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miércoles, 18 de mayo de 2011

Juventud, divino tesoro


El asunto de la movida madrileña, y española, en general, es bastante variopinto. Para empezar, convendría distinguir dos planos de comentario, el político, y el que no lo es. Me parece que es importante hablar con claridad del primero, para poder concentrarse en el segundo, que es de mayor interés, pero puede verse cortocircuitado por el primero.
Hay algo que es seguro, y es que este tipo de movimientos va a menudear a medida que se acerque el PP al Gobierno, porque está claro que hay quienes están, desde ahora mismo, dispuestos a impedir esa eventualidad a cualquier precio. La presencia de IU, y de alguien más, no puede considerarse anecdótica, sin duda, y los Nunca mais, y No a la guerra, están demasiado cercanos como para no acordarse de ellos, sin olvidar, claro está, la estelar actuación de Rubalcaba y sus SMS en el día de reflexión. El PP debe extremar su prudencia ante este asunto porque, aunque no sea reducible a una trampa, contiene muchas para él: paciencia y calma, además de tomar buena nota de lo que espera y, también, de las quejas de fondo que son admisibles, lo que excluye las chorradas como “menos crucifijos y más empleo fijo” y los aleluyas estatistas de los confundidos y los malintencionados. El tea party no debió de parecer una cosa muy distinta, pero hubo quien supo lo que había que hacer.

Es evidente que la queja, muy general, está bien fundada y que la situación es lo suficientemente grave como para que la gente, el 45% del paro juvenil, salga a la calle, aunque no sepa muy bien para qué. Habrá que esperar, pero va a ser una experiencia interesante y desearía que fuese educativa para la gente de buena intención, que también la habrá. Es una necedad confundir los problemas con las soluciones, y los jóvenes son muy dados a ella, hasta que se les pasa. No olvidemos que la veneración de lo juvenil es un prejuicio nazi, el único que ha sobrevivido a su merecidísima derrota política. 

Habrá que cuestionarse sobre lo que pueda salir de la mística de la reunión, algo que no es solo interesante, sino misterioso. ¿Puede salir algo de esa asamblea? Tal vez, pero la indignación metódica y sistemática, no muy distinta de la hipocresía, sirve para poco. Lo mejor que puede pasar es que el espíritu venga sobre los congregados y les advierta de que si es verdad que no tienen futuro, más cierto es que no van a encontrarlo en las malas compañías y que se les ocurra ponerse a hacer algo positivo, trabajar por ejemplo. Puede que esté un poco puñetero, pero he tenido mal día, he debido corregir buen número de trabajos académicos de mis alumnos y, para mi sorpresa, muchos de ellos, de gente que puede estar en la Puerta del Sol ahora mismo, estaban copiados chapuceramente de diversos sitios de la red. Es tremendo que haya universitarios que consigan acabar sus carreras con esa clase de conductas, pero si lo hacen será porque suele funcionar. Es posible que el espíritu les ilumine y les entre un prurito de coherencia, que no sobra nunca, pero ya veremos. 

Facebook y las protestas

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