce esa actitud tan cobarde, pero hay un asunto del que no quiero dejar de hablar, precisamente porque no soy jurista. El Tribunal Constitucional en lugar de hacer su trabajo con honor y dignidad, ha decidido, una vez más, que a él nadie le gana en servilismo y que se siente muy capaz de hacer cualquier encargo que se le haga. ¡Qué vergüenza de país! Es increíble la facilidad con la que los más altos honores y dignidades del Estado se postran ante el dedo todopoderoso, la tranquilidad y el cinismo con el que se ciscan en lo que haga falta con tal de no dejar insatisfecho a quien les puso en lugar al que nunca debieran haber llegado. El Tribunal Constitucional es una vergüenza nacional, así de simple, y no porque no esté de acuerdo con el significado político de sus sentencias, esta vez tan rápida que causa espanto, un asunto que no tendría inconveniente en discutir, aunque ya queda dicho que el tema aburre a las ovejas, sino por el hecho de que se hace evidente que este Tribunal se ha quedado para siempre con la imagen que el chiste atribuía a la Benemérita, cualquier día podría declarar a quien conviniere culpable de la muerte de Manolete. ¿Cuándo se hartará este país de sectarios  de soportar, con paciencia infinita, que los que están más obligados a la objetividad y el respeto a las formas se las pasen por salva sea la parte?  


El éxito de Samsung

jueves, 5 de mayo de 2011

Jefferson y la libertad económica

Ayer asistí a dos presentaciones de sendos libros; es fácil entender que tenía algún interés y cierta obligación, dos factores sin los que este género de actos se convierte en algo insoportable. En ambos casos recordé un sabio consejo que me dio Camilo José Cela con ocasión de presentar él un Diccionario de citas que  habíamos compuesto Wenceslao castañares y yo, a saber, que los autores no hablan en las presentaciones de sus libros. La verdad es que nunca supe si lo decía porque prefería oír a nuestros presentadores antes que a nosotros, o porque lo tuviese por máxima prudente. Yo cada día estoy más cerca de pensar lo segundo, pero entiendo que los autores españoles aprovechen la mínima oportunidad de que se les escuche, dado el poco caso que, en general, se les hace. Las dos presentaciones fueron, sin embargo, sendas oportunidades de aprender, aunque también hubo alguna intervención perfectamente prescindible. Ya que me he puesto, diré que el libro de la mañana era uno de Francisco Cabrillo, Rocío Albert López-Ibor y Rogelio Biazzi sobre la Libertad económica en España 2011, un bien escaso, como se sabe. La intervención del autor principal reservaba dos perlas para el amante de la agudeza, dos citas espléndidas de Thomas Jefferson que no conocía. En cuanto llegué a mi mesa de trabajo me puse a localizarlas, y ya las tengo. La primera habla de que el buen gobierno es el que se ocupa de mantener la paz civil y no se mete en las cosas, los oficios y los negocios de la gente, de manera que no te quita de la boca el pan que te has ganado con tu esfuerzo. La segunda es todavía más mordaz y advierte que el gobierno que se proponga darte cuanto quieras, se ocupará de quitarte cuanto tienes. Según el libro, el gobierno más jeffersoniano es el de la Comunidad de Madrid y los menos, ¡a qué lo adivinan! los de Andalucía, Extremadura y Castilla la Mancha.
El libro de la tarde era de Andrés Ollero sobre laicidad y laicismo, uno de sus temas favoritos, pero de él me ocuparé en Cultura digital, como verá quien lo visitare.

miércoles, 4 de mayo de 2011

¡Dios bendiga a América!

