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lunes, 30 de mayo de 2011

Carta a Pablo


Mi sobrino Pablo me pregunta sobre algunas cosas de la política que no entiende, a la espera de que yo las entienda. Le agradezco su confianza y contesto, en la medida en que puedo, a lo que me plantea, un tipo de preguntas que aletean, me parece, en las acampadas de los indignados, de los desconcertados, frustrados  y descontentos como les llamo en mi fuero interno, porque lo de la indignación está bien para los 93 años y la literatura, pero puede resultar un poco pedante cuando  se es más joven, pero, en fin, da igual.
Me pregunta si se puede modificar el modelo parlamentario que tenemos. La respuesta es que sí, pero habría que modificar la Constitución. Sería ideal que nos acercásemos a un modelo mayoritario, un único escaño  en cada territorio con lo que se vota siempre a una persona, pero ese es un modelo que quisieron evitar los partidos de izquierda, y la propia UCD, en los orígenes de la transición, cuando se hizo la ley electoral que no se ha modificado sustancialmente. Es razonable que lo temieran porque resta mucho al poder de los partidos, pero, casualmente, ese es el poder que está impidiendo que nuestra democracia vaya algo mejor. Aquí todo se resuelve entre dos o tres. Véase, por ejemplo, el vodevil del POSE y el dedazo de Rubalcaba: con la representación proporcional y el poder en manos de los partidos, lo extraño sería que no pasase eso. La pretendida idoneidad de las listas abiertas es ilusoria, por completo: no arregla nada. La distribución de escaños se podría arreglar para conseguir mayor proporcionalidad, lo que haría aumentar el número de escaños, cosa de muy escasa o nula operatividad, mandando lo que mandan las camarillas de los partidos. La cosa no tiene arreglo fácil, pero yo empezaría por castigar a los partidos que no cumplen lo que dicen y por exigir desde dentro, cosa que es ardua, pero puede hacerse. La verdad es que, en mi opinión, el partido que, con todos sus defectos, ha sido más democrático fue la UCD, y acabó mal, como se sabe. Pero que las cosas hayan salido una vez mal no  implica que sea imposible que se hagan mejor en otras ocasiones. Esa es mi apuesta, pero no sé si los españoles están dispuestos a tener tanta paciencia como rebeldía y a esperar sin renunciar a conseguir lo que creen necesario, una democracia mejor que la que tenemos ahora. Seguiré otro día,

4 comentarios:

Pablo dijo...

Muchas gracias por entrada en el blog.

Me alegra saber que el problema del parlamento se resuelve con un cambio en la constitución, esto plantea otra pregunta: ¿Por qué cuando se habla de modificar la constitución los partidos mayoritarios (PP y PSOE), empiezan a hablar de que no es necesario?
El argumento más utilizado o que mas se escucha es "Que esta constitución es buena, nos ha permitido vivir durante 32 años en armonía y libertad". Yo digo que la constitución (y todas las leyes) están para regular la vida y por tanto a medida que avanza la sociedad estas han de ser modificadas. Por hacer una pequeña comparación con la constitución de los EEUU tiene 27 enmiendas, si tenemos en cuenta que la aprobaron hace 224 años, toca que hacen una enmienda (modificación) cada 8,5 años, si lo extrapolamos aquí deberíamos andar por el estudio del quinto cambio...

Hablas del sistema parlamentario, este no se entiende sin diputados, ¿verdad?, aquí surge otra gran cuestión: ¿Por que un diputado tras 7 años de servicio tiene unos derechos tan grandes en términos de pensión?, de acuerdo que no lo solicitan todos, pero razón de mas para eliminarlos. Yo pienso que si quieres dedicarte a la política, esta bien que haya un sueldo razonable (incluso alto), para que la gente brillante este interesada en acceder a la política, lo que no entiendo es que esto resuelva la vida para siempre y que al final de tu vida profesional seas "mejor" que tus conciudadanos y electores... el trabajo de político es tan decente y respetable como el de un minero, agricultor, escritor, periodista o contable, por decir algunos, así que lo razonable es que al final de su carrera profesional tengan el mismo trato.

Solo queda pues hacerse la siguiente pregunta: ¿Quién incluirá en su programa modificar la constitución?, si existe respuesta a esta pregunta y los ciudadanos no decidimos votarles en masa, entonces habrá que asumir que tenemos lo que nos merecemos. A tu cuestión de si los españoles estamos dispuestos a afrontar los cambios, la respuesta es sí. Si la cuestión anda en la paciencia, la respuesta cada vez nos queda menos.

Anónimo dijo...

El PSOE presento en el año 2004 un programa que incluía varias propuestas (veáse abajo) de modificación de la Constitución. Aunque una de las propuestas resultó innecesaria y las otras no coinciden con las prioridades del momento, resulta curioso que nadie haya pedido cuentas al PSOE por olvidar promesas tan significativas.

Nota. Del apartado 2 VII, página 64, del Programa Electoral del PSOE para las Elecciones Generales 2004: ¨el Partido Socialista Obrero Español propone la reforma parcial de la Constitución limitada a los aspectos que en este momento presentan mayores disfunciones: reforma del Senado, inclusión en la Constitución de la denominación oficial de las Comunidades y Ciudades Autónomas, referencia a la Constitución Europea y reforma de las normas de sucesión en la Jefatura del Estado para adecuarlas al principio de igualdad entre hombre y mujer. Lo hacemos con la voluntad de que esa reforma sea, como el texto original, fruto del consenso y reciba el apoyo abrumador de la mayoría. Esa será la mejor garantía de la prolongación de su éxito¨.

José Luis González Quirós dijo...

Para Pablo: Hay que partir de que la situación actual es beneficiosa para los dos grandes partidos, más que para nadie, de manera que se hace difícil que de ellos salga ninguna reforma, al menos en circunstancias normales. Tienes razón en que habría que hacer reformas y como comenta un Anónimo en este mismo post, a veces incluso las han propuesto en su programa electoral, pero para olvidarse inmediatamente del asunto. El enfrentamiento radical de ambos partidos, algo que es completamente absurdo y que no debiera interesar a nadie, impide que se pongan de acuerdo en nada, y así nos va.
Lo de las pensiones de los Diputados es un caso claro de desvergüenza, sin más.
Yo espero que las cosas cambien, pero será si los ciudadanos empujan, y lo hacen inteligentemente, lo que es algo más difícil que acampar y emporcar. Un abrazo,

José Luis González Quirós dijo...

Para Anónimo: Le cabo de contestar en la respuesta a Pablo. Estoy de acuerdo con lo que indica. Saludos,