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jueves, 2 de junio de 2011

Caza de brujas catódica

En todas las sociedades se crean ámbitos de puritanismo, porque pocas cosas satisfacen más a las masas que el placer de sojuzgar lo que, más o menos secretamente, admiran o envidian. En  la España reciente, el papel otrora reservado a las comadres de patio o de zaguán se ha otorgado a esas televisiones que, so capa de informar, se dedican a un espectáculo abyecto y grosero que consiste en la caza y captura de algún personaje popular hasta desollarlo vivo. No tendrían el éxito que tienen estos programas si no existiese una audiencia ávida de consumir ese género de espectáculos, tan siniestro como indigno, y si no hubiese una sociedad que premia estúpidamente la fama, especialmente la fama sin motivo alguno. No es verdad que tengamos las generaciones mejor preparadas de nuestra historia, según la mentira que propagó Felipe González y que ha sido tontamente repetida por tantos; por el contrario, lo que tenemos es una gran masa de personas sin apenas instrucción, sin el menor adarme de exigencia intelectual, que devoran esa televisión basura para engrosar las cuentas de resultados de personajes que explotan sin ninguna clase de miramientos las miserias morales de una sociedad extraviada, insensible, y tonta.
Esas televisiones explotan con total desvergüenza un espacio concedido bajo la capa de servicio público por los gobiernos socialistas que, en teoría, tan preocupados están con la instrucción pública y la cultura, pero que, en la práctica, prefieren entenderse con quienes explotan las más necias pasiones, mientras recogen el voto, cada vez menor a Dios gracias, de quienes se alimentan con la carroña que les proporciona la televisión basura en manos del amigo italiano y sus imitadores nacionales, que se ocupan con enorme pericia de que crezca el número de seguidores de esta bazofia y de que no decrezca el ánimo de esas gentes adiestradas en los principios de la envidia, la maledicencia, el matonismo y la bronca aparatosa, las tácticas argumentales que tan buenos servicios han venido prestando a los intereses electorales de la izquierda española. Es desolador comprobar cómo en esas plazas catódicas se juega con la misma demagogia y moralina que algunos pretenden defender en las plazas acampadas que se creen revolucionarias, pero exhiben la misma incapacidad para entender nada e idéntica buena disposición a dejarse explotar por los supuestos defensores de los débiles, que con una mano les azuzan y con otra les entretienen y controlan.
El ex torero Rafael Ortega Cano ha sido la última víctima conocida de esta sangrienta caza de brujas. Su accidente de automóvil puede verse como la caída de alguien que huye despavorido de una persecución sañuda y grosera, que se lleva a cabo, eso sí, pretendiendo criticar los vicios y carencias que adornan a esos jueces de la horca mucho más que a sus víctimas. A Ortega Cano se le ha negado en una audiencia pública cualquiera de los más elementales derechos que se reconocen jurídicamente hasta a los criminales confesos; él ha cometido, seguramente, el error de tratar de defenderse en esos medios en los que no cabe ninguna decencia y ha terminado destrozado. Es un escarnio que estos linchamientos se lleven a cabo en nombre de la libertad. Nunca la hipocresía y la necedad habían tenido tantos medios a su servicio, ni jamás la maledicencia y la envidia habían sido bautizadas con mantones tan pretenciosos. Es algo en lo que habrá que pensar, porque se le está administrando a la sociedad española un veneno lento, pero letal, bajo capa de servicio público.

4 comentarios:

David dijo...

José Luis: Estoy muy de acuerdo con lo que has expresado tan envidiablemente bien (el talento, el buen oficio y la inteligencia son cualidades a envidiar, si es que uno se entrega a este pecado, pues en tal caso es bastante más comprensible y, espero, perdonable que si su objeto es la fama o demás tonterías a las que has aludido): el diagnóstico de la telebasura y de la sociedad que la consume, así como el sinsentido de las justificaciones que se ofrecen para la primera. No obstante, me parece que es estirar más allá de lo razonable el recurso de la comparación el comparar los estilos exhibidos en estos programas con los de las campañas electorales de la llamada izquierda.

Pero, sí, perdida está la sociedad, empezando por que si tuviera tres tomines (es decir, un adarme) de sentido común y prestara atención a lo importante, se entregaría menos a las miserias, habría menos famosetes y más científicos (entre otros pensadores), sería menos egoísta, menos materialista y más compasiva, y no comería carne.

David dijo...

Nota: En el diccionario de español actual, de Manuel Seco, aparece esta cita: "Si la medida era muy pequeña, decían un adarme .. Pero aún había dos más pequeñas, y la menor la decían tomín, que era un cuarto de adarme, y la otra el arienzo, que eran tres cuartos del ya muy significado como pequeño, el adarme" (Martín Calero, "Usos y decires de la Castilla tradicional", 1984: 79)

Hay una incongruencia, pues la entrada dice que un adarme son unos 180 cg (179 según Wikipedia), y en la entrada de "tomín" dice que es 596 mg, es decir, aproximadamente la tercera parte del peso de un adarme (coincidiendo con lo que pone en la Wikipedia).

Destaco la unidad "arienzo" (123 cg, de modo que, al fin y al cabo, son dos tercios de adarme, y no tres cuartos), cuyo nombre -que coincide con el de la villa situada en la Vía Apia- se me antoja más bonito aún que adarme. No obstante, es éste el único que tiene también la acepción independiente (si bien claramente relacionada) de "cantidad mínima". Por otra parte, el arienzo era una moneda medieval castellana de plata. ¿Tal vez porque la cantidad de plata que contenía era un arienzo? (Otra curiosidad: la cantidad de tierra que se podía comprar por un arienzo se llamaba una aranzada, que por el precio me parece mucho: 4470 m2 en Castilla, 3672 en Córdoba (¡careros!), 4750 en Sevilla (claramente donde más convenía comprar tierras...).)

José Luis González Quirós dijo...

Querido David: Es seguro que tienes razón y exagero, pero tampoc digo lo que digo a humo de pajas, porque cierta izquierda, que acaba siempre arrastrando al resto, sí tiene ese estilo, matonil. Mira, por ejemplo, con lo que ha pasado con los supuestos errores de algunas biografías del Diccionario Biográfico de la Real Academia, el lío basuril que han montado para que las cosas hayan de contarse como a ellos les guste, y no como lo quieran hacer los respectivos autores, historiadores serios, aunque alguno, imagino, bastante más a la derecha de lo que la izquierda basuril y matonil considera tolerable. Estamos a este propósito como en los peores momentos de la Inquisición o de la persecución a los judíos, esos momentos en los que acusarte de tener una determinada sangre te podía complicar seriamentre la vida. De manera que reconozco la exageración, pero solo como exageración, no en lo relativo al fondo de limpieza moral y política que unos y otros se creen con el derecho a imponer y reclamar. Esto que pasa aquí no ocurre en ninguna otra parte, es inimaginable que la izquierda francesa o inglesa o alemana organice lo que aquí han organizado, un auténtico progrom, contra un trabajo de una institución que, en principio, es seria. Un abrazo,

José Luis González Quirós dijo...

Para David: veo que lo de los adarmes y tomines te puede, y agradezco la ilustración. Otro abrazo,