Esta expresión, final casi inexcusable en las alocuciones de los presidentes americanos, me viene a la cabeza al saber  que los EEUU han dado muerte a Ben Laden. Tuve la oportunidad de encontrarme en EEUU durante la campaña que llevó a la Casa Blanca al actual presidente, y de asistir en directo a un debate entre los candidatos que me llevó a la convicción de que Obama arrasaría, pero lo que me pareció más sorprendente fue la firmeza con la que manifestaba  que no cesaría de perseguir a Ben Laden hasta matarlo: es lo que han hecho los SEALS, una unidad de élite, cuyo lema es “El dolor es temporal, el orgullo dura toda la vida". Tanto la invocación a Dios, como la amenaza al enemigo escurridizo, son palabras mayores, de esas que en Europa, con la posible excepción de Inglaterra, nos da vergüenza, y vértigo, pronunciar. En Europa cultivamos sentimientos más civilizados, pero  más cobardes: respiramos aliviados porque, en el fondo, pensamos que el escudo protector de EEUU va a ser eterno, pero inmediatamente nos ponemos a pensar, con miedo,  en que nos toquen parte de las represalias. Las causas de esa debilidad de carácter de las democracias europeas son muy complejas, y es posible que, en el futuro, lleguen a afectar también a los norteamericanos, pero, por ahora, los EEUU hacen lo que dicen que van a hacer, y no se confunden con monsergas. Ben Laden ordenó la muerte de miles de norteamericanos inocentes y los EEUU no iban a parar hasta castigar esa acción, pase luego lo que pase. Todo ello hace que, efectivamente, los EEUU necesiten la bendición de Dios, pues cuentan, desgraciadamente, con la envidia y el rencor de muchísima gente; la enemistad visceral a los EEUU es una religión de numerosos adeptos, uno de los últimos refugios de los parias de la tierra, de manera que se puede decir de los enemigos de los EEUU lo que Gracián decía respecto de los tontos, que lo son todos los que lo parecen y la mitad de los que no lo parecen. No sé si será posible librarse de los efectos maléficos de tal plaga sin ayuda divina, pero seguro que no viene mal.
Claro es que los EEUU no se encomiendan únicamente a la bendición divina, y por eso poseen una flota naval que es más poderosa que el resto de las flotas del mundo juntas, son capaces de vigilar con precisión lo que ocurre en cualquier lugar recóndito de la Tierra, y, sobre todo, mantienen una voluntad indómita de defenderse y de proteger sus intereses, de pasarlo todo lo mal que haga falta para no sentir vergüenza de sí mismos, según el lema de los ejecutores del caudillo terrorista.
Gracias a su valor, a su tecnología y a su constancia, el mundo se ve libre de un individuo enormemente peligroso, pero ello no significa que la guerra haya terminado. ¿Tendrán que seguirla ganando en solitario los soldados norteamericanos? En Europa tienen muchos aliados fieles y algunos seguros, pero tienen también una inmensa multitud de enemigos dispuestos a cualquier cosas antes que reconocer mérito alguno a la gran potencia. Parece que muchos consideran una especie de desgracia que la nación más poderosa, la única que puede ejercer una acción militar efectiva y con total garantía de éxito en cualquier esquina del planeta, sea también la democracia más perfecta y más antigua de cuantas existen. Hay muchos que no soportan que sea real tanta belleza. Hoy mismo he recibido un correo de persona aparentemente normal que comienza dando por hecho que los únicos terroristas que realmente existen en el mundo son los norteamericanos, precisando un poco, para hacerlo más digerible, la extrema derecha norteamericana, cuya perversidad es tanta que no dudó en atacar las Torres gemelas  y el Pentágono, para encubrir sus aviesas intenciones. A mi me parece evidente que frente a esta clase de interpretaciones se necesita, como mínimo, un exorcista, de manera que entiendo muy bien el utilitarismo de la invocación presidencial.
Los EEUU tienen numerosos defectos, ¡qué duda cabe!, pero nos ganan por goleada en ética pública, objetividad y deseo de investigar, patriotismo, valor y sentido práctico. Son, efectivamente, una nueva tierra, creada por gentes que huían de un continente que empezaba a ser agobiante, en el que no se podía gozar de libertad. Desde entonces, las cosas han empeorado a este lado del Atlántico, pero allí mantienen un cierto nivel de su espíritu fundacional, pese a las triquiñuelas que se llevan a cabo en nombre de los mercados, las trampas de los insiders, y cierta rudeza a veces indiscernible de la estupidez. Ahora han acabado con Ben Laden, de la misma manera que sepultaron a don Adolfo y le hicieron morder el polvo a los admirables japoneses  que se dejaron llevar por un rapto de locura imperial. Hay que reconocer que son muchas trastadas como para que les otorguen su perdón las almas bellas, aunque no me inspira ningún temor la certeza  de que vayan a continuar impertérritos haciendo lo que creen que hay que hacer. 
[Publicado en El Confidencial]